domingo, 15 de enero de 2012

“Soy ateo, pero…”

Varias críticas negativas comenzaban con la frase, que hace tiempo aprendí a considerar ominosa, “Soy ateo, PERO…”. Como Daniel Dennett notó en Breaking the Spell, un número desconcertantemente grande de intelectuales “tienen fe en la fe” aunque no posean fe religiosa ellos mismos. Estos creyentes de segunda mano suelen ser más celosos que los de verdad, y su celo es amplificado por una amplitud mental destinada a congraciarse con el otro: “Lamentablemente no puedo compartir tu fe, pero la respeto y simpatizo con ella.”

Richard Dawkins, prefacio a la edición paperback de The God Delusion.