lunes, 10 de septiembre de 2012

Circuncisión a debate (parte 4)

Hace un tiempo hablé del debate sobre la moralidad y legalidad de la circuncisión infantil. Un tribunal alemán recientemente prohibió la circuncisión infantil; a los que defienden la idea de que la circuncisión se hace por motivos higiénicos o de salud, le opuse la clarísima exposición de los motivos (originales) de la circuncisión según el rabino Maimónides; y finalmente traduje y comenté una diatriba del judío étnico y sacerdote anglicano Giles Fraser contra la crítica liberal de la circuncisión no consentida. Fraser no puede dejar de hablar del tema, aparentemente, porque luego de profesar su preferencia por la comunidad por sobre el individuo y declararse defensor de la imposición de valores y de pertenencia étnica literalmente a punta de cuchillo, escribe ahora un artículo aún más claramente antiliberal. A diferencia del anterior, con el que uno podía coincidir o discrepar según su ideología, en éste Fraser propone una analogía que hace objetivamente ridículo su argumento. El título ya es una declaración de guerra: Dígale hola a la retorcida ideología de la elección. Lo que sigue es un recorte:
Hace poco defendí la circuncisión en The Guardian y me inundaron de cartas diciéndome que era un abusador de niños y que la circuncisión masculina es como la mutilación genital femenina. Pero en general todos los argumentos hablaban de la elección.

Aparentemente sólo la posibilidad de elección hace correcto algo.

Así que quiero que imaginen un experimento liberal ridículo, inspirado por la idea filosófica de que los padres no deberían imponer su cosmovisión a su hijo. Imaginemos que unos padres locos decidieran no enseñarle a su hijo ningún idioma.

Después de todo, un idioma como el inglés está impregnado de un conjunto de valores y presunciones. ¿Por qué no, entonces, mantener apartado al niño de todo idioma, y cuando llegue a la adultez permitirle que elija por sí mismo?

¿Por qué es esto una locura? Porque aprender un idioma no cierra opciones. Al contrario, es la mismísima base sobre la cual se hacen posibles las elecciones. Es una precondición para la posibilidad de entendimiento.
En la antigüedad la cuestión de si el don del lenguaje era innato y si existía una lengua primitiva e instintiva era objeto de debate (Umberto Eco habla extensamente del tema en su genial La búsqueda de la lengua perfecta). Se dice, con verdad o no, que se hicieron experimentos con niños a los que se les cuidaba y alimentaba pero no se les hablaba jamás, para ver si las palabras les brotaban espontáneamente, quizá en latín, en griego, en hebreo o en la mítica lengua de Adán que se perdió en Babel. Hoy sabemos que un niño que no escucha palabras no aprende a hablar, y sería efectivamente una locura y una inmoralidad, un crimen espantoso, privar a un niño del habla de esa manera.

¿Qué tiene que ver esto con la mutilación del prepucio de los bebés? Absolutamente nada. La circuncisión no abre ninguna opción. Tampoco la cierra, excepto la opción de tener el pene intacto y ser libre de circuncidarse cuando uno lo desee. La mayoría de los varones a nivel mundial no estamos circuncidados y no sufrimos por ello, mientras que si nuestros padres nos hubieran negado el habla sí sufriríamos, y mucho. Si uno no está circuncidado, puede elegir circuncidarse cuando sea mayor; si uno no aprendió a hablar de chico, es neurológicamente imposible que lo aprenda de grande.

El argumento de Fraser para apoyar la circuncisión se basa en la pertenencia comunitaria: “Ser introducido a una comunidad de valores es una precondición para poder entender el mundo moralmente.” Es decir que si uno no recibe de sus padres los valores de la comunidad a los que pertenece, no podrá luego vivir en esa comunidad. Esto puede ser parcialmente correcto. De hecho lo es en las comunidades típicamente religiosas, conservadoras, cerradas y en general espantosas en las que Fraser evidentemente piensa como modelo, aunque probablemente él no viviría en ellas jamás. En una comunidad judía ultraortodoxa, imagino yo, un varón no puede no estar circuncidado (tampoco puede afeitarse la barba), de la misma manera que una mujer no puede vestirse como desee. En muchas comunidades (musulmanas y cristianas, africanas y asiáticas especialmente) una mujer no puede ser considerada respetable a menos que le corten el clítoris y le cosan los labios vaginales. Para Fraser esto debería ser correcto, más allá de la gravedad del daño infligido y de sus efectos, porque a fin de cuentas la posibilidad de elección individual tiene menos valor que la pertenencia a la comunidad: sería (en estos términos) perjudicial para la mujer tener su vagina y su clítoris intactos, porque no podría asumir los valores de su comunidad y su comunidad a su vez la repudiaría.

No sólo la analogía con el idioma falla, sino que además me es imposible entender cómo alguien puede creer que cortarle el prepucio a un bebé equivale a hacerlo miembro de una comunidad. Mucho menos, que una mutilación o una cicatriz o marca corporal sea una “precondición para la comprensión moral del mundo”. ¿Está diciendo que los padres judíos no pueden inculcar valores sin recurrir al cuchillo del mohel? Qué idiota.