jueves, 24 de febrero de 2011

Melina González quiere morir (A225)

Melina González tiene 19 años y sufre neurofibromatosis y un tumor en la espalda. Está consciente, sufre, y quiere que la dejen morir sin dolor, pero no se lo permiten.
“Nadie debería sufrir este calvario”, le dictó Melina González el miércoles a su mamá, para que escribiera una carta dirigida a sus amigos que “abrazaron” en su apoyo al Hospital Garrahan. La nota concluía así: “Pido una ley de muerte digna”. Melina tiene 19 años y –al cierre de esta edición– estaba agonizando, con un peso de apenas 18 kilos. Sufre una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que se conjugó con un tumor en su espalda. Su vida se tornó insoportable desde el 24 de enero, cuando llegó en gravísimo estado pero completamente lúcida al hospital pediátrico –donde la vienen atendiendo hace tiempo–, y pidió a los médicos una sedación paliativa o terminal, para entrar en un sueño lo suficientemente profundo que le permitiera aliviar su sufrimiento hasta que llegue el momento de la muerte, según contó su madre, Susana Bustamante. Pero los médicos del Garrahan se negaron.
Todavía no ha habido mucha difusión sobre este caso y por lo tanto no hemos escuchado aún a los acostumbrados ”defensores de la vida” que sin duda proclamarán desde su púlpito (real o imaginario) que su dios es el único dueño de la vida y que debemos permitir sufrir a esta chica todo lo que su dios desee. Pero podemos comenzar a pensar, al menos, sobre la influencia de nuestra cultura de matriz religiosa en las leyes vigentes y en la formación de quienes cuidan nuestra salud, una cultura que nos quita autonomía en favor de poderes sobrenaturales y no nos permite disponer de nuestros propios cuerpos. Seguiremos atentos al caso e informando según sea necesario.