jueves, 25 de febrero de 2010

Mentiras católicas sobre la homosexualidad (A176)

Al parecer alarmados por la tendencia a eliminar la discriminación hacia los homosexuales que está —como quien dice— de moda en Latinoamérica (siendo Argentina, Uruguay y México ejemplos recientes) los jerarcas católicos y sus mercenarios están ocupadísimos produciendo justificaciones para su homofobia. Donde antes bastaba una bula o una encíclica, si acaso, o un par de amenazas de excomunión, ahora hace falta al menos fingir objetividad y un interés superior, por lo que el enfoque ha virado: se busca soporte científico y se emiten (como hace la esposa del pastor en Los Simpsons) desesperados grititos de “¿Alguien quiere por favor pensar en los niños?”.

Tal es la estrategia de otra repugnante pieza propagandística publicada por ACI donde reportan la presentación, en un simposio realizado en México, de un estudio que muestra que los niños adoptados por parejas homosexuales tienen tendencias suicidas y sufren de estrés. El simposio, desde luego, no fue tal sino una reunión de personas que comparten los mismos prejuicios y odios, y su objetivo no era discutir, debatir y llegar a conclusiones, como en un evento científico real, sino partir de conclusiones pre-hechas y publicar, bajo una pretensión de objetividad, los supuestos hallazgos que las confirman. Los convocantes son un grupo anti-homosexual que (entre otras cosas) entrena a terapeutas para tratar la Atracción al Mismo Sexo No Deseada, “patología” que no es reconocida por la psicología (otra cosa, aunque a veces se la confunda a propósito, es la disforia de género).
En este sentido se presentó el estudio "Investigación Relativa a la Paternidad y Adopción Homosexual" del profesor de Neuropsiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Sur (EE.UU), George A. Rekers, que plantea que "las niñas y niños adoptados por parejas de lesbianas y homosexuales registran un mayor nivel de estrés al que ya de por sí les genera su condición de huérfanos o abandonados por sus padres biológicos" y que dicha situación "provoca en los menores diversos traumas y trastornos del comportamiento que incluso llegan a tendencias e intentos suicidas".
Dos puntos para empezar.
  1. Los estudios de adopción de niños por parte de parejas homosexuales son muy recientes y todavía bastante escasos. Por lo pronto, son muy pocos los lugares donde las parejas homosexuales tienen derecho a casarse y a adoptar hijos como tales. Sí hay estudios que demuestran que es una falacia la idea de que el niño “necesita un padre y una madre” para crecer como debe.
  2. Según el profesor Rekers (autor del estudio), la mayoría de los hijos de padres homosexuales reconocen haber “padecido fuertes emociones… al tratar de esconder, ante sus compañeros y familiares, la homosexualidad de su padre o madre”. El énfasis es del original y parece increíble que no se note la inferencia. ¿Cómo va a sentirse tranquilo un niño que tiene que negar constantemente la identidad de uno de sus padres? El problema no es del niño ni del padre, sino de la sociedad homofóbica que los rodea.
No hace falta ir mucho más lejos en la búsqueda de errores y distorsiones, porque basta con examinar las credenciales del autor.

George Alan Rekers es un conocido activista cristiano. En 1983 ayudó a fundar el Family Research Council, un lobby de la ultraderecha religiosa estadounidense que entre sus objetivos declarados tiene la ilegalización de la homosexualidad y la lucha contra toda legislación antidiscriminatoria que proteja a las personas LGBT. Rekers es miembro de NARTH, una organización pseudocientífica que pretende que la homosexualidad sea tratada como una enfermedad psicológica y ofrece tratamientos para “curarla” (de dudosa eficacia y muy cuestionable ética). Ha sido llamado a declarar como testigo experto en varios casos legales involucrando el tema de la adopción de niños por parejas gay, y en todos ha quedado claro que la objetividad científica está muy por debajo, en su lista de prioridades, de su ideología y sus creencias religiosas. La homosexualidad no pasa de padres a hijos (adoptados o biológicos), e independientemente de cómo se la considere, no puede “curarse”, excepto con técnicas que —cuando son efectivas, que no es siempre— dañan psicológicamente a la persona.

Un resumen de todo esto que acabo de escribir fue posteado como comentario en la nota de ACI a la que hago referencia. El moderador no lo publicó. Aunque en otras ocasiones me han publicado opiniones contrarias a la doctrina católica, parece que desenmascarar a un profesional inescrupuloso como Rekers, haciendo caer toda la argumentación anti-homosexual que depende de su estudio, era demasiado.