"Yo pensé intervenir," dijo el primer oficial, "sólo que se me ocurrió que obviamente era mejor que el asesino pudiera ejercitar su libre voluntad en lugar de restringirla. Lamento profundamente las elecciones que hizo, pero ése es el precio de tener un mundo con agentes libres.
— De El cuento de los doce oficiales, de Mark I. Vuletic, traducido por Alberto Adventan