miércoles, 12 de junio de 2013

El grito impotente contra la razón y la lógica

De World of Weird Things: The impotent cry against reason and logic.

El grito impotente contra la razón y la lógica

Desde que los Nuevos Ateos salieron a escena, un sonido de sirena ululante ha brotado de los expertos en religión y humanidades, condenando la idea de que podríamos utilizar la ciencia para explicar el universo que ocupamos. En general, su argumento de por qué no podemos usar la razón y los experimentos para aclarar muchos misterios y averiguar qué nos hace funcionar se reduce a “¿cómo te atreves a decir que puedes explicar toda esta complejidad y maravilla con matemáticas y descripciones mecanistas?”. Y hasta ahí llega, en realidad, porque su objeción al uso de la ciencia para explicar sus temas favoritos en el lenguaje de las fórmulas, las estadísticas y los conjuntos de datos es que les arrebata un misterio que deseaban desesperadamente preservar para otro sermón u otro volumen de meditaciones nebulosas sobre la condición humana. Mientras que los investigadores y los ingenieros ven la belleza en el conocimiento de cómo funcionan las cosas, los pontificadores cienciofóbicos corren a caer desvanecidos en sus divanes, atribulados ante la idea de que alguien se atreva a explicar sus mentes como redes de neuronas y experiencia acumulada junto con mecanismos evolutivos.

Si eres una de esas personas que necesita ser un misterioso y delicado copo de nieve que es demasiado complicado y lleno de matices como para ser objeto de estudio, lo siento, pero no podemos ayudarte. Saber cómo el mundo funciona en un lenguaje científico, mecanista, es la manera en que construimos sociedades modernas, llegamos a otros planetas, enviamos robots al espacio profundo y encontramos curas a nuestras dolencias. Si te niegas a ver que entender cómo funciona el universo le da a tu existencia incluso más significado y una envidiable capacidad para modificar el mundo y lograr cosas, aunque sea en muy pequeño grado, ése es tu problema personal. Ahora bien, lejos de mí estaría afirmar que la literatura o las religiones nunca dieron profundas contribuciones a la humanidad, porque lo han hecho. Pero lo que no pudieron hacer es encontrar y confirmar respuestas sólidas, experimentalmente probadas, confiables, a las grandes preguntas sobre quiénes somos y dónde podemos estar yendo. La ciencia nos ha dado un universo vasto, complejo y misterioso, ¿y algunos están molestos porque podemos encontrar un álgebra que intente explicar cómo unas pocas partes de él se combinan para funcionar?

Considera esto. Si te rebelas pública y ruidosamente contra el flagelo del “cientificismo arrogante” pero alguna vez has intentado algo para averiguar qué va a suceder y luego has repetido tu experimento para confirmarlo, eres un hipócrita. Confiaste en el método científico para responder tu pregunta, no en esas vagas “otras formas de conocimiento”. Pensándolo bien, ¿qué son todas esas “otras formas de conocimiento” de las que oímos tanto de los fundamentalistas con la mente totalmente cerradas como de parte de los nuevaerianos con el mismo nivel de fanatismo? ¿Las voces de una deidad omnipotente? ¿El universo diciéndote que todos estamos conectados en una fantasía creacionista para anti-intelectuales de izquierda? Eso, para decirlo frontalmente, no es más que tu cerebro inventando cosas. Puedes ir a seminarios filosóficos y convenciones de barbagrises con sacos de tweed que resoplan y tratan de verse serios, y preguntarte “¿no es la vida muy misteriosa?”, como decía Tim Minchin, y protestar contra el hecho de que la ciencia puede explicar cosas que alguna vez se decía que estaban más allá de los límites de los mortales. Eso no cambiará el hecho de que es nuestra capacidad de explorar, analizar, catalogar, explicar y predecir a través de la ciencia la que nos hace lo que somos.

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