A medida que pasaban las horas la información disponible se multiplicaba, y con ella el amarillismo y las opiniones catastrofistas. Yo seguí con avidez el desarrollo de los hechos, traté de llevar calma a mi pequeño rincón de la vida real y de las redes sociales, y me quedé esperando la segura aparición de los repartidores de culpas: esa gente de poco seso y menos empatía que es atraída por las tragedias porque éstas les dan la oportunidad de pontificar sobre lo que a ellos les interesa.
El primero de estos buitres que descendió sobre el desastre fue un pastor pentecostal coreano, Cho Yong-gi. En sus propias palabras: “Me temo que este desastre puede ser de las advertencias de Dios contra el ateísmo de los japoneses y el materialismo. Espero que esta serie de eventos conduzca a los japoneses a volver sus ojos hacia Dios.” Desde luego, no tardaron en aparecer quienes dijeron que Cho no es un verdadero cristiano, porque ningún cristiano diría algo tan horrible.
Poco después, buscando, llegué al nido de otro buitre, el sitio web pomposamente llamado “Embajada del Reino de los Cielos”, en el que compara la destrucción causada en Japón (y antes en Haití y otros lugares) con la leyenda bíblica de Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios con una lluvia de fuego y azufre a causa de su inmoralidad. Japón fue castigado, dicen, por su nivel de prostitución, la pornografía infantil incluida en el manga, y la inmoralidad en los videojuegos. Lo mejor de todo está al final: una actualización del post aclara que “los primeros comentarios emitidos en este articulo son consecuencias del ataque de una pagina atea, anticristiana, intolerante, obtusa y cerrada no abierta a escuchar sino a encapricharse en sus razonamientos”. Espero que mis lectores sepan ganarse sus propios calificativos desagradables de parte de esta gente.
Un tercer buitre, nada menos que el gobernador de Tokyo, Shintarō Ishihara, hizo lo suyo afirmando en una conferencia de prensa que “la identidad del pueblo japonés es el egoísmo, y debe de aprovechar el tsunami como un medio de lavar su codicia… realmente creo que fue un castigo divino”. Tuvo que retractarse.
Buitres de una clase ligeramente diferente aprovecharon los despojos no para pontificar sobre la ira de Dios, sino —irónicamente— para hablar sobre su bondad, aunque con una sutil advertencia. Según algunos católicos, Dios preservó el lugar de una aparición de la Virgen de las consecuencias del terremoto:
El santuario de Akita, lugar de las apariciones de 1973 y cercano al epicentro, quedó a salvoSegún esta leyenda, la hermana Sasagawa recibió tres mensajes de la Virgen María mientras era postulante en el convento de las Siervas de la Eucaristía en Akita, en el norte de Japón. Los mensajes eran lugares comunes del misticismo católico: que la inmoralidad invadiría al mundo, que la Iglesia sería atacada, y que “si los hombres no se arrepienten y mejoran, Dios Padre aplicará un terrible castigo sobre toda la humanidad… mayor que el Diluvio bíblico… Caerá fuego del cielo y barrerá a gran parte de la humanidad, a los buenos tanto a como los malos…” (¡cuánta justicia!).
Allí la Virgen anunció a la religiosa Agnes Sasagawa grandes catástrofes si el mundo no hacía penitencia.
En la Catholic News Agency (contrapartida en inglés de nuestra familiar ACI) la noticia apareció como “Epicentro del terremoto japonés cerca de sitio de aparición mariana”. Parece probable que esta haya sido la fuente.
El único pequeño problema con esto es que Akita está a casi 250 km del epicentro y del otro lado de la isla de Honshū. El tsunami nunca llegó allí; el terremoto causó daños pero el terremoto no se sintió con toda su fuerza. Por otra parte, el territorio de la diócesis de Sendai, que comprende las prefecturas de Aomori, Iwate, Miyagi y Fukushima, recibió un castigo terrible. Nuestra Señora de Akita, como los dioses tribales y de las ciudades-estado de la Antigüedad, parece tener poder sólo a nivel local.
Para no darles espacio exclusivo a los buitres, quiero recordarles que podemos ayudar a Japón donando aunque sea un poco de dinero a través de la Cruz Roja o (si prefieren) a través de la iniciativa de la Fundación Richard Dawkins, Non-Believers Giving Aid (ir hasta el final de la página y elegir, da lo mismo una bandera que otra). No quedemos mal, que el Papa, tan sacrificado él, ha donado cien mil dólares. Habrá tenido que empeñar unos cuantos de esos cálices de oro de los que tanto le gusta beber…