«[C]reo que debemos darnos cuenta de que las enseñanzas de Gandhi no se pueden conformar al pensamiento de que el hombre es la medida de todas las cosas, y de que nuestra tarea es hacer que la vida en esta Tierra, que es la única que tenemos, valga la pena de ser vivida. Sus enseñanzas tienen sentido solamente en el supuesto de que Dios existe y de que el mundo material es una ilusión de la que debemos escapar…
»… Si uno pudiera llegar hasta sus raíces psicológicas, creo que descubriríamos que la razón principal para el “desapego” es el deseo de escapar al dolor de vivir y, sobre todo, al de amar, que, sexual o no, es una empresa difícil. Pero no es necesario discutir aquí si el ideal del otro mundo es más “elevado” que el humanista. El caso es que son incompatibles. Uno debe elegir entre Dios y el hombre, y todos los radicales y los progresistas, desde el liberal más moderado hasta el anarquista más extremo, en realidad han elegido al hombre.»