sábado, 31 de mayo de 2008

Alerta 21: Esclavas de la Iglesia

Se acaba de descubrir un grupo de jóvenes virtualmente esclavizadas en un internado católico en Santa Rosa, capital de la provincia argentina de La Pampa, según se denuncia en Página/12 hoy. Las reclutadas en esta especie de convento debieron realizar "votos de pobreza, castidad, obediencia y fidelidad al Papa", pero una vez adentro se encontraron con algo más: prohibición absoluta de ver a hombres o de comer alimentos dulces, un cronograma estricto, y sometimiento a normas dictadas por dos sacerdotes (miembros del Instituto Servi Trinitatis, de origen español) y a los castigos que estos quisieran imponerles.

Como si esto (que legalmente se llama "reducción a la servidumbre") no fuera suficiente, estas inmundas sanguijuelas clericales las obligaron a ceder sus números de tarjeta de crédito y cuentas bancarias. A las jóvenes les fue anulada su voluntad; están sin excepción psíquica y físicamente dañadas.

No es mi costumbre regodearme en esta clase de episodios, porque son recursos muy fáciles, pero inadecuados. Ataco a la religión porque proclama e impone falsedades, que tienen consecuencias a veces horribles; pero en general no la ataco porque algunos de sus practicantes la usen para cometer maldades. El lavado de cerebro de víctimas inocentes no es patrimonio de la religión, aunque es parte integral de sus formas extremas. Pero esto fue demasiado.

He aquí un ejemplo (y por eso escribo este post) de cómo los sectores "moderados" de una religión pueden servir para cubrir las atrocidades de los fanáticos menos presentables. Hacer votos de pobreza y castidad es una opción radical de vida, una opción lamentable si me preguntan, pero cada cual es libre de hacerla, y finalmente la mayoría de las mujeres "consagradas" hacen algo de sus vidas: enseñan, asisten enfermos como mejor pueden, cultivan una huerta. ¿Qué hay de malo en ello? Una joven se mete a monja: ¿es tan terrible? Vemos monjas todos los días, y no son zombies sin voluntad. Pero sin embargo, este "instituto" reclutaba niñas desde los 12 años de edad para lo mismo que exteriormente propone cualquier convento, para una vida sacrificada pero tranquila, que seguramente debe haberse visto respetable y muy católico; es posible que incluso los padres de las niñas se hayan alegrado del camino elegido por ellas...

En todo convento, en todo seminario, en todo lugar donde una persona reciba una dosis constante de indoctrinación religiosa que la separe de "lo mundano", ocurre una forma de sometimiento y supresión de la voluntad. ¿Acaso no prometen los "consagrados" seguir la voluntad de "Dios" y olvidar sus propios deseos e impulsos? ¿Dónde está este "Dios"? ¿Qué ponen en lugar de su yo estas personas? Muchos tienen la fortuna de salir de su formación como personas normales; otros, como estas jóvenes, no.