lunes, 1 de febrero de 2010

Chanchadas (A170)

Me da vergüenza ajena hablar de esto, pero verdaderamente no tiene desperdicio. Resulta que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner estaba anunciando en una conferencia de prensa unos subsidios a la producción de carne porcina y, posiblemente por algún fallo momentáneo de su química cerebral, soltó de pronto esta revelación:
"La carne de cerdo, es cierto, siempre ha tenido mala prensa, en el sentido de que engorda, de que hace mal", dijo Cristina, pero luego agregó: "Acá acaba de agregar un dato que yo desconocía y es que la ingesta del cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor, además yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra" .
Y siguió con una confidencia personal que mejor no voy a citar. Hasta ahí, poca cosa. Está bien que el cerdo no mejora la actividad sexual y que la presidenta no está para esa clase de recomendaciones. Pero ¿quién podría ofenderse por esta promoción del porcino? Si adivinaron que fue un líder religioso, acertaron.
Quien salió a contestar las palabras de la Presidenta fue el rabino y director de Or Sinai Pinjas Sudri, quien recordó que el cerdo es en realidad “un animal prohibido e impuro”. […] [L]as leyes judías sobre el Kashrut (régimen alimenticio) difieren completamente”…
[E]l cerdo es uno de los peores animales que hay “porque engaña". "Por fuera parece kosher, por dentro no lo es. Y esto aplica perfectamente a la vida de los seres humanos”.
Or Sinai es un “Centro de Tora y Kabala” de la ciudad de Buenos Aires. Para que los no judíos se hagan una idea, la Torá es la ley religiosa que Moisés recibió de Dios para ser dada al pueblo de Israel (aunque el tal Moisés nunca se menciona fuera de los libros que conforman la Torá, y ni hablemos del dios en cuestión); y la Kabala o Cábala es una corriente del misticismo judío que Borges reivindicó (literariamente, sin practicarla) por su consistencia interna, pero que es la base de mayúsculas tonterías como el Código de la Biblia (el cual resulta básicamente de jugar a la sopa de letras con la Torá).

Todo lo cual viene a cuento de que el rabino Sudri cree cosas realmente extrañas. Ahora bien, la Cábala, como dice Borges, tiene completo sentido si uno parte de ciertos supuestos teológicos muy sencillos, no comprobables pero tampoco contradictorios de la realidad. A diferencia de la Cábala, dividir la naturaleza entre cosas puras e impuras o escribir diatribas contra el cerdo en base a la cualidad de sus pezuñas no tiene sentido alguno, ni coherencia, ni debería recibir espacio en los medios, porque es una estupidez, como la similar obsesión musulmana contra cerdos y perros o el (aún popular) precepto católico de no comer carne roja en Viernes Santo. Se trata de fósiles teológicos, leyes que quizá tuvieron algún sentido hace siglos o milenios, pero que son ridículas hoy en día.

Si la presidenta comete un error al hablar de la carne de cerdo como vigorizante sexual, es casi tan errado escuchar las “argumentaciones” de un tipo como el rabino. La reacción apropiada a estas cosas es la risa.