jueves, 9 de agosto de 2012

Ateos hasta que el avión se empieza a caer

Estoy sumamente ocupado para escribir últimamente, y podría decirse que uno nunca está tan desocupado como para ponerse a discutir con creyentes-loro en Twitter, pero es lo que hay. Esto es lo que hay que leer:


Y no basta con soltar una frase despectiva, generalizante e insultante para varios grupos de personas a las cuales el emisor del mensaje no conoce ni de lejos. También hay que autofelicitarse, como si decir una idiotez tan grande en Twitter mereciera una mención especial: 

Esta frasecita parece ser un meme, una tontería viral: en las dos últimas semanas no falta día en que no aparezca cuatro o cinco veces por lo menos, si uno sigue la palabra “ateos”. Es una versión más boba de la archiconocida “no hay ateos en las trincheras”. Me pregunto qué querrá transmitir el que repite esta sentencia. ¿Que todos somos hipócritas (menos él mismo)? ¿Que el estado natural de la mujer es la sumisión al hombre y el estado natural de la especie humana es el capitalismo? ¿Que Dios permite que se caigan aviones para que los ateos se conviertan por miedo? (Eso suena bastante ineficiente, dado que en cualquier vuelo seguramente son muchos más los creyentes que los ateos.)

No todos los ateos son ateos convencidos y racionalmente firmes en su postura. Claro que es natural que ante una catástrofe o la proximidad de la muerte un ateo tenga dudas. Dios nació del temor a la naturaleza, a la enfermedad, a la noche poblada de fieras, a la imprevisibilidad, a la seguridad de la muerte y la corrupción del cuerpo. La fe es taparse los ojos y los oídos a la realidad, en favor de una fantasía reconfortante. ¿Quién puede culpar a un ateo que, un momento antes de estrellarse, olvida todo lo que sabe y se imagina que va a ir a un lugar mejor? Seguro que yo no.