El padre Carlos Martins, de 37 años, forma parte de los Compañeros de la Cruz, una congregación muy joven, de corte carismático, que cumple ahora el cuarto de siglo y está constituida en torno a la misa y la eucaristía.Sí, aunque ustedes no lo crean, antes de caer en las redes del catolicismo y transformarse en cura atraído por el entusiasmo bobalicón y los éxtasis y las palmas y los cantos y el baile de los carismáticos, ¡el padre Martins era ateo!
Pero lo último que pensaba el padre Martins hace no demasiados años es que iba a ser sacerdote y a recorrer Norteamerica predicando la devoción a las sagradas reliquias.
No sé por qué, pero yo tenía la idea de que estos sitios propagandísticos integristas eran más bien tradicionales y conservadores. El movimiento carismático es una creación nueva, o un revival como mucho, de una forma de show religioso que le ha traído mucho público y dinero a las iglesias evangélicas; los católicos viejos suelen denunciarlo como antilitúrgico o simplemente herético. Pero el padre Martins es también a su modo un tradicionalista: un hombre que recupera y revitaliza la tradición de burdo fraude piadoso que es la veneración de reliquias. Martins va por Estados Unidos, Canadá y México llevando consigo supuestos cachos de hueso, carne, pelos o ropas de santos, para que los crédulos paguen por verlos, les recen y les pidan cosas. Y no se queda con eso: ¡lleva incluso la más preciada de las reliquias, una astilla de la Cruz de Cristo!
El lignum crucis o madero de la Cruz es una de las reliquias falsas más comunes de todos los tiempos. A mediados del siglo XVI el teólogo protestante Juan Calvino ya decía que si se pudiesen reunir todos los supuestos pedazos de la Cruz, llenarían la bodega de un barco. Esto es claramente una exageración, pero lo cierto es que, en tiempos pasados, cada capillita, catedral, abadía y basílica de la Cristiandad que pudo pagarlo se hizo con reliquias (cosa fácil, dado que había artesanos especializados en fabricarlas) para atraer a los peregrinos. Así es como hay en circulación, todavía hoy, varias cabezas y manos derechas de Juan el Bautista, incontables dedos de santos menores, y por supuesto pedazos de madera de la Verdadera Cruz, que siguen atrayendo a miles o millones de peregrinos supersticiosos.
Los tours del padre Martins no son más que una versión móvil de estas exhibiciones, evidentemente mucho más rentables y más eficientes que esperar a los peregrinos. Parece ridículo que padezcamos a estos parásitos todavía, y que los propios promotores de la religión acepten supercherías tan obvias y superficiales…