Algunas cositas para que los musulmanes no crean que me olvido de su religión.
En Irán un clérigo islámico pide al gobierno que se censure la importación de la muñeca Barbie, de los superhéroes Spiderman y Batman, del niño mago Harry Potter, y otros productos mercantiles/culturales similares, por su "nefasta influencia" sobre los niños. Se detecta un mayor encono contra la fémina de plástico; los otros al menos son hombres, aunque no tengan la barba que todo macho decente debe tener (ver abajo) y a dos de ellos les guste ponerse ropa demasiado ajustada.
Barbie, en cambio, es absolutamente incompatible con el modelo islámico de mujer. O más sencillamente, es mujer y está ahí, en público, ¡y se ven sus talones!. Resulta irónico que este personaje, que aquí en Occidente representa la infantilización de la mujer, su transformación en objeto erótico y su sumisión a estándares de belleza imposibles, en el mundo islámico sea vista como escandalosamente liberal.
Pasando al siguiente punto de la lista de absurdeces, hay un revuelo en Argelia sobre las fotografías de los pasaportes (lo reporta la insondable WebIslam). Resulta que, como es costumbre en muchos países, la cara del sujeto debe estar razonablemente descubierta para sacarse la foto del pasaporte; y como además en Argelia hubo un brote de terrorismo importante hace unos años, se puso como regla que los hombres debían ir afeitados, y las mujeres sin velo.
Los fundamentalistas tienen como característica común y muy curiosa el preocuparse por menudencias absurdas y despreocuparse por los temas importantes. En este caso, una fijación con la modestia de la mujer ha hecho que la Asociación Argelina de Científicos Musulmanes emita una fatwa donde reafirman que las mujeres solamente pueden mostrar su cara (no el cuello, ni el cabello), y dicen que "la prohibición de velos y barbas en fotografías oficiales amenaza la paz y la reconciliación nacional."
Se armó un revuelo secundario cuando otros dijeron que la Asociación no tiene autoridad para pronunciar fatwas, y hay encima de esto un gran lío sobre la necesidad o no de tener una autoridad religiosa nacional (un "gran mufti") que se reserve el derecho de dar cátedra de esta forma sobre temas tan esenciales para la vida nacional, de manera que no salgan clérigos y grupos islámicos de dudosa procedencia a largarse con fatwas en un sentido u otro cada vez que se les ocurra.
Para que nadie vaya a creer que esto no es serio, traigo a colación un artículo, Las 1.001 fetuas, de El País (España), que habla de la proliferación de estos decretos islámicos (fetua, fetwa, fatua, fatwa, son todas variantes de la misma palabra) que van desde lo ridículo hasta lo aterrador, como uno que llamar a ejecutar a un par de periodistas por sugerir que los cristianos y judíos no deberían ser llamados "infieles" ya que son monoteístas, y otro que anima a matar funcionarios daneses por lo de las caricaturas de Mahoma. Entre las fatwas más ridículas, por su contenido o por el revuelo suscitado, está una "liberal" que declara que "no es ilícito consumir bebidas que contienen un pequeño porcentaje de alcohol obtenido mediante fermentación natural", como ciertas bebidas para deportistas. Y también hay una que conmina a los laboratorios de análisis médicos a no etiquetar los frascos con muestras de orina, heces y sangre con los nombres de los pacientes si éstos contienen referencias a Alá o a Su Profeta (cosa complicada porque la mitad de los nombres árabes significan "esclavo de Alá, sirviente de Alá, Alá es grande, Alá es divertido, Alá y yo somos amigos, me cae re-bien Alá", etc.).
El mismo clérigo "liberal" que lanzó la fatwa sobre el alcohol, y que parece que es un tipo muy prudente, recomienda a los musulmanes que no tarden tanto para rezar. El musulmán tiene que rezar cinco veces al día mirando hacia La Meca, lo cual ha hecho surgir toda una serie de complicaciones, desde brújulas y aparatos electrónicos a tal fin para señalar dónde queda la ciudad sagrada, pasando por alfombritas y felpudos para postrarse, hasta conflictos laborales por este asunto de que cada tanto el musulmán tiene que dejar todo lo que está haciendo para murmurar sus plegarias, aunque esté en el quirófano u operando una grúa. Como es asunto religioso, en la Europa llena de inmigrantes musulmanes de hoy se les da amplia licencia para que estas prácticas mágicas interfieran con su trabajo, pero ya hay muchos patrones y empleados no musulmanes que se quejan de que los seguidores de Mahoma, con el pretexto de rezar, en realidad se toman descansos de quince o veinte minutos cuando les parece.
No nos sonriamos, por favor, y si hay algún cristiano o católico leyendo este blog, menos que menos, porque ustedes todavía escuchan al cura cuando van a la iglesia una vez al año, y tienen miedo de irse al infierno si comen un bife o una morcilla un viernes de Cuaresma.