Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida gracias al marketing internacional como “Madre Teresa de Calcuta”, y a la espera de ser declarada santa por la Iglesia Católica. Defensora de la versión más extrema de la fe, amiga de la pobreza y del sufrimiento, sobre todo el ajeno (al que veía como algo bueno para el mundo), enemiga de los derechos sexuales y reproductivos, opuesta también al derecho de las parejas casadas a divorciarse (excepto en el caso de su famosa amiga y cuantiosa benefactora Diana Spencer, princesa de Gales), ella y la orden de monjas que creó para evangelizar a los moribundos han recibido tanto dinero de tantas personas, incluyendo el financista estafador Charles Keating y los Duvalier (la familia de sangrientos dictadores de Haití), que hubiera alcanzado para construir varios hospitales de alta complejidad, pero que fue empleada, según parece (porque la Orden no muestra sus libros contables) sólo para construir cientos de hospicios donde la gente pobre va, o es llevada, a morir, sin recibir cuidados médicos adecuados ni siquiera analgésicos, pero eso sí, rodeada de voluntarias católicas con buenas intenciones.
En fin, pocos han hecho tanto para disipar este mito —este horroroso figurín alimentado por la Santa Sede para elevar a una extremista religiosa con hambre de publicidad a ícono de la bondad y el desprendimiento incluso entre los no católicos— como el genial Christopher Hitchens. Hay un documental, Hell's Angel, y una larga entrevista que yo traduje hace dos años y que quizá muchos nuevos lectores de Alerta Religión no conozcan. A leer, entonces: Christopher Hitchens sobre la Madre Teresa, parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5. También hay algo de cuando la Madre Teresa fue beatificada. En un mundo que sólo recuerda lo que le resulta placentero y que ama a sus ídolos falsos, no le debemos menos a la verdad histórica que estar informados.