viernes, 7 de enero de 2011

Antes muerto que descreído

Me topé con esto hace una semana y no tuve ocasión de comentarlo. Es una nota titulada “El aborto no es el mayor pecado”, escrita por José María Iraburu, un sacerdote católico español bastante furibundo, en un blog del portal integrista InfoCatólica, y su referencia (bastante oblicua) es al Día de los Inocentes.
El aborto no es actualmente el pecado más grave de la humanidad. Es, desde luego, uno de los mayores crímenes que pueden cometerse contra los seres humanos: matarlos, quitarles la vida. […]

Pero el pecado más grave del hombre es la infidelidad, no creer en Dios, y aún es peor la apostasía.
Es decir, para que quede claro: abandonar la religión católica es peor que cometer un asesinato. Y los castigos deberían ser proporcionales, uno esperaría (la Iglesia está en contra de la pena de muerte, pero no absolutamente; si en algunos lugares se mata a los asesinos, ¿qué hacer con los apóstatas?).
La apostasía es la forma extrema y absoluta de la infidelidad (STh 12,1 ad3m). No hay para un cristiano un mal mayor que abandonar la fe católica, apagar la luz y volver a las tinieblas, donde reina el diablo.
Dice también este degenerado (porque una persona que tiene las prioridades morales tan distorsionadas no es otra cosa que eso) que “Una sociedad apóstata es capaz de crímenes mayores que una sociedad pagana”. Es preferible, para él, una sociedad arcaica con dioses y creencias falsas, que mantengan al pueblo sencillo temeroso de cometer pecados y salvaguarden todos los prejuicios comunes (la misoginia, la homofobia, la visión de la mujer como un receptáculo para hijos, etc.), además de mantener bien alimentados a sus sacerdotes o chamanes, antes que una sociedad moderna secularizada, donde los hombres y las mujeres sean libres de elaborar y encontrar sus propias guías morales y éticas, y donde los autonombrados dueños de la verdad puedan ser criticados.