domingo, 1 de agosto de 2010

Hitchens: Videla, cristianismo y antisemitismo fascista

En lo que sigue, Christopher Hitchens habla con Hugh Hewitt sobre sus memorias, condensadas en su último libro, Hitch-22. Este hombre es increíble por lo que ha viajado y conocido. Lean lo que tiene que decir sobre un siniestro personaje latinoamericano y sobre las ideas que lo inspiraban. (La traducción del fragmento y los links son míos.)
Como dijo famosamente Hannah Arendt, puede haber un lado banal en el mal. En otras palabras, no se presenta siempre. Quiero decir que muchas veces lo que uno se encuentra es una persona muy mediocre. Pero sin embargo uno puede sentir una especie de halo de maldad en torno a ellos. Y la mejor combinación de esas cosas, creo, y lo describo en el libro, es/fue el general Jorge Rafael Videla, de Argentina, a quien conocí a fines de los ’70 cuando la guerra de los escuadrones de la muerte estaba en su pico máximo y sus conciudadanos estaban desapareciendo todos los días de las calles. Y él era, en algunos aspectos, extremadamente banal. Yo lo describo como algo parecido a un cepillo de dientes humano. Era una clase de oficial magro y almidonado con un bigote tonto y una facha muy estúpida, pero también un destello de fanatismo. Y si te dijera por qué está ahora bajo arresto domiciliario en Argentina podrías llegar a entender el horror que sentí mientras le hacía preguntas sobre todo esto. Está en prisión en Argentina por vender los hijos de las víctimas de violación, sus prisioneras privadas, a las que mantenía en una cárcel personal. Y no sé si he conocido alguna vez a alguien que haya hecho algo tan concentradamente horrible…

[Videla] es uno de los mejores amigos de Henry Kissinger. Kissinger fue su invitado personal durante la Copa del Mundo en Argentina. Era una figura muy protegida en la política exterior estadounidense en ese momento, incluso bajo la administración Carter, que creo que fue cuando lo conocí, de hecho. Y era, en el sentido original de la palabra, realmente, un fascista. Es decir, creía que había una conspiración judía internacional para apoderarse de Argentina. Admiraba a Mussolini, a Franco. Creía completamente en los Protocolos de los Sabios de Sión. Mi gran amigo el difunto Jacobo Timerman, que estuvo desaparecido por un tiempo considerable, un editor periodístico judío en Buenos Aires, dijo que cuando cuando lo torturaban en otra prisión privada sus interrogadores no paraban de decirle: “¿No entiendes quiénes son nuestros enemigos? Nuestros enemigos son Sigmund Freud, porque destruyó el concepto cristiano de la familia; Albert Einstein, porque destruyó el concepto cristiano del cosmos; y Karl Marx, porque destruyó la idea cristiana de la economía orgánica. ¿Y crees que es coincidencia que estas tres personas son judíos?”. El plan nazi fue muy intensamente revisitado en el subcontinente sudamericano.