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jueves, 3 de mayo de 2012

¿Dawkins el teólogo?

Un apologista católico, Bruno Moreno Ramos, escribe en su blog Espada de doble filo, en InfoCatólica, con tono falsamente ligero, molesto porque “en el Museo de Ciencias Naturales” (vaya a saber de qué lugar) donde ha llevado a los niños a pasear se ha encontrado con “multitud de animales disecados, desde minúsculos escarabajos hasta elefantes y rinocerontes”, y “esqueletos”, hasta incluso el de una ballena azul, pero además de tan edificantes objetos, hay al final del recorrido una pequeña librería con libros de Richard Dawkins.
… observé con sorpresa que vendían nada menos que cinco libros de Dawkins. Es decir, un número enorme en comparación con el pequeñísimo tamaño de la librería, que no sé si igualaría algún otro autor.

Los libros que se vendían de Dawkins eran:

- El gen egoísta
- El espejismo de Dios
- El cuento del antepasado
- La magia de la realidad (para niños)
- Evolución

Resulta llamativo que alguien no se dé cuenta de que estos libros no pintan nada en una colección de libros científicos, porque son libros de Teología.
Dice el dicho que el que sólo tiene un martillo ve todos los problemas como clavos. La única herramienta que parece tener Moreno Ramos en su caja mental es la pseudofilosofía llamada teología, que a partir de una presunción totalmente sin base construye majestuosas catedrales de pensamiento con apariencia de profundo saber.

El espejismo de Dios (horrible título con el que se tradujo The God Delusion al castellano) no tiene mucho que hacer en la pequeña librería de un museo de ciencias naturales, aunque no está de más su capítulo dedicado exclusivamente a la refutación del creacionismo. No he leído La magia de la realidad, pero todas las reseñas que he visto excepto las de fanáticos religiosos y de los blandos y románticos defensores del mito dicen que es bueno y aconsejable para los niños: muestra cómo distintas mitologías, la cristiana incluida, explican o explicaron preguntas acuciantes como la creación del mundo, la aparición y variedad de la vida, o el mecanismo del rayo. Tampoco sé qué libro será Evolución: Dawkins jamás escribió uno con ese título. Evolución es como llamaron en la edición castellana a The Greatest Show on Earth, que es una lista completísima y muy amena de evidencias de la evolución.* El gen egoísta es viejo pero muy bueno, no para los niños, obviamente, debido a su nivel. El cuento del antepasado es una obra maestra. Ninguno de estos últimos, como tampoco los muchos otros libros que Dawkins escribió con excepción de El espejismo…, dedican más que notas marginales, si acaso, a la cuestión de si Dios existe o no.

Pero estoy seguro de que Bruno Moreno Ramos, quizá instruido por su confesor o simplemente llevado por su prejuicio irracional, no ha leído ni uno solo de estos libros, o a lo más los ha hojeado con displicencia. Ni Dawkins, más famoso por su ateísmo que por su mucho mayor y mejor producción científica, ni su archirrival el extinto Stephen Jay Gould, más conciliador a nivel religioso, dieron jamás lugar a Dios en sus planteos científicos, aunque ambos lucharon denodadamente contra la plaga oscurantista del creacionismo, de raíz cristiana evangélica principalmente. La Iglesia Católica, sin embargo, también impulsa una teología creacionista, de aspecto más sofisticado pero basada en la misma premisa indemostrable: que Dios dirige la evolución. El catolicismo no puede escapar de esto porque de lo contrario estaría ante un dios indistinguible de la nada e indiferente al sufrimiento de sus criaturas.

Sin conocimiento alguno de la ciencia, Moreno Ramos —¡igual que tantos otros!— descarta la ciencia de Dawkins porque la ciencia, sin esfuerzo ni intención explícita, acorrala a su dios en un lugar pequeño y cada vez más irrelevante. Una lástima por él y por sus hijos.


* Gracias a los lectores que corrigieron mi error, cometido por puro apresuramiento.

jueves, 23 de febrero de 2012

domingo, 15 de enero de 2012

“Soy ateo, pero…”

Varias críticas negativas comenzaban con la frase, que hace tiempo aprendí a considerar ominosa, “Soy ateo, PERO…”. Como Daniel Dennett notó en Breaking the Spell, un número desconcertantemente grande de intelectuales “tienen fe en la fe” aunque no posean fe religiosa ellos mismos. Estos creyentes de segunda mano suelen ser más celosos que los de verdad, y su celo es amplificado por una amplitud mental destinada a congraciarse con el otro: “Lamentablemente no puedo compartir tu fe, pero la respeto y simpatizo con ella.”

Richard Dawkins, prefacio a la edición paperback de The God Delusion.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Hitchens, Dawkins y la estridencia

(Preparé este artículo hace un par de días para publicarse hoy. La conversación de Christopher Hitchens con Richard Dawkins para la revista New Statesman, que aquí comento, resultó ser la última entrevista. Hitchens murió ayer, 15 de diciembre, en Texas, a causa de una neumonía, a la edad de 62 años. Lo que sigue quedará tal cual como lo escribí originalmente.)

Pensaba escribir sobre esto y De Avanzada se me adelantó, pero escribiré de todas formas, porque quisiera agregar una reflexión personal. Se trata de una conversación o entrevista entre Richard Dawkins y Christopher Hitchens: ambos famosos como ateos militantes, provenientes de campos distintos de experiencia y con visiones a veces opuestas, pero siempre interesantes.

Dawkins y Hitchens. Foto: Michael Stravato, para New Statesman.
Dawkins es el editor invitado del especial de Navidad de la revista New Statesman, una publicación británica de izquierda, en la que Hitchens escribió durante un tiempo. Hitchens está físicamente muy débil luego de un largo tratamiento contra el cáncer de esófago (cuyo pronóstico es definitivamente malo en el corto plazo) pero perfectamente lúcido y sólo atemorizado, según dice, por la posibilidad de que su enfermedad le quite la capacidad de escribir. New Statesman ha ofrecido breves extractos de la conversación; hay que comprar la revista para leer el resto, pero lo poco que se puede ver es ya delicioso. Hoy quisiera comentar la primera parte, en la que Hitchens aconseja a Dawkins no callarse lo que desea decir:
Dawkins: Una de las cosas que más me irritan de la religión es la manera en que se etiqueta a los niños como “un niño católico” o “un niño musulmán”. Me he puesto un poco pesado con ese tema. (Dawkins de hecho repite esta queja con frecuencia, explicando que un niño no tiene madurez para profesar una religión o ideología. Debería decir “un hijo de padres católicos” o “una niña con padres musulmanes”, por ejemplo.)
Hitchens: Nunca debes temerle a esa acusación, ni tampoco a la estridencia. (La palabra inglesa strident, “estridente, de sonido duro o discordante”, es una de las más aplicadas a Dawkins por sus críticos.) 
La fuerza de la artillería retórica de Hitchens es ya conocida y justamente temida por sus oponentes en debate. Dawkins es de hecho mucho más moderado que Hitchens y la acusación de estridencia es casi siempre falsa. Como el mismo Dawkins ha señalado, mucho peores cosas que las que él dice sobre la religión se escriben todos los días en críticas literarias, de películas o de locales gastronómicos, sin que nadie haga un escándalo por ello. Sólo la religión queda socialmente exenta de críticas, debiendo ser protegida como si la fe de los creyentes fuera una frágil figura de porcelana que pudiera quebrarse al menor golpe.

La primera observación de Dawkins es también muy pertinente. Los creyentes que no reaccionan a la crítica con furiosa indignación, exigiendo “respeto” a sus creencias (pero nunca explicando por qué lo merecen), pueden en cambio recurrir a una postura de fingida superación. Qué aburrido que es Dawkins, qué poco originales estos “nuevos ateos”, al venir contra la religión siempre con los mismos argumentos, algunos de corrección política, otros propios del positivismo del siglo XIX. La religión es más compleja que los crudos reclamos de evidencia empírica de la ciencia; la teología moderna es sofisticada y ya no discute sobre Dios como si fuera un señor con barba sentado en una nube. Y así en esa misma vena.

Ante esto Hitchens le recomienda certeramente a Dawkins: no temas, Richard, que te acusen de ser aburrido o de repetirte. Hay cosas que no pueden negociarse. Quien ha estudiado biología sabe que las especies evolucionan y no puede tolerar que otros engañen a sus hijos en la escuela enseñándoles que Dios nos creó hace unos pocos miles de años. Quien sabe de historia sabe que el Holocausto ocurrió y no puede tolerar que se propale la mentira negacionista. Los que creemos en la libertad de expresión como derecho sabemos que constantemente está amenazada y que se debe luchar por ella todos los días, porque ningún derecho conquistado se mantiene solo. Hay hechos ciertos y causas que son moralmente correctas y nadie debería cansarse de defenderlas.

Si los argumentos contra la religión son viejos o repetidos, ocurre simplemente que los contraargumentos, falacias y sofismas a los que nos enfrentamos son también viejos y repetidos. ¿En qué ha cambiado el cristianismo en los últimos cien años? Muy poco y siempre obligado por la presión externa. El cristianismo sigue igualando sexo y género y asignando a cada sexo un rol fijo, tocándole a la mujer un lugar inferior y de obediencia. Sigue despreciando el placer y ensalzando el sufrimiento y el sacrificio. Sigue pidiendo a los fieles que respeten la autoridad y no cuestionen la tradición. Sigue promoviendo la incultura por sobre la intelectualidad, el oscurantismo y los fetiches de la “fe popular” por sobre la exploración madura de la espiritualidad. Christopher Hitchens lo sabe bien y por eso no teme repetirse. Algo me dice que no va a dejar de gritar su verdad hasta el último minuto en que pueda hacerlo.

sábado, 9 de julio de 2011

Alerta Religión tiene nuevo logo

Como ya habrán notado si han entrado al blog a leer esta nota, Alerta Religión ha cambiado de logo. El logo anterior, aunque era más inclusivo, también era mucho más complejo, y eso hacía difícil utilizarlo como ícono, incluso en forma resumida, en las redes sociales. La versión que ilustra el tope de la página del blog se complementa con la versión icónica, más reducida y sin texto, que pueden ver aquí a la derecha.

En el nuevo logo desaparecen las religiones (y las pseudorreligiones) menos comunes o menos relevantes, y quedan representadas aquellas que más me han ocupado durante estos años. El judaísmo es minoritario a nivel mundial y también en Argentina —desde donde escribo—, pero no podía obviarlo como religión madre de las que llamamos abrahámicas. Del cristianismo no hace falta hablar… El islam tiene una influencia cada vez mayor a nivel geopolítico y no podía soslayarlo. Pero la intención de poner ahí a la mujer con su burqa no era sólo aludir al mundo musulmán sino a temas comunes a todas las religiones: el sometimiento de la mujer, la negación de los atributos y deseos del cuerpo, la restricción forzada de la visión.

Este último punto me recuerda también el último capítulo de The God Delusion, de Richard Dawkins, titulado precisamente “La madre de todas las burkas”, donde compara nuestras capacidades sensoriales con un velo que sólo nos permite ver una pequeñísima fracción de la realidad, un velo que la ciencia y la tecnología han podido rasgar. Las religiones no sólo restringen y distorsionan nuestra visión moral y ética —por ejemplo, elevando a mandamiento la sumisión a un dios inexistente, o calificando de inmorales acciones que no dañan a nadie—, sino que también han estado en contra de la ampliación de nuestra visión de la realidad a través de la ciencia siempre que esa ampliación implicase una amenaza a sus doctrinas. Detrás de esa burqa no está sólo el ícono de una mujer musulmana: estamos, en potencia, todos nosotros.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ratzinger y el ateísmo nazi (parte 3)

Poco tengo que añadir al tema del vínculo falso que el papa Joseph Ratzinger ha querido hacer entre el ateísmo y el totalitarismo nazi. El tiro le ha salido por la culata. Su visita a Gran Bretaña será recordada como una pesadilla de relaciones públicas, marcada por protestas multitudinarias como no se habían visto (que yo recuerde) en ningún otro lugar.

Este post lo dedico a los comentarios aparecidos en otros blogs. En particular, Su Nombre en vano le ha dedicado tres muy buenos: uno con varias buenas fotos de la protesta y con el video del encendido discurso de Richard Dawkins (cuya traducción y subtitulado debemos a krisangel23) donde desmonta la mentira de Ratzinger y lo llama “enemigo de la humanidad”, otro más sobre la protesta, y uno centrado específicamente en Hitler y los nazis.

Piensa… luego existe también recoge el video de Dawkins, al igual que Sin Dioses, que nos brinda una transcripción y tiene un interesante análisis del falaz concepto de extremismo ateo.

La revolución naturalista titula lapidariamente “El libelo de Ratzinger contra los ateos es inmoral y contrario a la razón” y analiza las relaciones entre las creencias religiosas del pueblo alemán y de Hitler y el ascenso del nazismo.

Andrés Diplotti nos obsequia, en La pulga snob, con un fino comentario ilustrando la actitud de los que hablaron de “laicismo agresivo” sólo porque alguien se atrevió a tratar al Papa no como un ser especial y único al que hay que excusarle todo, sino como una persona como cualquiera. (Entre estos indignados defensores de Ratzinger ha habido unos cuantos ateos.)

Jesus and Mo también discuten (en inglés) el tema de cómo los ateos, laicistas y en general los que criticamos fuertemente la intolerancia predicada por el Papa somos parecidos a los nazis.

Y hay más, claro está, pero ya basta de prestarle atención a este viejo mentiroso e intolerante.…

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ratzinger y el ateísmo nazi (parte 1)

El revisionismo histórico católico suele vincular el ateísmo con los regímenes dictatoriales y totalitarios del siglo XX. El vínculo es discutible en el caso de Stalin, Mao y Pol Pot (asunto que no viene al caso dilucidar aquí), pero no se sostiene con Franco, con los Duvalier ni con las dictaduras latinoamericanas. La herramienta favorita de los mentirosos, sin embargo, es Adolf Hitler y el nazismo.

Joseph Ratzinger (alias Benedicto XVI) está de visita en el Reino Unido. En su discurso en Edimburgo, apenas llegar, habló de la “tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad” y dijo:
“Al reflexionar sobre las lecciones sobrias del ateísmo extremista del siglo XX, no olvidemos nunca cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud de la vida pública lleva últimamente a una visión truncada del hombre y la sociedad.”
Hace diez años, el papa Juan Pablo II quiso manchar al ateísmo con la acusación de ser responsable del Holocausto. En el mausoleo de Yad Vashem, en Jerusalén, dijo una vez: “Sólo una ideología sin Dios puede planificar y ejecutar el exterminio de todo un pueblo.” A los judíos que saben algo de historia les debe constar que esto es patentemente falso; donde más sufrieron, antes del siglo XX, debe haber sido en la España de los Reyes Católicos y en sus muy devotas colonias americanas, donde el antisemitismo de raíz cristiana perdura, como así también en la Europa protestante, forjada por aquel Lutero que escribió todo un tratado “Sobre los judíos y sus mentiras”, y en la ortodoxa, piadosisíma Rusia zarista, que legó a la historia la palabra pogrom. El antisemitismo brota fértil de aquella pretendida admisión de culpa del pueblo judío por la muerte de Jesús (“Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”) en el Evangelio de San Mateo, y de las culpas implícitamente cargadas a “los judíos” por San Juan.

El mito del ateísmo de Hitler y del nazismo está tan arraigado que es inútil repetirles a los propagandistas católicos y sus víctimas ignorantes lo que es archisabido y comprobable con una simple búsqueda en Internet o en cualquier libro de historia: que Hitler fue bautizado y criado como católico, que el nazismo daba lugar a un conglomerado difuso de cristianismo y religiosidad pseudopagana, que la Iglesia Católica pactó con un Concordato con Hitler, que Hitler proclamó públicamente su deseo de exterminar a los movimientos ateos, que la educación religiosa fue obligatoria en Alemania por su orden, que los soldados alemanas llevaban la divisa Gott mit uns (“Dios con nosotros”), y finalmente —pero no menos importante— que la inmensa mayoría de los votantes que llevaron al nazismo al poder, la mayoría de los soldados que lo sostuvieron y la mayoría de los que ejecutaron el Holocausto eran protestantes o católicos. Conviene, sin embargo, tener claros estos hechos, para no dejar pasar ni una vez esta clase de calumnias.


Entre diez y veinte mil personas protestaron contra la visita del Papa en Londres este sábado. Richard Dawkins dio un discurso fervoroso contra sus manifestaciones anti-ateas y distorsivas de la historia. La prensa católica y el mismo Ratzinger están haciendo un papel lastimoso, comparando la crítica y el ridículo a los católicos con un “martirio” y llamando al papa “valiente” (como si viajar a todo lujo, con operativo de seguridad y gastos pagos por un país donde no se permite a ningún opositor a él acercarse a menos de un kilómetro requiriera algún coraje).

Gran Bretaña es un país poscristiano, secularizado, donde prima el indiferentismo o la espiritualidad liviana y el ejercicio público y fervoroso de la religión es considerado una rareza. A los británicos no les gusta que un fanático religioso con chapa de jefe de estado les venga a enseñar una versión revisada de la terrible historia que vivieron en carne propia. Creo que Benedicto XVI se ha encontrado al fin, para variar (y bienvenido sea) con gente que no va a tolerar sus mentiras.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Por qué debemos hablar contra la religión

“Los debates sobre el rol de la religión se vuelven, con mucha facilidad, introspectivos y académicos, pero realmente esto importa. Todos los días, en todo el mundo, millones de seres humanos como nosotros resultan disminuidos por la religión: una religión que quizá los obliga a mutilar a sus hijos, cubrirse el cabello o la cara, permanecer callados cuando tienen mucho más que decir que los que los reprimen, ceder control sobre su reproducción, donar dinero que no pueden permitirse, obedecer y someterse a sus inferiores, negar la realidad, renunciar a la educación, cerrar sus mentes, rechazar un tratamiento médico apropiado, sufrir innecesariamente, sentirse abrumados por una culpa sin sentido, y vivir bajo el espectro de la tortura eterna. Todos los días la religión trabaja buscando nuevas víctimas entre los jóvenes, los enfermos, los pobres y los desposeídos, los viejos: todos los que son débiles y vulnerables son un blanco legítimo a los ojos de la religión.

— Richard Dawkins, en un mensaje de apoyo al blog Young Freethought (“Librepensamiento Joven”), publicado allí el 6 de diciembre de 2009.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Benefactores de la humanidad

El régimen de exención impositiva es de fácil obtención para cualquier organización religiosa. Las organizaciones que no son religiosas tienen que trabajar extra para demostrar que benefician a la humanidad. Recientemente establecí una fundación caritativa destinada a promover “la Razón y la Ciencia”. Durante las prolongadas, extremadamente caras y finalmente exitosas negociaciones para obtener el régimen de organización benéfica, recibí una carta de la British Charity Commission con fecha 28 de septiembre de 2006 que contenía lo siguiente: “No está claro cómo la promoción de la ciencia tiende hacia el mejoramiento mental y moral del público. Sírvase brindarnos evidencia de esto, o explique cómo se vincula al progreso del humanismo y el racionalismo.” De las organizaciones religiosas, por contraste, se asume que benefician a la humanidad sin que tengan ninguna obligación de demostrarlo e incluso, aparentemente, cuando están activamente comprometidas con la promoción de falsedades científicas.

— Richard Dawkins (The Greatest Show on Earth, apéndice)

viernes, 22 de mayo de 2009

Justificación por la fe

La fe ciega puede justificar lo que sea. Si un hombre cree en un dios diferente, o incluso, si usa un ritual diferente para adorar al mismo dios, la fe ciega puede decretar que debe morir — en una cruz, empalado, atravesado por la espada de un cruzado, con un disparo en una calle de Beirut, o dinamitado en un bar en Belfast. Los memes de la fe ciega tienen sus propias formas inmisericordes de propagarse a sí mismos. Esto es cierto en la fe ciega patriótica y política al igual que en la religiosa.

Richard Dawkins, El gen egoísta

martes, 12 de mayo de 2009

La Respuesta del Cortesano


PZ Myers
He aquí algo que quiero compartir a título informativo y porque quizá alguna vez necesite referirme a ello. Se trata de una analogía sarcástica creada por PZ Myers, el famoso blogger de Pharyngula, y abrazada luego por Richard Dawkins. Se llama "La Respuesta del Cortesano" (en inglés, The Courtier's Reply). Encontré una versión traducida en BilbaoPundit pero no me satisfizo mucho, por lo cual la he reescrito bastante.
He considerado las impúdicas acusaciones del Sr. Dawkins con exasperación ante su falta de seriedad académica. Al parecer no ha leído los detallados discursos del Conde Rodrigo de Sevilla sobre las exquisitas botas de cuero del emperador; tampoco ha concedido un solo momento de consideración a la obra maestra de Belllini, Sobre la luminiscencia del sombrero emplumado del emperador. Tenemos escuelas enteras dedicadas a escribir cultos tratados sobre la belleza de la indumentaria del emperador, y todos los grandes periódicos dedican una sección a la moda imperial; Dawkins los rechaza a todos despreciativamente. Incluso se ríe de los populares y persuasivos argumentos de su compatriota, Lord D. T. Mawkscribber, quien famosamente señalara que el emperador no llevaría algodón común, ni confortable poliester, sino que debe, y digo debe, llevar ropa interior de la más fina seda.

Dawkins ignora con arrogancia todas estas profundas ponderaciones filosóficas para acusar groseramente al emperador de desnudez.

Personalmente, sospecho que tal vez el emperador no esté completamente vestido (cómo, si no, explicar la desidia del equipo palaciego de lavandería), pero, bien, todos los demás parecen hablar siempre de sus ropas, y siendo que este buen hombre Dawkins es un advenedizo rudo que carece de la elegancia de mis circunloquios, yo, aun siendo incapaz de lidiar con la médula de sus acusaciones, debo al menos reprenderlo por sus malas maneras.

Hasta que Dawkins se haya entrenado en las tiendas de París y Milán, hasta que haya aprendido a describir la diferencia entre un vestido con vuelo y una minifalda, todos debemos suponer que él no ha hablado en realidad contra el gusto del emperador. Su entrenamiento en biología tal vez le dé la capacidad de reconocer unos genitales colgando cuando los ve, pero no le ha enseñado cómo apreciar realmente los Tejidos Imaginarios.
La versión original, The Courtier's Reply, está en un post ya clásico de Pharyngula, del día 24 de diciembre de 2006, y ha provocado y sigue provocando reacciones en la blogosfera hasta el día de hoy. En la RationalWiki ya tiene una entrada propia, Courtier's reply, como respuesta estandarizada a un planteo bastante común de ciertos teístas ante cierto tipo de argumentos ateos.

Los más jóvenes quizá no reconozcan la referencia literaria... Yo leí por primera vez "El traje nuevo del emperador", de Hans Christian Andersen, en un viejo libro de cuentos infantiles con hojas grandes, satinadas, y hermosas ilustraciones, y seguramente nunca, entonces ni hasta el momento en que leí la analogía de Myers, pensé que podría aplicarse a la discusión sobre la existencia y atributos de Dios.

Myers reaccionaba ante críticas contra The God Delusion (El espejismo de Dios) de Dawkins, que acusaban a este último de "no confrontar con el pensamiento religioso con un mínimo de seriedad", despreciando siglos de teología y filosofía de la religión dedicada a hablar de la divinidad, y atacando sólo a las expresiones más burdas o más extremas de la religión. Si bien en parte esta actitud puede justificarse diciendo que la verdadera religión (la que importa en la práctica) es su expresión popular y no las complejas abstracciones de los teólogos, queda en pie cierto tufillo de deshonestidad: se puede argumentar que si uno escribe un libro entero dedicado a atacar una posición, debe lidiar con las formas más fuertes de esa posición y no con las más débiles y sencillas de demoler. De lo contrario, dicen los críticos, se está utilizando el infame hombre de paja, haciendo ver al adversario como lo que no es.

Otra forma de ver el problema es considerando la siguiente pregunta: ¿merece consideración alguien que ataca la idea de otro sin haber escuchado todo lo que tiene para decir? O bien, ¿tienen valor las opiniones sobre un determinado tema de alguien que no ha estudiado ese tema con cuidado? Si la respuesta es no, se corre el riesgo de fomentar el elitismo académico (sólo los críticos de arte pueden hablar de las obras de arte; sólo los teólogos pueden discutir sobre Dios). Si la respuesta es sí, el peligro es "popularizar" tanto las cuestiones que se desvaloriza el estudio y la labor del profesional.

Basándose en esta clase de cosas, a Dawkins lo han llamado un ignorante, antiintelectual, burdo y agresivo... tal como lo satiriza la Respuesta del Cortesano. Dawkins ha recibido esta clase de críticas incluso de ateos y agnósticos que están de acuerdo con él en casi todo lo demás; pero ciertos creyentes sofisticados y moderados han reaccionado con tanta indignación retórica como el cortesano al que se le hace notar que su emperador no tiene ropa encima.

Los argumentos presentados contra Dawkins resultan en algunos casos atendibles. Pero lo que estos cortesanos de Dios no han podido hacer ahora ni jamás es probar que el emperador no está desnudo, vale decir, que Dios existe y que por lo tanto toda la superestructura teológica montada sobre él tiene sentido. (Para esto, además, hay que dar a Dios una definición más o menos clara; no sirven los conceptos nebulosos o excesivamente abiertos.)

El fenómeno religioso sin duda existe, y quizá Dawkins no lo trata como debiera, o lo simplifica excesivamente (aunque hay otros autores que se encargan de él con mayor detalle). Pero la cuestión central sigue sin dirimirse: si no existe Dios (tal como lo conciben las religiones abrahámicas, el blanco principal de Dawkins), entonces el fenómeno religioso tiene tanta base de sustentación fáctica como la pasión de los trekkies o de los fanáticos de El Señor de los Anillos; ni todos los tratados de teología juntos pueden cambiar eso, y esta incapacidad es obvia aunque uno no tenga estudios superiores.

La Respuesta del Cortesano no es un argumento lógico, sino más bien una forma de expresar en términos sencillos lo que un cierto tipo de personas sentimos ante los argumentos de los "expertos en Dios". No busca convencer, sino dar a entender. En este sentido puede ser debatido pero no puede ser refutado, como suele ocurrir con todas las creaciones fantásticas de la mente humana... incluyendo al mismo Dios.

sábado, 14 de febrero de 2009

El poder de la fe


La fe es suficientemente poderosa para inmunizar a las personas contra toda apelación a la piedad, al perdón, a los sentimientos humanos decentes. Incluso las inmuniza contra el miedo, si honestamente creen que una muerte de mártir las enviará derecho al cielo.

Richard Dawkins, El gen egoísta
(escrito en 1976... mucho antes de 2001)

miércoles, 29 de octubre de 2008

Alerta 53: El bus ateo por las calles de Londres

Es probable que Dios no exista. Ahora deja de preocuparte y disfruta la vida.
Los que estamos en el asunto ya lo sabíamos, pero ahora hasta Rosario3 publica la noticia: ¿Dios existe? Publicidad atea interpela a los pasajeros de bus en Londres. Llamativamente, la publican en la sección "¿EN SERIO?", cuyo título es sarcásticamente retórico, como si poner un anuncio motivacional sobre Dios en un ómnibus fuera algo ridículo.

El caso sin duda les parece desconcertante a los editores porque el anuncio planeado para circular por las calles de Londres en su flota de buses urbanos pone las cosas en negro sobre blanco en un terreno donde casi nadie se permite hacer tal cosa, por temor a ser calificado de cerrado, intolerante, insensible o simplemente bruto. Se trata de una idea que comenzó con una persona y se convirtió en una causa para una asociación humanista. La campaña recaudó más de 80.000 libras (¡como 100.000 euros!) en donaciones, mucho más de las 5.500 que se habían propuesto, y ahora están pensando qué hacer con la plata que sobra; probablemente pague anuncios en otros lugares de Gran Bretaña.

¿Se podría hacer algo así en Argentina? ¿Pondrían objeciones las empresas de colectivos? ¿Se presentarían recursos de amparo, acusaciones de discriminación? Imaginamos lo que dirían los obispos católicos, que se caracterizan por su total falta de humor y poca tolerancia al disenso, pero ¿qué diría la gente común?

Adivino que ver pasar un colectivo con una leyenda como la de arriba provocaría conversaciones, pero dudo que fueran muy interesantes o profundas. En Argentina es común no practicar religión alguna, cumplir con ritos formales unas pocas veces en la vida (bautismo, casamiento, funeral) y vivir como si Dios no existiera o como si "Dios" fuera sinónimo de buena suerte o algo incluso más fantasmal, pero fuera de ciertos círculos el ateísmo es algo exótico, como ser vegetariano o budista. El argentino promedio urbano de clase media es católico nominal o judío no practicante y no piensa mucho en Dios ni le dedica tiempo, pero está bastante seguro de que existe. No le importa que otros piensen distinto en este apartado, pero le choca si se lo dicen en la cara, y estoy seguro de que le chocaría un poco y lo desconcertaría terriblemente constatar que existen personas que pagarían por expresar públicamente la idea de que quizá Dios no sea una presencia obvia. Y ni hablar si tratan de convencerlo.

Me aventuro a asegurar que el 99% de los argentinos creyentes jamás ha pensado en Dios en profundidad, ni tampoco en el porqué de sus creencias. Casi todos mis amigos se dicen católicos, pero dicen que "no creen en la Iglesia", como si fuera posible una cosa sin la otra, y evidentemente no han parado a razonar jamás que la existencia de la Iglesia es la causa última de que ellos crean en Dios. Si las iglesias de todo tipo (por medio de sacerdotes, pastores, rabinos, catequistas, maestros de religión) no hubieran adoctrinado desde pequeños a la mayoría de nuestros antepasados, formando así una cultura embebida de supernaturalismo que acepta crédulamente la existencia de entidades invisibles, ninguno de nosotros creería en Dios, ni en la Virgen María, ni nada similar. Posiblemente habría otros ídolos, otras creencias, otras supersticiones, pero no Dios tal como lo conocemos, el Dios judeocristiano que nos ama y nos amenaza con el infierno, que nos observa todo el tiempo pero necesita que le recemos para enterarse de nuestros problemas.

Sería bueno desparramar esta inquietud y este desconcierto por las calles de una gran ciudad argentina, ver las caras de sorpresa, las sonrisas torcidas o cómplices, los gestos de rechazo, y sobre todo las miradas meditabundas de esa minoría que se toma tiempo para pensar en estas cosas, por sobre el ruido blanco de Maradona DT de la Selección Nacional o de los gritos de Tinelli o de las patéticas irrealidades de la inflación del INDEC o los bonos en Wall Street. Éste es un experimento que deberíamos hacer, pero para el que quizá no estemos preparados.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Imagine No Religion, por Richard Dawkins

Lo que sigue es una traducción (apenas libre) de un artículo escrito por Richard Dawkins en abril de 2006; se titula Imagine No Religion, como la canción de John Lennon.

Imagina, cantó John Lennon, un mundo sin religión. Imaginemos [un mundo] sin atacantes suicidas, sin un 11 de Septiembre, sin un 7 de Julio, sin Cruzadas, sin cazas de brujas, sin la Conspiración de la Pólvora, sin disputa sobre Cachemira, sin la partición India/Pakistán, sin guerras palestino-isralíes, sin masacres serbo-croata-musulmanas, sin los "Problemas" en Irlanda del Norte. Imaginemos que no existen talibanes que hacen volar estatuas antiguas, que dan latigazos a las mujeres por mostrar dos centímetros de piel desnuda, o que decapitan públicamente a blasfemos y apóstatas. Imaginemos [un mundo] sin persecuciones a los judíos; de hecho, sin judíos a quienes perseguir, puesto que sin religión hace tiempo que se hubieran fundido por vía de matrimonio con los pueblos que los rodean.

Por supuesto que las matanzas y persecuciones religiosas de hoy no están motivadas por disputas teológicas. Los pistoleros del IRA no matan protestantes (o viceversa) por desacuerdos sobre la transustanciación. El motivo más probable es venganza tribal. Fue uno de "ellos" quien mató a uno de "nosotros". "Ellos" expulsarion a "nuestros" tatarabuelos de nuestras tierras ancestrales. Los resentimientos son económicos y políticos, no religiosos, y las vendettas vienen de largo tiempo atrás.

Pero aunque los desacuerdos tribales en sí no tienen nada que ver con la religión, el hecho mismo de que haya dos tribus tiene todo que ver. Hay indudablemente distinciones tribales de origen genético o lingüístico, pero en Irlanda del Norte, ¿qué es lo que hay, sino religión? Lo mismo se aplica a India y Pakistán, Serbia y Croacia, y variadas regiones de Indonesia y África. La religión es la etiqueta de identidad y hostilidad de grupo más divisiva del mundo. Si un ingeniero social se propusiera crear un sistema para perpetuar las más bárbaras enemistades de hoy, no podría lograr una mejor fórmula que la educación sectaria. Escuelas religiosas que enseñaran cursos comparados de todas las religiones podrían hacer algún bien. Pero la misma razón de las escuelas religiosas es que los niños de "nuestra" tribu deben ser educados en su "propia" religión. Dado que a los niños de la otra tribu les están simultáneamente enseñando la religión rival, junto con (por supuesto) la versión rival de la historia dividida por vendettas, el resultado final es fácil de predecir.

¿Qué puede significar hablar de la religión de un niño? Imaginemos un mundo en el cual fuera normal hablar de un niño keynesiano, un niño hayekiano o un niño marxista. O imaginemos una propuesta para que el gobierno dé fondos a escuelas primarias separadas para niños laboristas, niños del Partido Conservador Tory, niños liberal-demócratas y niños del Monster Raving Loony Party? Todo el mundo concuerda en que los niños pequeños son demasiado jóvenes para saber si son keynesianos o monetaristas, laboristas o Tory; demasiado jóvenes para soportar la carga de tales designaciones. ¿Por qué, entonces, nuestra sociedad entera parece feliz de estamparle a un niño pequeño una etiqueta como católico o protestante, musulmán o judío? ¿No es eso, pensándolo bien, una forma de abuso psicológico infantil?

Presenté una vez este preciso punto de vista en un debate televisado con una vocera de la Iglesia Católica Romana. Se me ha olvidado su nombre, pero era probablemente una especie de consejera de gente en problemas, una incondicional de Thought for the Day. Cuando yo dije que un niño de escuela primaria era demasiado joven para saber si era un niño católico o un niño protestante, ella reaccionó: "¡Venga y hable con algunos de los niños de nuestra escuela católica local! Le puedo asegurar que ellos saben muy bien que son niños católicos." Por supuesto que sí; no tengo más remedio que creerlo. El orgulloso lema de los Jesuitas ("Dame al niño durante sus siete primeros años, y yo te daré el hombre") no es menos siniestro por el hecho de haberse vuelto familiar hasta el punto de convertirse en cliché.

Aun así, puede Ud. preguntar, ¿qué pasa si la religión es verdadera? (¿Qué pasa si mi religión particular es verdadera, debería Ud. decir, porque creencias mutuamente contradictorias no pueden ser todas verdaderas.) Seguro que la indoctrinación sectaria no sería abuso infantil si salvara el alma inmortal del niño, ¿no? A pesar de la complaciente presuntuosidad de esta afirmación, puedo entender que Ud. la adopte si cree sinceramente que tiene la verdad revelada por Dios. Permítame, por lo tanto, ser ambicioso si no es que presuntuoso, e intentar convencerlo a Ud. de que no tiene la verdad. ¡Su confianza en Dios es simplemente incorrecta!

¿Por qué cree Ud. en su Dios? ¿Porque le habla dentro de su cabeza? No me diga que eso es un argumento confiable. Los asesinatos del Destripador de Yorkshire le fueron ordenados por la voz de Jesús percibida en su cabeza. El cerebro humano es un alucinador consumado, y las alucinaciones no son buena base para creencias sobre el mundo real. Quizá Ud. cree en Dios porque la vida le sería intolerable sin él. Ése es un argumento aún más débil. Quizá la vida sea intolerable. ¡Mala suerte! Toda clase de cosas son intolerables, pero eso no las hace falsas. Puede ser intolerable estar muriéndose de hambre, pero uno no puede hacer comestible una roca creyendo, por más apasionada y sinceramente que sea, que la roca está hecha de queso.

De lejos la razón favorita para creer en Dios es el argumento de la improbabilidad. Nuestros ojos y esqueletos, corazones y neuronas, son demasiado improbables para haber surgido por casualidad. Las máquinas hechas por el hombre también son improbables, y son diseñadas por ingenieros para un propósito. Seguramente cualquier tonto puede ver que los riñones y las alas, los oídos y las células sanguíneas, deben estar diseñados para un propósito, por un supremo Ingeniero, ¿no? Bien, quizá cualquier tonto pueda verlo, pero dejemos de jugar a los tontos y crezcamos. Hace 146 años desde que Charles Darwin nos dio lo que es quizá la idea más inteligente que se le ocurriera a una mente humana. Nos demostró que hay un proceso por el cual las fuerzas naturales, sin ninguna planificación previa, pueden generar por pasos lentos y graduales una elegante ilusión de diseño, hasta niveles casi ilimitados de complejidad.

He escrito libros sobre este tema y obviamente no puedo repetir toda la argumentación en un artículo corto. Permítanme ofrecer sólo dos guías para el entendimiento. Primero, la falacia más común sobre la selección natural es que es una teoría de la casualidad. Si la selección natural fuera realmente un proceso casual, es totalmente obvio que no podría explicar la ilusión de diseño. Pero la selección natural, bien entendida, es la antítesis de la casualidad. Segundo, se dice con frecuencia que la selección natural hace innecesario a Dios, pero deja completamente abierta la posibilidad de su existencia. Creo que podemos ir más lejos. El argumento de la improbabilidad, que tradicionalmente se utiliza en favor de Dios, resulta ser, cuando se lo considera con cuidado, el más fuerte argumento en su contra.

La belleza de la evolución darwiniana es que explica lo muy improbable por pasos graduales. Parte de una simplicidad primordial (relativamente fácil de entender) y trepa por escalones plausiblemente bajos hasta entidades complejas que, por procesos no graduales, serían demasiado improbables para ser consideradas. El diseño es una alternativa real, pero sólo si el diseñador es en sí mismo el producto de un proceso de escalamiento tal como la evolución por selección natural, en este planeta o en otro. Podría haber formas de vida extraterrestres tan avanzadas que las adoraríamos como a dioses. Pero ellas también deben ser en última instancia explicadas por un progreso gradual. Dioses existentes ab initio quedan excluidos en virtud del argumento de la improbabilidad, con más seguridad que la aparición espontánea de ojos o de articulaciones del codo.

La fe religiosa no es sólo una gran fuerza para el mal en el mundo. Sus mismos fundamentos son destruidos y negados por la lógica científica. Imaginemos un mundo donde nadie tiene miedo de seguir tales pensamientos, a dondequiera que puedan llevar.
Aquí termina la traducción, que espero no les resulte muy torpe (a veces ciertas referencias son difíciles de transmitir). El artículo no me parece demasiado bien escrito como un todo; va de aquí para allá sin redondear, pero Dawkins se las arregla para introducir y vincular varios asuntos que le interesan, especialmente el del abuso que se le hace a los niños al indoctrinarlos y asignarles una etiqueta étnico-religiosa que los separa de los demás.

El lector pro-religión poco atento podría quejarse de que Dawkins divaga largamente sobre la evolución y la selección natural y que eso no tiene nada que ver con terroristas que estrellan aviones. Pero la línea de argumentación es clara: la teoría de la evolución demolió la última gran razón por la que muchos justificaban creer en Dios; así pues, antes de rendirse ante esta creencia y todo lo que implica, hay que considerar que Dios, como idea para explicar nuestra existencia, ya es innecesario.