martes, 24 de agosto de 2010

El tesoro de la Iglesia

Ante esta confesión de amor al sufrimiento (ajeno), ¿qué podemos agregar?
“Un anciano o un enfermo puede hacer mucho más que lo que puede hacer un apóstol bueno y sano. Si se unen a la Cruz de Cristo pueden atraer enormes caudales de gracia no sólo para ustedes y sus familias, sino también para la Iglesia. La cama de un enfermo postrado se convierte en un altar donde podemos ofrecer al Señor Jesús nuestro sufrimiento.”
— José Antonio Eguren, arzobispo de Piura y Tumbes (Perú)