miércoles, 9 de enero de 2013

El privilegio de no tener que decir la verdad

Vía Jerry Coyne (de Why Evolution Is True), una cita del libro The Faith of a Heretic de Walter Kaufmann sobre la hipocresía y el privilegio de teólogos y predicadores:
“La religión es un campo tan privilegiado como la política o la publicidad. Se considera ampliamente que requiere tacto y no verdad. Se considera perfectamente correcto que los hombres de hábito o sotana se dediquen a simular que creen lo que realmente no creen; que den la impresión, hablando desde el púlpito, de que están convencidos de cosas que cuando hablan con filósofos son rápidos para negar que dijeron; que finjan completa seguridad sobre asuntos que en privado los perturban y les causan dudas incesantes. Uno ni siquiera reclama que un predicador sea al menos honesto consigo mismo y sepa precisamente qué cree y qué no, qué quiere decir y qué no quiere decir, qué cosas sabe con certidumbre y cuáles considera probables o meramente posibles. Uno no le exige nada tan estricto… ni se lo exige a uno mismo.”

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