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viernes, 25 de octubre de 2013

Brasil: homofóbicos y racistas al frente de la política de derechos humanos

Bruno Bimbi, en Tod@s, denuncia desde Rio de Janeiro que “aliados homofóbicos de Dilma ahora también quieren legalizar el racismo en Brasil”. Los susodichos son miembros de lo que informalmente se conoce como el “partido evangélico”, con el cual se alió el Partido de los Trabajadores para poder llevar a Dilma Rousseff a la presidencia. Y lo que han hecho para continuar demostrando poder y acumulando privilegios ante la ley es de una caradurez suprema.
La Comisión de Derechos Humanos y Minorías, secuestrada desde marzo de este año por los fundamentalistas, que por un acuerdo con la coalición gobernante consiguieron colocar en su presidencia al pastor racista y homofóbico Marco Feliciano, aprobó un proyecto de ley que exime a las “organizaciones religiosas” del cumplimiento de la Ley contra el Racismo, por lo que podrían, por ejemplo, expulsar de sus cultos o negarse a celebrar casamientos entre personas negras, indios o inmigrantes. (…)

Su autor es el diputado Washington Reis, del PMDB, el principal partido aliado al gobierno, donde militan el vicepresidente Michel Temer y los presidentes de ambas cámaras del Congreso, y el relator del proyecto es el diputado Jair Bolsonaro (…), militar retirado acusado de violaciones a los derechos humanos, que reivindica la dictadura, defiende públicamente la tortura y tiene como principal obsesión política la persecución contra gays y lesbianas.
El proyecto no ha sido aprobado por el pleno de la Cámara de Diputados. Según Bimbi, el destino de la mayoría de los proyectos contra los derechos humanos y las minorías aprobados por la Comisión de Derechos Humanos y Minorías es el olvido o la derrota, pero su sola discusión es propaganda gratuita para los intolerantes y para los que se fingen intolerantes con el objetivo de ganarse a una clientela fanática.

jueves, 27 de junio de 2013

Un ejemplo de cientificismo oportunista católico

No puedo afirmar que los médicos católicos sean todos deshonestos y manipuladores, pero estoy comenzando a ver una tendencia. El mes pasado fue una psiquiatra declarando triunfante que el “gen gay” no existe; ahora es una genetista explicando que una mujer transexual, aunque se haya operado, “sigue siendo genéticamente varón”.
María Isabel Quiroga, expresidenta de la Sociedad Peruana de Genética Médica, explicó que pese a las operaciones a las que puede someterse un hombre para asemejarse físicamente a una mujer, sigue siendo genéticamente varón, pues sus genes no sufren variación alguna.
Quizá haya personas tan ignorantes que creen que una operación de reasignación de sexo puede modificar los genes, pero lo dudo. La aclaración de Quiroga parece más bien destinada a darle una pátina de respetabilidad científica a la creencia en el carácter esencial, discreto e inmutable de los géneros masculino y femenino (y sólo de esos dos). Esa creencia no es, desde luego, exclusiva de los católicos devotos, pero es la primera vez que la escucho defendida por un expediente tan burdo.

Fernando Ñaupari

Lo notable de este pronunciamiento “experto” no es el pronunciamiento en sí, que entra en la misma categoría que el asunto del “gen gay” (una afirmación estrictamente correcta pero hecha con espíritu manipulativo, y sin relevancia al tema), sino el hecho de que una persona católica recurra a un argumento tan biologicista/reduccionista. Cuando la Iglesia Católica hace lobby contra la educación sexual, el primer punto de la argumentación suele ser que la misma, como se la pretende, reduce el ser humano a la mera genitalidad en vez de incorporar aspectos morales. Y sin embargo, he aquí a una profesional católica que abraza una forma de reduccionismo biológico igual o peor, anunciando triunfalmente que ningún transexual puede serlo verdaderamente porque por más que se haga cirugías “sus genes no sufren variación”, como si la esencia de la persona, sus características humanas fundamentales, ¡el sexo de su alma incluido!, fueran determinados por los frágiles nucleótidos de una molécula que puede alterarse fisicoquímicamente con una facilidad pasmosa.

(Cuando se habla de aborto también hay católicos que pseudocientíficamente argumentan que la vida humana comienza en la concepción porque es entonces cuando aparece un cigoto con una dotación de ADN única e irrepetible. Esto no sólo es de un cientificismo increíblemente grosero y filosóficamente atroz, sino además falso: el cigoto puede dividirse después de la fecundación y producir gemelos idénticos… que debido a otros factores sólo permanecen genéticamente idénticos por un tiempo.)

Quiroga sale a hablar de este tema por una cuestión específica que resulta ser una historia bastante triste:
En declaraciones a la prensa peruana, Quiroga se refirió al caso de Fernando Ñaupari, una persona que en 1988, luego de someterse a dos operaciones, asumió ante el Registro Civil el nombre de Carmen Claudia Ñaupari.

Ahora, tras haber ingresado a una denominación cristiana, ha expresado su deseo de recuperar su identidad y su nombre masculino.
A Fernando (porque si ése es el nombre que desea, así debemos llamarlo) le tocó la mala suerte por partida doble: primero, nacer en un cuerpo del sexo equivocado, y después, caer en manos de cristianos evangélicos, que hoy lo usan de vocero para predicar su odio a la sexualidad, al derecho humano al propio cuerpo y a la propia identidad. Su historia, narrada por él mismo, es calcada de otras que la propaganda cristiana produce de manera constante, mezclando homosexualidad con transexualidad, asociándola a la prostitución y el abuso y vinculando todo ello con una historia de padres golpeadores. Es difícil saber cuánto es verdad y cuánto es una reelaboración caprichosa, a la medida de lo que sus pastores le dictaron, de una infancia que no debe haber sido nada fácil. Resta esperar que, así como fue libre para buscar ser la mujer que sentía ser, vuelva alguna vez a tener libertad de verse como una persona íntegra (del género que sea) y no como un ser deficiente y depravado que sólo existe para postrarse pidiendo perdón por pecados inexistentes a un dios que reclama humillación constante.

viernes, 22 de febrero de 2013

¿No más homofobia?

Veo en los medios católicos cierta alegría porque la agencia de noticias global Associated Press ha decidido prohibir a sus redactores el uso del término homofobia, quitándolo de su universalmente reconocido manual de estilo. (Un manual de estilo es una serie de guías, convenciones y reglas —desde la puntuación hasta la gramática— que se deben seguir para componer un documento, tal como un artículo periodístico, dentro de una organización.)
El Manual de Estilo de AP se autoproclama “la Biblia del periodista”, y es considerado por muchas personas de prensa en el mundo como una referencia importante de redacción correcta en diarios y revistas, particularmente en inglés.
Como, naturalmente, muchos de nosotros nos referimos al fomento cristiano del odio a los homosexuales como “homofobia”, se supone que los católicos deben estar contentos porque al menos la agencia que alimenta con sus noticias a muchos de los medios más importantes del planeta va a dejar de usar ese término, el cual no se corresponde con la realidad, vale decir, con el hecho de que los cristianos devotos aman tiernamente a los homosexuales y no los discriminan ni les desean la muerte ni un poquito.

Después de un par de disquisiciones más, el artículo de ACI Prensa que estoy consultando pasa a citar a Óscar Rivas, director del ignoto Instituto Mexicano de Orientación Sexual, que pese a su nombre inocuo —diseñado sin duda para atraer exenciones impositivas y financiación estatal— es claramente una fachada del movimiento antisexo católico. Rivas señala que “se ha abusado” de la palabra homofobia “para atropellar otros derechos como el de libertad de expresión o de culto”, y que actualmente “cualquiera tiene miedo de ser tachado de homofóbico”.

¿A qué llegamos con todo esto? Bien, como de costumbre la prensa católica quiere hacer ver que algo es blanco cuando en realidad es negro. Lo que hizo AP fue prohibir que se use el término homofobia por considerar que fobia remite a una enfermedad o discapacidad mental que causa un miedo irracional. La sugerencia para los redactores no es, sin embargo, ignorar la prédica de odio a los homosexuales que insume gran parte del amplio tiempo libre de todos y cada uno de los obispos católicos y pastores evangélicos fundamentalistas del mundo, por no hablar de los obvios motivos de las diarias palizas, torturas y asesinatos de homosexuales que ocurren en nuestro planeta, sino calificar esas cosas de manera más correcta y específica como (por ejemplo) anti-gay.


La idea de que homofobia es un término incorrecto no es nada nuevo: hace tiempo circula en las redes sociales (atribuida a Morgan Freeman y otros). Confieso que yo padezco de aracnofobia; es un miedo irracional, ya que la mayoría de las arañas no tienen interés en picarme ni son peligrosas para mí. Yo no odio a las arañas ni quiero verlas desaparecer de la faz del planeta (de hecho, me da lástima matarlas). Imagino que algunas personas pueden ser homofóbicas, en el sentido estricto de que sienten temor a asociarse con (personas que ellos creen que son) homosexuales, sin quererlo y sin poder evitarlo. En la inmensa mayoría de los casos, sin embargo, en que se habla de homofobia en los medios o en cualquier lugar que importe, se está hablando de una repulsión que lleva al odio y que se expresa en una discriminación que incluso suele ser reconocida y justificada.

Creo de todas formas que AP se equivoca al asignarle a una palabra un espectro de significado tan estrecho, y que no deberíamos seguir ese camino. Las palabras no son presas de su propia etimología, y a diferencia de otras palabras, homofobia no tiene otro significado: es un término nuevo, que nunca se usó para algo distinto. (No es tal el caso de otros términos que se usan mal coloquialmente: por ejemplo, la gente retraída o tímida etiquetada como autista, los de carácter extremo como bipolares, los que cambian de idea bruscamente como esquizofrénicos.)

El cronista católico menciona que AP también prohibió la expresión limpieza étnica. Lo relevante —y lo que no nota el infeliz— es que se la prohíbe porque se trata de un eufemismo. Igual que homofobia, no describe la situación en términos claros. Nadie está limpiando nada cuando hace una limpieza étnica; simplemente está matando gente. Nadie tiene miedo a la homosexualidad cuando hace lobby legislativo para que los gays tengan menos derechos que los heterosexuales; simplemente está militando contra los gays. Si es el miedo lo que hace que un gobierno ahorque a los gays en las plazas, no es de mayor importancia en la descripción del hecho: se trata de odio e intolerancia sin más.

Usemos la palabra homofobia, si es para abreviar y todos lo entienden así; no la usemos si creemos que puede llevar a confusión. Pero como sea, no dejemos que una palabra oculte los hechos reales o que los intolerantes lleven la discusión a la mera semántica.

miércoles, 2 de enero de 2013

Misioneros del odio

¿Hasta dónde puede llegar el odio, no de una persona hacia otra por motivos personales, sino de un grupo de personas hacia otro grupo? ¿Hasta dónde tiene que llegar el odio para pedir abiertamente la muerte del otro?

La productora Vanguard envió hace poco un equipo a Uganda para filmar un documental sobre el odio a los homosexuales en ese país. La homofobia y el odio a las sexualidades minoritarias siempre está latente, al menos en todos los lugares donde ha llegado la prédica de las religiones abrahámicas, y de hecho, en casi todas las culturas tradicionales, en las que el sexo está regimentado en torno al único objetivo de cohesionar a la comunidad en torno a familias productoras de niños. Pero en Uganda, desde hace tiempo y especialmente en épocas recientes, varios predicadores cristianos han trabajado a conciencia para avivar ese horror ignorante a lo diferente, para inflamar ese odio latente y para convocar a multitudes a pedir la destrucción de sus vecinos, de sus hijos e hijas, de sus amigos y compañeros de trabajo.

La producción de Missionaries of Hate (“Misioneros del odio”) eligió sabiamente, o quizá de manera inevitable, dejar que los responsables hablen libremente. A poco de escucharlos resulta obvio que ninguna de las cuestiones que podrían planteárseles tendría chances de sacudir sus creencias, cimentadas en la forma más burda de fundamentalismo bíblico, pero apuntaladas y elevadas mucho más por una visión conspirativa casi alucinatoria. Para el pastor Martin Ssempa, uno de los predicadores más famosos de Uganda, la homosexualidad no sólo es un abominación a los ojos de Dios que debe ser castigada con la muerte tal como las Escrituras lo comandan con claridad; también es una ideología colonialista impulsada por los Estados Unidos y otros países corruptos de Occidente para quebrar la cultura cristiana de África, y un plan de oscuras agencias que querrían imponer a nivel global un sistema donde los homosexuales pueden no sólo dedicarse a sus “perversiones” en privado sino reclutar a niños inocentes, pervertir sus instintos y tentarlos/obligarlos a realizar actos sexuales aberrantes. Por todo esto, la homosexualidad, que ya es ilegal en Uganda, debe ser activamente perseguida y sus perpetradores no encarcelados sino ejecutados.


El presidente/dictador de Uganda, Yoweri Museveni, es un fanático cristiano. Si por él fuese es muy posible que la ley pedida por Ssempa ya estaría aprobada. Pero Museveni es también un político y el líder de un país espantosamente pobre, que depende de la ayuda externa para funcionar. Luego de décadas de apuntalar tiranías varias, el gobierno de Estados Unidos se ha planteado ciertos límites: con la atención mediática mundial posada sobre Uganda, la administración Obama no consideró que fuera político enviar fondos a un país que estudiaba instaurar la pena capital para los homosexuales, y así se lo hicieron saber a los ugandeses. Por esa razón ha fracasado la ley antigay, y por eso es que el pastor Ssempa despotrica contra Estados Unidos y que sus seguidores llevan a sus marchas carteles contra Barack Obama.

Pero de Estados Unidos no llegan sólo el conjunto de palo y zanahoria conformado por los fondos de ayuda humanitaria y su posible corte. Con una retórica apenas más prudente, muchos predicadores evangélicos estadounidenses comparten las ideas de Ssempa. En 2009, el pastor Scott Lively viajó a Uganda para dar conferencias sobre la homosexualidad: de hecho una prédica religiosa con pátina de estudio científico, en la que se calificaba a la homosexualidad como disfunción sexual y se distinguían supuestas causales de la misma, tomadas del acervo pseudocientífico que el cristianismo moderno ha ido formando. Lively predica, entre otras cosas, que “la homosexualidad” (a la que trata como un movimiento) históricamente no se ha tratado de relaciones consentidas entre adultos sino de abusos pedofílicos, y escribió un libro, The Pink Swastika (sí, se llama “La esvástica rosa”, y la tiene en su portada) donde responsabiliza a los gays de ser los creadores del nazismo.

Otros dos evangélicos estadounidenses notorios, Rick Warren y Benny Hinn, visitaron Uganda y llenaron estadios con su prédica, mezcla de show de milagros y letanías de odio desbordante contra los homosexuales.

Un mes después de la conferencia de Lively, el primer proyecto de ley contra la homosexualidad con penas extremas, incluyendo la pena capital, ingresó al Parlamento ugandés; su autor, David Bahati, proclama que su objetivo fue “proteger a nuestros niños”. Cuando la periodista de Vanguard le pregunta si el detonante fue la visita de los predicadores ese mismo año, Bahati se muestra ofendido y la acusa de racismo por insinuar que los africanos no pueden decidir por ellos mismos. En otro segmento, el pastor Ssempa comparte esa opinión. El tópico es tan obviamente incómodo como claramente cierto, y si ofende a los africanos, resulta aún más molesto, por otras razones, para Lively y compañía, que rápidamente buscaron separarse de toda asociación futura con imágenes de homosexuales colgados en las plazas públicas. Si la esencia de la prédica de Ssempa es la violencia verbal abierta y la obscenidad grosera como revulsivo (en sus asambleas exhibe pornografía en una notebook), la de la de los evangélicos americanos mainstream es la hipocresía.

Cuando el Papa Benedicto XVI visitó África hace unos años volvió encantado con el fervor ignorante y el fanatismo religioso que allí encontró, y llamó al continente más pobre y violento de la Tierra “el pulmón espiritual de la humanidad”. Como el líder católico, los expertos morales fraudulentos y los showmen que se hacen llamar “hombres de Dios” de Occidente saben que hay límites que no pueden cruzar en sus países de residencia, pero que son ignorados en lugares como Uganda, donde a nadie le importa decirle a un periodista extranjero, en la calle y en voz alta, que los homosexuales deberían ser ahorcados. El problema, para ellos, es que ni siquiera Uganda está hoy aislada de los canales que llevan la información a todo el resto del mundo.

Missionaries of Hate está en inglés, sin subtítulos y dividido en cinco videos cortos, en YouTube.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Noticias retituladas

A veces hace falta corregir ciertos titulares tendenciosos, como éste de los fanáticos homofóbicos evangélicos de Noticia Cristiana.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Protección de la familia

La marcha del otro día anticipando el Día del Niño por Nacer (y Contra las Mujeres), que comenté, tenía entre sus objetivos promocionar el lanzamiento de un “proyecto de ley para la protección integral de la familia”. La Constitución Argentina (art. 39) da a los ciudadanos el derecho a presentar proyectos como iniciativa popular, que el parlamento deberá tratar. El proyecto de los activistas antiderechos fue presentado por la Red Federal de Familias y avalado por el Defensor del Pueblo en 2010. El texto del mismo está disponible en el sitio web de propaganda antiabortista NotiVida.

En la marcha del sábado 17 se repartían hojas impresas con un resumen del proyecto (lo cual agradezco porque me ahorra ese trabajo). A continuación transcribo algunos extractos, con mis comentarios.
Reconocimiento de la familia como sociedad natural y primaria, fundada en el matrimonio, entendido como unión estable de entre un varón y una mujer.
Por este medio se transforma “reconocer” (descripción) en “obligar” (prescripción). Las familias formadas por parejas no casadas, por matrimonios del mismo sexo o por posibles contratos de convivencia tácitos o explícitos entre grupos de personas cualesquiera quedan excluidas. Esto es lo mismo que pedir que el canon católico se haga ley. El Estado, así, sólo “reconocería” como “natural” una acepción limitada de familia. (Los anarquistas y antiestatistas podrán decirme que el Estado no tiene por qué meterse a reconocer nada, y tienen razón en principio, pero no en la coyuntura actual ni a mediano plazo.)
Política de igualdad de los miembros de las familias [que] sea real y efectiva en el acceso y disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales.
Esto suena muy bien, pero a la luz de elementos que siguen y otros que no se mencionan, pero que sabemos que están ahí, encierra una trampa. Los organismos “pro-vida” no desean mujeres liberadas, sino mujeres que hagan de la maternidad su opción primordial de vida. La “igualdad” que buscan implica que las mujeres puedan comportarse como deben y también hacer otras cosas. Para que haya “igualdad” mientras que al mismo tiempo se mantienen los roles tradicionales de la mujer, el Estado debería prestarle ayuda a las mujeres para que puedan a la vez tener muchos hijos, atender a su marido, tener en orden la casa y trabajar. Se puede debatir si eso está bien o mal; yo considero que se trata de una política pro-natalista, paternalista, patriarcal y errada.
Concepto de familia numerosa y de familia numerosa especial en función del número de sus integrantes, siendo mayores los beneficios otorgados a estas últimas (…) prioridad en el empleo público y privado y su conservación, exenciones y beneficios arancelarios (…), derechos preferentes para la adquisición, construcción y refacción de viviendas (…).
Y esto ya es una política pro-natalista en toda regla, determinando que los ciudadanos sin hijos o que desean tener pocos hijos queden automáticamente en desventaja. Recordemos además que la familia, numerosa o no, requiere para esta gente un matrimonio entre hombre y mujer: las otras familias numerosas —una pareja de lesbianas que han adoptado a siete huérfanos, por caso— no recibirían estos beneficios.
Protección integral de la mujer embarazada y de los derechos de los niños por nacer. Dignidad de la mujer. Reconocimiento de la maternidad como bien social y personal. Atención especial de la mujer en particular en caso de embarazo conflictivo o de riesgo. Establecimiento de Centros de Asistencia a la Mujer Embarazada.
¿Qué es todo este amor hacia a la mujer? La mujer embarazada y su “niño por nacer” están a la misma altura. La dignidad de la mujer embarazada pasa por la maternidad, que es un bien para toda la sociedad (las mujeres que eligen no embarazarse o que interrumpen su embarazo son, por tanto, un mal, o al menos una desgracia o una rémora para la sociedad). La ideología “pro-vida” no plantea opciones para la mujer embarazada: debe llevar a término su gestación, para lo cual se le dará “asistencia” si su embarazo es “conflictivo” o de riesgo. En las instituciones católicas que ya se dedican a esto, y que si se aprobara este proyecto pagaríamos entre todos con dinero estatal, la susodicha asistencia consiste en manipulación psicológica para disuadir a la madre de abortar, utilizando por ejemplo el miedo al “síndrome post-aborto”, una condición patológica inexistente (las mujeres que abortan tienen reacciones psicológicas diversas; no hay un conjunto habitual de síntomas asociado al aborto). Para los “pro-vida” no son concebibles los embarazos no deseados: sólo hay un conflicto entre el natural instinto de la mujer de cumplir su rol de madre y los obstáculos que la sociedad actual (materialista, hedonista, anti-vida) le pone en su camino. Es de esperar que en los Centros de Asistencia también le dirían a las mujeres embarazadas que den a sus hijos en adopción: una opción traumática y que no garantiza en absoluto el futuro del niño. (Legisladores “pro-vida” han propuesto mejorar la ley de adopción argentina, cuya burocracia prolonga los trámites innecesariamente; una mejora deseable, pero por razones con las que no podemos estar de acuerdo.)
Asignaciones especiales para casos de embarazos provenientes de delitos contra la libertad sexual y menores embarazadas en situación de riesgo.
Darle dinero a las mujeres para que continúen con su embarazo, incluso aunque sean menores violadas, incluso aunque corran riesgo de vida. (Entre un feto y una persona ya nacida, los “pro-vida” siempre eligen al feto, con la siguiente lógica: dado que ambos son personas, si uno debe salvarse y el otro morir, hay que elegir al que no puede hacer nada para defenderse, es decir, el no nacido. Aunque no se enfatiza el asunto, la política “pro-vida” en caso de peligro de vida para la madre es dejar morir a la madre.)
Derogación de la ley 26.618, llamada de matrimonio entre personas del mismo sexo.
Ésta es la frutilla en el nauseabundo postre que nos ha preparado el conservadurismo religioso “pro-vida”. No tiene nada que ver con las mujeres ni con la maternidad ni con el aborto, pero les duele: les dolió mucho cuando, a pesar de toda la propaganda de odio, de las presiones episcopales, de legisladores ignorantes hablando por Dios en vez de por el pueblo, de la desinformación diaria y a gritos vinculando la homosexualidad al suicidio o a la pederastia, de las solicitadas en los diarios, de las marchas de alumnos de las escuelas confesionales con pancartas anti-gays, del aliento incesante a la homofobia desde púlpitos católicos y tribunas de pastores evangélicos, el parlamento aprobó la modificación del Código Civil que permitió a los homosexuales casarse con sus parejas, una fría noche de julio de 2010.

Este remate demuestra (como si hiciera falta) que en realidad nunca se trató de las mujeres ni de los niños. Se trata de reglamentar la sexualidad y las formas de la convivencia: controlar, nada menos, a quién podemos amar y con quién podemos elegir formar una familia. El proyecto “pro-vida” es el de un país exclusivo y opresivo.

lunes, 19 de marzo de 2012

Día del Niño por Nacer (y Contra la Mujer)

Este sábado 17 de marzo, en Rosario (Argentina), organizaciones que luchan contra los derechos reproductivos de las mujeres (autotituladas “pro-vida”) realizaron una marcha y un acto en el centro de la ciudad para presentar un proyecto de ley “para la protección integral de la familia”, entre otras cosas. Confieso que no estaba enterado, pero por una feliz coincidencia me encontraba cerca en el momento apropiado y con una cámara de fotos en el bolsillo, así que fui a ver de qué iba la cosa.

La marcha era en preparación del Día del Niño por Nacer, que cae el 25 de marzo, para los cristianos fiesta de la Anunciación (el día en que el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen María para avisarle que estaba embarazada de Dios Padre). En Argentina esta fecha fue creada oficialmente por el ex-presidente Carlos Menem con el objetivo de congraciarse con el Papa Juan Pablo II en momentos en que su gobierno se afanaba en enviar a millones de personas al desempleo y la pobreza.

Cada año los grupos que luchan contra el derecho al aborto se manifiestan cerca de esta fecha. La mayoría son católicos, muchas veces jóvenes o adolescentes reclutados a través de grupos parroquiales u organizaciones eclesiales varias; este año la novedad fue la aparición de PorVenir, una ONG que se declara aconfesional. Si tiene algún sentido aquello de “Dime con quién andas y te diré quién eres”, es difícil creerles. En los eslóganes de la marcha Dios y sus aláteres estaban conspicuamente ausentes, pero las camisetas, banderas, pancartas y globos más visibles eran del Partido Demócrata Cristiano, el Movimiento Evangelio de Caná y la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA). Había un poster de la Defensoría del Niño por Nacer, institución que también se proclama aconfesional, y en el escenario montado al final de la marcha, en la Plaza Pringles, un stand de Red ProVida, de la cual PorVenir forma parte. Nos ofrecieron un volante a todo color, muy bien impreso, de Red Familia Rosario, (los “naranjitas” que hacían campaña contra el matrimonio homosexual), y una invitación a un Via Crucis. Vi también un par de pancartas en apoyo a los “médicos que aman la vida”, que debe referirse a los médicos del servicio de Ginecología del Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez, que se niegan a realizar los abortos autorizados por la ley (incluso los necesarios para salvar la vida de la mujer).





(Hay más fotos en el muro de Facebook de Alerta Religión.)

Durante la marcha, los jóvenes coreaban consignas del estilo de “Oooh, soy pro-vida / Es un sentimiento / No puedo paraaar” que uno escucha en la cancha de fútbol y entre los asistentes pagados a los actos políticos. Me impresionaron como felizmente abstraídos de la vida real. No había, creo yo, ni una sola mujer pobre en edad fértil en toda la marcha. No puedo enojarme con estos chicos; como todos a su edad, creen que la verdad es fácil de aprehender y que ellos ya la descubrieron, y están felices de propagarla. Me deprimió apenas ver tanta energía desperdiciada en repetir eslóganes vacíos y en hacerle el caldo gordo a los misóginos de sotana y a los parásitos que se hacen llamar pastores de almas o enviados de Dios. Me consuela pensar que muchos perderán esa confianza infundada eventualmente. Pero entretanto, ¡qué favor le hacen a los que quieren volver a la Edad Media!

En una segunda parte les voy a contar qué se traen entre manos los antiderechos esta vez. Continuará…

sábado, 18 de febrero de 2012

La fe que no se calla

La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) prohibió que se realicen oraciones o actos de culto religioso antes o después de los partidos. Como yo no miro realmente fútbol, ni brasileño ni de otros países, no tenía mucha idea de que esto pudiera ser significativo, pero evidentemente, si hubo necesidad de prohibirlo tan tajantemente, debe ser porque se trataba de algo flagrante y molesto.


Esto decía Andrés Sánchez, presidente de la CBF:
“Antiguamente, eran las mujeres. Después, vinieron las cartas y luego la religión. Hoy está internet. Los jugadores se encierran con el iPad. ¡Por el amor de Dios, las cosas que hacen! Pero pueden hacer lo que quieran en la concentración mientras no molesten al prójimo.”
En el sitio web evangélico Protestante Digital se indignan visiblemente de que Sánchez compare jugar a las cartas o la adicción a internet con la fe, como distracciones. En las concentraciones de los equipos brasileños, según parece, no es raro ver pastores evangélicos merodeando. Probablemente esto no afecte verdaderamente al desempeño deportivo. A Sánchez no le molesta este fervor salvo cuando se traslada al campo de juego:
“Conmigo no va a haber cultos. Quien quiera, que vaya a rezar a su habitación.”
Irónicamente (o no, considerando lo ignorantes y selectivos que son los cristianos con sus propias Escrituras, cuando conviene) la orden de Sánchez es bíblicamente aceptable. Más que aceptable.
«Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.»
No lo dice algún impío dirigente futbolístico sino el mismísimo hijo de Dios, al menos según el evangelio de San Mateo (capítulo 6). Quien haya visto las exhibiciones públicas y notorias de fe de los jugadores brasileños, o cualquier otra manifestación típica de los cristianos evangélicos cuando están enfervorizados, sabe bien que este consejo divino es uno de los más olvidados (igual que la orden de Jesús de no llamar “padre” a nadie salvo a Dios Padre).

viernes, 13 de enero de 2012

África exporta religión

África es un continente inmenso al cual le ha tocado en suerte ser colonizado múltiples veces; el resultado no ha sido de los mejores. Poco de lo que produce África es de importancia para el resto del mundo, y de ese poco, la mayor parte se obtiene en base al sufrimiento y la explotación de sus pobladores. Pienso en el petróleo y los diamantes, pero también en la anunciada presencia de la predicadora cristiana pentecostal y “cazadora de brujas” nigeriana Helen Ukpabio en Estados Unidos.


Educada en colegios privados cristianos (uno católico, uno anglicano y uno metodista, para que no se diga que la fuente de su locura no es ecuménica), Ukpabio es la principal impulsora de una doctrina que se basa sobre todo en la detección de signos de posesión satánica y de brujería en niños. Gracias a su labor, muchos niños han sido sometidos a “exorcismos” a veces letales, que incluyen torturas para lograr confesiones; padres horrorizados han llegado a prender fuego a sus propios hijos. Ukpabio no es un fenómeno marginal ni extremo. Su “franquicia” de iglesias evangélicas, Liberty Gospel Church, se ha propagado a varias naciones de África occidental y ahora Glorious Praise Ministries, de Estados Unidos, la ha invitado a predicar y recaudar fondos para transmitir su santa paranoia a más gente. Como dice PZ Myers en su cobertura del tema, ésta es justo la clase de persona que debería ser detenida apenas pisar un aeropuerto americano y mandada a juicio por crímenes contra la humanidad.

Ukpabio tampoco es, desde luego, la única que aprovecha la creencia en la brujería, tan extendida en África. Es bastante común que esta superstición popular se acople al cristianismo.

Vale la pena recordar que África es, para el papa Benedicto XVI, el “pulmón espiritual del mundo” y una “tierra de esperanza”. Benedicto ha hecho un par de giras por África y ha vuelto feliz por el recibimiento y por la constatación de que la mayor parte de los africanos siguen teniendo fe, es decir, siguen siendo supersticiosos, temerosos de los seres imaginarios y de sus representantes terrenales, ignorantes, y —en parte gracias a su propia prédica— remisos a utilizar los medios necesarios para protegerse del SIDA, por considerarlos opuestos al plan de Dios, consistente en que la raza humana se reproduzca sin control. Lo único que ha advertido de malo es el “fundamentalismo religioso”, que es la forma en que los cristianos llaman al extremismo musulmán cuando los persigue a ellos (y no cuando, como en muchas oportunidades, se alía con ellos en foros internacionales).

El principal temor de Benedicto en África es que se contagie del “materialismo práctico” del mundo occidental y su pensamiento “relativista y nihilista”. El materialismo, que hace que las personas se preocupen más por su situación socioeconómica en la Tierra y menos por la manutención de parásitos como pastores, curas y monjas, supuestos representantes del Cielo, y el pensamiento relativista que posibilita la convivencia de personas de distintas religiones, ideologías, tendencias políticas, géneros y orientaciones sexuales, en vez de enfatizar sus diferencias como esenciales e inamovibles y poner a unos sobre otros, son males que la religión debe combatir para que África siga siendo una “tierra de esperanza”, fértil para el crecimiento de cultos como el de Helen Ukpabio.


Los “niños brujos” y otros son víctimas de la mezcla explosiva entre una vida sometida a los caprichos azarosos del clima, los gobiernos corruptos y las guerras, por un lado, y por el otro lado una cultura donde prevalece la idea de que todo tiene una causa inteligible y una finalidad. En una cultura así, todo suceso imprevisto puede ser achacado a una fuerza del mal, y se requiere encontrar al culpable o inventar uno para poder castigarlo. Una vez puesto en marcha el sistema, ni siquiera hace falta que ocurra algo específico: parte del éxito de la religión es su arte de crear problemas y luego ofrecer una solución exclusiva y obligatoria para éstos, como ocurre con el pecado original y el bautismo.

Benedicto XVI confiesa en voz alta su preocupación cuando el Primer Mundo “exporta” su ideología materialista, tolerante, progresista, a los países subdesarrollados. ¿Tendrá él, o algún otro de los líderes cristianos mundiales y nacionales, algo para decir sobre la exportación de lo peor del cristianismo africano a Estados Unidos?

martes, 8 de noviembre de 2011

Debate abortado sobre el aborto

Dip. Cecilia Merchán
Hace unos días hubo un revuelo menor en Argentina cuando se comenzó a debatir, por primera vez en el ámbito legislativo, un grupo de proyectos que promueven o regulan el derecho al aborto. El primer paso de un proyecto de ley es su debate en comisiones, es decir, grupos de legisladores (dentro de la Cámara de Diputados o del Senado) que se especializan en ciertos temas. La Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados aceptó el desafío y emitió un dictamen, es decir, aprobó un proyecto para ser tratado en el pleno de la Cámara (una vez emitidos los dictámenes correspondientes de otras comisiones pertinentes). El proyecto estaba firmado en primer lugar por la diputada Cecilia Merchán y despenalizaba el aborto hasta la 12ª semana de gestación en todos los casos.

El pretérito imperfecto es lamentablemente correcto porque el proyecto de Merchán está casi efectivamente muerto, al menos hasta el año que viene. El dictamen emitido no contaba con las firmas necesarias y tras el entusiasmo inicial debió aceptarse que es inválido. Las otras dos comisiones que deben tratar el proyecto están presididas por antiabortistas que ya han manifestado que no les interesa debatir. Y a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que está según sus propias palabrasen contra del aborto”, tampoco le interesa promover el debate y no lo tiene en la agenda legislativa de su partido.

Niños etiquetados pro-vida.
Incluso esta leve esperanza de derechos ampliados para las mujeres hizo entrar en alerta a la Iglesia Católica y a los evangélicos, que se pronunciaron en editoriales en los medios nacionales, en sus propios portales de propaganda y en manifestaciones públicas. Esto era de esperarse y en cierto modo es alentador. Pero el problema del debate radica en que los argumentos de los militantes políticos del derecho al aborto son siempre los mismos: basados en el paradigma de la igualdad social (si las mujeres ricas pueden abortar en secreto en clínicas privadas, como de hecho todos sabemos que lo hacen, las mujeres pobres deben tener derecho a hacer lo mismo aunque no puedan pagarlo, sin ser criminalizadas) o bien en el “derecho de la mujer a disponer de su propio cuerpo”.

Estos argumentos no tocan el fondo de la cuestión tal como la plantean los creyentes antiabortistas. La defensa de la igualdad social no pasa por hacer legales para los pobres los delitos que los ricos cometen amparados en su dinero. Si el aborto es un crimen, hay que argumentar planteando que no lo es porque no tiene víctimas, no que no debe serlo “porque todo el mundo lo hace”. Que la mujer (o el hombre, para el caso) tiene derecho a disponer de su propio cuerpo parece una obviedad, pero de ese punto se desprenden dos debates distintos que no se han dado, que yo sepa, a nivel público y en los medios:
  1. ¿Somos dueños de hacer lo que queramos con nuestro propio cuerpo?
  2. ¿Es un embrión o un feto, antes de ser viable fuera del útero, parte del cuerpo de la mujer?
Las respuestas que el cristianismo (católico o evangélico) da a esas dos preguntas son enfáticamente negativas. El cuerpo, para el cristianismo, es el templo del Espíritu Santo. No somos sus dueños. No tenemos derecho a hacer cualquier cosa con él, aun cuando no afecte a nadie más. No podemos matar nuestro propio cuerpo (no hace demasiado que la Iglesia no permitía enterrar en cementerios católicos a los suicidas). No se considera correcto maltratarlo para (o como efecto secundario de) lograr placer (el sufrimiento está bien). Existe un cierto consenso social, reciente, en contra de esta ridícula idea de que el dueño del propio cuerpo es Dios y no uno mismo, pero es generalmente inconsistente.

Con respecto al asunto del embrión o feto, el consenso social es que definitivamente no es parte del cuerpo de la mujer; se lo llama “el bebé”, se lo nombra, a partir de cierto momento se conoce su sexo y su estado de salud. En esto hay cierto sentido común, sobre el que la doctrina cristiana se monta para insistir con que incluso un óvulo fecundado sin implantar no sólo no es parte del cuerpo de la mujer sino una persona. Sin llegar a tanto, a nivel meramente biológico hay razón para hablar realmente de otro cuerpo. Que dependa de la mujer para subsistir, que sea un parásito, es irrelevante. Es un argumento pobre y no entiendo por qué se lo sigue empleando.

Embriones de mamíferos (sólo uno es humano). 
En tanto no se enfrente decisivamente y sin tabúes la creencia metafísica de que un cigoto es una persona, el debate no va a progresar. Pero para eso haría falta que nuestros legisladores, periodistas y demás formadores de opinión entiendan y asuman la escasa diferencia real, tangible, entre un feto humano y un feto de chimpancé o de rata en la misma etapa temprana de la gestación, junto con el hecho de que no sentiríamos ningún prurito moral en matar al feto de chimpancé o al de rata si fuera necesario para el bienestar de un ser humano adulto. Esa idea, escasamente revolucionaria hoy a la luz de la ciencia, todavía no ha prendido.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Muerte digna en el Congreso argentino (IV)

Hace varios posts que vengo siguiendo el debate sobre el tema de la muerte digna en el ámbito legislativo argentino. Hay que decir que en realidad el debate en el Congreso ha sido muy poco. En cambio, lo que vemos es debate a nivel televisivo, lo cual no está mal para que al menos parte de la ciudadanía esté informada. Lo que sigue es una discusión en el programa A Dos Voces, en la cual participaron el senador Samuel Cabanchik (autor del proyecto de muerte digna que comenté en el post anterior), la diputada Cynthia Hotton, la doctora en bioética Nelly Espiño, y el Dr. Eduardo Tanus (médico, del Comité de Bioética del INCUCAI).




De Cynthia Hotton poco podemos decir porque la conocemos; pertenece a la iglesia evangélica pentecostal y su único propósito aparente en el Congreso es la propalación de la doctrina cristiana en su forma más fundamentalista, oponiéndose con argumentos sentimentales a todas las iniciativas que impulsen la libertad individual por sobre los caprichos de su dios imaginario. Ser testigo de su incapacidad discursiva y legal es penoso pero en modo alguno una experiencia extraordinaria. Para “informarse” sobre el complejísimo debate ético que rodea a las decisiones de muerte digna y encarnizamiento terapéutico, lo que hizo fue ir a visitar a Camila (una niña en estado vegetativo persistente que está en el centro de la escena mediática actual) y allí en ese cuerpo que sólo funciona porque está conectado a máquinas, dice, “Vi vida”. Eso fue lo más profundo que dijo, aparte de explicar que le costaba articular la palabra “encarnizamiento” porque ella es economista.

Nelly Espiño es un caso más complicado porque está de acuerdo con que Camila, como otros casos donde claramente no hay nada que hacer, debería ser dejada morir, pero en el debate también se encarga de sembrar dudas (de una manera absolutamente irresponsable) sobre la veracidad de los diagnósticos de muerte cerebral. Su afiliación hace más fácil dilucidar su postura: es miembro del Comité de Bioética del Hospital Austral, que depende directamente del Opus Dei. A Espiño le preocupa que, con proyectos de ley como éste, se pase del paternalismo médico a una autonomía exagerada del paciente. Argumenta en favor del respeto a la lex artis, vale decir, el criterio por el cual el médico debe regirse según el estado actual de la ciencia, más allá de lo que el paciente desee; esto está muy bien, porque el paciente no puede saber si su propia situación es terminal, valorar su propia calidad de vida futura hipotética si sigue tal o cual tratamiento, etc. El problema es que este dilema no tiene verdadera solución, y que el paciente siempre puede terminar cayendo en manos de los médicos del Hospital Austral o de alguna otra institución que privilegie una doctrina dogmática o revelada por sobre otras consideraciones.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Efemérides del 17 de agosto


Un día como hoy, 17 de agosto, en 1959, nació Vernon Wayne Howell, más conocido por el nombre que adoptó más tarde y con el que entró a la posteridad: David Koresh. Cuando murió en un incendio posiblemente autoprovocado, junto con 54 adultos y 21 niños encerrados con él en un rancho en Waco, Texas, terminó una historia que todavía nos impresiona, aunque no es sino un brote pequeñísimo en el inmenso árbol de las locuras religiosas.

En su defensa sólo se puede decir que la vida nunca le sonrió: nacido de una madre adolescente abandonada por su pareja dos meses de nacer su hijo y vuelta a emparejar con un alcohólico violento al poco tiempo, dejado luego a su vez por su madre —a los cuatro años— en manos de su abuela, y según él víctima de violación en su niñez, Koresh tenía pocas posibilidades de lograr cualquier tipo de notoriedad; el destino o la casualidad se la dieron de la peor forma.

Koresh era un “cristiano renacido”, según él, en una iglesia de la Convención Bautista del Sur (la misma denominación que los infames televangelistas Jerry Falwell y Pat Robertson). Se hizo miembro de los Adventistas del Séptimo Día y luego pasó a los davidianos, una secta que había sido expulsada en 1930. George Bernard Shaw dijo una vez que el martirio es la única manera en la que un hombre puede hacerse famoso sin tener habilidad para nada; Koresh la tuvo al menos para crear una secta dentro de otra secta, hacerse de jóvenes de las que abusar sexualmente y acumular una gran cantidad de dinero. Las doctrinas que predicaba no eran en absoluto extrañas al cristianismo ni muy distintas de las de los adventistas mismos o las de miles de otras congregaciones religiosas que hoy florecen en Estados Unidos y el mundo; lo que las hizo letales fue el culto a la personalidad de Koresh, que no se limitaba a ser un megalómano ni un simple pervertido sexual (cosas nada infrecuentes entre los líderes religiosos) sino que tenía plena conciencia de la necesidad de contar con medios violentos de defensa para el día en que las autoridades vinieran por él.

Para no dejar las citas famosas, podemos terminar con una de Umberto Eco que es singularmente pertinente: “Témele a los profetas y a aquellos preparados para morir por la verdad, ya que como regla hacen que muchos otros mueran por ellos, con frecuencia antes que ellos, y a veces en vez de ellos.”

martes, 9 de agosto de 2011

Apunten al pastor

La noticia en sí no es gran cosa: un pastor protestante holandés, el reverendo Klaas Hendrikse, afirma que no cree que Dios exista como persona sobrenatural, ni que Jesús haya sido el Hijo de Dios, ni que haya vida después de la muerte. Esta clase de religión abstracta en la cual todo es metáfora o símbolo está de moda tanto entre ateos que no se animan a ser ateos como entre creyentes que creen que así pueden zafar de las críticas racionales dirigidas a las creencias tradicionales.

Lo que llama la atención (aunque tampoco es para sorprenderse, la verdad, vista la cantidad de fanáticos que pululan) son las reacciones de los creyentes. Algunos comentarios selectos en la nota que cito arriba, a continuación.

Éste es toda una ternura con su banda rosa y su tiara:



A éste le causa gracia la “enfermedad” de pensar de manera distinta a su indoctrinamiento:



Éste es un bot:

Y éste, que tiene cara de tipo con el que te podrías encontrar de mochilero en cualquier parte y charlar de la vida, está sediento de sangre:

La incompetencia ortográfica y gramatical dan un poco de risa, pero yo creo que deberían causar más miedo que risa. Dejando aparte lo fácil que es para mí encontrar ejemplos risibles/temibles de intolerancia cristiana, cada uno de estos comentarios debería ser una razón más para luchar contra la propagación de esta religión funesta.

sábado, 6 de agosto de 2011

Podcast, episodio 8

En esta edición del podcast de Alerta Religión: un poco más sobre la Marcha por la Familia Heterosexual Cristiana. El “Día del Orgullo Heterosexual” que declararon los diputados de la derecha evangélica de la Cámara Municipal de São Paulo (Brasil), porque los homosexuales son una minoría privilegiada. La locura galopante del supuesto teólogo Paul Begley anunciando que las aguas de un lago en el estado de Texas se han convertido en sangre y es una señal del Apocalipsis, a pesar de que los expertos creen que se trata simplemente de una bacteria que colorea el agua de rojo y que prospera en aguas con escaso contenido de oxígeno. Y el repudio de la comunidad cristiana (o sea, de un puñado de pastores evangélicos con llegada a los medios) por las injustificables pintadas con que se atacó el Monumento a la Biblia que se erigió (pagado por el erario público) en la Plaza Sáenz Peña de Paraná, Entre Ríos.

jueves, 4 de agosto de 2011

Marcha “por la familia”

El domingo por la tarde empecé a ver en mi timeline de Twitter algunos tuits provenientes de Chile y referentes a una “Marcha por la Familia”. Supuse enseguida (y correctamente) que se trataban de una marcha anti-homosexual (porque, como todos sabemos, los homosexuales convierten a aquellas personas normales que tocan y las hacen abandonar a sus familias) y que era un evento organizado por cristianos (porque, como todos sabemos, el dios cristiano odia a los homosexuales y desea que sus fieles los odien también).


La semana anterior, las iglesias evangélicas habían convocado a una “oración masiva” contra los derechos de los homosexuales, con gran despliegue. La marcha “por la familia” fue convocada conjuntamente por evangélicos y católicos, unidos en una plataforma llamada Transforma Chile.

Tal como ocurrió en Argentina y como está ocurriendo en otros países de Latinoamérica (Colombia y Brasil me vienen a la memoria), las organizaciones que representan a las minorías sexuales, los cuerpos legislativos y la sociedad en general han observado que hay un apoyo importante, a veces mayoritario, antes no expresado o reprimido, a la idea de que los derechos civiles no pueden ser restringidos por barreras dogmáticas. Y la reacción a este despertar también es común a los distintos países: una alianza entre una minoría conservadora pequeña pero radical, generalmente cristiana (evangélica o católica), y una minoría considerable de ciudadanos con vagos y fluctuantes valores tradicionales, orgullosamente ignorantes, que juntos tratan de impedir que las personas que no son como ellos obtengan sus mismos derechos. Provienen de una misma matriz de intolerancia y sus argumentos parecen sacados todos de un mismo molde, con escasas variaciones. Ni los voy a repetir aquí, porque ya lo hice (y los refuté) cuando se debatió el matrimonio igualitario aquí en Argentina.

En Chile la batalla parece más complicada de ganar, y los cristianos antiderechos han logrado y exhibido adhesiones francamente preocupantes, como denuncia MOVILH (el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual): en la “Marcha por la Familia”, junto a los niños y a las parejas felices de discriminar al prójimo, iban integrantes del movimiento neonazi (y pro-familia) Frente de Orden Nacional, al grito de “Chilenos unidos contra el pervertido”.

Foto: Difamadores
Por otro lado, algo auspicioso es que las afiliaciones religiosas están claras desde el principio. En Argentina las iglesias se movilizaron sólo cuando se vieron cerca de la decisión final del Congreso; en la superficie del debate todos los activistas homofóbicos pretendían presentar argumentos legales o científicos, y en el prolongado debate parlamentario final la ponencia del único legislador que hizo su alegato basándose explícitamente en la mitología cristiana fue considerada ampliamente como la peor de una noche rica en estupideces.

Desde el punto de vista racional, la causa antiderechos está condenada a perder. Pero no se puede soslayar la presión de los credos intolerantes sobre los políticos, incluso si éstos son gente razonable y abierta. Ojalá que Chile logre dar el paso al frente pronto, dejando atrás y protestando a los patéticos y egoístas manifestantes que vimos desfilar por las calles de Santiago.

miércoles, 20 de julio de 2011

Información vs. cristianismo

Josh McDowell
El apologista cristiano evangélico Josh McDowell ve confirmados sus peores temores:
“Internet le ha dado a los ateos, agnósticos, escépticos, a la gente que desea destruir todo en lo que ustedes y yo creemos, casi el mismo acceso a los hijos de ustedes que el que tienen su pastor o ustedes…”
Vale decir, ahora cualquier niño puede sentarse frente a una computadora y, con un poco de criterio y la ayuda de Google o Wikipedia, desengañarse de todas las mentiras con las que los padres y los pastores les han lavado el cerebro en nombre de Jesús. ¡Amén!
“Éste es el problema: desde el principio, cuando Al Gore inventó la Internet” (esto dicho en tono de broma) “yo estuve diciendo durante diez, once años que la abundancia de conocimiento, la abundancia de información, no llevaría a la certidumbre: llevaría a un escepticismo masivo. Y eso, amigos, es exactamente lo que ha ocurrido.”
No exactamente (¡qué buena noticia sería!), pero sí se ven algunas señales prometedoras. Ahora los jóvenes tienen la oportunidad de salir de la prisión del dogma mucho antes, apenas aprenden a usar Internet para relacionarse con personas fuera del patéticamente diminuto mundo del cristianismo fundamentalista.
Hace unos 15 años, añadió el apologista, cuando los ministerios juveniles cristianos recaudaban dinero para proyectos juveniles, la gran frase era: “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 18 años, probablemente no llegarás a él.” ¿Y cómo es ahora? “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 12 años, probablemente no llegarás a él.”
Esto me hace modestamente feliz. Si llegando a un solo niño puedo arruinarle la fiesta a vendedores de ignorancia y superstición como Josh McDowell, me considero satisfecho.

viernes, 15 de julio de 2011

Podcast, episodio 5

En esta edición del podcast de Alerta Religión hablo del pedido oficial de las iglesias católicas, evangélicas y protestantes a los misioneros para que no chantajeen ni engañen a aquellos a quienes desean convertir, de los grititos de víctima del vocero de la arquidiócesis de México por el “aberrante” cercenamiento de su libertad para hacer proselitismo político desde el púlpito, y de lo que mantenía la Iglesia sobre esa libertad de expresión hace apenas un siglo y cuarto.

lunes, 4 de julio de 2011

Natalia Fassi contra las mujeres

Natalia Fassi es una modelo argentina que se gana la vida vendiendo (la imagen de) su cuerpo, profesión perfectamente respetable pero que pocos asociarían con causas afines al conservadurismo sexual o a la misoginia típica del cristianismo. La modelo y “actriz” de teatro de revista (llamarla vedette es demasiado, llamarla actriz un insulto), protagonista de fotos y videos hot y de bailes sensuales para la TV basura, sería probablemente el peor ejemplo para quienes ahora la alaban desde el catolicismo y el evangelismo, si no fuera por un pequeño detalle.

El detalle es que Fassi es “pro-vida”, es decir, está a favor de considerar a los cigotos como personas y en contra de la vida y la salud de las mujeres que no deseen quedar embarazadas o continuar con un embarazo que no desearon. Así lo expresan elocuentemente las fotos que a partir de hoy la muestran, en el Museo Parlamentario del Senado argentino, con sangre falsa en la entrepierna y la palabra VIDA tatuada sobre su vientre hinchado por un embarazo de ocho meses y perforado por agujas que ella misma sostiene. Terrorismo mediático, como lo llama Natalia Garavano en Página/12, que demoniza a las mujeres que abortan por necesidad, generalmente en condiciones inseguras, en medio de una pobreza y una confusión desesperantes.

Esta clase de campañas de shock se basan invariablemente en falsedades: por ejemplo, la idea de que todas las mujeres que han abortado sufren de trastornos psicológicos (un supuesto “síndrome post-aborto” que no es reconocido por ninguna organización médica) y la imagen de una mujer que aborta cuando su embarazo está avanzado, matando a un feto que es ya un “bebé” (en este mismo tema se inscriben las imágenes de fetos descuartizados y ensangrentados, presentados como abortos provocados, cuando en realidad se trata de abortos espontáneos o de muertes fetales en etapa tardía).

La campaña fotográfica es auspiciada por la diputada del “partido evangélico” Valores para mi País, la infame Cynthia Hotton que lideró la lucha contra el derecho de las parejas homosexuales a casarse.

viernes, 18 de marzo de 2011

Terremotos, tsunamis, religiones y otras catástrofes (A229)

Hoy se cumple una semana del gran terremoto de Tōhoku y el subsiguiente tsunami que barrió con las costas del noreste de Japón y causó, además de la muerte de miles de personas y el desplazamiento forzado de decenas de miles, una crisis —que en este momento está aún por resolverse— en la central nuclear Fukushima I.

A medida que pasaban las horas la información disponible se multiplicaba, y con ella el amarillismo y las opiniones catastrofistas. Yo seguí con avidez el desarrollo de los hechos, traté de llevar calma a mi pequeño rincón de la vida real y de las redes sociales, y me quedé esperando la segura aparición de los repartidores de culpas: esa gente de poco seso y menos empatía que es atraída por las tragedias porque éstas les dan la oportunidad de pontificar sobre lo que a ellos les interesa.


El primero de estos buitres que descendió sobre el desastre fue un pastor pentecostal coreano, Cho Yong-gi. En sus propias palabras: “Me temo que este desastre puede ser de las advertencias de Dios contra el ateísmo de los japoneses y el materialismo. Espero que esta serie de eventos conduzca a los japoneses a volver sus ojos hacia Dios.” Desde luego, no tardaron en aparecer quienes dijeron que Cho no es un verdadero cristiano, porque ningún cristiano diría algo tan horrible.

Poco después, buscando, llegué al nido de otro buitre, el sitio web pomposamente llamado “Embajada del Reino de los Cielos”, en el que compara la destrucción causada en Japón (y antes en Haití y otros lugares) con la leyenda bíblica de Sodoma y Gomorra, destruidas por Dios con una lluvia de fuego y azufre a causa de su inmoralidad. Japón fue castigado, dicen, por su nivel de prostitución, la pornografía infantil incluida en el manga, y la inmoralidad en los videojuegos. Lo mejor de todo está al final: una actualización del post aclara que “los primeros comentarios emitidos en este articulo son consecuencias del ataque de una pagina atea, anticristiana, intolerante, obtusa y cerrada no abierta a escuchar sino a encapricharse en sus razonamientos”. Espero que mis lectores sepan ganarse sus propios calificativos desagradables de parte de esta gente.

Un tercer buitre, nada menos que el gobernador de Tokyo, Shintarō Ishihara, hizo lo suyo afirmando en una conferencia de prensa que “la identidad del pueblo japonés es el egoísmo, y debe de aprovechar el tsunami como un medio de lavar su codicia… realmente creo que fue un castigo divino”. Tuvo que retractarse.

Buitres de una clase ligeramente diferente aprovecharon los despojos no para pontificar sobre la ira de Dios, sino —irónicamente— para hablar sobre su bondad, aunque con una sutil advertencia. Según algunos católicos, Dios preservó el lugar de una aparición de la Virgen de las consecuencias del terremoto:
El santuario de Akita, lugar de las apariciones de 1973 y cercano al epicentro, quedó a salvo
Allí la Virgen anunció a la religiosa Agnes Sasagawa grandes catástrofes si el mundo no hacía penitencia.
Según esta leyenda, la hermana Sasagawa recibió tres mensajes de la Virgen María mientras era postulante en el convento de las Siervas de la Eucaristía en Akita, en el norte de Japón. Los mensajes eran lugares comunes del misticismo católico: que la inmoralidad invadiría al mundo, que la Iglesia sería atacada, y que “si los hombres no se arrepienten y mejoran, Dios Padre aplicará un terrible castigo sobre toda la humanidad… mayor que el Diluvio bíblico… Caerá fuego del cielo y barrerá a gran parte de la humanidad, a los buenos tanto a como los malos…” (¡cuánta justicia!).

En la Catholic News Agency (contrapartida en inglés de nuestra familiar ACI) la noticia apareció como “Epicentro del terremoto japonés cerca de sitio de aparición mariana”. Parece probable que esta haya sido la fuente.

El único pequeño problema con esto es que Akita está a casi 250 km del epicentro y del otro lado de la isla de Honshū. El tsunami nunca llegó allí; el terremoto causó daños pero el terremoto no se sintió con toda su fuerza. Por otra parte, el territorio de la diócesis de Sendai, que comprende las prefecturas de Aomori, Iwate, Miyagi y Fukushima, recibió un castigo terrible. Nuestra Señora de Akita, como los dioses tribales y de las ciudades-estado de la Antigüedad, parece tener poder sólo a nivel local.

Para no darles espacio exclusivo a los buitres, quiero recordarles que podemos ayudar a Japón donando aunque sea un poco de dinero a través de la Cruz Roja o (si prefieren) a través de la iniciativa de la Fundación Richard Dawkins, Non-Believers Giving Aid (ir hasta el final de la página y elegir, da lo mismo una bandera que otra). No quedemos mal, que el Papa, tan sacrificado él, ha donado cien mil dólares. Habrá tenido que empeñar unos cuantos de esos cálices de oro de los que tanto le gusta beber…

miércoles, 12 de enero de 2011

Xuxa y la mala imagen de Satanás (A222)

Un diario dependiente de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que había acusado a Xuxa de haber vendido su alma al demonio, tendrá que indemnizarla con unos 90 mil dólares por haber dañado su imagen. El diario argumenta que esos comentarios sobre el satanismo de la popular animadora (como otros que hablaban de los “mensajes satánicos” incluidos en sus canciones) ya habían sido reproducidos en otros medios.
Sin embargo, la justicia dispuso que la empresa deberá publicar en su próxima portada un mensaje diciendo que Xuxa “tiene profunda fe en Dios y respeta todas las religiones".
 El castigo monetario es correcto, por supuesto, ya que objetivamente a ninguna figura pública (que no sea miembro de un grupo de death metal o similar) le puede convenir ser asociada con el Príncipe de las Tinieblas. Que haya gente que se tome esto en serio es indicativo de la locura colectiva en la que vivimos: no digamos la existencia del demonio o de un gran ser maligno, llámese como se llame, sino la idea de que uno puede literalmente vender su alma y recibir de este ser maligno cien millones de dólares. ¿De dónde? ¿El Diablo tiene una máquina para hacer billetes? ¿Los transportó mágicamente desde una bóveda bancaria?

También es bastante triste que el diario se vea obligado a reafirmar las convicciones religiosas de Xuxa, que a nadie deberían importarles. Sobre todo porque es mentira: es bastante seguro, si tiene algún discernimiento, que Xuxa no respete todas las religiones. Cuanto menos no creo que respete la absurda y explotadora teología de la Iglesia Universal del Reino de Dios, conocida también como la “Iglesia Pare de Sufrir”, que vende todo tipo de chucherías mágicas a sus fieles bajo engaños y que está presidida por un delincuente de guante blanco al que nadie parece poder detener.

Es una lástima que Xuxa deba disculparse y agachar la cabeza ante la superstición popular. Creo que a todos nos gustaría más que fuera aunque sea un poquito satanista.