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martes, 16 de marzo de 2010

Ariel Álvarez Valdés, fuera de la Iglesia (A178)

Ariel Álvarez Valdés
El biblista católico Ariel Álvarez Valdés ha pedido la renuncia a su estado clerical, o sea, ha dejado los hábitos, a partir de la censura a la que fue sometido por su obispo y por el Vaticano. Ya habíamos hablado de él hace tiempo, cuando fue obligado a no publicar trabajos ni enseñar ni hacer declaraciones de ninguna clase que contradijeran la ortodoxia católica.

Álvarez Valdés reapareció luego, la semana pasada, en un artículo en Clarín donde explicaba de forma algo heterodoxa y bastante torpe la no intervención de Dios en los terremotos de Haití y Chile. La noticia de su alejamiento del sacerdocio vino un par de días después. Con él se retira de la Iglesia Católica un divulgador bíblico respetado (entiéndase dentro de su propio círculo) y prolífico. ¿Qué ocurrió? Según el biblista, se retira para poder enseñar sobre la Biblia libremente.

Parece obvio, o parecería para un observador objetivo, que ninguna persona del siglo XXI que haya tenido acceso a la educación y a una crianza más o menos normal podría creer que realmente existieron el Arca de Noé y el Diluvio: un barco de madera, sin timón ni velas, construido por un pastor nómade de la Edad de Bronce (¡o de Piedra!), capaz de flotar sin hundirse en una inundación que cubrió hasta las montañas más altas de la Tierra y que mató a todos los seres humanos excepto a los pocos que viajaban en el susodicho barco, que además contenía parejas de cada especie animal del mundo. Hoy esta historia inverosímil se le enseña sólo a los niños, en general incapaces de pensamiento crítico, y luego se diluye para consumo de los adultos, reduciéndola a una metáfora o alegoría, aunque no se sabe bién de qué.

Lo mismo ocurre con la historia de Adán y Eva, que es la que ha llevado a A. A. V. a sus problemas, al negarse a enseñar que existieron realmente. Para una mente moderna no hay un problema obvio, como con el Arca de Noé, en pensar que toda la raza humana desciende de una pareja ancestral. Sin embargo, para una persona educada es claro que una pareja de seres humanos en el Medio Oriente difícilmente podría haber cubierto la Tierra de descendientes siguiendo la historia bíblica. La conocida pregunta sobre quién fue la esposa de Caín (cuando en la Tierra sólo existían sus dos hermanos varones —y luego uno— y sus padres, y si no se quiere recurrir al incesto) no se puede resolver manteniendo a Adán y Eva como padres de la raza humana y al mismo tiempo como ancestros de Jesús, separados por unas pocas decenas de generaciones.

En ambos casos se trata de historias que no pueden desecharse con facilidad, porque llegan al hilo central de la narración bíblica, y tampoco pueden diluirse llamándolas alegorías o cuentos ejemplificadores, en primer lugar por lo ya dicho y en segundo lugar porque las alegorías y ejemplos deben apuntar a algo cierto para ser en sí mismos valiosos. Si Adán y Eva no fueron los padres de toda la raza humana, entonces el pecado original (transmitido por ellos a sus descendientes) no pudo haber llegado a todos nosotros. Si Adán y Eva realmente refieren a la primera pareja humana, ¿qué clase de personas fueron? ¿Qué significa el estado edénico sin pecado? ¿Cómo se reconcilia el concepto de “primeros humanos” con el hecho de que la evolución de las especies es continua y no discreta? ¿En qué momento Adán y Eva pasaron de ser animales sin alma a humanos y por lo tanto responsables de sus actos ante Dios?

La historia del Diluvio tampoco es sencilla. Sabemos que nunca pudo ocurrir, pero suponiendo (como muchos hacen) una gran inundación a escala local entre los valles del Tigris y el Éufrates, ¿qué representa? ¿Qué valor tiene? Ahogar al 1% de la población mundial o al 90% es un asunto de grado, pero es cualitativamente distinto ahogar a toda la población menos un puñado escogido. Conceptualmente lo primero es un castigo, lo segundo es una refundación del mundo. ¿Qué significa todo el drama del Diluvio, y en qué quedan sus implicaciones y sus muchas resonancias posteriores, si resulta ser una simple inundación local, un acontecimiento que pasaría desapercibido a casi todo el resto del planeta?

Al contrario que en el caso de los literalistas bíblicos y fundamentalistas de toda clase, la actitud de la Iglesia ante las Escrituras es ambigua. Por un lado, la institución a nivel global se precia de contar con universidades, con institutos de investigación, con estudiosos serios en casi todos los campos de la ciencia. El catolicismo, como doctrina que se pretende universal, no tiene una postura abiertamente anticientífica. Los académicos católicos serios saben que la Biblia es en gran parte fantasía o elaboración de mitos. Lo que aparentemente no pueden hacer es, como Ariel Álvarez Valdés, divulgarlo a los cuatro vientos, acercarlo al feligrés común. Según el biblista, el Vaticano reconoció que sus posturas con respecto a la historicidad de Adán y Eva o del Diluvio eran correctas, pero que hacerlas públicas causaba “perplejidad” entre los fieles.

Desde los púlpitos se siguen escuchando las mismas historias que hace siglos, sin aclaraciones sobre su naturaleza alegórica, ni mucho menos una guía sobre cómo reconocer las partes que deben ser tratadas como mito. Más que de hipocresía, uno tiene que pensar en un pensamiento autocontradictorio o en una especie de bloqueo mental.

El caso de A. A. V. no es único y no será el último. El carácter reaccionario y oscurantista del pontificado de Benedicto XVI quizá sirva de catalítico para multiplicarlos. Los no creyentes no podemos ignorar que la Biblia es una fuente de inspiración para millones de personas, y eso no va a cambiar pronto. Aun cuando no nos afecte personalmente, la existencia de creyentes rebeldes de alto perfil y con una dosis —por muy pequeña que sea— de sensatez e integridad intelectual es un progreso para toda la sociedad.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ariel Álvarez Valdés pide excusas por Dios

Llega a mi vista un artículo de un “destacado biblista y teólogo” que se dedica, con una pseudo-argumentación de muy baja calidad y francamente deshonesta, a salvar a su dios del descrédito que merece por no hacer absolutamente nada mientras miles de personas morían y miles de edificios (iglesias incluidas) se derrumbaban en los terremotos de Haití y Chile. El sacerdote católico Ariel Álvarez Valdés, de quien escribí hace tiempo cuando fue censurado por el Vaticano, parece haber aprendido la lección, aunque no le sienta bien. no ha aprendido la lección ha vuelto a las andadas.

Álvarez Valdés comienza planteando el dilema de Epicuro, que bien vale la pena repetir, sobre la existencia del mal en el mundo:
Epicuro decía: "Frente al mal que hay en el mundo existen dos respuestas: o Dios no puede evitarlo, o no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si no quiere, entonces es un malvado". Cualquiera de las dos respuestas hacía trizas la imagen de la divinidad.
El teólogo primero reconoce que el dilema no ha podido resolverse —¡pero dice que Epicuro no quería probar con él la inexistencia de Dios!— e inmediatamente después ofrece la solución que acaba de decir que no tenía, o más bien, una excusa. Pero antes aclara que “se debe evitar la tentación de atribuir el mal a Dios”. Esto a pesar de que Dios, en su versión bíblica, constantemente hace cosas horribles, y más aún, se arroga plenos poderes para ello. Hasta aquí hablamos de coherencia textual solamente (y ya sabemos que la Biblia es de todo menos coherente). En el mismo párrafo, sin embargo, Álvarez Valdés empieza a mostrar deshonestidad lisa y llana:
En efecto, por nuestra culpa muchos de los cataclismos naturales que padecemos afectan sobre todo a los más pobres. Porque donde ellos viven las casas están peor hechas, existen menos hospitales, hay menos médicos, menos bomberos, menos recursos, y menos prevención. Además, muchos terremotos, inundaciones y catástrofes tienen un origen en la irresponsable actitud del hombre, que viene destruyendo incesantemente la naturaleza. Por eso culpar a Dios de estos sucesos resulta insensato.
Los cataclismos naturales afectan más a los más pobres (en general), es cierto. Pero ni la persona más rica del mundo está a salvo de un cataclismo natural suficientemente potente, o de cualquier otro tipo de muerte accidental, para el caso. La segunda parte de la excusa es de una ignorancia terrible, que remite a los pseudo-ecologistas y a los conspiranoicos del HAARP. Los terremotos no son causados por la “irresponsable actitud del hombre”. La única forma de inducir un terremoto es haciendo explotar una bomba termonuclear en medio de una falla geológica. No hay forma directa y actualmente factible de inducir un huracán, un deslizamiento de tierras o una erupción volcánica. Desde luego, había catástrofes naturales antes de que el hombre fuera la especie dominante del planeta, y mucho antes de que el hombre existiera.
Además, si hay algo que Jesús ha dejado en claro es que Dios no manda jamás los males al hombre. Ya en el primer sermón que pronunció en su vida, llamado el sermón de la montaña, enseñaba que Dios "hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos". Es decir, Él sólo manda el bien incluso a los pecadores.
Esto significa lo que significa: no que Dios es bueno, sino que es indiferente. La maquinaria del mundo funciona independientemente de los aspectos morales.
Para enseñar esto adoptó una metodología muy eficaz: comenzó a curar a todos los enfermos que le traían, y les explicaba que lo hacía en nombre de Dios, porque Él no quiere la enfermedad de nadie. […] Incluso un día sus discípulos vieron a un ciego de nacimiento, y le preguntaron: "Maestro, ¿por qué este hombre nació ciego? ¿Por haber pecado él, o porque pecaron sus padres?" (Jn 9,1-3). Y Jesús les explicó que nunca las enfermedades son enviadas por Dios, ni son castigos por los pecados.
Lo que Jesús dijo en esa ocasión fue: “Ni él pecó, ni sus padres, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” Es decir, Dios hizo (o permitió) que el hombre fuera ciego durante toda su vida hasta que Jesús lo encontró, para que Jesús pudiera entonces hacer un milagro. El ciego no fue castigado; fue sólo un instrumento, el conejo de la galera de Dios. Está bien claro y no hay teología que valga.
En otra oportunidad vinieron a contarle que se había derrumbado una torre en un barrio de Jerusalén y había aplastado a 18 personas. Y Jesús les aclaró que ese accidente no era querido por Dios, ni era castigo por los pecados de esas personas, sino que todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos vivir preparados (Lc 13,4-5).
Este pasaje no dice en realidad nada sobre lo que Dios quiere o la causa del derrumbre ni sobre la preparación que debemos tener. (Es decir, Álvarez Valdés miente, y miente literalmente sobre la Biblia.) El propósito de Jesús es hacer entender a sus discípulos que Dios no castiga en este mundo sino en el otro.

Y después viene el razonamiento más ridículamente, más obviamente falaz que he leído de la pluma de uno de estos pseudo-académicos que se hacen llamar estudiosos de Dios:
En realidad el enigma del filósofo griego está mal planteado. No podemos decir que "Dios no puede impedir" el mal que hay en el mundo. Lo correcto es decir que "es imposible que no haya mal". ¿Por qué? No porque sea un misterio, como se responde a veces cuando se quiere evadir la cuestión y dejarla en penumbra para evitar una supuesta crítica a la actuación divina. No. El mal no es un misterio. Es inevitable, sencillamente.
O sea, el mal existe porque no puede no existir. Y no puede no existir porque… ¿por qué? Porque el mal es una imperfección. Si no hubiera mal, el mundo sería perfecto. Y lo único perfecto que existe es Dios. Dios no podría haber creado un mundo perfecto, libre de mal, porque… ¿por qué? Bueno, porque… porque… porque Dios lo creó así, y después no lo pudo cambiar, ¿cómo va a cambiar Dios su propia creación?

La cosa sigue y sigue así; es completamente coherente y completamente tautológica, circular, autorreferente y cerrada en sí misma; un “argumento” perfecto, incontaminado de realidad; como toda la teología, no necesita ser verificable ni sensata, porque le basta arrojar sobre la mesa al gran comodín, Dios, para que cualquier cosa pueda querer decir cualquier cosa, a gusto del argumentador.

¿Por qué me molesto en analizarlo? No sé. Será porque a veces cansa que los charlatanes tengan tanta prensa…

P.D. (15 de marzo): Ariel Álvarez Valdés acaba de dejar los hábitos, al no aceptar la censura que le había impuesto el obispo de Santiago del Estero.

sábado, 23 de agosto de 2008

Alerta 37: A un cura católico le cae la Inquisición

Ariel Álvarez Valdés es sacerdote católico, teólogo y experto en la Biblia. Enseñaba en la Universidad Católica de Santiago del Estero. Enseñaba lo que él cree y sabe sobre la Biblia, cosas que todos los católicos con algo de estudio del tema saben, y que por lo demás debería ser obvio si uno no es un fanático ignorante: que la Biblia no es un libro de historia, que Adán y Eva y la Serpiente son metáforas, que lo del Diluvio y el Arca de Noé es sólo un cuento sobre la justicia divina, etc.

Por decir estas cosas a sus alumnos, a Álvarez Valdés le han prohibido que enseñe, que escriba y que dé notas periodísticas. Él dice que estas cosas son conocidas y que la misma Iglesia Católica las enseña. El Vaticano lo obligó a retractarse una vez, en 2001, por haber dicho que el infierno no existe.* Ahora lo obligan a callarse.
* "Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben ser rectamente interpretadas.… El infierno indica, más que un lugar, la situación en la que llega a encontrarse quien libremente y definitivamente se aleja de Dios…" [Juan Pablo II dixit]
La razón que aducen es que contradice las doctrinas de la Iglesia. La razón evidente es que está diciéndole a la gente común las cosas que los académicos de la Iglesia han tenido que admitir pero que no resultan convenientes para la prédica. Los curas siguen predicando a los fieles (o dejando que los fieles crean) que el infierno es un lugar, con fuego y azufre y demonios con tridentes que pinchan a los malos; que Eva habló con una serpiente y le ofreció una manzana a Adán, y comieron, y por eso estamos todos condenados de antemano; y así con todas las historias de los patriarcas, Noé, Matusalén, Moisés, profetas, milagros y diluvios y todo lo demás. Las Escrituras son leídas en voz alta y todos dicen "Es Palabra de Dios", y al cura no se lo escuchará jamás desautorizar la Palabra.

En privado, en voz baja o en homilías aisladas, todos hemos escuchado a algún que otro cura aceptando que estas cosas no son para ser tomadas al pie de la letra. La Iglesia Católica, al contrario que muchas iglesias evangélicas, hace tiempo que abandonó la pretensión de que cada palabra de la Biblia es cierta e infalible y debe ser entendida literalmente, y así es como aceptó que la Tierra surgió de una nebulosa hace 4.600 millones de años y no fue creada por Dios en seis días hace unos 6.000 años, por ejemplo, o que la teoría de la evolución no es incompatible con la doctrina cristiana. Los curas saben que no hubo un Matusalén que vivió 969 años, que no hubo un lugar llamado el Paraíso con un árbol en el centro cuya fruta no había que comer. Todos los estudiosos de la historia de Medio Oriente saben que los israelitas jamás fueron esclavos en Egipto, que el Mar Rojo no se abrió, que no anduvieron cuarenta años por el desierto, que jamás derrumbaron las murallas de Jericó al son de trompetas.

Hay que hacer una gran cantidad de malabarismos retóricos y psicológicos para reconciliar la ciencia con la fe y las escrituras cristianas, pero la Iglesia se ha mostrado dispuesta a hacerlos, al menos desde hace unas décadas. ¿Entonces?

Álvarez Valdés es culpable de lo que en Argentina se conoce como "avivar giles", o en términos más finos, esclarecer a los ignorantes. Es difícil creer que sea un ingenuo. Debe saber que, para muchos en la Iglesia, hablar francamente a los feligreses de a pie sobre el hecho constatable de que la Biblia y la Tradición son una mezcla de metáforas, de ambigüedades y de falsedades obvias es subversivo, peligroso para la estabilidad de la comunidad de los creyentes.

La diferencia más clara entre las biblias católicas y las protestantes es que las primeras tienen aclaraciones al pie y las otras no. En el catolicismo está permitido creer que la Biblia no es verdad literal, pero su interpretación es patrimonio exclusivo de la jerarquía eclesiástica, que es la que aprueba o desaprueba los comentarios aclaratorios. En las biblias modernas, queda claro que el Génesis es metafórico, que no tiene ni asomo de coincidencia con la verdad científica, que Adán y Eva nunca existieron, que la interpretación literal es un error craso, una vulgaridad. ¿Pero cuántos católicos leen la Biblia, y cuántos de ésos leen los comentarios? ¿Y cuántos van más allá y buscan en los libros de historia e investigan, a ver cuánto más de esas "sagradas" escrituras es metáfora, maquillaje o mentira pura y simple?

Es una lástima que Álvarez Valdés no haya dado este último paso. ¿De qué sirve profesar una religión cuyas bases son historias, bellas o terribles, pero todas inventadas, todas fantásticas, todas meros cuentos inspiradores?


P.D.: Para que se escuchen ambas campanas, añado aquí que el sitio católico AICA publica la versión oficial de la historia: El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología, en la cual se refutan algunos puntos de lo que Álvarez Valdés dijo a Página/12 y se resaltan otros, como por ejemplo que el susodicho afirmó que las posesiones demoníacas no existen y que las que se narran en el Nuevo Testamento eran en realidad enfermedades.

En un foro católico llamado El Teólogo responde encuentro además a un feligrés preocupado que consulta: ¿Qué opina usted de lo que dice el Padre Álvarez Valdés sobre el demonio y las posesiones diabólicas?, a lo cual el "experto" le asegura que el demonio es real y materia de fe, y que todo lo que se dice de posesiones y exorcismos en la Biblia es cierto, y añade una lista de afirmaciones erróneas proferidas por Álvarez Valdés en 1995 (de las que tuvo que retractarse en 2001). El teólogo es un sacerdote de los de sotana, procedente del tenebroso Instituto del Verbo Encarnado, y la pregunta en el foro no está firmada; por su formulación diría que es muy probable que haya sido inventada por el mismo sacerdote para desprestigiar a Álvarez Valdés, que por lo visto es bastante conocido como "aventurero teológico" (sic).