El Arzobispo Coadjutor de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Mons. Sergio Gualberti, llamó a la población a participar “masivamente y con entusiasmo de la Marcha por la Vida” (…), y así rechazar el aborto y la eutanasia que quieren imponer grupos movidos por ideologías extranjeras. (…) Según informó la oficina de prensa del Arzobispado, Mons. Gualberti denunció que en Bolivia y otros países hay grupos que “muestran un desprecio por el don de la vida”. “Movidos por ideologías foráneas y por distintos intereses de tipo económico y demográfico, son pregoneros de muerte, buscando implementar leyes que favorecen el aborto y la eutanasia, cuyas víctimas son seres humanos inocentes e indefensos”, advirtió.La teoría conspirativa que supone que los países ricos quieren que haya aborto libre en los países pobres para detener su crecimiento demográfico se basa en ciertos datos de la realidad, pero no tiene asidero lógico alguno. Por otro lado, si los países ricos quieren que los pobres sigan sometidos económicamente, no van a estar promoviendo el aborto. Si existe una forma sencilla de asegurarse que un país pobre no logre levantar cabeza es negarle a sus mujeres que controlen su reproducción.
Lo curioso es que toda es esta supuesta fundamentación, con teoría de conspiración incluida, es parte del guión estándar de la izquierda latinoamericana. La Iglesia combatió denodadamente contra los postulados de la izquierda que la amenazaban, tanto mediante presión política legítima como aliándose directamente con dictaduras, e incluso intentó “limpiarse” a sí misma marginando a los teólogos de la Liberación y sus simpatizantes. Tuvo éxito; prácticamente todos los jerarcas actuales, nombrados por Benedicto XVI o por su antecesor, son ferozmente conservadores. Pero no les importa tomar de sus enemigos ideológicos —y usar— el miedo, ya instalado entre los fieles más pobres e ignorantes, a que las grandes potencias estén tramando algo horrible para seguirlos sometiendo.