El primer día de 2006 una mujer
embarazada de gemelos de siete meses llegó al muy católico Hospital
Santo Tomás Moro en Cañon City, Colorado, Estados Unidos. (El
hospital es parte de una cadena nacional de servicios de salud
católicos (Catholic Health Initiatives) con un patrimonio declarado
de quince mil millones de dólares.) La mujer se sentía mal debido a
que, según se descubrió luego, tenía una arteria casi tapada. Tuvo
un ataque al corazón y luego murió. El obstetra de guardia no
respondió a los llamados. Si hubiera atendido, habría podido llegar
al hospital o al menos dar instrucciones para que se le realizara a
la mujer una cesárea, con lo cual se habrían salvado quizá los dos
fetos. El esposo de la mujer demandó al hospital por la muerte de
los gemelos (la muerte de la mujer era prácticamente inevitable en
ese punto).
Los abogados del hospital están ahora
defendiendo a su cliente con el argumento de que según la ley
vigente, los fetos no son personas, por lo cual no haber hecho nada
para salvarlos no constituye una malapraxis médica. Es bastante
improbable que la dirección del hospital esté de acuerdo con esa
ley o que sus abogados hayan decidido argumentar así contra los
deseos de su cliente. De hecho, las instituciones católicas de salud
de Estados Unidos vienen peleando desde hace tiempo, con uñas y
dientes, por ser exentas de las leyes que valen para todos los demás,
desde aquéllas que prohíben discriminar a sus empleados por su
orientación sexual hasta las que los obligan a recetar
anticonceptivos en vez de recomendar sus peligrosamente falibles
“métodos naturales” de control de la natalidad.
Naturalmente, la proposición “los
fetos son personas” no tiene las mismas consecuencias cuando se usa
como mero slogan político que cuando alguien más pretende
utilizarla para quitarle a los empresarios devotos una pequeña parte de la
inmensa cantidad de dinero que acumulan cada año gracias a su influencia y sus
exenciones impositivas. En pocas palabras, como dice Coyne, los fetos son personas… hasta que le cuestan dinero a la Iglesia.