lunes, 16 de abril de 2012

Educación sexual católica (parte 4)

Sigo con mi análisis de la revista Educación Integral de la Sexualidad. Orientaciones para padres, que el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) distribuye entre los padres de alumnos de las escuelas confesionales.

Iguales pero diferentes

En esta sección (p. 18) comienza en toda regla el adoctrinamiento sexista. “Los niños y las niñas tienen cuerpos distintos. Pero no sólo el cuerpo es diferente, también tienen gustos y formas de comportarse que son distintas.”

Esto es un guiso de falacias. Subordina la cultura a la naturaleza, ignora la variedad natural, confunde tendencias estadísticas con datos individuales y sutilmente pasa de la descripción a la prescripción. Según la revista, hombres y mujeres son distintos naturalmente y no se comportan (no pueden comportarse) como iguales. Todos los hombres se comportan “como hombres” y todas las mujeres se comportan “como mujeres”; si no lo hacen es porque hay algo que no funciona bien en ellos. Se trata de un razonamiento circular e inmune a la contradicción. Con el mismo criterio se podría decir que, como las mujeres son más bajas de estatura que los hombres, una mujer más alta que un hombre no es una mujer o bien es una mujer que padece un desvío antinatural de la normalidad.

“Desde el momento de la fecundación, cuando comienza la vida, somos diferentes, varones o mujeres.” Biológicamente esto no tiene sentido; la vida no comienza, es un continuo. Comienza la existencia de un cúmulo particular de células que puede desarrollarse como un individuo o dos (gemelos), generalmente del sexo biológico al que lo destinan sus cromosomas sexuales, pero otras veces no. No existe una persona preformada esencialmente desde la fecundación. (Con esto quiero decir —para que no se enojen los filósofos— que no hay manera de demostrar que existe tal esencia personal sexuada. El catolicismo tiene respuestas —siglos de teología— para esto, para explicar por qué hay mujeres “que parecen hombres” u hombres “que actúan como mujeres”, pero esas respuestas son un sistema cerrado, una estructura que se autosostiene en el vacío y que no soporta un empujoncito de la realidad.)

La revista sigue trasladando diferencias culturales a la esfera de “lo natural”, que a su vez se hace prescriptivo. La sección termina con otra anécdota tonta sobre las diferentes inclinaciones de niños y niñas, cuyo mensaje es “a los nenes les gusta pelearse, a las nenas les gusta ayudar”: una receta para la división de roles hogareños.

Desde luego, una vez determinados los roles apropiados, llega el castigo para los que no se apegan a ellos: los homosexuales, favoritos actuales del odio eclesiástico.

Continuará…

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