lunes, 15 de febrero de 2010

Avatar, la religión del ecologismo y la Iglesia Católica

Desde sectores religiosos se le ha prestado mucha atención (indebida, demasiada) a la religiosidad o espiritualidad manifiesta en la taquillera película Avatar, de James Cameron, que ha batido records no sólo de recaudación sino de babeo de fans por su calidad gráfica. En particular los católicos están molestos porque Avatar plantea “el ecologismo como religión”. El film, creen ellos, tiene una clara intencionalidad ideológica:
Lo desconcertante de “Avatar”, sin embargo, es la descarada, infantil y hasta ridícula propaganda ecologista, donde cualquiera que no comparte el radicalismo "New Age" de creer en la "madre tierra", es un asesino sicópata…
Que Avatar es infantilmente ecologista no hace falta decirlo. De ahí a calificarla de propaganda hay mucho trecho. James Cameron nunca ha sido un director políticamente comprometido o un ideólogo. Si Avatar fue planeada para algo fue para impresionar visualmente y levantar una carrada de dólares, nada más. Pero quizá a los católicos les moleste que el ecologismo naïf de Avatar tenga más sentido y mejor recepción popular que las trasnochadas declaraciones teológicas sobre el equilibro natural y la “ecología humana” con que Benedicto XVI ha elegido regalarnos de un tiempo a esta parte. Si la idea de que somos todos mala gente porque no nos sabemos cómo conectarnos íntimamente con la Madre Tierra es tonta o presuntuosa, ¿qué decir de la vinculación que ha hecho el Papa entre la aceptación de los anticonceptivos o la homosexualidad y la extinción de la raza humana?

Pero me aparto del tema. ¿Cuál es, en el fondo, la religión de Avatar? Para empezar, no es el ecologismo, en el sentido terrestre. En la Tierra no existe un organismo planetario que benévolamente cuide del “balance de la vida”. La hipótesis Gaia es a lo sumo una forma poética de referirse a los mecanismos homeostáticos automáticos del planeta que habitamos, mecanismos que no tienen nada de místico o misterioso. Los Na'vi no podrían practicar su forma de vida en la Tierra porque aquí no hay ninguna Madre Tierra dispuesta a escucharlos. Por eso, personas que entienden realmente la ecología como ciencia han protestado ante la caracterización de Avatar como película ecologista.

En Pandora es fácil, casi inevitable, estar en equilibrio con el ecosistema (¡por lo pronto, la pseudo-deidad planetaria Eywa enviará ejércitos de animales furiosos contra quien se le ponga en contra!). En la Tierra hay que hacer un esfuerzo, porque hay pocos argumentos, a corto plazo, para no arrasar con bosques y selvas para construir ciudades o plantar cultivos. De hecho, son argumentos económicos: el medio ambiente nos provee (gratis) de servicios que de otra forma tendríamos que pagar, como la renovación del aire y del agua, la amortiguación de las variaciones de temperatura, y muchas otras. El problema es que en nuestras sociedades (o al menos, entre los que tenemos el privilegio de contar con salas de cine y dinero para pagar una entrada para ver Avatar) podemos, de hecho, joder al ecosistema y pagar sustitutos de esos servicios con dinero, a costa de perder otras cosas, o de quitárselas a otras personas menos afortunadas, entre nosotros o en otras partes del mundo. A largo plazo se nos volverá en contra, pero ni la economía ni la política tienen en cuenta plazos largos, y francamente, a muy pocos les importa realmente cómo vivirán sus tataranietos.

En la Tierra, hemos tenido además que adoptar conscientemente una ética de respeto a la diversidad biológica, porque (fuera de nuestras conciencias) nada ni nadie nos va a castigar si extinguimos una especie. Para los Na'vi es fácil ser ecologistas: todo está dispuesto para que lo sean. Por eso Avatar no propone el ecologismo, sino una visión ideal de un mundo donde el respeto a la naturaleza es automático. Los Na'vi son para los humanos como las personas que nunca hemos fumado para los adictos al tabaco: no pueden enseñarnos cómo lo hacen, y no tienen mérito alguno por hacerlo.

La religión de los Na'vi, si cabe llamarla así, sí es una verdadera religión en al menos un sentido: es innecesaria. El ritual estilo hippie con el cual se invoca a Eywa en el Árbol de las Almas es sin duda un accesorio visual, al igual que el entierro en posición fetal con ofrendas rodeando al cuerpo (que vemos brevemente), y todas las invocaciones y gestos y vestimentas de la chamán. Eywa es un organismo y se comunica con otras criaturas a través de fibras nerviosas; es inconcebible que necesite toda esa parafernalia gestual. En la Tierra, esos rituales tienen sentido antropológico, si se quiere, paradójicamente, porque aquello que buscan invocar no existe en realidad de forma objetiva; en Pandora, son un mero adorno.

La crítica católica a Avatar se refiere, no obstante, a aspectos teológicos que tienen que ver con la forma de la salvación. El problema que tienen esos argumentos es que los cristianos, como la mayoría de los creyentes de todas las religiones, creen que debemos ser indefectiblemente “salvados”. Debemos ser salvados porque estamos en peligro, y ese peligro nos lo hemos echado encima nosotros mismos porque somos malos, pecadores; llevamos el mal metafísicamente con nosotros. Si nos rendimos al mal, tentación que nos acecha constantemente, nos iremos al infierno.

Ahora bien, para el cristianismo, la salvación está al alcance de todos, aunque cueste trabajo. Pero los Na'vi (siempre según esta interpretación del film), plantean una salvación para pocos, que requiere “vaciarse y volverse a llenar”, abandonarlo todo y transformarse en otra cosa.

Pero esta forma de ver Avatar es un sinsentido, porque los Na'vi nunca se encontraron antes con seres humanos y no les interesa “evangelizarlos”; sólo quieren que los dejen en paz, porque ellos están bien como están. Los Na'vi no hacen planteos teológicos. Sí, Neytiri le dice a Jake Sully que para entenderlos y vivir con ellos debe volverse uno de ellos y abandonar a los humanos, cosa que Sully finalmente hace no sólo en ideas sino literalmente en cuerpo y alma. Pero Neytiri no se lo plantea como salvación, ni tan siquiera como ejemplo moral; simplemente no concibe otra forma de vida. Los Na'vi no buscan convencer y no buscan salvar. No lo necesitan; nunca han hecho nada malo que requiera redención. O más bien, lo que puedan haber hecho no requiere una intervención externa para ser remediado.

Éste, creo, es el problema de los católicos. Los Na'vi no tienen pecado original. Son una especie inteligente (como nosotros) que vive en armonía con su medio ambiente (como nosotros podríamos hacer si nos esforzáramos). Con la ayuda de la ciencia, un humano puede escapar —eso parece— de las garras del pecado original que mancha a nuestra especie, transformándose en un Na'vi, en un habitante del Edén. Algo así, si fuera posible, sería una pesadilla para el cristianismo.

Aunque el film no dice una palabra sobre las religiones humanas, por la historia y por abundante experiencia sabemos que, si la Iglesia Católica enviara sacerdotes a Pandora, sería en primer lugar para convencer a los Na'vi de que Eywa es un falso dios, para cortar así su vínculo con ella y sembrar luego, sobre el ávido suelo de una cultura mutilada y humillada, las semillas del cristianismo; y en segundo lugar, para bendecir a los soldados y las armas con que se consumaría la destrucción de los Na'vi que se opusieran a la explotación del planeta.

Afortunadamente para las religiones humanas, nuestro mundo es mucho más difícil que el de Avatar, que es un paraíso que probablemente nunca encontraremos.