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miércoles, 9 de enero de 2013

El privilegio de no tener que decir la verdad

Vía Jerry Coyne (de Why Evolution Is True), una cita del libro The Faith of a Heretic de Walter Kaufmann sobre la hipocresía y el privilegio de teólogos y predicadores:
“La religión es un campo tan privilegiado como la política o la publicidad. Se considera ampliamente que requiere tacto y no verdad. Se considera perfectamente correcto que los hombres de hábito o sotana se dediquen a simular que creen lo que realmente no creen; que den la impresión, hablando desde el púlpito, de que están convencidos de cosas que cuando hablan con filósofos son rápidos para negar que dijeron; que finjan completa seguridad sobre asuntos que en privado los perturban y les causan dudas incesantes. Uno ni siquiera reclama que un predicador sea al menos honesto consigo mismo y sepa precisamente qué cree y qué no, qué quiere decir y qué no quiere decir, qué cosas sabe con certidumbre y cuáles considera probables o meramente posibles. Uno no le exige nada tan estricto… ni se lo exige a uno mismo.”

lunes, 22 de octubre de 2012

El Génesis y la evolución, según Werner Arber

A veces uno se pregunta casi con desesperación, leyendo las declaraciones de personas que deberían saber de qué están hablando: ¿qué necesidad tienen de quedar como crédulos e ignorantes? Tal es el caso de mi última noticia sobre Werner Arber, microbiólogo y genetista suizo, aparecida en la propaladora católica Zenit bajo el alarmante título
EL RELATO DEL GÉNESIS PRESENTA UNA SECUENCIA LÓGICA COMPATIBLE CON LA EVOLUCIÓN
Werner Arber
Arber ganó, junto con dos investigadores americanos, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1978, que llevó al desarrollo de una tecnología fundamental para la creación de organismos transgénicos. Entra, por lo tanto, en el campo de las “personas que deberían saber de qué están hablando”, aunque no sea un experto en evolución (e incluso teniendo en cuenta la preocupante tendencia de los premiados con el Nobel a volverse hacia el lado oscuro de la ciencia).

Arber ha sido miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias desde 1981 y la preside desde 2011 (a pesar de ser protestante). Ha tenido más de veinte años para amoldarse a la doctrina que ahora proclama y es suficientemente confiable para hablar frente a los obispos en la Octava Congregación del Sínodo. Los obispos presentes, gente por necesidad ignorante de ciencia, quizá hayan apreciado su intervención porque les dijo lo que deseaban oír, por ejemplo, que la ciencia y la fe religiosa van a la par dentro de lo que él llama el “saber orientativo” que construimos a lo largo de nuestra vida.

El titular de Zenit es apenas un poco más definitivo que las palabras reales de Arber.
Sobre el libro del Génesis, dijo, "propone una secuencia lógica de acontecimientos en la cual la creación de nuestro planeta Tierra podría ser seguida por la creación de las condiciones para la vida. Las plantas fueron introducidas y éstas fueron, en un momento dado, el alimento de los animales antes de la introducción final del ser humano. Dejando de lado la cuestión de la Revelación, esto es claramente una narración lógica del posible origen evolutivo de las cosas según unos acontecimientos imaginados orientando la naturaleza, que observaban las antiguas poblaciones. Por la genealogía descrita en el Antiguo Testamento, puedo también concluir que sus autores eran conscientes de las variantes fenotípicas (o sea, genéticas). Las personas descritas tienen sus propias características personales y, por tanto, no son clones genéticamente idénticos de Adán y Eva. En estas narraciones podemos identificar una gran coherencia entre la fe religiosa disponible entonces y el conocimiento científico sobre el desarrollo evolutivo. (…)"
La primera frase no es más que una justificación a posteriori del Génesis, que como todo el mundo sabe excepto los creacionistas, es en términos cosmológicos, paleontológicos y arqueológicos un total galimatías, escrito por personas sin el más mínimo conocimiento de nada fuera de una pequeñísima región de su espaciotiempo circundante. (Y cuando digo creacionistas, me refiero tanto a los más burdos, que todavía creen que la Tierra tiene 6000 años de antigüedad y que los animalitos entraron en el Arca de a dos en dos como en las biblias ilustradas para niños, como a los partidarios del diseño inteligente y a los “evolucionistas” teístas como el propio Arber.)

Primero las plantas, luego los animales, luego los humanos, es por supuesto una secuencia lógica, visible para cualquier persona que tenga contacto habitual con la naturaleza, y no hay nada de extraño en que tal secuencia aparezca en un mito de la creación. “Dejando de la lado la cuestión de la Revelación”, como dice Arber, se trata de una coincidencia esperable, y de hecho equivocada en los detalles (la vida no comenzó con plantas), así que ¿por qué la menciona como si fuese importante? A menos que no estemos, después de todo, dejando de lado la Revelación, sino insinuando que los que narraron el Génesis sabían, por fe o porque Dios se los susurró directo al cerebro, que las cosas habían ocurrido en ese orden.

La frase sobre las variantes fenotípicas es tan ridícula que parece una broma. ¿Hace falta fe religiosa para notar que la gente no es idéntica a sus padres? Todo el párrafo está vacío de contenido; lo único que Arber fue a hacer frente al Sínodo, aparentemente, es a proclamar con tono solemne trivialidades que sólo serían importantes si sus detalles fueran correctos, pero que de hecho no lo son; deepities, como bautizó a esta clase de afirmaciones Daniel Dennett.

Si esto es lo que pasa por ciencia dentro de la Iglesia, los ateos no debemos temer que los creyentes logren pruebas objetivas de su dios o de sus escrituras. Sólo nos queda lamentarnos por el destino de una mente brillante como la de Werner Arber, capaz de ganar un Premio Nobel para caer luego hasta las profundidades del oscurantismo vaticano.

lunes, 23 de julio de 2012

jueves, 14 de junio de 2012

Teología sofisticada, según Jerry Coyne

El biólogo Jerry Coyne es el autor del libro sobre la evolución Why Evolution Is True (que recomiendo) y mantiene un blog medio personal, medio académico sobre el mismo tema (confieso que lo sigo tanto por sus artículos científicos como por los videos de gatitos que postea con regularidad). Coyne es un “nuevo ateo” en la misma línea, aunque menos famoso, que su colega Richard Dawkins, y hace cierto tiempo se viene tomando el trabajo de leer libros de teólogos modernos, supuestamente sofisticados, para contrarrestar la muy común acusación de que los “nuevos” ateos son cientificistas reduccionistas que rechazan los argumentos filosóficos más finos sin conocerlos.

Para tener idea de qué estoy diciendo sólo puedo recomendar a los lectores dirigirse al blog de Coyne y buscar sus posts sobre teología. Como ejemplo Coyne ofrece párrafos seleccionados del libro que está leyendo en estos días: Questions of Truth: Fifty-one Responses to Questions about God, Science, and Belief, de John Polkinghorne y Nicholas Beale.

Primero la apropiación de la ciencia por medio de un sofisma pseudo-epistemológico:
Es fácil “probar” que nada puede ser a la vez una onda y una partícula, o que Jesús no podría haberse levantado de entre los muertos. Sin embargo, una reflexión profunda sobre la física muestra que todos los objetos suficientemente pequeños pueden manifestar propiedades tanto de onda como de partícula, e incluso una reflexión superficial muestra que si Jesús es el Hijo de Dios en el sentido en que lo afirman los cristianos, entonces la resurrección no es sólo posible sino en cierto sentido necesaria.
Y luego una excusa estándar para la total invisibilidad de Dios:
El Creador no ha llenado la creación con elementos marcados “hecho por Dios”. [Nota de Coyne: Antes de 1859 sí pensaban que lo había hecho.] La existencia de Dios no es evidente por sí misma de alguna manera totalmente no-ambigua e innegable. La presencia de Dios está velada porque, si uno lo piensa, la presencia desnuda de la divinidad sobrepasaría la capacidad de las criaturas finitas, privándolas de ser verdaderamente ellas mismas y de aceptar libremente a Dios.
Coyne termina diciendo:
La buena noticia para mí es que el libro es corto. Sé que muchos de ustedes creen que estoy perdiendo el tiempo leyendo cosas como éstas, pero me gusta pensar que estoy haciendo un servicio al mostrar repetidamente que la Teología Sofisticada —de la clase que promueve Terry Eagleton y que supuestamente Richard Dawkins y los otros Nuevos Ateos ignoran— es sólo pensamiento voluntarista vacío enmarcado por palabras bonitas.

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Dawkins el teólogo?

Un apologista católico, Bruno Moreno Ramos, escribe en su blog Espada de doble filo, en InfoCatólica, con tono falsamente ligero, molesto porque “en el Museo de Ciencias Naturales” (vaya a saber de qué lugar) donde ha llevado a los niños a pasear se ha encontrado con “multitud de animales disecados, desde minúsculos escarabajos hasta elefantes y rinocerontes”, y “esqueletos”, hasta incluso el de una ballena azul, pero además de tan edificantes objetos, hay al final del recorrido una pequeña librería con libros de Richard Dawkins.
… observé con sorpresa que vendían nada menos que cinco libros de Dawkins. Es decir, un número enorme en comparación con el pequeñísimo tamaño de la librería, que no sé si igualaría algún otro autor.

Los libros que se vendían de Dawkins eran:

- El gen egoísta
- El espejismo de Dios
- El cuento del antepasado
- La magia de la realidad (para niños)
- Evolución

Resulta llamativo que alguien no se dé cuenta de que estos libros no pintan nada en una colección de libros científicos, porque son libros de Teología.
Dice el dicho que el que sólo tiene un martillo ve todos los problemas como clavos. La única herramienta que parece tener Moreno Ramos en su caja mental es la pseudofilosofía llamada teología, que a partir de una presunción totalmente sin base construye majestuosas catedrales de pensamiento con apariencia de profundo saber.

El espejismo de Dios (horrible título con el que se tradujo The God Delusion al castellano) no tiene mucho que hacer en la pequeña librería de un museo de ciencias naturales, aunque no está de más su capítulo dedicado exclusivamente a la refutación del creacionismo. No he leído La magia de la realidad, pero todas las reseñas que he visto excepto las de fanáticos religiosos y de los blandos y románticos defensores del mito dicen que es bueno y aconsejable para los niños: muestra cómo distintas mitologías, la cristiana incluida, explican o explicaron preguntas acuciantes como la creación del mundo, la aparición y variedad de la vida, o el mecanismo del rayo. Tampoco sé qué libro será Evolución: Dawkins jamás escribió uno con ese título. Evolución es como llamaron en la edición castellana a The Greatest Show on Earth, que es una lista completísima y muy amena de evidencias de la evolución.* El gen egoísta es viejo pero muy bueno, no para los niños, obviamente, debido a su nivel. El cuento del antepasado es una obra maestra. Ninguno de estos últimos, como tampoco los muchos otros libros que Dawkins escribió con excepción de El espejismo…, dedican más que notas marginales, si acaso, a la cuestión de si Dios existe o no.

Pero estoy seguro de que Bruno Moreno Ramos, quizá instruido por su confesor o simplemente llevado por su prejuicio irracional, no ha leído ni uno solo de estos libros, o a lo más los ha hojeado con displicencia. Ni Dawkins, más famoso por su ateísmo que por su mucho mayor y mejor producción científica, ni su archirrival el extinto Stephen Jay Gould, más conciliador a nivel religioso, dieron jamás lugar a Dios en sus planteos científicos, aunque ambos lucharon denodadamente contra la plaga oscurantista del creacionismo, de raíz cristiana evangélica principalmente. La Iglesia Católica, sin embargo, también impulsa una teología creacionista, de aspecto más sofisticado pero basada en la misma premisa indemostrable: que Dios dirige la evolución. El catolicismo no puede escapar de esto porque de lo contrario estaría ante un dios indistinguible de la nada e indiferente al sufrimiento de sus criaturas.

Sin conocimiento alguno de la ciencia, Moreno Ramos —¡igual que tantos otros!— descarta la ciencia de Dawkins porque la ciencia, sin esfuerzo ni intención explícita, acorrala a su dios en un lugar pequeño y cada vez más irrelevante. Una lástima por él y por sus hijos.


* Gracias a los lectores que corrigieron mi error, cometido por puro apresuramiento.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Los teólogos

“Proscribiendo el uso de la inteligencia moderna para la vida moderna, la Iglesia se ha habilitado para continuar explicando los hechos del presente con la inteligencia del pasado, y pudiendo así acuñar verdad obligatoria para sus fieles, con errores, mentiras y absurdos, puede confeccionarles dogmas de fe sobre lo inexplicable, lo desconocido y lo incomprensible, sobre el pasado y el futuro de la existencia humana. De ahí que los teólogos se hayan distinguido siempre, como dice Buckle, por su profundo conocimiento sobre las cosas de que no se sabe nada.”

sábado, 13 de marzo de 2010

Ariel Álvarez Valdés pide excusas por Dios

Llega a mi vista un artículo de un “destacado biblista y teólogo” que se dedica, con una pseudo-argumentación de muy baja calidad y francamente deshonesta, a salvar a su dios del descrédito que merece por no hacer absolutamente nada mientras miles de personas morían y miles de edificios (iglesias incluidas) se derrumbaban en los terremotos de Haití y Chile. El sacerdote católico Ariel Álvarez Valdés, de quien escribí hace tiempo cuando fue censurado por el Vaticano, parece haber aprendido la lección, aunque no le sienta bien. no ha aprendido la lección ha vuelto a las andadas.

Álvarez Valdés comienza planteando el dilema de Epicuro, que bien vale la pena repetir, sobre la existencia del mal en el mundo:
Epicuro decía: "Frente al mal que hay en el mundo existen dos respuestas: o Dios no puede evitarlo, o no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si no quiere, entonces es un malvado". Cualquiera de las dos respuestas hacía trizas la imagen de la divinidad.
El teólogo primero reconoce que el dilema no ha podido resolverse —¡pero dice que Epicuro no quería probar con él la inexistencia de Dios!— e inmediatamente después ofrece la solución que acaba de decir que no tenía, o más bien, una excusa. Pero antes aclara que “se debe evitar la tentación de atribuir el mal a Dios”. Esto a pesar de que Dios, en su versión bíblica, constantemente hace cosas horribles, y más aún, se arroga plenos poderes para ello. Hasta aquí hablamos de coherencia textual solamente (y ya sabemos que la Biblia es de todo menos coherente). En el mismo párrafo, sin embargo, Álvarez Valdés empieza a mostrar deshonestidad lisa y llana:
En efecto, por nuestra culpa muchos de los cataclismos naturales que padecemos afectan sobre todo a los más pobres. Porque donde ellos viven las casas están peor hechas, existen menos hospitales, hay menos médicos, menos bomberos, menos recursos, y menos prevención. Además, muchos terremotos, inundaciones y catástrofes tienen un origen en la irresponsable actitud del hombre, que viene destruyendo incesantemente la naturaleza. Por eso culpar a Dios de estos sucesos resulta insensato.
Los cataclismos naturales afectan más a los más pobres (en general), es cierto. Pero ni la persona más rica del mundo está a salvo de un cataclismo natural suficientemente potente, o de cualquier otro tipo de muerte accidental, para el caso. La segunda parte de la excusa es de una ignorancia terrible, que remite a los pseudo-ecologistas y a los conspiranoicos del HAARP. Los terremotos no son causados por la “irresponsable actitud del hombre”. La única forma de inducir un terremoto es haciendo explotar una bomba termonuclear en medio de una falla geológica. No hay forma directa y actualmente factible de inducir un huracán, un deslizamiento de tierras o una erupción volcánica. Desde luego, había catástrofes naturales antes de que el hombre fuera la especie dominante del planeta, y mucho antes de que el hombre existiera.
Además, si hay algo que Jesús ha dejado en claro es que Dios no manda jamás los males al hombre. Ya en el primer sermón que pronunció en su vida, llamado el sermón de la montaña, enseñaba que Dios "hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos". Es decir, Él sólo manda el bien incluso a los pecadores.
Esto significa lo que significa: no que Dios es bueno, sino que es indiferente. La maquinaria del mundo funciona independientemente de los aspectos morales.
Para enseñar esto adoptó una metodología muy eficaz: comenzó a curar a todos los enfermos que le traían, y les explicaba que lo hacía en nombre de Dios, porque Él no quiere la enfermedad de nadie. […] Incluso un día sus discípulos vieron a un ciego de nacimiento, y le preguntaron: "Maestro, ¿por qué este hombre nació ciego? ¿Por haber pecado él, o porque pecaron sus padres?" (Jn 9,1-3). Y Jesús les explicó que nunca las enfermedades son enviadas por Dios, ni son castigos por los pecados.
Lo que Jesús dijo en esa ocasión fue: “Ni él pecó, ni sus padres, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” Es decir, Dios hizo (o permitió) que el hombre fuera ciego durante toda su vida hasta que Jesús lo encontró, para que Jesús pudiera entonces hacer un milagro. El ciego no fue castigado; fue sólo un instrumento, el conejo de la galera de Dios. Está bien claro y no hay teología que valga.
En otra oportunidad vinieron a contarle que se había derrumbado una torre en un barrio de Jerusalén y había aplastado a 18 personas. Y Jesús les aclaró que ese accidente no era querido por Dios, ni era castigo por los pecados de esas personas, sino que todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos vivir preparados (Lc 13,4-5).
Este pasaje no dice en realidad nada sobre lo que Dios quiere o la causa del derrumbre ni sobre la preparación que debemos tener. (Es decir, Álvarez Valdés miente, y miente literalmente sobre la Biblia.) El propósito de Jesús es hacer entender a sus discípulos que Dios no castiga en este mundo sino en el otro.

Y después viene el razonamiento más ridículamente, más obviamente falaz que he leído de la pluma de uno de estos pseudo-académicos que se hacen llamar estudiosos de Dios:
En realidad el enigma del filósofo griego está mal planteado. No podemos decir que "Dios no puede impedir" el mal que hay en el mundo. Lo correcto es decir que "es imposible que no haya mal". ¿Por qué? No porque sea un misterio, como se responde a veces cuando se quiere evadir la cuestión y dejarla en penumbra para evitar una supuesta crítica a la actuación divina. No. El mal no es un misterio. Es inevitable, sencillamente.
O sea, el mal existe porque no puede no existir. Y no puede no existir porque… ¿por qué? Porque el mal es una imperfección. Si no hubiera mal, el mundo sería perfecto. Y lo único perfecto que existe es Dios. Dios no podría haber creado un mundo perfecto, libre de mal, porque… ¿por qué? Bueno, porque… porque… porque Dios lo creó así, y después no lo pudo cambiar, ¿cómo va a cambiar Dios su propia creación?

La cosa sigue y sigue así; es completamente coherente y completamente tautológica, circular, autorreferente y cerrada en sí misma; un “argumento” perfecto, incontaminado de realidad; como toda la teología, no necesita ser verificable ni sensata, porque le basta arrojar sobre la mesa al gran comodín, Dios, para que cualquier cosa pueda querer decir cualquier cosa, a gusto del argumentador.

¿Por qué me molesto en analizarlo? No sé. Será porque a veces cansa que los charlatanes tengan tanta prensa…

P.D. (15 de marzo): Ariel Álvarez Valdés acaba de dejar los hábitos, al no aceptar la censura que le había impuesto el obispo de Santiago del Estero.

sábado, 1 de agosto de 2009

Caritas in veritate

Según el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, la última y muy alabada encíclica de Benedicto XVI "se dirige a creyentes y no creyentes". Así las cosas, con las lógicas dudas del caso, me dirigí al sitio web oficial de la teocracia papista para leer la Caritas in veritate. Lamentablemente, mi intento de lectura lineal y completa no pasó de los dos primeros parágrafos, cargados de esa almizclada autocomplacencia dialéctica que es la teología.

Para simplificar mi trámite, por lo tanto, puse a prueba al cardenal Bertone buscando en el extenso documento las expresiones "no creyente", "ateísmo", "ateo" y "laicismo". Hecho esto, copié los parágrafos donde aparecían, y los he reproducido (con cierta edición) aquí abajo, para luego comentarlos. Aliento a los lectores a opinar.

Primero tenemos el libelo estándar contra el laicismo, al cual se acusa de ser una ideología programada por el estado para promover el ateísmo y suprimir la libertad religiosa. No sólo eso: el laicismo ¡es enemigo del desarrollo de los pueblos!
29. Hay otro aspecto de la vida de hoy, muy estrechamente unido con el desarrollo: la negación del derecho a la libertad religiosa. […] [A]demás del fanatismo religioso que impide el ejercicio del derecho a la libertad de religión en algunos ambientes, también la promoción programada de la indiferencia religiosa o del ateísmo práctico por parte de muchos países contrasta con las necesidades del desarrollo de los pueblos, sustrayéndoles bienes espirituales y humanos. Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre en cuanto, habiéndolo creado a su imagen, funda también su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de «ser más». […] Si el hombre fuera fruto sólo del azar o la necesidad, o si tuviera que reducir sus aspiraciones al horizonte angosto de las situaciones en que vive, si todo fuera únicamente historia y cultura, y el hombre no tuviera una naturaleza destinada a transcenderse en una vida sobrenatural, podría hablarse de incremento o de evolución, pero no de desarrollo. Cuando el Estado promueve, enseña, o incluso impone formas de ateísmo práctico, priva a sus ciudadanos de la fuerza moral y espiritual indispensable para comprometerse en el desarrollo humano integral y les impide avanzar con renovado dinamismo en su compromiso en favor de una respuesta humana más generosa al amor divino. […]
Aclaremos un punto antes que nada: el ateísmo práctico, en su sentido más común, no puede ser enseñado o impuesto. El ateísmo práctico, que significa vivir "como si Dios no existiera" (etsi Deus non daretur, según la expresión latina), es una forma de indiferentismo religioso, y si alguien lo ha alentado es la propia religión católica, con su hipocresía, su desconexión con los asuntos modernos y su ritualismo sin sustancia. Ningún estado en el planeta (salvo un par de dictaduras comunistas) alienta a sus ciudadanos a actuar asumiendo explícitamente la inexistencia de Dios; los estados laicos formalmente obligan a sus funcionarios a evitar la presunción de Dios en cuestiones públicas, siendo como es la religión un tema divisivo. Benedicto XVI sabe perfectamente que laicidad estatal no significa imposición del ateísmo, pero confunde los términos con intención.

Los países más desarrollados del planeta tienen estados estrictamente laicos (Estados Unidos), o bien un nivel de religiosidad pública de tal carácter e intensidad que la cuestión no se plantea (Europa del norte, especialmente los países escandinavos). Si buscamos países donde la población es sumamente religiosa y/o el estado está íntimamente mezclado con la religión, encontraremos sólo teocracias y países pobres.

La última frase es lisa y llanamente un insulto a todos los no creyentes y a los creyentes que han elegido luchar por la laicidad: es una reafirmación de la idea de los fanáticos religiosos de toda clase que proclaman que debemos creer en Dios para ser seres humanos integrales.
56. La religión cristiana y las otras religiones pueden contribuir al desarrollo solamente si Dios tiene un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y, en particular, política. […] La negación del derecho a profesar públicamente la propia religión y a trabajar para que las verdades de la fe inspiren también la vida pública, tiene consecuencias negativas sobre el verdadero desarrollo. La exclusión de la religión del ámbito público, así como, el fundamentalismo religioso por otro lado, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración para el progreso de la humanidad. La vida pública se empobrece de motivaciones y la política adquiere un aspecto opresor y agresivo. Se corre el riesgo de que no se respeten los derechos humanos, bien porque se les priva de su fundamento trascendente, bien porque no se reconoce la libertad personal. En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa. […]
Este Benedicto tiene una pluma muy afilada. ¿Vieron cómo asoció retóricamente laicismo y fundamentalismo?

Sobre el asunto de los derechos humanos hay una discusión subyacente, que tiene que ver con la visión de Paolo Flores d’Arcais que comenté en otro post: el ateo puede considerar a los derechos humanos como meros derechos cívicos, pero puede defenderlos como cuestiones irrenunciables aun si no hay una razón objetiva para ello, por un acto de "decisión pura"; de la misma manera, quien tiene fe puede encontrar en ella un fundamento inamovible para lo mismo. Pero hoy vemos que las sociedades laicas modernas son mucho más respetuosas de los derechos humanos que los estados confesionales de ayer y de hoy. Como en el caso del desarrollo económico, observamos que las teocracias y los estados donde una religión particular tiene lugar privilegiado en las leyes son sociedades divididas, con ciudadanos de primera y de segunda, y con grandes restricciones (formales e informales) a la libertad de expresión. O sea que, aun admitiendo que una fe religiosa puede ser necesaria para que algunos mantengan su compromiso con los derechos humanos, está claro que no es suficiente para eso, ni de cerca.

La postura oficial de la Iglesia es que el hombre necesita a Dios, que no es nada sin Dios, y que una sociedad sin Dios es una sociedad fallida. No parece gran cosa (desde el punto de vista del creyente, es obvio), pero entre sus corolarios indirectos está que las leyes que no se conforman con la doctrina de la "ley natural" católica son inválidas. Esta idea autoriza explícitamente la desobediencia civil (que, donde es posible, se disfraza de objeción de conciencia).
57. El diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad. Los Padres conciliares afirmaban en la Constitución pastoral Gaudium et spes: «Según la opinión casi unánime de creyentes y no creyentes, todo lo que existe en la tierra debe ordenarse al hombre como su centro y su culminación». Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador. […]
O sea, que los no creyentes y los no católicos debemos aceptar como verdad la fe católica (y la doctrina emitida por el Papa, no importa lo repugnante que nos parezca) para ponernos de acuerdo en lo que el Papa predica y en que lo mejor para el mundo es vivir como Dios (es decir, como el Papa dice que Dios) desea que vivamos. Fabuloso. ¡Cuánta apertura!

La conclusión es:
78. Sin Dios el hombre no sabe adonde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). […] Pablo VI nos ha recordado en la Populorum progressio que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. […] La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil —en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos—, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento.

Y eso es todo. Algo podemos apreciar de Benedicto XVI: más allá de algunos artificios retóricos que sólo pueden funcionar si el lector es acrítico, crédulo y muy ignorante, el hombre tiene claro lo que quiere, y lo dice sin ambages. Si toda la Iglesia Católica fuera así, sería un digno enemigo para las fuerzas de la modernidad y el secularismo. Por supuesto, si tal nivel de coherencia en la pretensión de verdad fuera exigible e irrenunciable para ser miembro, la Iglesia quedaría reducida a un 5% de su tamaño actual, como mucho. En otras ocasiones Benedicto ha dado a entender que no le molestaría tanto un panorama así. La política, ay, impone otras obligaciones.

jueves, 9 de julio de 2009

Jesus and Mo: Teología apofática

Jesus and Mo es un webcomic que se publica varias veces por semana, protagonizado por ciertos personajes, digamos, famosamente recurrentes en la historia de nuestro planeta. Se encuentra bajo una licencia Creative Commons BY-NC-SA, es decir, que permite su copia, modificación y distribución en tanto se cite la fuente y se comparta de la misma manera (o sea que esta traducción puede ser redistribuida libremente), y todo esto no sea para fines comerciales.

La elección de este comic no es casual. Justamente está un poco de moda en estos tiempos posmodernos hablar de Dios como inefable, como más de lo que podemos conocer, como misterio insondable que no podemos afirmar con seguridad pero que debemos respetar. La verdad es que si todos los creyentes del mundo se convirtieran a esta religión del silencio, nadie salvo los más puntillosos intelectuales ateos tendrían nada que decir en contra, pero en el mundo real, si bien esta teología apofática funciona para justificar a los teólogos sofisticados, entre los creyentes "de a pie" es inaplicable, y más aún, es completamente incompatible con los constantes pronunciamientos políticos de los líderes religiosos. Y, sospecho yo, los mismos teólogos que profesan esta inefabilidad no sienten empacho en ir a misa y recitar allí el Credo de todo corazón.

Los creyentes no dejan de decirnos qué es lo que Dios quiere o no quiere, como si Dios fuera un amigo íntimo que los llama al celular cada vez que se le ocurre algo importante, pero cuando se les muestra la total ausencia de evidencia comprobable de tales comunicaciones con la divinidad, suelen retirarse al refugio de la teología negativa y proclaman que Dios es demasiado grande para ser aprehendido por nuestro pobre intelecto.

martes, 12 de mayo de 2009

La Respuesta del Cortesano


PZ Myers
He aquí algo que quiero compartir a título informativo y porque quizá alguna vez necesite referirme a ello. Se trata de una analogía sarcástica creada por PZ Myers, el famoso blogger de Pharyngula, y abrazada luego por Richard Dawkins. Se llama "La Respuesta del Cortesano" (en inglés, The Courtier's Reply). Encontré una versión traducida en BilbaoPundit pero no me satisfizo mucho, por lo cual la he reescrito bastante.
He considerado las impúdicas acusaciones del Sr. Dawkins con exasperación ante su falta de seriedad académica. Al parecer no ha leído los detallados discursos del Conde Rodrigo de Sevilla sobre las exquisitas botas de cuero del emperador; tampoco ha concedido un solo momento de consideración a la obra maestra de Belllini, Sobre la luminiscencia del sombrero emplumado del emperador. Tenemos escuelas enteras dedicadas a escribir cultos tratados sobre la belleza de la indumentaria del emperador, y todos los grandes periódicos dedican una sección a la moda imperial; Dawkins los rechaza a todos despreciativamente. Incluso se ríe de los populares y persuasivos argumentos de su compatriota, Lord D. T. Mawkscribber, quien famosamente señalara que el emperador no llevaría algodón común, ni confortable poliester, sino que debe, y digo debe, llevar ropa interior de la más fina seda.

Dawkins ignora con arrogancia todas estas profundas ponderaciones filosóficas para acusar groseramente al emperador de desnudez.

Personalmente, sospecho que tal vez el emperador no esté completamente vestido (cómo, si no, explicar la desidia del equipo palaciego de lavandería), pero, bien, todos los demás parecen hablar siempre de sus ropas, y siendo que este buen hombre Dawkins es un advenedizo rudo que carece de la elegancia de mis circunloquios, yo, aun siendo incapaz de lidiar con la médula de sus acusaciones, debo al menos reprenderlo por sus malas maneras.

Hasta que Dawkins se haya entrenado en las tiendas de París y Milán, hasta que haya aprendido a describir la diferencia entre un vestido con vuelo y una minifalda, todos debemos suponer que él no ha hablado en realidad contra el gusto del emperador. Su entrenamiento en biología tal vez le dé la capacidad de reconocer unos genitales colgando cuando los ve, pero no le ha enseñado cómo apreciar realmente los Tejidos Imaginarios.
La versión original, The Courtier's Reply, está en un post ya clásico de Pharyngula, del día 24 de diciembre de 2006, y ha provocado y sigue provocando reacciones en la blogosfera hasta el día de hoy. En la RationalWiki ya tiene una entrada propia, Courtier's reply, como respuesta estandarizada a un planteo bastante común de ciertos teístas ante cierto tipo de argumentos ateos.

Los más jóvenes quizá no reconozcan la referencia literaria... Yo leí por primera vez "El traje nuevo del emperador", de Hans Christian Andersen, en un viejo libro de cuentos infantiles con hojas grandes, satinadas, y hermosas ilustraciones, y seguramente nunca, entonces ni hasta el momento en que leí la analogía de Myers, pensé que podría aplicarse a la discusión sobre la existencia y atributos de Dios.

Myers reaccionaba ante críticas contra The God Delusion (El espejismo de Dios) de Dawkins, que acusaban a este último de "no confrontar con el pensamiento religioso con un mínimo de seriedad", despreciando siglos de teología y filosofía de la religión dedicada a hablar de la divinidad, y atacando sólo a las expresiones más burdas o más extremas de la religión. Si bien en parte esta actitud puede justificarse diciendo que la verdadera religión (la que importa en la práctica) es su expresión popular y no las complejas abstracciones de los teólogos, queda en pie cierto tufillo de deshonestidad: se puede argumentar que si uno escribe un libro entero dedicado a atacar una posición, debe lidiar con las formas más fuertes de esa posición y no con las más débiles y sencillas de demoler. De lo contrario, dicen los críticos, se está utilizando el infame hombre de paja, haciendo ver al adversario como lo que no es.

Otra forma de ver el problema es considerando la siguiente pregunta: ¿merece consideración alguien que ataca la idea de otro sin haber escuchado todo lo que tiene para decir? O bien, ¿tienen valor las opiniones sobre un determinado tema de alguien que no ha estudiado ese tema con cuidado? Si la respuesta es no, se corre el riesgo de fomentar el elitismo académico (sólo los críticos de arte pueden hablar de las obras de arte; sólo los teólogos pueden discutir sobre Dios). Si la respuesta es sí, el peligro es "popularizar" tanto las cuestiones que se desvaloriza el estudio y la labor del profesional.

Basándose en esta clase de cosas, a Dawkins lo han llamado un ignorante, antiintelectual, burdo y agresivo... tal como lo satiriza la Respuesta del Cortesano. Dawkins ha recibido esta clase de críticas incluso de ateos y agnósticos que están de acuerdo con él en casi todo lo demás; pero ciertos creyentes sofisticados y moderados han reaccionado con tanta indignación retórica como el cortesano al que se le hace notar que su emperador no tiene ropa encima.

Los argumentos presentados contra Dawkins resultan en algunos casos atendibles. Pero lo que estos cortesanos de Dios no han podido hacer ahora ni jamás es probar que el emperador no está desnudo, vale decir, que Dios existe y que por lo tanto toda la superestructura teológica montada sobre él tiene sentido. (Para esto, además, hay que dar a Dios una definición más o menos clara; no sirven los conceptos nebulosos o excesivamente abiertos.)

El fenómeno religioso sin duda existe, y quizá Dawkins no lo trata como debiera, o lo simplifica excesivamente (aunque hay otros autores que se encargan de él con mayor detalle). Pero la cuestión central sigue sin dirimirse: si no existe Dios (tal como lo conciben las religiones abrahámicas, el blanco principal de Dawkins), entonces el fenómeno religioso tiene tanta base de sustentación fáctica como la pasión de los trekkies o de los fanáticos de El Señor de los Anillos; ni todos los tratados de teología juntos pueden cambiar eso, y esta incapacidad es obvia aunque uno no tenga estudios superiores.

La Respuesta del Cortesano no es un argumento lógico, sino más bien una forma de expresar en términos sencillos lo que un cierto tipo de personas sentimos ante los argumentos de los "expertos en Dios". No busca convencer, sino dar a entender. En este sentido puede ser debatido pero no puede ser refutado, como suele ocurrir con todas las creaciones fantásticas de la mente humana... incluyendo al mismo Dios.

sábado, 23 de agosto de 2008

Alerta 37: A un cura católico le cae la Inquisición

Ariel Álvarez Valdés es sacerdote católico, teólogo y experto en la Biblia. Enseñaba en la Universidad Católica de Santiago del Estero. Enseñaba lo que él cree y sabe sobre la Biblia, cosas que todos los católicos con algo de estudio del tema saben, y que por lo demás debería ser obvio si uno no es un fanático ignorante: que la Biblia no es un libro de historia, que Adán y Eva y la Serpiente son metáforas, que lo del Diluvio y el Arca de Noé es sólo un cuento sobre la justicia divina, etc.

Por decir estas cosas a sus alumnos, a Álvarez Valdés le han prohibido que enseñe, que escriba y que dé notas periodísticas. Él dice que estas cosas son conocidas y que la misma Iglesia Católica las enseña. El Vaticano lo obligó a retractarse una vez, en 2001, por haber dicho que el infierno no existe.* Ahora lo obligan a callarse.
* "Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas.… El infierno indica, más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios…" [Juan Pablo II dixit]
La razón que aducen es que contradice las doctrinas de la Iglesia. La razón evidente es que está diciéndole a la gente común las cosas que los académicos de la Iglesia han tenido que admitir pero que no resultan convenientes para la prédica. Los curas siguen predicando a los fieles (o dejando que los fieles crean) que el infierno es un lugar, con fuego y azufre y demonios con tridentes que pinchan a los malos; que Eva habló con una serpiente y le ofreció una manzana a Adán, y comieron, y por eso estamos todos condenados de antemano; y así con todas las historias de los patriarcas, Noé, Matusalén, Moisés, profetas, milagros y diluvios y todo lo demás. Las Escrituras son leídas en voz alta y todos dicen "Es Palabra de Dios", y al cura no se lo escuchará jamás desautorizar la Palabra.

En privado, en voz baja o en homilías aisladas, todos hemos escuchado a algún que otro cura aceptando que estas cosas no son para ser tomadas al pie de la letra. La Iglesia Católica, al contrario que muchas iglesias evangélicas, hace tiempo que abandonó la pretensión de que cada palabra de la Biblia es cierta e infalible y debe ser entendida literalmente, y así es como aceptó que la Tierra surgió de una nebulosa hace 4.600 millones de años y no fue creada por Dios en seis días hace unos 6.000 años, por ejemplo, o que la teoría de la evolución no es incompatible con la doctrina cristiana. Los curas saben que no hubo un Matusalén que vivió 969 años, que no hubo un lugar llamado el Paraíso con un árbol en el centro cuya fruta no había que comer. Todos los estudiosos de la historia de Medio Oriente saben que los israelitas jamás fueron esclavos en Egipto, que el Mar Rojo no se abrió, que no anduvieron cuarenta años por el desierto, que jamás derrumbaron las murallas de Jericó al son de trompetas.

Hay que hacer una gran cantidad de malabarismos retóricos y psicológicos para reconciliar la ciencia con la fe y las escrituras cristianas, pero la Iglesia se ha mostrado dispuesta a hacerlos, al menos desde hace unas décadas. ¿Entonces?

Álvarez Valdés es culpable de lo que en Argentina se conoce como "avivar giles", o en términos más finos, esclarecer a los ignorantes. Es difícil creer que sea un ingenuo. Debe saber que, para muchos en la Iglesia, hablar francamente a los feligreses de a pie sobre el hecho constatable de que la Biblia y la Tradición son una mezcla de metáforas, de ambigüedades y de falsedades obvias es subversivo, peligroso para la estabilidad de la comunidad de los creyentes.

La diferencia más clara entre las biblias católicas y las protestantes es que las primeras tienen aclaraciones al pie y las otras no. En el catolicismo está permitido creer que la Biblia no es verdad literal, pero su interpretación es patrimonio exclusivo de la jerarquía eclesiástica, que es la que aprueba o desaprueba los comentarios aclaratorios. En las biblias modernas, queda claro que el Génesis es metafórico, que no tiene ni asomo de coincidencia con la verdad científica, que Adán y Eva nunca existieron, que la interpretación literal es un error craso, una vulgaridad. ¿Pero cuántos católicos leen la Biblia, y cuántos de ésos leen los comentarios? ¿Y cuántos van más allá y buscan en los libros de historia e investigan, a ver cuánto más de esas "sagradas" escrituras es metáfora, maquillaje o mentira pura y simple?

Es una lástima que Álvarez Valdés no haya dado este último paso. ¿De qué sirve profesar una religión cuyas bases son historias, bellas o terribles, pero todas inventadas, todas fantásticas, todas meros cuentos inspiradores?


P.D.: Para que se escuchen ambas campanas, añado aquí que el sitio católico AICA publica la versión oficial de la historia: El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología, en la cual se refutan algunos puntos de lo que Álvarez Valdés dijo a Página/12 y se resaltan otros, como por ejemplo que el susodicho afirmó que las posesiones demoníacas no existen y que las que se narran en el Nuevo Testamento eran en realidad enfermedades.

En un foro católico llamado El Teólogo responde encuentro además a un feligrés preocupado que consulta: ¿Qué opina usted de lo que dice el Padre Álvarez Valdés sobre el demonio y las posesiones diabólicas?, a lo cual el "experto" le asegura que el demonio es real y materia de fe, y que todo lo que se dice de posesiones y exorcismos en la Biblia es cierto, y añade una lista de afirmaciones erróneas proferidas por Álvarez Valdés en 1995 (de las que tuvo que retractarse en 2001). El teólogo es un sacerdote de los de sotana, procedente del tenebroso Instituto del Verbo Encarnado, y la pregunta en el foro no está firmada; por su formulación diría que es muy probable que haya sido inventada por el mismo sacerdote para desprestigiar a Álvarez Valdés, que por lo visto es bastante conocido como "aventurero teológico" (sic).