viernes, 31 de diciembre de 2010

Educación: derecho de los padres o de los hijos (A221b)

Ayer hablábamos del derecho de los niños a tener sus propias creencias, en su mínima expresión: el derecho a recibir una educación que los prepare para ser ciudadanos en un estado moderno, con una sociedad diversa, en vez de indoctrinarlos para que sigan en el mismo ghetto dogmático en que nacieron y se criaron sus padres. Les dije que iba a ser un asunto de cal y arena, y les hablé sobre el rechazo del pedido de “objeción de conciencia” de padres españoles (alentados por la derecha católica) que no quieren que a sus hijos les enseñen Educación para la Ciudadanía porque esta asignatura tiene contenidos de derechos humanos y diversidad que contradicen la doctrina católica.

La segunda parte de esto es la mala noticia que viene desde Chile, también relacionada con la educación y con el derecho de los niños a tener, no necesariamente una creencia distinta, sino simple información —útil, vital— que sus padres preferirían que no tuvieran. El Ministerio de Educación, presidido por Joaquín Lavín, acaba de aprobar siete planes de educación sexual, a elegir discrecionalmente por las escuelas según el sesgo ideológico/religioso que prefieran, entre los cuales se cuentan uno llamado “Aprendiendo a querer”, de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, y el “TeenSTAR”, de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Nos faltan detalles concretos sobre los contenidos: todo lo que se nos dice sobre ellos es que son buenos, buenísimos, integrales (esa palabra es mágica). De “Aprendiendo a querer” hay un video promocional donde entre otras cosas un sacerdote lo alaba porque considera la “naturaleza biológica y espiritual” y la “unidad sustancial de cuerpo y espíritu” de la persona. Lo cual significa ni más ni menos que los hombres son hombres, las mujeres son mujeres, cada cual tiene su lugar y nada de eso de mezclarlos que ahora está tan de moda, ¿estamos? Otra útil enseñanza del libro es que “no todo amanerado es homosexual, y no todo homosexual es amanerado”. Según la directora del programa, Claudia Pedreros, éste “tiene una antropología cristiana como base”. Lo cual no extraña, puesto que fue creado por la Alianza Latinoamericana para la Familia (ALAFA), una organización católica que entre otras cosas trabaja para adaptar y exportar el mismo plan a África para prevenir el SIDA basándose en “los valores de la fidelidad y la abstinencia”. El sitio de ALAFA habla poco de la familia y mucho contra el aborto; promociona a Proyecto Esperanza, una organización católica chilena que fomenta la culpa entre las mujeres que han abortado y las ayuda, supuestamente, a tratar el inexistente “síndrome post aborto”.

El programa TeenSTAR está mucho mejor documentado y por tanto es más preocupante. Se proclama “un programa internacional de educación holística en sexualidad humana”, y entre sus objetivos están “desarrollar el respeto por el don de la vida” y “ayudar a los jóvenes a comprender que la vocación del hombre consiste en el don sincero de sí mismo y que la sexualidad manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí mismo en el amor”. Traduciendo del cristiano al castellano, el primer punto significa enseñar que las relaciones sexuales deben ser para producir hijos, que no se deben usar anticonceptivos ni preservativos (o sea, deben estar “abiertas a la vida”, como también se dice), y por supuesto no hay ni que pensar en el aborto, porque la vida humana comienza en la concepción y una masa microscópica de células indiferenciadas es un niño, que no se puede eliminar aunque la madre corra peligro de muerte por continuar el embarazo. El segundo punto es antropológico: el hombre (“el hombre” incluye a la mujer; a fin de cuentas ella existe como complemento de él y salió de una de sus costillas, ¿no?), el hombre, como decía, para amar debe entregarse, y el sexo sólo es bueno si incluye amor, o sea, rendición de uno mismo al otro. Nada de sexo por placer o por distracción, y desde luego, nada de sexo fuera del matrimonio.

Por si parece que estoy leyendo demasiado entre líneas, hay en el mismo sitio web un elogioso análisis de TeenSTAR [PDF] por parte de Enrique Aranda y Concepción Valera, coordinadores del programa en España, donde se nos explica por qué hay que “educar para el amor” (mis notas entre paréntesis):
La experiencia de amar da sentido a la persona como ser único en la creación. Está hecho para amar. Sin embargo, siendo una vocación natural, no está preparado naturalmente para amar. Porque el amor implica una entrega en totalidad que requiere la integración, orden que no posee. (Como no lo posee, Alguien debe dárselo.) 
Por el pecado original se ensombrece, se vuelve opaco, turbio lo que antes era diáfano y ocurría de forma natural. (¿Antes cuándo? En el Edén, claro está. Antes del pecado original, doctrina por la cual incluso un niño recién nacido está manchado de maldad y necesita ser salvado.)
Y si aún parece que estoy leyendo demasiado entre líneas, pregúntenle a un cura, o a cualquier católico instruido en estos temas, o lean un par de encíclicas. Todo esta ahí.

Nobleza obliga: toda esta basura metafísica no impidió que el programa lograra, en un estudio [PDF] realizado en Chile, elevar la edad de iniciación sexual de los adolescentes y bajar la tasa de embarazos de las jóvenes. Si ése fuera el único objetivo deseable de un programa de educación sexual, podríamos decir que TeenSTAR es tan bueno como cualquier otro, en principio.

Sin embargo, hay una ausencia conspicua (entre los materiales disponibles públicamente) de cualquier mención sobre la diversidad de la sexualidad humana o de la educación, no para el “amor” (categoría difícil o imposible de definir y por tanto susceptible de abusos), sino para la libertad informada y responsable. Por lo que dije más arriba, la antropología cristiana no tolera esa clase de libertad: por definición, si algo contradice la enseñanza de la Iglesia, es inmoral, y la libertad de hacerlo es una perversión de la libertad real, que consiste en la sumisión al plan de Dios, o sea, a la doctrina de la Iglesia. Si la Iglesia dice que los anticonceptivos o los condones son inmorales, un joven no puede elegir libremente utilizarlos: sólo puede —según esta visión— ser llevado de la nariz por sus pares, por la cultura dominante, por el demonio, etc. hacia el uso de esos medios inmorales para lograr una relación sexual “cerrada a la vida”.

En cuanto a la homosexualidad (y la bisexualidad, y todo lo que haya en medio), la frase “brilla por su ausencia” parece hecha a medida para TeenSTAR. Quizá en los materiales reservados a los monitores del programa haya algo, pero sospecho que no serán las respuestas con las que la ciencia moderna puede reconfortar a un adolescente con dudas, o decididamente homosexual, que necesite entender por qué es distinto de la mayoría y por qué eso no es signo de una enfermedad ni motivo de vergüenza.

En fin, parece que Chile ha decidido que los dogmas de los padres son más importantes que el derecho de los hijos a recibir una educación con base científica. Hay que aclarar que estos programas ya estaban en uso en algunas instituciones, por lo cual esta disposición del Ministerio de Educación es en primer lugar una legitimación del sectarismo educativo, y en segundo lugar una promoción de esta psicología pseudocientífica y de la metafísica cristiana.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Educación: derecho de los padres o de los hijos (A221a)

Iba a escribir otra vez sobre el Día de los Inocentes, pero el día pasó y como el asunto no es más que un mito casi olvidado, lo dejo estar y les traigo una de cal y una de arena, como se suele decir, que coincidentemente tienen que ver con niños y jóvenes inocentes, cuyas mentes están siempre amenazadas por los Herodes del dogma. El tema es la educación de los menores de edad, y cuánto (si acaso) pueden o deben influir en ella las creencias de los padres.

Es un principio admitido casi universalmente que los padres tienen derecho a educar a sus hijos como les parezca (en tanto esa educación no le ocasionen un daño psíquico severo) y, como corolario, que un estado democrático debería garantizar ese derecho. Dejo un espacio libre en ese “casi” para aquellos lugares del mundo donde se considera en cambio que sólo es válida la ideología o religión oficial del estado y los padres tienen la obligación de educar a sus hijos en ella, o al menos dejar que la escuela lo haga.

Resulta que el asunto es difícil porque en un estado liberal democrático se debe mantener un equilibrio inestable entre el derecho de los padres a enseñarles a sus hijos su religión y sus tradiciones, por un lado, y el deber del estado de velar por la integridad de todos los ciudadanos, especialmente los niños y jóvenes menores de edad.

La Iglesia Católica nunca ha creído en la libertad de pensamiento o en la libertad religiosa, pero con el avance de la modernidad no tuvo más remedio que tolerarlas. La caradurez intrínseca a la profesión clerical ha hecho que incluso busquen utilizar esos odiados conceptos en su provecho. Cuando los países reemplazan contenidos curriculares groseramente sectarios por otros más abiertos, diversos y de inspiración laica, la Iglesia y la derecha católica reaccionan como lo hicieron en España cuando el gobierno instauró la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC): quejarse (y mandar a los padres católicos a quejarse) de que se trata de la imposición de una ideología estatal sobre el derecho inconculcable de los padres a controlar lo que entra al cerebro de sus hijos. La neutralidad ideológica no existe, dicen (y es cierto), y no van a tolerar que se eduque a sus hijos con valores distintos de los suyos.

La Abogacía del Estado, en España, acaba de rechazar un recurso de inconstitucionalidad interpuesto por los padres para que sus hijos no cursen EpC basándose en la figura de la objeción de conciencia. Esta figura es una admisión excepcional, explica el representante del Estado, y después, lanza estos dos bombazos de sensatez:
La libertad de creencias asiste a los menores de edad en su derecho a no compartir las convicciones de los padres o a no sufrir sus actos de proselitismo, de manera que la libertad ideológica del menor no puede quedar abandonada lo que puedan decidir quiénes tiene atribuida su guarda y custodia o su patria potestad.
Frente a los recurrentes, que sostienen que la asignatura se asienta en el "relativismo moral", el representante del Estado afirma que "la democracia no tiene que pedir perdón por ser un régimen esencialmente relativista, sanamente relativista". "La concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo", dice el abogado del Estado, "que no es más que el otro nombre de su connatural pluralismo ideológico".
(El comic es de La Cueva de Daimao.)

Vale decir: antes que el derecho de los padres a indoctrinar a sus hijos está el derecho de los hijos a tener sus propias ideas. Los padres no pierden su derecho, pero no pueden ejercerlo con exclusividad porque eso limitaría la libertad de sus hijos. En una democracia el estado no puede sino permitir esta libertad, esta variedad. Con lo cual vamos al meollo del asunto, que no pueden aceptar los católicos —ni ninguna religión dogmática en general—: la libertad para elegir una ideología o religión “incorrectas” no es (según ellos) verdadera libertad, es una perversión de la libertad; somos libres solamente cuando seguimos a Dios, porque si no somos esclavos del mal. (Algo de esto escribí, con el título de La libertad es esclavitud, hace seis meses.) El estado que no obliga a sus ciudadanos a seguir la vía “correcta” es un estado maligno. Eso dicen, y a eso les han contestado: bueno, pues qué lástima.

Ésa era la buena noticia. La mala se las cuento en unos días. Continuará…

sábado, 25 de diciembre de 2010

El Regreso del Mesías

Hacer click en la imagen para verla en el tamaño original.


(Original: Return of the Messiah, del webcomic Scenes From A Multiverse. Traducido y republicado con permiso del autor, Jonathan Rosenberg.)

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Este año Alerta Religión se toma un descanso de sus furibundas denuncias habituales y se limita a desearles unas felices fiestas, dejándoles para su disfrute navideño unas canciones apropiadas a la estación.




miércoles, 22 de diciembre de 2010

Que diez mil cultos florezcan… (A220)

Dos noticias relacionadas cortas que no llegan a ser malas, pero tampoco se ven bien. Bolivia: se aprobó una ley por la cual se dejará de enseñar sólo religión católica en las escuelas públicas… Ahora van a enseñar todas las que las administraciones locales crean que deban darse. Perú: se promulgó una ley de “libertad religiosa” que —como la que se proyecta aquí en Argentina— tiene como objeto reconocer derechos que ya están abundantemente reconocidos en otras leyes y reafirmar los privilegios de la Iglesia Católica, sin perjuicio de tratar a las otras creencias religiosas con supuesta igualdad (que no se extiende a otras ideologías ni a la ausencia de religión).

Lo de Bolivia es un avance, sin duda, pero no hacia la laicidad, sino hacia un estado pluriconfesional. Se ha festejado a Evo Morales por su postura pero el objetivo es ideológica, como él mismo lo ha dicho: se trata de “descolonizar”, lo cual implica (lamentablemente, y en tanto no se tomen otras medidas) volver atrás hacia la época anterior a la colonización, a la veneración de la Pachamama o de los dioses celestes de la antigua religión andina: creencias que quizá caigan más simpáticas que el catolicismo pero que no son menos oscurantistas que éste.

Lo de Perú es una mera ratificación del statu quo con algunos reaseguros interesantes, aunque el presidente Alan García se encargó de matar toda ilusión de laicidad y librepensamiento que pudiéramos tener sobre el espíritu de la ley al presentarla diciendo: “Esta ley confirma y afirma que somos una sociedad creyente, una sociedad que en su inmensa mayoría tiene fe”, como si eso fuera algo meritorio o deseable.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Día del Escepticismo 2010: el Círculo Escéptico Argentino

Hoy, 20 de diciembre, es el aniversario de la muerte de Carl Sagan, aquel gran divulgador que acercó la ciencia (y transmitió su amor al conocimiento) a tantas personas. En su honor es que desde el año pasado, y siguiendo la propuesta lanzada en Proyecto Sandía, celebramos el Día del Escepticismo.

Para no repetirme diré que el escepticismo, bien entrenado, nos salva del engaño y del autoengaño en que tan frecuentemente caemos. Y desde este lugar en particular, donde se critica a las religiones, no puedo dejar de mencionar la necesidad de hacerlo con la cabeza fría y sin recurrir a lo mismo que denunciamos. No alcanza con atacar y vencer con retórica o con ideología: la honestidad intelectual, la rigurosidad, la objetividad de nuestros argumentos es más importante.

En estos días, un grupito de escépticos —que esperamos que pronto crezca— estamos inaugurando el Círculo Escéptico Argentino. No queremos limitarnos a ser un portal escéptico grupal: nuestro objetivo es lograr la difusión del pensamiento crítico y actuar contra las pseudociencias en la vida real, allá donde no llegan (o a nadie le importan) la web o las redes sociales. Por ahora tenemos un sitio web, un foro y una página en Facebook. Hemos estado trabajando además en un podcast, cuyo “capítulo cero” (un ensayo descontracturado del cual quedó bastante material útil) ya está disponible para escucharse o bajarse.

Estas fechas son propicias para el sentimentalismo, el consumismo bobo y la credulidad masiva. Para variar, celebremos algo que valga la pena. Los esperamos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Educación religiosa en las escuelas públicas de Córdoba (A219)

Nos desayunamos con la noticia de que la legislatura de la provincia de Córdoba aprobó ayer un proyecto de Ley de Educación Provincial (LEP) que permite el dictado de clases de religión en las escuelas públicas y propone una formación destinada a promover “el derecho a la vida y su preservación”.

A todos nos gusta mucho el derecho a la vida, claro está, pero como una de las defensoras de la ley (muy resistida por las agrupaciones estudiantiles) fue la Iglesia Católica, no nos queda más remedio que interpretar la frasecita como un eufemismo muy transparente puesto allí en lugar de “oposición total y dogmática al aborto y la eutanasia”. Especialmente cuando vemos que el inciso en cuestión sigue inmediatamente a uno que, en el anteproyecto, ponía como objetivos “Brindar conocimientos y promover valores que fortalezcan la formación integral de una sexualidad responsable”, que fue suprimido, no sabemos por qué. La palabra “integral” es como “natural” en los avisos de alimentos o medicamentos: todos la quieren usar, porque suena bien, pero no significa nada o significa lo que cada uno le quiere hacer significar; puede ser un latiguillo católico o no.

Pero lo de “sexualidad responsable” no podía sentarle bien a la Iglesia, ya que según la doctrina católica el sexo no es una actividad de elección sino un mandato divino, y el único deber de quienes lo practican es hacerlo sin pensar en las consecuencias, confiando en que Dios mandará o no, según lo desee en Su infinita sabiduría, un bebé o una enfermedad de transmisión sexual. “Responsabilidad” implica libertad y una cierta amplitud que son incompatibles con el rígido orden católico en el cual el sexo, si no ocurre entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio religioso y con el fin de procrear, está prohibido. (El hombre y la mujer no se pertenecen a sí mismos ni al otro, sino que pertenecen a Dios. Quien actúa bajo órdenes no tiene, no le interesa tener, responsabilidad.)

La educación religiosa será dictada en forma opcional, extracurricular, por profesores pertenecientes al culto en cuestión, y sin comprometer fondos estatales. Según entiendo, todas estas aclaraciones tuvieron que ser introducidas al proyecto, y no están tan mal, excepto que son un compromiso. El resumen de todo esto es que la Iglesia tiene un pie atravesado en el umbral de las escuelas públicas y esa puerta no podrá cerrarse fácilmente. Cuando el concepto de escuela laica se borronea de esta manera, no hace falta mucho para que la presión haga efecto; la misma ley reconoce (con más eufemismos) el “derecho” de los padres a obligar a las escuelas a —como mínimo— no criticar su religión ni intentar siquiera enseñarles a los niños algo que pudiera llevarles a abandonar las creencias de sus padres. Basta con que un grupo de padres bien colocados, con dinero y asesoramiento eclesiástico, reclamen que sus hijos no tienen en la escuela el catecismo que se merecen porque el estado no le paga al catequista, para que la maquinaria se ponga en marcha.

Para quienes todavía se interesen por afiliaciones políticas, notaremos para terminar que la ley fue aprobada por el Partido Justicialista (el peronismo antikirchnerista conservador) y por el Frente para la Victoria (el peronismo kirchnerista progresista), aliados contra todo el resto de los partidos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Ley de libertad religiosa: entrevista en Radio Nacional Rosario (A218)

Hace cosa de un mes fui invitado al programa La Huella: Noticias del Bicentenario, por Radio Nacional Rosario, para hablar de mis temas habituales. El programa era sobre la historia política de la Iglesia Católica en Argentina. Finalmente me quedé más de la cuenta hablando de un solo tema, el proyecto de ley de “libertad religiosa” impulsado por la diputada evangélica Cynthia Hotton, y sólo al final atiné a decir algo sobre la iniciativa de Apostasía Colectiva, que se concretaría un mes después. Martín Paoltroni, uno de los conductores, me avisó de que tenían subido el programa entero en su blog, y aquí está para que lo escuchen, en dos partes.

Bloque 1:

Bloque 2:

sábado, 11 de diciembre de 2010

Apostasía Colectiva de Nuestra América

Ayer tuve el gusto de participar en la mesa informativa de Apostasía Colectiva en Rosario, que se instaló a media mañana en la céntrica Plaza Pringles (precisamente donde hace unos meses se habían afincado los naranjitos para protestar contra el matrimonio igualitario). Aunque el stand sólo estuvo allí durante un par de horas (porque al mediodía una tormenta de viento y lluvia corrió a todo el mundo), mucha gente que pasaba se paró intrigada a preguntar.


No tenemos estadísticas seguras pero entre todos llevamos unas treinta cartas de solicitud de apostasía al Arzobispado de Rosario, situado a una cuadra de allí. Las cartas modelo preimpresas, con espacio para rellenar los datos del solicitante, fueron muy solicitadas por gente que quería leerlas y completarlas para llevarlas luego por su cuenta. Nos hicieron muchas preguntas, en general con genuina curiosidad.

A pesar de ser un emprendimiento sin publicidad previa alguna (excepto una nota el mismo día en Rosario/12), tuvimos una buena cobertura mediática: los dos canales de televisión abierta de la ciudad vinieron a filmar y hacer notas, así como varios diarios (yo hablé personalmente con gente de Cruz del Sur y de Crónica de Santa Fe), la delegación local de Indymedia, y un par de radios (salimos en el programa de Luis Novaresio en Radio Dos y en el popular Todo Pasa, de Radiofónica).

Con todo este revuelo, nos olvidamos (casi) de sacar fotos, por lo cual las que muestro aquí corresponden a la cobertura periodística, con excepción de las de Esteban Nocetti.

Tengo noticias de que la convocatoria anduvo bien aquí en Rosario y también en Buenos Aires, La Plata, Mar del PlataSan Juan, y fuera de Argentina en Asunción (Paraguay) y en Costa Rica.

Algunas imágenes de Rosario (fotos de Indymedia Rosario):



También de Rosario (fotos de Esteban Nocetti):




Imágenes de Buenos Aires (fotos de Paola Raffetta):





En La Plata (fotos de Apostasía Colectiva en La Plata):




En Asunción (Paraguay), fotos pasadas por agua de Eduardo Quintana:



En San José de Costa Rica (fotos de Stella Chinchilla):



No hemos tenido noticias de otros lugares. Es de esperarse que la convocatoria haya fallado en muchos de ellos, especialmente aquellos donde se intentaba por primera vez. No es fácil organizarse de esta manera. Estas fotos y este testimonio tienen la intención de alentar a los que quieran apostatar y manifestarse públicamente y no hayan podido hacerlo todavía.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Apostasía Colectiva 2010

Como ya sabrán muchos de ustedes, el viernes 10 de diciembre es el día elegido este año para la iniciativa de Apostasía Colectiva de este año. Se la ha denominado “Apostasía Colectiva de Nuestra América” porque, a diferencia de la primera edición, que se organizó y realizó en Argentina, se han unido en esta ocasión organizaciones y personas de varios otros países latinoamericanos.

En Argentina se van a realizar acciones en Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, Rosario, Mendoza, Salta y San Juan, y tenemos noticias de apostasías en Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. (Esta información está tomada de una versión más completa en el sitio oficial de Apostasía Colectiva, que recomiendo visitar.)

El objetivo primario de la iniciativa es mostrar al público en general que existe una gran cantidad de gente que, a pesar de ser bautizada, no adhiere a la Iglesia Católica, y que existe una manera de ser eliminado de sus registros de forma de no inflar artificialmente la cantidad de católicos de un país, cantidad que la Iglesia utiliza frecuentemente como argumento para oponerse a leyes progresistas. Apostatar es un acto individual y privado que puede hacerse en cualquier momento; apostatar en forma pública y colectiva le da un valor extra al acto por cuanto rompe un tabú y marca una posición ética y política: no seguir participando en una institución a la que nos oponemos, no caer en el conformismo, ejercer el derecho y cumplir con la obligación moral de disentir contra lo que daña al individuo y a la sociedad.

Invito a todos los lectores a hablar de la apostasía y escribir sobre ella, incluso aunque no adhieran a la iniciativa este año. Conversémoslo con nuestros amigos y familiares. Quienes tengan un blog, dedíquenle un par de párrafos. Cuanto menos posteemos un link, una reflexión corta, en nuestras redes sociales. Salirse de la Iglesia no debería ser más traumático ni complicado que desafiliarse de un partido político o un club deportivo.

martes, 7 de diciembre de 2010

La Inquisición y el relativismo (A217)

La verdad no me gusta comenzar una nota apuntando a algo que apareció en Facebook, porque dado suficiente tiempo eventualmente todo, no importa cuán bizarro o desagradable, aparecerá en Facebook. Pero esto que voy a mostrarles me da pie para algo más.


El recorte es de la página de “Yo no tengo problema ni me hago complejos por la Santa Inquisición” (si hacen click en la imagen pueden verlo en tamaño normal). Lo tomé por si acaso algo era borrado. Quiero llamarles la atención sobre el primer comentario:


Roberto Diaz Saez “Por favor, borren los comentarios de los progres de abajo. Nosotros somos tradicionalistas católicos, no estamos para responder uno por uno, los argumentos de los progres.”
Este tal Díaz Sáez (que por lo visto no sabe poner los acentos en su propio apellido) parece ser uno de los que lleva la voz cantante. Cito esto para que quede claro quiénes y qué son los que crearon este grupo.

Lo más jugoso está en la descripción de la página:
“Cansados de la sistemática campaña anti católica, reivindicamos el pasado de nuestra Santa Madre Iglesia. Y no nos acomplejamos con su historia. En su momento cada paso que se dio respondió a la realidad y coyuntura histórica que se vivía.” 
La campaña anticatólica a la que alude (¿conducida por quién? ¿sistemática en qué sentido?) es la simple narración de las atrocidades cometidas por la Iglesia Católica a lo largo de su larga historia, con las esperables —pero fácilmente distinguibles— exageraciones y distorsiones por parte de pseudohistoriadores sensacionalistas y escritores de bestsellers. Hay una especie de reflejo pavloviano entre ciertos católicos, que cuando se les menciona la Inquisición ladran automáticamente “¡leyenda negra!”. El lamebotas vaticano Vittorio Messori ha escrito un libro entero sobre esto. Pero aparentemente la susodicha campaña no será simple invención de leyendas, porque de lo contrario, ¿qué habría para reivindicar, qué cosa que los demás consideramos tan terrible pero los católicos tradicionalistas afirman sin problema ni complejos?

Y aquí está el centro de la cuestión: “En su momento cada paso que se dio respondió a la realidad y coyuntura histórica que se vivía.” Parece que la valentía falló, y gravemente, porque ésta es un defensa que niega la inmutabilidad de la ley moral: es lo que yo llamaría el “gambito relativista diacrónico”. Esquiva, escudándose en el contexto histórico, el hecho indudable e indiscutible de que quemar viva a una persona por no creer en los mismos artículos de fe que uno es una acción profundamente inmoral, degenerada. Y por eso es que parto de un insignificante grupo de fanáticos religiosos de Facebook: porque esta defensa es típica de los más altos niveles del academicismo vaticano:
“Hemos descubierto que [la tortura] se aplicaba a menos del 10 por ciento de los procesados y siempre en condiciones mucho más benignas que en los juicios civiles del momento. La tortura nos choca hoy mucho […] pero durante mucho tiempo formaba parte de la normalidad procesal.” 
¡Valiente excusa! Son palabras de Agostino Borromeo, historiador y editor de un libro que recoge las actas de un Simposio realizado en 1998 en el Vaticano precisamente para debatir críticamente (es decir, buscar excusas para) la Santa Inquisición.

“Hemos descubierto”, dice Borromeo, pero se nos perdonará a los escépticos que dudemos si a los descendientes ideológicos de un grupo de psicópatas y criminales despiadados se les encomienda la tarea de narrar objetivamente lo que hicieron sus padres en la fe. Los archivos del Santo Oficio estuvieron cerrados hasta 1998, y las pérdidas accidentales y de las otras han sido considerables.

Sea como fuere, que una organización “sólo” torture al 10% de sus víctimas y “sólo” queme vivas a un 2% de ellas no puede servir para reivindicarla. Y mucho menos la idea que “eso era lo normal” o que la violencia se debió “a la coyuntura histórica”. La moral cristiana es intemporal. La Iglesia machaca todos los días contra el relativismo moral y la pérdida de los valores, de la “ley natural” supuestamente inscripta en el corazón del hombre por su Creador. No se puede argumentar eso y después excusar a la Inquisición porque bueno, estos obispos medievales eran unos brutos iguales que los reyes y que el resto de la chusma de la época.

La Inquisición, con sus torturas y amenazas de tortura (a Galileo nunca lo torturaron, pero le mostraron los instrumentos con que lo harían), con sus juicios farsescos donde acusador y juez eran lo mismo, con su conveniente deferencia hacia las leyes seculares contra los herejes que la misma Iglesia había obligado a promulgar… todo eso fue ideado, planeado, justificado y ejecutado con atrocidad sistemática durante siglos. Se lo llamó Santo Oficio y los hombres que la hacían funcionar no pensaban que lo que hacía fuera inmoral, porque papas y teólogos, con fina y feroz retórica, les habían explicado una y otra vez con toda claridad que aterrorizar, torturar y ahorcar o quemar o desollar viva a la gente era correcto y deseable a los ojos de Dios.

Que no se diga jamás que la Inquisición fue un fruto de su tiempo o una mancha inevitable, ni tampoco una anomalía o un descontrol. Los fanáticos tradicionalistas están en lo cierto en una cosa: sentir complejos por el pasado es una hipocresía. Que ellos lo defiendan; a nosotros nos basta exponerlo tal como fue, sin comentarios.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Lubertino y el privilegio a las religiones (A216)

Fuera de Buenos Aires conocemos a María José Lubertino como antigua directora del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Lubertino es actualmente miembro de la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De perfil progresista, no fue sorpresa su presentación de un proyecto para retirar los símbolos religiosos de los espacios públicos hace unos meses. La reacción de los creyentes más cuadrados debe haberle afectado, sin embargo, porque hace poco presentó en sociedad —en un templo, rodeada de líderes religiosos— otro proyecto de ley… para declarar inembargables los inmuebles pertenecientes a comunidades religiosas y los objetos necesarios para el culto. (El proyecto de ley y sus justificaciones están disponibles en un PDF.)

En Argentina no hay muchas propiedades que estén exentas de embargo y ejecución, aparte de las “viviendas únicas” (si uno no tiene donde caerse muerto más que ahí, ésa es su vivienda única, y no puede ser rematada). No se explica que se quiera otorgar este privilegio a las congregaciones religiosas, y menos todavía que sea Lubertino —no exactamente una activista anticlerical, pero sí reconocida por su lucha en favor de varios de los derechos que los clérigos quisieran arrebatarnos— la que se encargue de dárselo.

Lubertino tiene presencia online en Facebook y en Twitter. En el primero creó un evento que rápidamente se llenó de comentarios contrarios. En Twitter la castigaron (castigamos) unos cuantos. Su respuesta ante la pregunta de cómo se le había ocurrido presentar un proyecto así fue “porque vi que embargaban una sinagoga en Misiones”.


Resulta casi dolorosamente evidente que Lubertino no pensó que esto tendría repercusión y que no conocía, al menos, a la parte de su electorado que la sigue en las redes sociales. Con las horas se puede ver la acumulación de comentarios airados, un par de respuestas evasivas como la de arriba, y finalmente, en Twitter, esto:


Las excusas de Lubertino giraban en torno a tres ejes:
  1. Que la inembargabilidad de los templos es ahora privilegio de la Iglesia Católica y nadie más, con lo cual esta ley sería igualadora. La falla en esto: que a menos que les concedamos un estatus especial a las religiones, un templo no puede ser distinto de cualquier otro edificio a nivel legal.
  2. Que el proyecto no es para extender privilegios sino garantías. Muy lindo, pero cambiar una palabra por otra no soluciona el problema, y un privilegio repartido sigue siendo un privilegio (a menos que se reparta entre todos sin distinción, dejando ipso facto de ser privilegio, claro).
  3. Que la presentación del proyecto en sociedad no fue la presentación oficial, por la cual un proyecto de ley ingresa al parlamento. Esto es cierto, pero hay que ser muy ingenuo para creer que una cosa no seguirá a la otra (y se servirá de ella para apoyarse). La discusión debió darse antes. No sigo a la diputada en la red, pero me dio la impresión de que todos sus seguidores estaban sorprendidos por este giro súbito.
Entre los considerandos del proyecto hay otra falla grave, que es la equiparación implícita de la protección de ciertos bienes inembargables (como la vivienda única, los alimentos y el salario mínimo) con la protección de los lugares y objetos de culto como indispensables para la libertad religiosa. El error está en que la casa, la comida y el salario son necesarios para las personas y están sin discusión dentro de los derechos humanos más básicos, mientras que los templos son simples propiedades de organizaciones: por eso es que un ciudadano argentino puede reclamar que el Estado le provea una vivienda digna si no la tiene, pero ninguna organización puede reclamar que el Estado le brinde gratuitamente una sede para desarrollar sus actividades. Algunos podrán argumentar que la libertad religiosa queda menoscabada si se permite el embargo de un templo o de un objeto litúrgico absolutamente indispensable para el culto… pero si quienes definen lo que es indispensable para el culto son precisamente los que lo practican, entonces estaríamos en la situación absurda de que una organización tendría poder para declarar absolutamente cualquier cosa que posea como inembargable. A fin de cuentas, el Estado no puede hacer esa determinación: estaría violando la libertad religiosa…

En fin: hemos aprendido —en estos últimos meses— que los famosos, los políticos y otros grandes personajes son humanos, demasiado humanos, y que a muchos les convendría seguir comunicándose por medio de voceros autorizados, expertos en ese delicado arte, antes que recurrir a la lamentable improvisación que vemos en Twitter o en Facebook. No es cierto que la espontaneidad y el discurso descontracturado sean siempre lo mejor.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Dios tiene un Plan

“Una vez que se asume un Creador y un Plan, eso nos transforma en objetos de un cruel experimento por el cual somos creados enfermos y se nos ordena estar sanos. […] Y sobre nosotros, para supervisar esto, se instala una dictadura celestial, una especie de Corea del Norte divina, codiciosa, exigente, hambrienta de alabanza acrítica desde el amanecer hasta el ocaso, y veloz en el castigo del pecado original con el cual amablemente nos obsequió para empezar.”

jueves, 2 de diciembre de 2010

Un regalito para la Iglesia (A215)

Foto: Luis Argerich
Hace unos días leí la noticia de que el 8 de diciembre el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, iba a hacer entrega formal de las escrituras de propiedad de la Basílica de Luján a las autoridades de la Iglesia Católica. (El día 8 de diciembre es feriado nacional, precisamente por ser el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen, hecho aparentemente incontestable.) Luján, a 70 km de la capital argentina, es a nuestro país lo que Lourdes a Francia, aunque sin curas mágicas: un centro de peregrinaje multitudinario, donde reside una estatua de la Virgen que, según manifiesta devotamente la Wikipedia, realizó en 1630 el “milagro” de hacer atascar una carreta en el barro hasta que se la sacó de la misma. Nuestra Señora de Luján es la patrona de Argentina, por lo cual el Estado ha pagado la colocación de imágenes de la misma a lo largo de miles de kilómetros de rutas (pese a lo cual, misteriosamente, Argentina sigue teniendo uno de los registros de accidentes de tránsito en ruta más terroríficos del planeta).

Tenía la vaga idea de que la Basílica de Luján era propiedad estatal usufructuada por la Iglesia: injusto, pero nada raro. Tenía también la idea de que el estado nacional había estado gastado cierta cantidad de dinero en restaurarla: lo esperable. Pero no sabía que se habían gastado 86 millones de pesos (unos 15 millones de euros o más de 21 millones de dólares) desde 2003, y la verdad, no tenía idea de que tuvieran pensado gastar aún más para luego regalarle el edificio restaurado a la Iglesia. Eso me demostró que he estado distraído, puesto que la presidenta Cristina Fernández (entonces aún no viuda) de Kirchner había inaugurado con un divagante discurso y una multitud de seguidores presentes las obras de la segunda etapa de la restauración, en marzo de este año. La verdad, no miro televisión y no sigo las apariciones públicas de la presidenta (como tampoco las de los miembros de la oposición, con escasísimas excepciones); eso me evita caer en la desesperación y arrojarle cosas al aparato. He aquí el discurso que Cristina dio el 30 de marzo de 2010 en Luján.


Se trata de uno de esos casos en que uno debería poder terminar escribiendo “Sin comentarios” pero claramente no debe hacerlo: en este caso particular, porque la presidenta (como vimos) tiene una cantidad de seguidores absolutamente desprovistos de espíritu crítico que sí necesitan escuchar esos comentarios. Desmenucemos el discurso:
  • “Eminencia Reverendísima”: más allá del protocolo, ¿no les suena medieval, además de rastrero e impropio del primer magistrado de una nación moderna, dirigirse a un funcionario con tales títulos? Eminencia es equivalente a Alteza, título de reyes; reverendo es aquello que demanda reverencia, sumisión, una demostración de inferioridad. Bastante ya con que les pagamos los sueldos a estos parásitos, con que además tengamos que dirigirnos a ellos como si fueran nobles.
  • La Virgen de Luján es “la patrona de todos los argentinos”. ¿Qué significa eso? Que los argentinos estamos encomendados por el gobierno a la protección de un ser mitológico cuyas características más distintivas incluyen el hecho de haber parido un hijo sin tener relaciones sexuales y haber subido volando al cielo al morir. Los argentinos no católicos también tenemos esa patrona, la queramos o no.
  • Todo el asunto de las “señales” es patético y pedestre, tanto en forma como en contenido, y especialmente lamentable en boca de una persona a la que ni siquiera sus enemigos más enconados solían negarle una retórica envidiable, precisa y filosa. La anécdota familiar termina de sepultar lo poco de serio que tenía el asunto.
  • “La fe, aun en aquellos que no la tengan, siempre merece respeto.” Ya que la presidenta habla por todos los argentinos, bien podría yo también arrogarme el derecho de hablar por los no creyentes y decir: no todos creemos que la fe es respetable. La fe es renunciar a pensar. La fe es confiar ciegamente en instituciones y personas que no merecen la más mínima confianza. La fe es reducirse voluntariamente al nivel mental de un niño. Que un obispo defienda lo que le da de comer, vaya y pase, pero que la presidenta de un país laico pontifique sobre la fe es inadmisible.
  • La Basílica de Luján no es un lugar “de mucha paz, de mucho amor para todos los argentinos”. Es un centro de peregrinación utilizado por una religión oscurantista cuyos líderes se han opuesto a todos los avances en derechos civiles que se han logrado desde que somos nación y han apoyado a los dictadores y sus muchos colaboradores que todavía hoy están siendo juzgados. Es un símbolo de la rendición de un pueblo pobre e ignorante a la superstición, fomentada por obispos y por presidentes a la par. La fe popular no está separada de la Iglesia, sino que es resultado directa de la influencia continuada de ésta.
Está muy fuera de mi alcance hacer un análisis sociológico de los argentinos, de cómo nuestra “fe” en nosotros mismos parece siempre oscilar entre el triunfalismo irrealista y el fatalismo cínico, contra un fondo de fe religiosa patriótica, nacionalista, profundamente provinciana, profundamente tonta. No soy un simpatizante de la presidenta, pero hasta ver este video no había tomado consciencia de la magnitud de su superficialidad en lo que respecta a este tema crítico. No se trata de desalentar las peregrinaciones —eso sucederá solo, si acaso, cuando la educación y el pensamiento crítico eviten que tantos argentinos sean condicionados a creer en mitologías y milagros— sino de, como mínimo absoluto, no alimentar con dinero público y con la legitimación del poder estatal a una institución cuyo interés mayor es mantener a la población sumida en la ignorancia. Necesitamos un movimiento político progresista laico, realmente secular, que nos libere de la sumisión colonial a Roma, pero lamentablemente el kirchnerismo no está a la altura de las circunstancias.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Por Radio Orillas, hablando de religión

El pasado 19 de noviembre estuve en el programa que la agrupación Orillas tiene en FM AZ, invitado para hablar sobre temas religiosos de actualidad: el proyecto para quitar los símbolos religiosos de los espacios estatales en Santa Fe, de la diputada provincial Alicia Gutiérrez, y la ley de “libertad religiosa” impulsada por la diputada nacional Cynthia Hotton. Como estos temas inevitablemente llevan a otros y además los chicos (Ezequiel Del Bianco y Federico Fuhrmann) me concedieron amplio margen para la digresión y el comentario al margen (por no decir divagación), temo que finalmente casi todo el programa —una hora, menos cortes musicales— giró en torno a la religión.

Ayer Ezequiel (que es el autor de Proyecto Sandía y Alerta Pseudociencias) me pasó el audio del programa, y yo quiero compartirlo con ustedes. El archivo de audio se puede bajar o escuchar online.


Algunas de las cosas que se mencionaron en el programa fueron:
Que lo disfruten.

martes, 23 de noviembre de 2010

¿En qué creemos los argentinos?

Vi este programa y quería compartirlo con ustedes (lo anuncié por Facebook y por Twitter pero no todos pudieron verlo). Salió por el canal TN el pasado domingo 21. Se llama “Argentina para armar” y es un ciclo semanal que conduce María Laura Santillán. El tema era “¿En qué creemos los argentinos?”. Los invitados fueron:
El programa no fue (no podía ser) de muy alto vuelo, pero a pesar de su planteamiento simplón surgieron unas cuantas perlas de interés, como la diferencia entre las cuestiones elevadas de la fe y las necesidades de consuelo y contención cotidianas de la gente, el significado del dolor y el descubrimiento de la finitud humana, el rol de la ciencia como reemplazo de la religión, etc. De los invitados el que más me gustó fue Mujica, con quien estoy absolutamente en desacuerdo (¡encima de católico, posmoderno!) pero que supo explicar muy bien lo que quería decir. El que menos me gustó fue Hunzicker, que parecía nunca poder llegar al punto que quería remarcar, y sólo dejó en claro que para él el sufrimiento no puede ni debe ser suprimido porque es parte de la esencia del ser humano. Oesterheld estuvo particularmente repugnante cuando, respondiendo a los cuestionamientos de Mallimaci sobre los escándalos de pederastia que envuelven a la Iglesia (y otros notorios episodios), se regodeó en el hecho de que a pesar de todo la gente común sigue creyendo en los curas, yendo a procesiones y rezándole a sus santos. Frigerio tuvo una participación más bien explicativa, al igual que Sztajnszrajber, al que confundí con un creyente posmoderno por sus disquisiciones sobre lo que Dios es o no es.

María Laura Santillán estaba absolutamente sobrepasada pero lo manejó bien, dejando que los invitados hablaran entre ellos con pocas interrupciones.

Recomiendo verlo con calma y después, si quieren, lo debatimos aquí.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Marjoe

Marjoe es un documental del año 1972 sobre el “niño predicador” Marjoe Gortner y su trayectoria adulta como estafador de crédulos fervorosos. Es alucinante y bastante doloroso, si uno lo piensa bien. Vale la pena verlo.

No los aburriré con detalles biográficos que pueden leer en otra parte. Basta decir que Marjoe (un nombre ensamblado a partir de Mary y Joseph, es decir María y José) fue obligado a “predicar” desde los cuatro años, repitiendo sermones furibundos y gestos histriónicos ante congregaciones pentecostales, por una madre que en ocasiones lo sofocaba con una almohada o le metía la cabeza bajo el agua para motivarlo sin dejarle las marcas que una golpiza sí dejaría. De adolescente Marjoe dejó el negocio, pero volvió más tarde, de adulto, recorriendo los estados sureños de Estados Unidos con un mensaje de condenación y salvación en el cual no creía en lo más mínimo. Y así por dos años, hasta que no pudo más con su conciencia.

Lo que hace distinto este documental es que los realizadores encontraron a Marjoe Gortner en el preciso momento en que se replanteaba por enésima vez abandonar la predicación, y éste decidió mostrarles los secretos más oscuros del arte del pastoreo de almas crédulas, con una franqueza y un cinismo que puede helar la sangre a más de uno. Lo que hizo, sin comunicarle ni siquiera a su padre su decisión, fue darle permiso al grupo de filmación para que filmara toda su última gira de evangelización: no sólo las celebraciones, sino lo de después: Marjoe y su socio contando entre risas el dinero esquilmado a los fieles; Marjoe confesando que no cree en absolutamente nada de lo que predica mientras repite sin esfuerzo visible sus paroxismos escénicos de adoración a Jesús; Marjoe explicando a los documentaristas cómo funciona el engaño de las sanaciones (“el 99% es psicosomático”); Marjoe contando cómo le hubiera gustado ser una estrella de rock y cómo copia los movimientos de Mick Jagger cuando predica…


Marjoe Gortner (o al menos el Marjoe de la película) es una persona sorprendente: un niño prodigio al que sus padres utilizaron de la peor manera y que, increíblemente, no les guarda rencor. Uno espera, en cualquier momento del documental, que la filmación termine abruptamente con una noticia trágica. Pero Marjoe siempre sonríe. Rehace su vida, es feliz con una mujer, y ni siquiera el hecho de que ha pasado los últimos dos años estafando a miles de personas y que no le importe mostrarlo en cámara nos hace odiarlo. Sabe que ha hecho cosas malas pero no se considera un malvado, y va a dejarlo. Quizá no le importe tanto reírse de toda la gente a la que ha estafado porque en el fondo se está riendo de sí mismo, de su infancia perdida y de dos años de doble vida pasados en rutas y hoteles, actuando como un payaso en un circo religioso.


El documental tiene casi 40 años y poco ha cambiado en las congregaciones pentecostales de Estados Unidos, aparte de los Cadillacs, los peinados al spray y las camisas inverosímiles. Eso sí que no es para risa.

Marjoe fue producido y dirigido por Howard Smith y Sarah Kernochan en 1972, y ganó el Oscar a la Mejor Película Documental en 1973. Se puede ver online en Google Video (The Story of Marjoe) y se consigue desde BitTorrent. No hay subtítulos, que yo sepa, en ningún idioma. Para más datos: Marjoe en la Internet Movie Database; Marjoe en Wikipedia (en inglés).

sábado, 20 de noviembre de 2010

Jesús, ese gran hombre

Hay muchas personas que dicen creer en Dios pero no en la Iglesia (o bien dicen que Dios no tiene nada que ver con ninguna religión). Paralelamente hay una especie de fans de Jesús que quieren rescatar las partes buenas de lo que supuestamente dijo, olvidando todo lo demás, y concediéndole un cómodo status de gurú y líder moral multicultural al lado de Buda o algún filósofo. Pero C. S. Lewis lo tenía todo muy claro. Jesús no practicaba la humildad que predicaba; se comportaba como quien es Dios y lo sabe:
… Intento con esto impedir que alguien diga la auténtica estupidez que algunos dicen acerca de Él: “Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de que era Dios.” Eso es precisamente lo que no debemos decir. Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático —en el mismo nivel del hombre que dice ser un huevo escalfado— o si no sería el mismísimo demonio. Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o alguno mucho peor. Podéis hacerle callar por necio, podéis escupirle y matarle como si fuese un demonio, o podéis caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral.
Christopher Hitchens cita este pasaje de Mero cristianismo en God Is Not Great (me rehúso a la blandengue traducción “Dios no es bueno” con que fue editado en español), como reconocimiento para la honestidad intelectual (sobre este punto particular) de Lewis, que, por si no lo conocían, es considerado el más importante apologista cristiano y católico de los tiempos modernos (además del autor de la alegoría cristiana para niños llamada Las crónicas de Narnia).

Obviamente Hitchens no acepta la opción de considerar a Jesús una manifestación sobrenatural, sea del creador del universo o de su archienemigo. Una versión similar de estas alternativas, también planteada por C. S. Lewis, es la conocida como trilema de Lewis, según el cual Jesús debió ser un lunático (que se creía Dios), un mentiroso (que fingía ser Dios) o bien Dios. Existe también la posibilidad, no admitida por Lewis, de que Jesús nunca haya existido o que no haya dicho ni hecho casi nada de lo que se le atribuye, es decir, que sea una figura mitológica. Esta última me parece a mí la más probable, dados el tiempo y la forma en que sabemos que se escribieron los libros del Nuevo Testamento.

martes, 16 de noviembre de 2010

Laicismo agresivo, ahora en Argentina (A214)

La Iglesia Católica está viviendo un ataque furibundo de las oscuras fuerzas del laicismo radical en Argentina. Miren si no:
Los signos de los tiempos son clarísimos. El laicismo agresivo ha sacado las garras, y mirando a nuestro pobre país uno no puede sino recordar aquel triste día de 1955 en que los grupos de choque laico-progres y zurdo-secularistas, siguiendo la infame bandera del totalitarismo relativista, hicieron lo mismo que estos leguleyos quieren hacerle ahora a nuestra Santa Madre.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Embriones: ¿productos o personas? (A213)

Una pareja peruana va a demandar a una clínica de fertilidad asistida porque la mujer fue madre de una niña con síndrome de Down y una serie de otros desórdenes genéticos que, en teoría, deberían haber sido detectados antes de implantarle el embrión en cuestión. El padre justificó la demanda ante la prensa clamando: “¿Cómo se sentiría si le dieran un producto fallado?”.

La desafortunada frase cayó como anillo al dedo para las agencias de desinformación católica ansiosas por demostrar que la fecundación in vitro es inmoral, no sólo porque involucra seleccionar y desechar embriones, sino porque transforma al ser humano en un producto. Gloria Adaniya, de la organización “pro-vida y familia” CEPROFARENA, dijo:
“Nadie puede diseñar un tipo de bebé porque no se está hablando de objetos sino de vidas humanas. El ser humano, es un regalo de Dios y es un regalo del matrimonio, y no estamos en condiciones de estar eligiendo cómo debe ser.”
(Les dejo un momento para leer y saborear bien el oscurantismo fanático de esta contundente declaración, que tira por la borda siglos de medicina y ética en favor de un fetichismo salvaje como lo es la teología.)

La frase sobre el “producto fallado” se le puede perdonar al padre por tratarse de un momento de ofuscación, pero queda la pregunta. ¿Un ser humano puede ser tratado como un producto? La respuesta no se puede dar si no nos paramos antes a definir términos y marcar límites.

Hay una postura esencialista, generalmente proveniente de dogmas religiosos pero también posible fuera de ellos, que mantiene que hay una esencia abstracta, una humanidad, que se encuentra en cada uno de nosotros y que preexiste a la autoconsciencia y a la formación del cuerpo físico. Para los cristianos, la persona existe desde la concepción —obviando la dificultad de decidir cuándo es eso, ya que se trata de un proceso y no de un instante discreto— y además es querida por Dios desde el principio. Hay una postura contraria, a la que suscribo y que es probablemente la de la mayoría de los no creyentes, que mantiene que no hay tal esencia humana abstracta sino que la persona se va construyendo gradualmente según las leyes conocidas de la física y la química y los procesos habituales, complicados pero más o menos bien descriptos, de la biología. En general los defensores de esta postura creemos que un embrión humano no es una persona y puede ser manipulado y destruido como casi cualquier otro conjunto de células; la personalidad, la humanidad, está en él sólo en potencia y no preexiste a la formación de un cuerpo humano viable y de la autoconsciencia que nos distingue del resto del reino animal.

La postura esencialista es una creencia incomprobada e incomprobable. La otra postura no es su opuesta sino más bien su antecesora prudente. Es sencillo comprobar que un embrión no tiene ninguna de las características que asignamos (y por las que distinguimos) a las personas. No tiene sentidos ni consciencia de sí, no tiene órganos diferenciados, no tiene un cerebro desarrollado y en funciones, no tiene voluntad. Tiene un determinado ADN y una tendencia fisicoquímica a determinados cambios que, con cierta probabilidad, lo llevarán en un futuro a transformarse en una persona. Esta última característica (su orientación hacia un “objetivo” final identificable como una persona humana) es condición necesaria, aunque de ninguna manera suficiente, para que la idea esencialista pueda plantearse. Si un embrión “humano” pudiera transformarse en cualquier cosa, la idea de que un embrión es (esencialmente o metafísicamente) una persona desde la concepción sería ridícula.

Pero lo cierto es que un embrión sí puede transformarse en cualquier cosa, y de hecho lo hace: se transforma en seres humanos completamente distintos uno de otro (o bien, con frecuencia, muere antes). No hay una manera “científica” de determinar si un organismo dado es un ser humano; no hay un molde fijo, no hay un “ADN humano”. Cada uno de nosotros es distinto de los demás a nivel genético. Nos reconocemos unos a otros como personas por aproximación, no por el vislumbre de una esencia —no quiero decir alma— innata a la humanidad. Nuestro ADN es similar, no igual, al de nuestros congéneres, pero también es similar al de los chimpancés, el de los gorilas, el de los orangutanes y el de los lirios del campo y el de las sanguijuelas, si bien en distinto grado; nuestra autoidentificación como especie es difusa, de índole estadística. Sólo el Homo sapiens ha sobrevivido en la Tierra de las muchas razas de homínidos que la han surcado incluso hasta tiempos geológicamente recientes; si hubieran sobrevivido, este fácil esencialismo no las tendría tan fáciles.

Todo lo anterior es, desde luego, una blasfemia del más alto orden contra la doctrina judeocristiana de la Creación, y una de las razones por las cuales se puede argumentar que la teoría de la evolución no es aceptada, no puede ser aceptada plenamente por ningún creyente de esa doctrina. Si el hombre no es especial y distinto esencialmente  —no por la mera contingencia biológica— entonces Dios sólo ha elegido a un animal inteligente para Su Plan.

Esto viene a cuento de que el padre ofuscado porque su bebé nació con síndrome de Down no está equivocado. El “producto fallado” que le dieron no es el bebé, sino el embrión del cual se originó. Y es un producto porque no es esencialmente distinto (ni morfológicamente muy distinto, al microscopio) del embrión creado por fecundación artificial de un caballo o de una rana. Es un producto porque no es una persona, excepto para aquellos que definen persona como cualquier cosa que surja de la unión de un óvulo y un espermatozoide humanos. Deja de ser un producto cuando podemos reconocerlo como uno de nosotros, incluso aunque no esté del todo desarrollado. Un chimpancé adulto tiene muchas más características de persona humana que un embrión humano; recurrir, como hacen los pseudocientíficos católicos, a la semejanza del ADN, los hace culpables del reduccionismo vulgar que ellos mismos suelen denunciar. Una persona no lo es porque su ADN sea parecido al de las otras personas (y pasemos por alto la definición circular inherente aquí) sino por otros rasgos, más variados y más flexibles, que lo hacen similar a nosotros, a los que ya sabemos que somos personas. Con la paradójica postura esencialista-reduccionista de los católicos, llegamos al absurdo de que se considere una persona de pleno derecho a un organismo que no tiene cerebro ni sentidos funcionales, mientras que un organismo con la inteligencia de un niño de tres años, clara voluntad propia y muy posiblemente una autoconsciencia queda en pie de igualdad, a nivel legal y ético, con un mosquito.

Los padres de la niña a los que hace referencia la nota no pretenden que ella sea menos que una persona, o una persona fallada. Lo que dicen es que la clínica de fertilidad les dio un embrión con fallas en sus genes, entendiéndose por fallas a desviaciones de la norma que entran en el terreno de lo patológico, y que podrían haber sido previstas. (La clínica dice que se les ofrecieron los tests de rutina y no los aceptaron; la madre dice que nunca les ofrecieron nada: una disputa legal que no vamos a dilucidar aquí.) En nuestra sociedad consideramos personas de pleno derecho, a priori, a quienes tienen síndrome de Down (si su condición no les permite manejarse solos, tendrán un tutor, igual que cualquier otra persona en esa situación). No consideramos personas a los embriones en ningún sentido excepto —en casi toda América Latina— por la prohibición de destruir un embrión ya implantado en el útero. Equiparar una cosa con otra es un engaño y una apelación emocional de lo más ruin, y usarlo como propaganda para una visión del mundo oscurantista y antihumana es quizá la peor falta de respeto a la verdadera dignidad de la persona.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los cátaros - La herejía perfecta (parte 3)

Termino aquí con la reseña del libro Los cátaros, de Stephen O’Shea.

Gregorio IX
La Inquisición, creada en 1184 antes para perseguir precisamente a cátaros, valdenses y otros herejes, no había sido eficaz bajo el control de los obispos, por desidia o connivencia de los mismos. En 1233 el Papa Gregorio IX tomó la trascendental decisión que hace aún más significativa la triste historia de los cátaros: recreó la Inquisición en la forma de un tribunal eclesiástico independiente, sólo responsable ante el pontífice, con amplios poderes. Los primeros tres inquisidores papales fueron enviados a Tolosa, Albi y Carcasona.

O’Shea narra un grotesco episodio casi inaugural de la institución inquisitorial, en el cual una mujer moribunda pidió recibir la bendición de un perfecto y fue delatada a Raymond du Fauga, dominico y obispo de Tolosa, que acababa de decir misa. Era el 5 de agosto de 1234, precisamente fiesta de Santo Domingo. El obispo fue a la casa de la mujer, haciéndose pasar por hombre santo cátaro, y la incitó a confesar su fe, cosa que ésta, confundida, hizo sin dudar. Du Fauga la juzgó hereje y, como no podía caminar, la hizo atar a la cama; la llevaron frente a la catedral y de ahí fuera de la ciudad, donde la ataron a una estaca y la quemaron viva. Tras esto volvieron y, luego de dar gracias a Santo Domingo, almorzaron con ganas. (El cronista, para quien lo dude, era un monje dominico.)

Los inquisidores exigían que los acusados nombraran a su vez a una cierta cantidad de personas como cómplices. Cuando los herejes comenzaron a nombrar a correligionarios ya muertos, los inquisidores adoptaron la costumbre de desenterrar los cadáveres para quemarlos en público, y en ocasiones quemar la casa que había ocupado el muerto, incluso si estaba ocupada.

La confianza se quebró; no había nada más fácil para arruinar a un enemigo que acusarlo ante la Inquisición, cuyos representantes eran investigadores, jueces, fiscales y jurado a la vez, y que tenían incluso la facultad de confiscar bienes y desheredar a los parientes de los condenados. Había inquisidores más escrupulosos, que se preocupaban por no condenar a inocentes, pero el sistema fomentaba la corrupción y atraía, naturalmente, a psicópatas de toda calaña.

Monolito de Montségur
El Languedoc nunca recobraría su prosperidad; arruinado por la guerra y el pillaje, se arruinó aún más por la destrucción de su trama social, y quedó manchado como nido de herejes. Su fiero independentismo dio paso al sometimiento; incluso la lengua occitana —parienta cercana del catalán y del provenzal— quedó desprestigiada y cedió ante el avance del francés de los cruzados.

La historia de los cátaros comienza su final con el sitio de la ciudadela montañesa de Montségur, donde se habían refugiado históricamente los líderes cátaros. El sitio duró meses, en medio de un invierno crudísimo. Cuando terminó, en marzo de 1244, ninguno de los doscientos perfectos que había allí aceptaron retractarse de sus creencias, y fueron quemados vivos, junto con veintiún conversos que habían pedido recibir el consolamentum a última hora.

A partir de allí todo fue cuesta abajo. Una bula papal de 1252 autorizó el uso de la tortura para obtener confesiones. La Inquisición se amplió y se reforzó en Italia, donde habían huido muchos cátaros y simpatizantes. Algunos perfectos se convirtieron al catolicismo y traicionaron a sus antiguos seguidores. El último perfecto conocido, un pintoresco personaje llamado Guillaume Bélibaste, fue quemado en 1321.

El libro de O’Shea cierra con un recorrido por “el país cátaro”, transformado en atracción turística y (gracias a malos historiadores y a la imaginación descontrolada) fuente de mitos absurdos, que recuerdan a las historias esotéricas sobre masones o caballeros templarios, y de emulaciones ridículas de parte de hippies y neopaganos. La contratapa de mi edición no se queda atrás, pintando a los cátaros como seres espirituales, feministas y partidarios del amor libre. O’Shea mismo es parcial a los cátaros, aunque no es difícil ser parcial hacia personas cuyo único crimen fue pensar distinto y cuyo castigo inmerecido fue la espada o la hoguera.

Pero O’Shea, a pesar de su toma de partido y su visión algo nostálgica, no se engaña ni nos engaña. Las fuentes están todas allí, las controversias están expuestas, los fallos y delitos plenamente humanos de herejes y ortodoxos no se excusan ni se disimulan. La herejía perfecta no cae nunca en las tentaciones de la novela histórica, y sin embargo, en virtud de su veracidad, logra ser apasionante.