jueves, 12 de febrero de 2009

¡Feliz Día de Darwin!

Hace hoy exactamente 200 años que nació Charles Darwin, el naturalista inglés que legó a la humanidad la teoría de la evolución, que quizá sea el hallazgo científico más importante de la historia, porque nos explicó cómo, a partir del proceso de selección natural, un antepasado común a todos los seres vivos pudo transformarse hasta dar origen a la multitud de especies que vemos hoy en día, incluyéndonos a nosotros, los primates superiores conocidos como Homo sapiens.

También en 2009 (aunque en noviembre) se cumplen 150 años de la publicación de El origen de las especies, donde Darwin comenzó a delinear los hallazgos y observaciones acumulados pacientemente desde su juventud en forma de una teoría coherente, sabiendo plenamente que iba a traer controversia y escándalo. Porque lo que hacía la teoría de la evolución era demostrar que no hacía falta intervención de un agente sobrenatural, divino o de cualquier otra clase, para producir la inmensa diversidad de vida sobre la Tierra.

Richard Dawkins señala que, antes de Darwin, el creyente podía señalar el diseño de los seres vivos, exquisitamente adaptado a su hábitat y a sus costumbres, como prueba de la existencia de un Dios Creador que hubiese planeado hasta el último detalle de sus criaturas. La ciencia ya había descubierto la regularidad natural de los cursos de los planetas y las estrellas, había aprehendido las fuerzas naturales como la electricidad del rayo y los ciclos del agua; la astronomía había destronado a la Tierra como centro del universo, la medicina progresaba hacia la curación de enfermedades... Pero la biología se resistía. Los creyentes todavía podían insistir en que el mundo viviente era expresión directa de la voluntad de Dios y ver al hombre como pináculo de la Creación, especial y apartado del resto de los animales.

La evolución cambió todo eso. Desde que Darwin nos dio su teoría, podemos ser, como dice Dawkins, ateos intelectualmente satisfechos.