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miércoles, 23 de octubre de 2013

La Biblia es ficción, pero mucho cuidado al decirlo

Estudiante sufre bullying por un profesor a quien le dijo que la Biblia no es ficción”, leo en el habitualmente patético sitio evangélico NoticiaCristiana.com, y como el tema parece serio, continúo leyendo.

Resulta que un profesor pidió a sus alumnos, como tarea, leer durante media hora cada día un libro de no ficción y luego traer el libro a clase. Y este alumno, sea por ignorancia o por mala leche, leyó la Biblia. Ahora bien, hay partes de la Biblia que son históricas (aunque sean muy pocas), pero las más significativas y las que más probablemente haya leído el alumno, que son el Génesis, el Éxodo y los Evangelios, son casi totalmente ficticias (para empezar, de los Evangelios ni siquiera se puede asegurar que el protagonista haya existido). El profesor, naturalmente, le hizo saber al alumno que la Biblia no califica como libro de no ficción.

La forma en que se lo hizo saber, sin embargo, fue bastante desagradable, si hemos de creer lo que reportan las noticias cristianas: en vez de explicarle amablemente que sus creencias no pueden trocar lo mitológico en real, el profesor vio la Biblia, constató que el alumno creía que era un libro de no ficción y luego se lo comunicó airadamente al resto de la clase. Una persona en situación de autoridad que expone al ridículo a otra que no puede defenderse a su misma altura está haciendo bullying. Desde luego tenemos que tomar el reporte con pinzas dado que la autovictimización es una especialidad de los cristianos y este incidente menor sirvió rápidamente para engrosar las listas de sitios como Persecution.org, además de llamar la atención de un grupo de buitres… eh, perdón, de abogados cristianos.

Dice otro aspirante a mártir:
Para Robert Tyler, presidente y consejero general de los Defensores de la Fe y la Libertad, el comportamiento del profesor es inaceptable porque viola las leyes del Estado, y es necesario tomar medidas para reducir la agresión en relación con la fe cristiana.

“Éste fue un ejemplo de la creciente hostilidad hacia el cristianismo, que se ve en las aulas de las escuelas públicas, por lo que creemos que tenemos que tomar una posición. Creemos que las acciones de este maestro violan la Cláusula de Establecimiento, que obliga al Estado a permanecer neutral en materia de religión”, dice Tyler.
La neutralidad del estado consiste, precisamente, en no adoptar ni rechazar explícitamente ninguna creencia religiosa. Parece claro que admitir la proposición “la Biblia es un libro de no ficción” es de todo menos neutral. El alumno tiene derecho a creerlo y a expresarlo; el profesor no puede admitirlo, porque le daría al alumno un privilegio en base a su religión. Por lo demás, basta imaginar lo que habría ocurrido si, siendo todo lo demás igual, el alumno hubiese traído a clase un ejemplar del Corán.

El profesor en cuestión debería aprender a lidiar con alumnos mal educados de una manera más correcta. El alumno no tiene la culpa de ser víctima del lavado de cerebro de algún pastor o hijo de padres ignorantes que le enseñaron que la Biblia contiene hechos históricos. Lamentablemente, la mejor manera de tratar con esta falta de educación sería explicar en detalle por qué la Biblia es una fantasía de clase B, cosa que está vedada a los profesores de las escuelas públicas, y con buenas razones. La neutralidad es difícil.

lunes, 22 de octubre de 2012

El Génesis y la evolución, según Werner Arber

A veces uno se pregunta casi con desesperación, leyendo las declaraciones de personas que deberían saber de qué están hablando: ¿qué necesidad tienen de quedar como crédulos e ignorantes? Tal es el caso de mi última noticia sobre Werner Arber, microbiólogo y genetista suizo, aparecida en la propaladora católica Zenit bajo el alarmante título
EL RELATO DEL GÉNESIS PRESENTA UNA SECUENCIA LÓGICA COMPATIBLE CON LA EVOLUCIÓN
Werner Arber
Arber ganó, junto con dos investigadores americanos, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1978, que llevó al desarrollo de una tecnología fundamental para la creación de organismos transgénicos. Entra, por lo tanto, en el campo de las “personas que deberían saber de qué están hablando”, aunque no sea un experto en evolución (e incluso teniendo en cuenta la preocupante tendencia de los premiados con el Nobel a volverse hacia el lado oscuro de la ciencia).

Arber ha sido miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias desde 1981 y la preside desde 2011 (a pesar de ser protestante). Ha tenido más de veinte años para amoldarse a la doctrina que ahora proclama y es suficientemente confiable para hablar frente a los obispos en la Octava Congregación del Sínodo. Los obispos presentes, gente por necesidad ignorante de ciencia, quizá hayan apreciado su intervención porque les dijo lo que deseaban oír, por ejemplo, que la ciencia y la fe religiosa van a la par dentro de lo que él llama el “saber orientativo” que construimos a lo largo de nuestra vida.

El titular de Zenit es apenas un poco más definitivo que las palabras reales de Arber.
Sobre el libro del Génesis, dijo, "propone una secuencia lógica de acontecimientos en la cual la creación de nuestro planeta Tierra podría ser seguida por la creación de las condiciones para la vida. Las plantas fueron introducidas y éstas fueron, en un momento dado, el alimento de los animales antes de la introducción final del ser humano. Dejando de lado la cuestión de la Revelación, esto es claramente una narración lógica del posible origen evolutivo de las cosas según unos acontecimientos imaginados orientando la naturaleza, que observaban las antiguas poblaciones. Por la genealogía descrita en el Antiguo Testamento, puedo también concluir que sus autores eran conscientes de las variantes fenotípicas (o sea, genéticas). Las personas descritas tienen sus propias características personales y, por tanto, no son clones genéticamente idénticos de Adán y Eva. En estas narraciones podemos identificar una gran coherencia entre la fe religiosa disponible entonces y el conocimiento científico sobre el desarrollo evolutivo. (…)"
La primera frase no es más que una justificación a posteriori del Génesis, que como todo el mundo sabe excepto los creacionistas, es en términos cosmológicos, paleontológicos y arqueológicos un total galimatías, escrito por personas sin el más mínimo conocimiento de nada fuera de una pequeñísima región de su espaciotiempo circundante. (Y cuando digo creacionistas, me refiero tanto a los más burdos, que todavía creen que la Tierra tiene 6000 años de antigüedad y que los animalitos entraron en el Arca de a dos en dos como en las biblias ilustradas para niños, como a los partidarios del diseño inteligente y a los “evolucionistas” teístas como el propio Arber.)

Primero las plantas, luego los animales, luego los humanos, es por supuesto una secuencia lógica, visible para cualquier persona que tenga contacto habitual con la naturaleza, y no hay nada de extraño en que tal secuencia aparezca en un mito de la creación. “Dejando de la lado la cuestión de la Revelación”, como dice Arber, se trata de una coincidencia esperable, y de hecho equivocada en los detalles (la vida no comenzó con plantas), así que ¿por qué la menciona como si fuese importante? A menos que no estemos, después de todo, dejando de lado la Revelación, sino insinuando que los que narraron el Génesis sabían, por fe o porque Dios se los susurró directo al cerebro, que las cosas habían ocurrido en ese orden.

La frase sobre las variantes fenotípicas es tan ridícula que parece una broma. ¿Hace falta fe religiosa para notar que la gente no es idéntica a sus padres? Todo el párrafo está vacío de contenido; lo único que Arber fue a hacer frente al Sínodo, aparentemente, es a proclamar con tono solemne trivialidades que sólo serían importantes si sus detalles fueran correctos, pero que de hecho no lo son; deepities, como bautizó a esta clase de afirmaciones Daniel Dennett.

Si esto es lo que pasa por ciencia dentro de la Iglesia, los ateos no debemos temer que los creyentes logren pruebas objetivas de su dios o de sus escrituras. Sólo nos queda lamentarnos por el destino de una mente brillante como la de Werner Arber, capaz de ganar un Premio Nobel para caer luego hasta las profundidades del oscurantismo vaticano.

domingo, 17 de junio de 2012

Feliz Día del Padre

El formidable Robert G. Ingersoll se preguntaba retóricamente, dirigiéndose sin duda a los que ponían la ley de su dios como modelo: “¿Por qué voy a permitir que me diga cómo tengo que criar a mis hijos el mismo Dios que tuvo que ahogar a los suyos?”. Pensando sobre eso, recordé que de chico, en catecismo, me habían contado sobre el Diluvio presentándolo como un episodio perfectamente explicable, trágico pero justificado. ¿Habría alguien que se animase a justificarlo, no a niños crédulos sino a adultos? No me costó ni diez minutos encontrar un horrible ejemplo.
… Dios le da a Noé la señal del arco iris como un símbolo de su alianza: nunca más hará Dios lo que acaba de hacer, destrozar a todo con un diluvio.

Pero, ¿por qué no está suficientemente mal el hecho de que Dios lo hiciera una sola vez? ¿Dónde está la bondad de Dios en la historia del Diluvio? (…) En el caso de algunos cánceres mortales, los médicos pueden intentar un trasplante autólogo de la médula ósea. El médico le saca la médula ósea del paciente y busca en ella algunas células que no sean cancerosas. Mata las células cancerosas que quedan. Pero clona las células sanas y las devuelve al paciente. (…)

En la historia del Diluvio, Dios intenta el análogo de este mismo procedimiento con la raza humana, la cual está infectada por el pecado de Adán y condenada a la muerte por ello. Dios toma a algunos seres humanos moralmente sanos y los pone en un mundo nuevo, para reproducirse allí. La población moralmente enferma y destructiva del mundo antiguo muere en el Diluvio de Dios.

Sólo hay esta diferencia: en la historia del Diluvio, la selección entre los enfermos y los sanos está hecha por la gente misma. Los que no están en el arca de Noé no quieren estar en ella. (…) Para entrar en el arca, tendrían que reconocer sus pecados y aceptar la solución de Dios para su seguridad.
La apología no pertenece a un predicador de poca monta o a un laico con aires de ensayista (como quien escribe) sino a Eleonore Stump, católica, doctora en filosofía, escritora, autora de una extensa obra sobre el problema del mal y ex presidenta de varias asociaciones de filósofos. Tanta erudición no la ha inmunizado frente a una concepción esencialmente totalitaria: la idea de que los seres humanos somos meras células. Un ser humano no es un individuo, no es un fin en sí mismo, no es valioso ni único, sino que es una parte no esencial de algo mayor y puede ser eliminado si daña a ese algo, por el solo hecho de estar moralmente “enfermo” o de ser contagioso para el organismo social. El cáncer se compone de células que crecen sin control tomando los recursos de las demás; aunque sea parte del cuerpo, debe ser extirpado para que el cuerpo como un todo siga funcionando. Ésta es la justificación de la represión social, de la limpieza étnica y del genocidio más clara posible.

Hoy es el Día del Padre en casi toda América y unos cuantos otros países. Probablemente alguno de mis lectores no haya tenido un padre muy amoroso; alguno habrá tenido un padre ausente, incluso un golpeador o un abusador. Dudo, sin embargo, que alguno haya tenido un padre tan horrible como Yavé/Jehová, capaz no sólo de matar a todos sus hijos como se mata a una célula cancerosa, sino de dejar vivo a unos pocos y obligarlos a sentirse agradecidos y adorarlo por siempre. Un “padre” así no merece tal nombre. A todos los padres verdaderos, a los que están en la Tierra, feliz día.

viernes, 8 de junio de 2012

Un diluvio de pruebas

El portal NoticiaCristiana.com nos acerca un parte de prensa sobre un pseudocientífico que dice haber probado el Diluvio universal (aquella vez en que Dios ahogó a todos los seres humanos salvo a una familia a la que condenó a la endogamia para repoblar el mundo, por lo que se infiere). La noticia no es destacable; todos los cristianos fundamentalistas saben que el Diluvio ocurrió, porque lo dice la Biblia. Lo destacable es, quizá, la curiosa adición de comillas:

Ciencia cristiana presenta nuevas “pruebas” del diluvio bíblico


Quizá habría que haber puesto también entre comillas aquello de “nuevas”, dado que lo que este ingeniero mecánico autonombrado “director del Centro para la Creación Científica”, en Arizona (EE.UU.), viene a traernos como prueba o evidencia es un refrito de divagaciones de otros. Aunque la noticia no se entiende muy bien (porque los chicos de NoticiaCristiana, faltos de tiempo seguramente a causa de sus múltiples otras tareas al servicio del Señor, han recurrido de forma dolorosamente obvia a un traductor automático), lo que Walt Brown, director del CCC, afirma, es similar a lo que un tal Thomas Burnet (1635?–1715) exponía como teoría hace siglos: que el agua del diluvio no provino de lluvias sino que estaba originalmente en las profundidades, bajo una corteza que se agrietó y se rompió formando los actuales accidentes geográficos.

Pero en la época de Burnet la física era una ciencia nueva, la geología no existía como tal, los genios del momento como el mismísimo Isaac Newton creían en la astrología, los médicos todavía “curaban” con sanguijuelas, y el conocimiento del origen de los fósiles —la evolución— estaba dos siglos en el futuro: en resumen, incluso los más sabios eran terriblemente ignorantes. Walt Brown no tiene esa excusa. La teoría de Burnet es fruto de su tiempo; la de Brown es fruto de esa forma de retraso mental colectivo que es el cristianismo creacionista.

viernes, 20 de abril de 2012

Podcast, ep. 23: religiones raras y biblias nuevas


En esta edición del podcast de Alerta Religión: en un condado inglés se incluye oficialmente el neopaganismo como objeto de estudio en las clases de educación religiosa, alarmando a algunos cristianos; otros cristianos, alarmados por la publicación de una Biblia en la que se traducen ciertas palabras misteriosas como “ángel” o “Cristo” por sus equivalentes vernáculos.

lunes, 31 de enero de 2011

Pobres los bienaventurados (A223)

El papa Benedicto XVI decía este domingo pasado que “las Bienaventuranzas son un programa de vida para todo ser humano.” Las Bienaventuranzas, recordemos, son el inicio del Sermón de la Montaña, que Jesús dio ante una multitud reunida para escucharlo, y que comienzan recomendando la “pobreza de espíritu” y la mansedumbre. El papa no repite esas palabras; sólo utiliza expresiones biensonantes para alabarlas y recomendarlas a todos nosotros. El papa suele decir estas cosas sin mucho sentido; de hecho es su trabajo decirlas cada domingo luego del rezo del Angelus, desde su balcón en una de las residencias palaciegas más grandes y lujosas del planeta, en el centro del único estado absolutista teocrático que tiene representación en las Naciones Unidas. Vamos a copiarlas aquí, tal como aparecen en el evangelio de Mateo:
Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos: porque ellos poseerán la tierra.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos obtendrán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos.
Aquí hay más de un término ambiguo, pero la Enciclopedia Católica viene en nuestra ayuda para interpretar lo que Jesús quiso decir. ¡No vayamos a creer que estos pronósticos de Jesús son profecías de consuelo para los oprimidos de la Tierra!
La palabra pobre parece representar un ‘anyâ arameo (hebreo ’anî), encorvado, afligido, miserable, pobre; mientras que manso es más bien sinónimo de la misma raíz, ‘ánwan (hebreo, ‘ánaw), que se inclina, humilde, manso, gentil. Algunos eruditos agregan también a la primera palabra un sentido de humildad; otros piensan en los “mendigos ante Dios” que reconocen humildemente su necesidad de ayuda divina. […] [L]a promesa del reino celestial no se otorga por la condición externa actual de tal pobreza. Los bienaventurados son pobres “de espíritu”, que por su propia voluntad están dispuestos a soportar por amor de Dios esta dolorosa y humilde condición, incluso aunque realmente sean ricos y felices; mientras que, por otro lado, los realmente pobres pueden no alcanzar esta pobreza “de espíritu”.
Es decir, los pobres de espíritu y los mansos no son necesariamente los pobres, monetariamente hablando, sino los que reconocen que necesitan a Dios porque se dan cuenta de que la condición humana —aquí en la Tierra— es miserable, sólo soportable precisamente a través de la sumisión a Dios.

En cuanto a lo de la herencia de la tierra,
[A]quí en las palabras de Cristo, es por supuesto sólo un símbolo del Reino de los Cielos, el reino espiritual del Mesías.
Es decir, una parcela en el más allá, no un terreno para cultivar o edificar una casa aquí. Interpretar esta bienaventuranza como una promesa de justicia económica en el reparto de la tierra sólo puede hacerse, según la Enciclopedia Católica, “por un expediente inverosímil” de estilo mesiánico: es ridículo creer que Jesús, de alguna forma, va a quitarle a los ricos para darle a los pobres.

La interpretación del párrafo sobre los que lloran recuerda al inolvidable Jorge de Burgos, el siniestro monje ciego de El nombre de la rosa:
Los “que lloran” en la Tercera Bienaventuranza se oponen en Lucas (6, 25) a la risa y a la alegría mundana de similar carácter frívolo. Los motivos del llanto no derivan de las miserias de una vida de pobreza, abatimiento y sometimiento, […] sino más bien los de las miserias que el hombre piadoso sufre en sí mismo y en otros, y la mayor de todas el tremendo poder del mal por todo el mundo.
Es decir, quienes sufran por el mal del mundo serán consolados (aunque no hagan nada para resolverlos); los que disfruten de los placeres de la vida no pasan de ser frívolos.

El Sermón de la Montaña es uno de los lugares comunes de la Biblia, de ésos que —como las frases pseudoprofundas de la Madre Teresa— incluso los no cristianos y hasta algunos no creyentes utilizan para rescatar el mensaje de Jesús, un mensaje que fue casi en su totalidad profundamente alienante y anti-humano. No está mal repasar, de vez en cuando, lo que verdaderamente quieren decir las cosas.

jueves, 6 de enero de 2011

Día de Reyes

Hoy es Día de Reyes en Latinoamérica y España (especialmente) y, como todo el mundo se dedicó a desmitificar la Navidad esta temporada, pensé que era mejor dejarla en paz y contarles sobre esta festividad menos popular.

Para empezar, y aunque casi está de más decirlo, nadie sabe si el día “correcto” para celebrar es el 6 de enero. En el cristianismo armenio se celebra la Navidad este día; las iglesias ortodoxas festejan el bautismo de Jesús por parte de Juan el Bautista. Como la Navidad misma, el día de la visita de los Reyes Magos es una fecha convencional.

Lo más interesante de todo el asunto es que, salvo aquellos que han prestado atención al asunto, todos los que crecemos en la cultura judeocristiana occidental recibimos de nuestros padres o nuestro entorno un ciclo mítico muy burdo que proviene de fuentes distintas y contradictorias.

En el evangelio de Marcos no hay referencia alguna al nacimiento o la infancia de Jesús. Sólo se dice que vino a Jerusalén a predicar (como adulto) desde Nazaret, en Galilea. Esto no nos debe sorprender porque el de Marcos es el primer evangelio que se escribió, y la historia de la venida de Jesús al mundo todavía no había sido inventada por los cristianos. Tampoco hay nada en el de Juan, que es el último en escribirse y tiene un tono completamente distinto (en particular, la humildad de Jesús ha desaparecido).

La visita de los “magos de Oriente” a Jesús recién nacido aparece sólo en el evangelio de Mateo. Los magos, que posiblemente eran sacerdotes persas, siguen una “estrella” (algún signo celestial astrológico) hasta la casa de José y María, y allí le rinden homenaje al niño. Aquí no hay pesebre ni animalitos en torno a Jesús. Este evangelio es también el único donde luego aparece la matanza de los inocentes. En esta versión, para evitar la masacre, José huye con su familia a Egipto y vuelve luego de la muerte del rey Herodes, aunque prefiere establecerse en Nazaret y no en su pueblo de origen, Belén.

En el evangelio de Lucas no hay mención de los magos de Oriente, pero a cambio tenemos la historia inverosímil pero más romántica de una orden del gobernador romano que obliga a las familias a ir a censarse al lugar de origen de su familia. Según esta historia, José vivía en Galilea, pero como era de la casa de David, tuvo que viajar a lomo de mula más de cien kilómetros por el desierto palestino con su mujer embarazada casi a término para empadronarse en Belén. La pertenencia de José al linaje davídico era necesaria porque los judíos sólo creerían en un mesías que fuera de esa ascendencia, según estaba profetizado. Pero el censo en cuestión no ocurrió en esa fecha, ni de esa manera; ya era bastante resistido cualquier censo, que servía generalmente para fines impositivos (calcular los tributos que podrían exigirse al pueblo), como para complicarlo usando un mecanismo tan ridículo. Como resultado de esta ficción, José y María se encuentran con un país alborotado, con viajeros ocupando todas las posadas, y María se ve obligada a parir en un pesebre, es decir, un comedero de animales. Allí los fueron a buscar, según Lucas, unos pastores que dormían al aire libre con sus ovejas (cosa que nunca sucedería en el invierno palestino). Entendemos que luego la familia se volvió a Nazaret sin apuro, ya que en esta versión no hay problemas con Herodes ni masacre de niños ni nada parecido.

Así, la historia infantil (que tantos adultos creen y repiten) de los Reyes Magos, los pastorcitos, el pesebre y la persecución de Herodes es una invención, un pastiche de dos relatos irreconciliables: uno (el de Mateo) lleno de sueños premonitorios y citas bíblicas mal atribuidas y orientado a convencer a los judíos ortodoxos, y otro (el de Lucas) de mayor nivel de detalle y calidad literaria pero con una trama inverosímil, pensado para una audiencia más sofisticada de judíos y gentiles helenizados. De todo eso lo que ha quedado es, mayormente, un cuadro sentimental que año tras año rinde frutos comerciales envidiables.

miércoles, 31 de marzo de 2010

La Biblia desenterrada (Finkelstein y Silberman)

La Biblia desenterrada es un libro de los investigadores Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman dedicado a desentrañar la historia del antiguo pueblo israelita, contrastando las historias del Antiguo Testamento con los descubrimientos arqueólogicos modernos. Antes de cualquier objeción en ese sentido es necesario aclarar que no se trata de un libro antirreligioso o una denuncia de las falsedades de la Biblia. No obstante, es previsible que los creyentes menos sofisticados o más habituados a la interpretación literal de la Biblia resulten sorprendidos o afectados negativamente.

Los autores se esfuerzan a cada paso en destacar el valor de la Biblia como documentación, no necesariamente de la historia, sino de las condiciones políticas y las inquietudes sociológicas de los habitantes de los territorios que se engloban en los libros bíblicos bajo la denominación de “Israel”, y que estuvieron en realidad muy lejos de la epopeya fundacional de Moisés, de la fulgurante conquista de Canaán y del legendario poder de la dinastía davídica o del rey Salomón.

No se trata simplemente, como se suele creer, de que ciertos pasajes del Antiguo Testamento sean exagerados o contengan episodios mitificados. Más bien nos encontramos con que tramos enteros de la historia del antiguo Israel están inventados, y otros están basados muy libremente en desarrollos históricos paralelos. Los estudiosos están de acuerdo, por ejemplo, en que la historia de la esclavitud en Egipto es completamente ficticia, aunque pudo inspirarse en el hecho de que los egipcios empleaban a muchos obreros inmigrantes del Sinaí en sus obras públicas. El Éxodo tampoco parece tener base histórica alguna, resultando particularmente inviable una huida masiva de esclavos a causa del férreo dominio que Egipto ejercía sobre el actual Israel.

El ciclo de sangrientas batallas que (según la Biblia) llevaron a la conquista de Canaán por los israelitas no tiene correlato arqueológico, excepto la destrucción de las ciudades-estado litorales por parte de un adversario desconocido, quizá los enigmáticos “Pueblos del Mar”, y luego de una corta renovación posterior, la nueva y definitiva devastación llevada a cabo por el faraón egipcio Shoshenk (llamado Sisac en la Biblia). Lo que ocurrió entre los supuestos “israelitas” y los cananeos es en realidad un reflejo de varias olas de colonización y abandono de las tierras al oeste del Jordán por parte de pueblos nómades, y un recuerdo de tensiones habituales entre los pastores nómades y los agricultores sedentarios. La auto-identificación étnica de los israelitas como pueblo fue posterior.

La gesta de David contra los filisteos es también inverosímil, por cuanto el reino de Judá era pobrísimo en hombres, en recursos y en cultura material; de la misma manera, el esplendor de Salomón no condice con la constatación de que la Jerusalén de esa época era apenas un pueblito serrano, sin fortificaciones ni grandes templos. Los numerosísimos ejércitos bíblicos no hubieran podido formarse ni mantenerse. Buena parte de toda esta historia fue escrita siglos después, para legitimar la unificación sociopolítica e ideológico-religiosa del reino, que buscaba subsumir a las tribus del norte (Israel propiamente dicho) y las del sur (el reino de Judá), con su capital y su Templo al único Dios situados en la sureña Jerusalén. Las profecías que se refieren a la suerte de Judá y de Israel representan intentos a posteriori de conciliar las supuestas promesas divinas de reinado eterno y unificado con la amarga separación y enemistad entre los reinos y con la inexplicable prosperidad de un Israel que se había rebelado contra Dios.

De hecho, el reino del norte (Israel) es consistentemente vituperado en la Biblia. El pecado de Israel fue precisamente su apertura a los cultos de otros dioses y la disposición de sus reyes a tomar esposas extranjeras, como la infame Jezabel, reina de origen fenicio, desposada con el rey Ajab. Por este y otros pecados, los descendientes de Ajab murieron uno tras otro de formas horribles. En realidad, esta historia (narrada en el libro de los Reyes) es casi totalmente ficticia. Israel bajo la dinastía omrita fue un reino fuerte y próspero, siendo el primero que amerita mención en documentos de otros pueblos de Medio Oriente, en momentos en que Judá era apenas un conjunto de aldeas escasamente pobladas. Sólo cuando el imperio asirio devastó Israel tuvo Judá la oportunidad de transformarse en un estado, y el rey Josías pudo usar los textos sagrados para legitimar su ocupación de las tierras del norte,  su poder sobre todas las tribus, y la centralización forzada del culto a Yahvé en Jerusalén.

La Biblia desenterrada es un recurso valiosísimo para quien debata sobre la historicidad de la Biblia. Inevitablemente, el libro es algo denso, ya que cuenta con un gran nivel de detalle y suele revisitar los hechos desde varios puntos de vista, pero leerlo brinda el placer de encontrarse con un trabajo arqueológico de primera clase, donde las certidumbres y las dudas de los investigadores están honestamente delineadas. Debe tenerse muy en cuenta que el libro no es una crítica a la Biblia: no busca desmontarla ni ridiculizarla, sino mostrarla como una epopeya nacional y un cuerpo de leyendas inspiradoras para un pueblo que ha persistido, reinterpretándola y adecuándola a sucesos cambiantes, durante milenios, a pesar de exilios y persecuciones que lo han llevado a todos los rincones del mundo.

Aunque la verdadera historia no está en la Biblia, tampoco corre paralela a ella, sino que la toca y la moldea, mediada por la teología y la política, por las tradiciones literarias y las expectativas del pueblo al que fue destinada. Que tantas veces haya sido impuesta por unos a otros, que tanto tiempo haya sido afirmada dogmáticamente como verdad fáctica y no aceptada como mito, no es culpa del libro ni de sus antiguos autores, sino fruto de esa terrible cerrazón que es el fundamentalismo religioso y de la ignorancia de los literalistas.

Links de interés:

martes, 16 de marzo de 2010

Ariel Álvarez Valdés, fuera de la Iglesia (A178)

Ariel Álvarez Valdés
El biblista católico Ariel Álvarez Valdés ha pedido la renuncia a su estado clerical, o sea, ha dejado los hábitos, a partir de la censura a la que fue sometido por su obispo y por el Vaticano. Ya habíamos hablado de él hace tiempo, cuando fue obligado a no publicar trabajos ni enseñar ni hacer declaraciones de ninguna clase que contradijeran la ortodoxia católica.

Álvarez Valdés reapareció luego, la semana pasada, en un artículo en Clarín donde explicaba de forma algo heterodoxa y bastante torpe la no intervención de Dios en los terremotos de Haití y Chile. La noticia de su alejamiento del sacerdocio vino un par de días después. Con él se retira de la Iglesia Católica un divulgador bíblico respetado (entiéndase dentro de su propio círculo) y prolífico. ¿Qué ocurrió? Según el biblista, se retira para poder enseñar sobre la Biblia libremente.

Parece obvio, o parecería para un observador objetivo, que ninguna persona del siglo XXI que haya tenido acceso a la educación y a una crianza más o menos normal podría creer que realmente existieron el Arca de Noé y el Diluvio: un barco de madera, sin timón ni velas, construido por un pastor nómade de la Edad de Bronce (¡o de Piedra!), capaz de flotar sin hundirse en una inundación que cubrió hasta las montañas más altas de la Tierra y que mató a todos los seres humanos excepto a los pocos que viajaban en el susodicho barco, que además contenía parejas de cada especie animal del mundo. Hoy esta historia inverosímil se le enseña sólo a los niños, en general incapaces de pensamiento crítico, y luego se diluye para consumo de los adultos, reduciéndola a una metáfora o alegoría, aunque no se sabe bién de qué.

Lo mismo ocurre con la historia de Adán y Eva, que es la que ha llevado a A. A. V. a sus problemas, al negarse a enseñar que existieron realmente. Para una mente moderna no hay un problema obvio, como con el Arca de Noé, en pensar que toda la raza humana desciende de una pareja ancestral. Sin embargo, para una persona educada es claro que una pareja de seres humanos en el Medio Oriente difícilmente podría haber cubierto la Tierra de descendientes siguiendo la historia bíblica. La conocida pregunta sobre quién fue la esposa de Caín (cuando en la Tierra sólo existían sus dos hermanos varones —y luego uno— y sus padres, y si no se quiere recurrir al incesto) no se puede resolver manteniendo a Adán y Eva como padres de la raza humana y al mismo tiempo como ancestros de Jesús, separados por unas pocas decenas de generaciones.

En ambos casos se trata de historias que no pueden desecharse con facilidad, porque llegan al hilo central de la narración bíblica, y tampoco pueden diluirse llamándolas alegorías o cuentos ejemplificadores, en primer lugar por lo ya dicho y en segundo lugar porque las alegorías y ejemplos deben apuntar a algo cierto para ser en sí mismos valiosos. Si Adán y Eva no fueron los padres de toda la raza humana, entonces el pecado original (transmitido por ellos a sus descendientes) no pudo haber llegado a todos nosotros. Si Adán y Eva realmente refieren a la primera pareja humana, ¿qué clase de personas fueron? ¿Qué significa el estado edénico sin pecado? ¿Cómo se reconcilia el concepto de “primeros humanos” con el hecho de que la evolución de las especies es continua y no discreta? ¿En qué momento Adán y Eva pasaron de ser animales sin alma a humanos y por lo tanto responsables de sus actos ante Dios?

La historia del Diluvio tampoco es sencilla. Sabemos que nunca pudo ocurrir, pero suponiendo (como muchos hacen) una gran inundación a escala local entre los valles del Tigris y el Éufrates, ¿qué representa? ¿Qué valor tiene? Ahogar al 1% de la población mundial o al 90% es un asunto de grado, pero es cualitativamente distinto ahogar a toda la población menos un puñado escogido. Conceptualmente lo primero es un castigo, lo segundo es una refundación del mundo. ¿Qué significa todo el drama del Diluvio, y en qué quedan sus implicaciones y sus muchas resonancias posteriores, si resulta ser una simple inundación local, un acontecimiento que pasaría desapercibido a casi todo el resto del planeta?

Al contrario que en el caso de los literalistas bíblicos y fundamentalistas de toda clase, la actitud de la Iglesia ante las Escrituras es ambigua. Por un lado, la institución a nivel global se precia de contar con universidades, con institutos de investigación, con estudiosos serios en casi todos los campos de la ciencia. El catolicismo, como doctrina que se pretende universal, no tiene una postura abiertamente anticientífica. Los académicos católicos serios saben que la Biblia es en gran parte fantasía o elaboración de mitos. Lo que aparentemente no pueden hacer es, como Ariel Álvarez Valdés, divulgarlo a los cuatro vientos, acercarlo al feligrés común. Según el biblista, el Vaticano reconoció que sus posturas con respecto a la historicidad de Adán y Eva o del Diluvio eran correctas, pero que hacerlas públicas causaba “perplejidad” entre los fieles.

Desde los púlpitos se siguen escuchando las mismas historias que hace siglos, sin aclaraciones sobre su naturaleza alegórica, ni mucho menos una guía sobre cómo reconocer las partes que deben ser tratadas como mito. Más que de hipocresía, uno tiene que pensar en un pensamiento autocontradictorio o en una especie de bloqueo mental.

El caso de A. A. V. no es único y no será el último. El carácter reaccionario y oscurantista del pontificado de Benedicto XVI quizá sirva de catalítico para multiplicarlos. Los no creyentes no podemos ignorar que la Biblia es una fuente de inspiración para millones de personas, y eso no va a cambiar pronto. Aun cuando no nos afecte personalmente, la existencia de creyentes rebeldes de alto perfil y con una dosis —por muy pequeña que sea— de sensatez e integridad intelectual es un progreso para toda la sociedad.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ariel Álvarez Valdés pide excusas por Dios

Llega a mi vista un artículo de un “destacado biblista y teólogo” que se dedica, con una pseudo-argumentación de muy baja calidad y francamente deshonesta, a salvar a su dios del descrédito que merece por no hacer absolutamente nada mientras miles de personas morían y miles de edificios (iglesias incluidas) se derrumbaban en los terremotos de Haití y Chile. El sacerdote católico Ariel Álvarez Valdés, de quien escribí hace tiempo cuando fue censurado por el Vaticano, parece haber aprendido la lección, aunque no le sienta bien. no ha aprendido la lección ha vuelto a las andadas.

Álvarez Valdés comienza planteando el dilema de Epicuro, que bien vale la pena repetir, sobre la existencia del mal en el mundo:
Epicuro decía: "Frente al mal que hay en el mundo existen dos respuestas: o Dios no puede evitarlo, o no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si no quiere, entonces es un malvado". Cualquiera de las dos respuestas hacía trizas la imagen de la divinidad.
El teólogo primero reconoce que el dilema no ha podido resolverse —¡pero dice que Epicuro no quería probar con él la inexistencia de Dios!— e inmediatamente después ofrece la solución que acaba de decir que no tenía, o más bien, una excusa. Pero antes aclara que “se debe evitar la tentación de atribuir el mal a Dios”. Esto a pesar de que Dios, en su versión bíblica, constantemente hace cosas horribles, y más aún, se arroga plenos poderes para ello. Hasta aquí hablamos de coherencia textual solamente (y ya sabemos que la Biblia es de todo menos coherente). En el mismo párrafo, sin embargo, Álvarez Valdés empieza a mostrar deshonestidad lisa y llana:
En efecto, por nuestra culpa muchos de los cataclismos naturales que padecemos afectan sobre todo a los más pobres. Porque donde ellos viven las casas están peor hechas, existen menos hospitales, hay menos médicos, menos bomberos, menos recursos, y menos prevención. Además, muchos terremotos, inundaciones y catástrofes tienen un origen en la irresponsable actitud del hombre, que viene destruyendo incesantemente la naturaleza. Por eso culpar a Dios de estos sucesos resulta insensato.
Los cataclismos naturales afectan más a los más pobres (en general), es cierto. Pero ni la persona más rica del mundo está a salvo de un cataclismo natural suficientemente potente, o de cualquier otro tipo de muerte accidental, para el caso. La segunda parte de la excusa es de una ignorancia terrible, que remite a los pseudo-ecologistas y a los conspiranoicos del HAARP. Los terremotos no son causados por la “irresponsable actitud del hombre”. La única forma de inducir un terremoto es haciendo explotar una bomba termonuclear en medio de una falla geológica. No hay forma directa y actualmente factible de inducir un huracán, un deslizamiento de tierras o una erupción volcánica. Desde luego, había catástrofes naturales antes de que el hombre fuera la especie dominante del planeta, y mucho antes de que el hombre existiera.
Además, si hay algo que Jesús ha dejado en claro es que Dios no manda jamás los males al hombre. Ya en el primer sermón que pronunció en su vida, llamado el sermón de la montaña, enseñaba que Dios "hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos". Es decir, Él sólo manda el bien incluso a los pecadores.
Esto significa lo que significa: no que Dios es bueno, sino que es indiferente. La maquinaria del mundo funciona independientemente de los aspectos morales.
Para enseñar esto adoptó una metodología muy eficaz: comenzó a curar a todos los enfermos que le traían, y les explicaba que lo hacía en nombre de Dios, porque Él no quiere la enfermedad de nadie. […] Incluso un día sus discípulos vieron a un ciego de nacimiento, y le preguntaron: "Maestro, ¿por qué este hombre nació ciego? ¿Por haber pecado él, o porque pecaron sus padres?" (Jn 9,1-3). Y Jesús les explicó que nunca las enfermedades son enviadas por Dios, ni son castigos por los pecados.
Lo que Jesús dijo en esa ocasión fue: “Ni él pecó, ni sus padres, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.” Es decir, Dios hizo (o permitió) que el hombre fuera ciego durante toda su vida hasta que Jesús lo encontró, para que Jesús pudiera entonces hacer un milagro. El ciego no fue castigado; fue sólo un instrumento, el conejo de la galera de Dios. Está bien claro y no hay teología que valga.
En otra oportunidad vinieron a contarle que se había derrumbado una torre en un barrio de Jerusalén y había aplastado a 18 personas. Y Jesús les aclaró que ese accidente no era querido por Dios, ni era castigo por los pecados de esas personas, sino que todos estamos expuestos a los accidentes y por eso debemos vivir preparados (Lc 13,4-5).
Este pasaje no dice en realidad nada sobre lo que Dios quiere o la causa del derrumbre ni sobre la preparación que debemos tener. (Es decir, Álvarez Valdés miente, y miente literalmente sobre la Biblia.) El propósito de Jesús es hacer entender a sus discípulos que Dios no castiga en este mundo sino en el otro.

Y después viene el razonamiento más ridículamente, más obviamente falaz que he leído de la pluma de uno de estos pseudo-académicos que se hacen llamar estudiosos de Dios:
En realidad el enigma del filósofo griego está mal planteado. No podemos decir que "Dios no puede impedir" el mal que hay en el mundo. Lo correcto es decir que "es imposible que no haya mal". ¿Por qué? No porque sea un misterio, como se responde a veces cuando se quiere evadir la cuestión y dejarla en penumbra para evitar una supuesta crítica a la actuación divina. No. El mal no es un misterio. Es inevitable, sencillamente.
O sea, el mal existe porque no puede no existir. Y no puede no existir porque… ¿por qué? Porque el mal es una imperfección. Si no hubiera mal, el mundo sería perfecto. Y lo único perfecto que existe es Dios. Dios no podría haber creado un mundo perfecto, libre de mal, porque… ¿por qué? Bueno, porque… porque… porque Dios lo creó así, y después no lo pudo cambiar, ¿cómo va a cambiar Dios su propia creación?

La cosa sigue y sigue así; es completamente coherente y completamente tautológica, circular, autorreferente y cerrada en sí misma; un “argumento” perfecto, incontaminado de realidad; como toda la teología, no necesita ser verificable ni sensata, porque le basta arrojar sobre la mesa al gran comodín, Dios, para que cualquier cosa pueda querer decir cualquier cosa, a gusto del argumentador.

¿Por qué me molesto en analizarlo? No sé. Será porque a veces cansa que los charlatanes tengan tanta prensa…

P.D. (15 de marzo): Ariel Álvarez Valdés acaba de dejar los hábitos, al no aceptar la censura que le había impuesto el obispo de Santiago del Estero.

lunes, 1 de marzo de 2010

De Saramago, la Biblia, el ateísmo militante y más (parte 2)

Ésta es la segunda parte de la conversación que sostuvimos en Ateos Hispanos en Facebook. Aquí pasamos a hablar, más que del hecho concreto de Saramago y de su crítica bíblica, del papel del ateísmo militante.

Francisco:
Estimado Pablo: Usaste la palabra clave, la "reacción atea". Si el ateísmo militante esquemático decide autolimitarse para sólo ser una mera reacción contra algo, pues todos los movimientos autolimitados al anti-loquesea tienden a estancarse y desnaturalizarse.

Todas las víctimas (de la tiranía, del autoritarismo, de l dogmatismo, etc) deben obtener el apoyo necesario para que dejen de serlo lo más pronto posible. Pero esta ayuda debe ser una ayuda resputuosa de sus propias capacidades y debe empoderarlas. Si nos permitimos caer en el rol de víctima permanente de la ICAR, o de lo que sea, nos sentiremos 'legitimados' para ser igual de acosadores y agresores que nuestros victimarios, y si caemos en el rol de los rescatadores-salvadores, nos sentiremos vacíos sin una víctima que de sentido a nuestra triste y hueca vida.

No sostengo que toda persona inconforme con el dogmatismo, el fundamentalismo o el literalismo bíblico (o coránico, da igual) de un día para otro deje de sentirse víctima. Quizás no lo pueda hacer, pero creo que los clubes y espacios ateos que generalmente se encuentran disponibles en español tienden a cae en esos roles de lo que se llama el "Triángulo Dramático". Rechazar de manera completamente radical el literalismo bíblico no es dedicarme a contar los litros de sangre derramados en sus narraciones, ni la cantidad de oprimidos en su nombre (ahí todavía está fresca la herida). Como historiadores e historiógrafos podremos reflexionar, discutir e investigar sobre ese tema, pero en lo personal debemos pasar esa página para superar ese conflicto.

Mientras nos quedemos a la defensiva con la paranoia normal de una sicología de minoría asediada, nadie que pueda evitarlo se uniría por mucho tiempo a nuestros grupos de resentidos que nos especializamos en lamernos las heridas. En la medida en que el librepensamiento avance y resolvamos el conflicto, si nos liberamos de esos roles trágicos estereotipados, dejaremos de sentirnos minoría asediada (aunque numérica o sociológicamente sigamos siendo pocos) y podremos potenciar nuestras visiones de manera propositiva y creativa a la cultura y la sociedad. Actuar como maestros de primaria regañones dando golpes con la regla del método científico a todo lo que nos huela a subjetividad, ficción o metáfora parece una ocupación ociosa y contraproducente para el avance de nuestros objetivos históricos.

Esa es mi reflexión.

Pablo:
Francisco, no voy a hablar en plural en tercera ni en segunda ni en primera persona, para referirme a los grupos ateos militantes o de resentidos o de reacción. Hablando por mí estrictamente: no me siento parte de una minoría asediada. No me interesan los clubes que se dedican al "religion bashing" (si a alguno pertenezco aquí en Facebook es por que me han invitado y no siempre rechazo las invitaciones) y no me interesa promover esa mentalidad facilista.

Tengo la suerte de contar con un espacio con una cierta cantidad de lectores, y ese espacio es de denuncia y de análisis; si se transforma en un coro de lamentos no es mi culpa sino de lo que la denuncia provoca inevitablemente cuando es algo grave. El librepensamiento en ese contexto pasa por atreverse a asomarse a la mente del otro, aun con repugnancia, para entenderlo y neutralizar sus razones o prejuicios.

Vivimos en una cultura tan impregnada de pensamiento mágico y tan sujeta por esas antiguas estructuras que el librepensamiento puede involucrar más reacción que acción positiva. No estamos, ni de cerca, en la etapa en que podemos limitarnos a proponer y actuar, salvo quizá en enclaves privilegiados. Como dije, no me siento parte de una minoría asediada, pero sí de una minoría ignorada y que no recibe respeto. Me dirás que el respeto no se logra denostando a los otros; te diré que hay personas cuyo respeto no me interesa y personas de las que jamás podré conquistar respeto, y ellas son las que ataco.

Francisco:
Hola Ateos Hispanos: Bueno, Sheridan lo que está haciendo es crítica, literaria, metaliteria, e incluso política. Y ese es el vínculo que encabeza este intercambio.

Saramago (Nobel de Literatura) es un novelista competente, pero como gurú moralista, jacobino e inocuo, deja mucho que desear. En México, en la educación pública hay tal tabú jacobino hacia la Biblia que el tema de la religión es intocable. Yo me opongo a la educación religiosa en la educación pública, pero me parecería importante que se ofrecieran clases de 'Hecho religioso', en las que con el acervo de la sociología, la antropología, la sicología, la historia y el estudio comparativo de las religiones se ofrecieran los mínimos elementos culturales para entender las dimensiones del fenómeno religioso. No hacer esto implica que dejamos a los egresados de la educación pública sin una formación mínima para la vida, y suelen ser presa fácil de cualquier secta orate destructiva o interpretación fundamentalista-reduccionista. Esa es la ventaja que veo a avanzar desde el jacobinismo rancio.

Dado que todavía no se analizan, la religión y la Biblia desde la perspectiva de 'Hecho Religioso' en la educación pública, considero que al menos quienes somos librespensadores (teístas, no-teístas, deístas, agnósticos, ateos, etc.) podemos promover este enfoque e ir convenciendo a autoridades educativas, opinión pública y tomadores de decisones sobre lo indispensable de incluir este enfoque en la educación pública. Pero el hecho es que si sólo nos dedicamos a rechazar (como los grupos que se dedican a comentar con gran detalle cada abuso o incongruencia de cada cura o imam), nos estamos cortando las alas, reducimos nuestros propios alcances, quitamos filo a nuestras mentes...

Y hay mucho que hacer para avanzar en este sentido, sin duda. Pero quizás una de las tareas más importantes sería que nos deje de doler la Biblia (aunque antes solieran golpearnos con ella), hacer las paces con su historia y su literatura me parece indispensable para pasar a la tarea de aportar crativa y corresponsablemente hacia una sociedad democrática que minimice la influencia de los fundamentalismos y literalismos teocráticos.
El tema es inagotable y en realidad yo mismo necesito tiempo, que no tengo ahora mismo, para analizarlo en todas sus aristas. Son bienvenidos los comentarios (constructivos).

sábado, 27 de febrero de 2010

De Saramago, la Biblia, el ateísmo militante y más (parte 1)

José SaramagoLe he pedido permiso a Francisco Javier Lagunes Gaitán, contacto mío en Facebook, para reproducir aquí una discusión que hemos tenido (junto con algunas otras personas) en la página de Ateos Hispanos. No estamos de acuerdo y sin embargo, creo, nos entendemos, lo cual quizá signifique que en el fondo no estamos tan en desacuerdo, y en todo caso, podemos aprender. El disparador de la discusión fue un artículo, Saramago: su Biblia, donde Guillermo Sheridan critica el último libro de José Saramago, Caín, y la actitud “moralista”, “jacobina” y de “apóstata pataleante” de Saramago. Francisco lo cita con beneplácito porque considera que Saramago es una mala noticia como gurú de un ateísmo reaccionario, intolerante y, francamente, poco culto.

Para empezar, todavía no he leído Caín, por lo cual no opino sobre la crítica literaria del mismo, aunque no estoy de acuerdo con quienes descalifican a Saramago por leer textualmente la Biblia. Sí he leído El Evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera, que me parecieron muy buenos, de diferentes maneras. (También leí The Day of the Triffids de Wyndham, que no tiene absolutamente nada que ver con Ensayo sobre la ceguera excepto en la más pedestre de las lecturas.) Saramago me agrada aunque no siempre esté de acuerdo con él: a veces es sentimentaloide o se acerca al ludismo (cf La Caverna), pero esto es entendible en un hombre de 87 años que además ha adherido durante añares a una doctrina utópica y trágicamente fallida como el comunismo.

La primera parte de la discusión trata sobre todo de la interpretación de la Biblia y su influencia en la humanidad. La copio a continuación, y la semana que viene sigo con la segunda parte, que es de donde hablamos del rol de los ateos y librepensadores. Los comentarios son bienvenidos.


Glenys:
Wow, yo no lo interpretaría para nada de esa manera, creo que Saramago ha dejado escrito suficiente y ha hablado mucho para saber que no es eso lo que ha querido decir, para él, como para Hitchens y otros ateos agnósticos, este libro sagrado, como muchos otros de su "naturaleza", ha contribuido en el desastre que somos ahora., y ha influenciado la conducta humana en formas negativas desde promover la homofobia hasta la discriminación de géneros, Todavía, muchas de las religiones basadas en ella lo hacen, y eso es sólo algunos de los "pecados".
Obviamente, la naturaleza humana es mucho más vieja que la Biblia y cualquier otro libro y estoy segura de que Saramago lo sabe y tú también. :)))

Francisco:
Es que el autor, Sheridan es un implacable e iconoclasta analista literario, siempre presto a mostrarnos el cobre que en realidad hay detrás de las palabres bienpensantes de los gurús de moda.

Su conclusión me parece imbatible. Saramago es un jacobino ingenuo e inocuo, igual de moralista que cualquier moralista religioso, al pretender juzgar una obra literaria clásica con criterios como para juzgar una novela actual. Y atribuirle a un mero libro la capacidad de torcer para siempre la naturaleza humana demuestra una fe del carbonero en el poder transformador de ese libro que ya lo quisiera cualquier predicador santurrón fanático para un día de fiesta.

Glenys:
Primero, es indiscutible la influencia que ha tenido la biblia en la conducta humana y segundo, Saramago no es un gurú de la época, el tipo ya está a punto de morir.
El que él, tú y yo desde sumamente distintos puntos de vista estemos hablando sobre este libro lo hace más que un "mero" libro. Lo que me parece inocuo es ese deseo de no otorgarle la importancia a la biblia en lo negativo y su responsabilidad en la distribución de ideas nocivas que han impedido el progreso en mcuhas áreas, han permitido el abuso de millones de personas y han "legalizado" la discriminación y el odio hacia muchos. Sólo hay que hablar con cualquier pastor o cura para percatarse de ésto. Por otro lado, millones de personas por todo el mundo CREEN que lo que dice la Biblia es verdad y viven sus vidas de acuerdo a las interpretaciones varias de cada religión basada en este "mero" libro. A lo mejor si Fundación de Asimov tuviera a millones arrodillándose y adorando cada una de sus palabras e interpretaciones varias, estuviésemos ahora discutiendo a Asimov y sus ideas.
El hecho de que tú y los miembros de tu iglesia Unitaria tengan una visión más liberal de este "clásico" como te gusta llamarlo, no impide que veas que la mayoría no piensa como tú ni como yo y muchas de esas normas nocivas a las que nos han sometido, están ancladas precisamente en la biblia y no en fundación. Igual, si estuviésemos en Pakistán a lo mejor ambos ya hubiésemos muerto, y todo porque un libro es tomado al pie de la letra por la mayoría de sus seguidores.

Francisco:
Tienes razón Glenys, quizás Saramago no se propuso nunca concientemente ser considerado como gurú de cabecera de nadie. Pero el hecho es que muchos medios y una buena parte de sus seguidores lo consideran algo muy parecido a eso.

También se han cometido grandes crímenes en nombre de las naciones, las razas, e incluso la ciencia se ha usado como pretexto para abusar de muchos grupos sociales: mujeres, gueis, locos, etc. (véase la obra de Foucault al respecto). Así que te hago una petición encarecida, querida Glenys, no mezclemos las discusiones sobre lo que la Biblia es y sobre los usos que se le han dado. La ciencia no provocó los abusos para los que se usó como pretexto. Tampoco la Biblia.

Los participantes de la Iglesia Unitaria no tenemos dogmas obligatorios y cada uno de nosotros es libre de hacer y rehacer su propio juicio sobre la Biblia, y sobre lo que sea. También hay comecuras anticlericales jacobinos entre nosotros, aunque yo hace tiempo que no me identifico con esa posición.

Ningún libro es un peligro en sí. Las prácticas y usos sociales son los que pueden volver peligroso lo que sea... Si se trata de escoger en qué depositar nuestra confianza última, prefiero depostarla en la humanidad (con los lados obscuros y luminosos de la naturaleza humana) que en un mero texto (lo siento, la fe bíblica no se me da).

Recibe un saludo afectuoso.

Yo:
Me gusta la forma de expresarse de Saramago, aunque no lo considero un gurú ni mucho menos. Lo veo de otra forma: si te presentaran un libro como la Biblia, escrito por un don nadie, luego de leer ciertas partes lo dejarías disgustado y lo tendrías fuera del alcance de los niños pequeños, porque su contenido es repulsivo. Pero como es la Biblia, no es posible eso; un libro con esa antigüedad no es un libro sino una tradición variadísima, porque a un libro lo hacen sus lectores y sus interpretaciones. Saramago elige las interpretaciones más desagradables de la Biblia, que, acordemos, fueron las que predominaron hasta no hace mucho en términos históricos. Si Saramago es inteligente (y creo que lo es) "la Biblia" se refiere no al texto sino a las lecturas del mismo. ¿Cómo va a hacer daño un libro por sí solo? El daño lo hace la adopción de un libro como guía moral.

Wílmer:
Independientemente de las lecturas que puedan hacerse sobre la biblia, está conformada por varios libros escritos para interpretarse literalmente, excepto el apocalipsis. Objetivamente, la biblia es un libro inmoral. Es la sociedad, sacando lo mejor de sí, la que le da una interpretación edulcorada.

Sin embargo, dos mil años de lectura perniciosa no pasan desapercibidos y, a pesar de la intención de los creyentes de rescatar lo mejor de la biblia, su perjudicial legado quedará entre nosotros.

Si. Es cierto que el hombre ha usado a las naciones, razas, e incluso la ciencia como excusa para los peores fines, y es cierto que la biblia es sólo el resultado de la mentalidad de su época, pero esto no la exime de su carácter lesivo al utilizarla como guía moral. Saramago tiene toda la razón en su apreciación final.

Francisco:
Hola Wilmer: Me parece un criterio literariamente muy defectuoso pretender juzgar un libro por lo 'edificante' de su contenido. Me suenas a mi abuelita y a sus criterios de censura literaria.

La Biblia, en mi perspectiva, es una respuesta 100% humana ante el misterio. Es una antología de escritos heterogéneos elaborados, recopilados y re-editados durante un periodo de más de mil años... Con esta perspectiva, puede leerse como un interesante mosaico cultural que documnta, incluso contra la intención de algunos de sus autores o redactores, la evolución del concepto de Dios en un pueblo trashumante que cambia hacia una sociedad urbana.

La Biblia me parece un documento mucho más honesto que quienes hoy se dicen sus seguidores. Encuentras muchos de los principales rasgos de lo humano, anhelos, esperanza, sí; pero también frustración agresión descontrolada, violaciones... Es un mosaico cultural de la experiencia de los pueblos del medio oriente. Y como buen espejo de lo humano, puedes encontrar glorias y miserias, ya que, como decía Alexander Pope, el humanos es "la gloria, el enigma y la burla del mundo". La Biblia es un monumento literario de humanidad.

Los seres humanos tenemos el talento de proyectar lo que somos en obrass externas, tanto para conocernos más profundamente, y también para alienarnos dándoles a esas obras una autoridad y poder que no nos damos ni a nosotros mismos. Precisamente en esta línea de razonamiento, darle a un simple clásico literario antiguo el poder de pervertir y retorcer irrevocablemente la libre naturaleza humana, como señala Sheridan, es mostrar una fe del carbonero a toda prueba, pese a que sea parte de una denuncia al abuso autoritario que toma la Biblia como pretexto, no es sino una continuación de la peor tradición de alienación humana al seguir concediendo a un mero libro un poder absoluto que no tiene.

La negación más radical del literalismo bíblico fundamentalista no es, entonces, rechazar el libro con un moralismo gagá, ni pretender aplicarle criterios para evaluar libros de texto, o de otra clase ajenos a su género, sino devolverla al anaquel de los clásicos literarios, igual que la sangrientísima Iliada, La guerra y la paz, o Cien años de soledad.

Yo:
Los clásicos literarios que mencionas al final, Francisco, nunca fueron la guía moral de pueblos enteros. Para poner la Biblia en el anaquel de los clásicos hacen falta generaciones de trabajo de desacralización y deconstrucción. Las reingenierías literarias como la de Saramago pueden ayudar. La reacción atea al fundamentalismo bíblico se entiende porque estamos en minoría y a la defensiva. No queremos criticar a la Biblia como a un libro de texto, pero como tal la tratan porciones significativas (y en algunos casos crecientes) de la sociedad.

Ateos Hispanos:
Lo que ocurre, Francisco, es que no estamos haciendo crítica literaria. Estamos hablando de un libro que ha influenciado a la humanidad por milenios, que no ha sido leído como un texto más de la literatura universal. El problema radica en que la sociedad moderna toma la biblia como un libro sagrado y esto se presta para fundamentalismos peligrosos. Si la sociedad tomara este libro como herramienta para conocer el pensamiento de un pueblo antiguo todos estaríamos conformes, incluyendo a Saramago; infortunadamente, nuestra situación actual no permite ver a la biblia como un simple clásico de la literatura.
Continuará...

miércoles, 21 de octubre de 2009

Saramago sí entiende la Biblia

Los cortesanos de Dios están indignados con José Saramago, clamando que que sus “ofensas” muestran su ignorancia sobre la Biblia. Los autoproclamados expertos, que con incomparable humildad pretenden interpretar la palabra del mismísimo creador del universo, acusan a Saramago de falta de rigor y de “ingenuidad sentimental”. Todo porque el Premio Nobel de Literatura dijo, mientras promocionaba su novela Caín, que la humanidad estaría mejor sin la influencia que ha tenido la Biblia sobre ella.

La verdad es que la mayoría de las personas, incluyendo muchos de los creyentes más devotos, no han leído jamás la Biblia, o no han ido más allá de algunos pasajes seleccionados por el cura o pastor. Como obra literaria, la Biblia es de una calidad muy variable. El Antiguo Testamento comienza con un menjunje de mitos orientales mal coordinados, prosigue con una historia casi totalmente ficticia sobre el pueblo hebreo, y prodiga incestos, violaciones, pillajes y genocidios sin medias tintas, entremezclándolos con leyes bárbaras y sacrificios sangrientos que asquearían a cualquier persona civilizada moderna, y con listas aburridísimas de antepasados y descendientes. En pocos y decisivos capítulos, condena a la mujer a ser la causa del pecado y de la separación entre el hombre y Dios, y maldice a toda la raza humana por el pecado de la pareja original; comanda el exterminio de pueblos enteros, de infieles y herejes, de adúlteras y de homosexuales.

Llega Jesús, que a base de una profecía y una palabra dudosas termina siendo hijo de Dios y de una virgen. Este Jesús tan pronto perdona a una prostituta como mata una higuera por no dar fruto; justifica departir con recaudadores de impuestos pero no muestra tolerancia por los humildes mercachifles del Templo; manda el amor a todo el mundo y después ordena a sus discípulos rechazar a sus mismas madres y hermanos... Mateo y Juan se las arreglan para justificar dos milenios de antisemitismo por el cargo de “deicidio”. Entra en escena Saulo de Tarso, y con el furor de los conversos edifica una religión que llama a sus seguidores a permanecer castos a la espera del fin del mundo, inaugurando una cultura de represión sexual que aun no se ha extinguido.

Llegamos al final, literalmente, con el Apocalipsis, que bajo algo que parece un viaje de LSD oculta una masa de simbolismos que ya no nos dicen nada, aunque eran comunes en boca de los predicadores fanáticos de la época, y que todavía inspiran a algunos peligrosos locos de hoy.

Yo creo que Saramago sí entiende la Biblia, y que no está haciendo más ni menos que otros de sus intérpretes, con la crucial diferencia de que él no la considera una guía moral, ni inspirada por una inteligencia superior, sino meramente una obra de hombres, con todo lo que eso pueda significar. Saramago es un teólogo y un exégeta sui generis. Espero poder leer y disfrutar pronto Caín, como disfruté El Evangelio según Jesucristo.

jueves, 14 de mayo de 2009

Alerta 97: Modernizando a Dios

"Otro Dios es posible", titula Crítica un artículo sobre un evento promocionado por jesuitas en Brasil. Este "otro Dios" sería un dios con una postura tolerante de la homosexualidad, y con seguidores que se oponen a la homofobia, que ha pasado a ser una característica definitoria de las religiones abrahámicas. El lugar fue el subsuelo de la Iglesia Sagrado Coração, en el campus de la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro, y el promotor del evento fue un sacerdote y docente, Luis Correa Lima.

Por un lado, uno no puede sino aplaudir la valentía de este sacerdote y de quienes lo acompañan, al exponer algunos terribles resultados de la postura cristiana tradicional con respecto a las minorías sexuales y pedir, desde su interpretación de la doctrina, que se rectifiquen las conductas discriminatorias. Muchas veces he hablado de la homofobia aquí y vemos cómo una y otra vez la idea de "odiar el pecado y amar al pecador" no es sino una excusa para tratar a los homosexuales como enfermos, inmorales o ambas cosas.

Por el otro lado, el problema no está en la doctrina sino en la obstinación por seguir aferrándose a ella. La doctrina homofóbica cristiana parte de reglas escritas hace milenios por un pueblo de la Edad de Bronce; no podía esperarse un entendimiento moderno de la sexualidad de su parte. Lo correcto sería deplorar las bárbaras costumbres de los antiguos israelitas y su infiltración en la tradición cristiana. Pero...
"La Biblia no debe ser leída en forma literal, sino tomando en cuenta el contexto histórico en el que fue escrita. Pasajes bíblicos aislados y fuera de contexto han sido usados para justificar el racismo y el sometimiento de las mujeres, así como hoy son usados para atacar a los homosexuales. Pero todos somos iguales ante Dios y es posible ser gay y ser religioso."
Cada proposición de este párrafo, proferido por una teóloga, tiene graves problemas. Que la Biblia no debe ser leída en forma literal es un consenso de una mayoría de (no todos) los cristianos, y de todos los intérpretes de las Escrituras. Pero hay partes que no admiten una lectura figurativa, y no hay una guía clara sobre cuáles deben ser. La resurrección de Jesús no puede ser leída en forma figurativa o alegórica; sin embargo, el episodio del pecado original en el Jardín del Edén, con su serpiente parlante y su árbol con fruto mágico (por no hablar de los inocentes nudistas Adán y Eva), debe ser entendido como una fábula o parábola... a pesar de que un muerto que vuelve a la vida es tan fantástico como una serpiente que habla, y tan improbable desde la biología como un supuesto inicio de la especie humana a partir de una pareja única creada especialmente.

También está la discriminación poco clara entre reglas atemporales que se deben cumplir y reglas despreciadas como arcaicas, que ya no valen. Si hay un mandamiento que condena el adulterio no muy lejos del que condena la práctica homosexual, ¿por qué uno sigue siendo válido y el otro no? Si la prohibición del incesto está apenas unos versículos arriba de la de la homosexualidad, ¿por qué la homosexualidad ya no es pecado (según estas bienintencionadas personas) y el incesto sí?

En el contexto histórico en el que fue escrita la Biblia, el libro del Apocalipsis de San Juan era una muestra más de un género literario común. ¿Por qué el Apocalipsis tiene validez como profecía, sea literal o figurativamente, si es sólo un "fruto de su tiempo"?

Los pasajes bíblicos usados para justificar el racismo, la xenofobia, la intolerancia religiosa, la misoginia y la homofobia pueden estar aislados, pero no están sacados fuera de contexto. Hay claras instrucciones en la Biblia sobre cómo tratar a los extranjeros que no son del pueblo elegido, cómo tratar a los que no profesan la religión adecuada, y cómo mantener a la mujer en un lugar subordinado. Hay pocas, pero bien claras, instrucciones sobre cómo tratar a los homosexuales. Esas ideas eran comunes en su tiempo, pero ya no las consideramos válidas. ¿Por qué? ¿Quién o qué autorizó a los creyentes a invalidar y "barrer bajo la alfombra" ciertas partes de los escritos sagrados y de la tradición construida sobre ellos? Pero sobre todo, ¿con qué base se invalidan unas partes y otras no? ¿Para qué sirven la Biblia, la Tradición, la doctrina y los dogmas, si al final decidimos por pensamiento individual y consenso social lo que está bien y lo que no?

Finalmente, la igualdad. ¿Todos somos iguales ante Dios? Entonces ¿por qué hay tanto desacuerdo entre los creyentes sobre esta igualdad? ¿Está tan claro este principio? ¿Qué significa "igual"? ¿Todos estamos destinados a roles de igual importancia? ¿Santos y pecadores son iguales? ¿No hay acaso personas autorizadas a interpretar la palabra de Dios, y personas no autorizadas a ello?

De estas cosas que yo he enumerado bastante a la ligera se puede discutir bastante y está muy bien que los teólogos y los sacerdotes, los laicos liberales y los filósofos creyentes, se junten para considerar cómo reconciliar sus ideas con la doctrina que deben profesar. No obstante, me parece a mí que es bastante inútil: la audiencia para tales discusiones es autoselectiva; ninguno de los que necesitan oír estas cosas irá jamás a una conferencia o evento de esta clase. Para estos últimos, la aparición de voces disidentes es un signo de la degradación de la fe y la infiltración del "modernismo" en la Iglesia. Para nosotros que miramos de afuera, es un signo de esperanza pero también de una cierta ingenuidad.

miércoles, 22 de abril de 2009

Ciencia y religión, verdad y símbolo

Sobre la idea de que la religión y la ciencia buscan ambas la verdad, pero pertenecen a diferentes dominios (o alternativamente, que la fe y la razón son compatibles y complementarias), dice AC Grayling:
Para que esto funcione uno tiene que seleccionar ad hoc qué partes de las escrituras y del dogma deben tomarse como simbólicas y cuáles como literalmente ciertas; así pues: el Génesis es simbólico, la resurrección de Jesús literalmente cierta. El criterio principal es la conveniencia, siendo la resurrección un dogma necesario ante cuya violación de las leyes de la biología uno tiene que encogerse de hombros. Pero esta selección y reinterpretación sólo se hace con las fuentes religiosas; la ciencia no es tan sencilla de tratar de esta manera. La regla parece ser que, donde la ciencia y la religión estén en conflicto (digamos, por ejemplo, sobre el origen del universo), la historia religiosa (el Génesis) se transforma en un símbolo, evitando así la posibilidad de una confrontación directa y testeable.
La cita es de una crítica del libro Questions of Truth, de John Polkinghorne y Nicholas Beale. Me pareció pertinente luego de lo de Galileo. ¿Cuántas doctrinas tomadas literalmente de la Biblia han pasado a ser simbólicas o alegóricas? ¿Cuántas han sido reinterpretadas o adecuadas a los tiempos modernos para no chocar contra la ciencia y el conocimiento común en alza?

domingo, 12 de abril de 2009

Felices Pascuas


Así fue como pasó:

Hace unos diecinueve siglos y medio, un judío fariseo, de oficio constructor de tiendas, se convirtió en misionero y salió por el mundo conocido a predicar una nueva religión, cuyo protagonista era un profeta también judío, que se había supuestamente titulado el Mesías y muerto por toda la humanidad para expiar nuestros pecados ante Dios, tras lo cual volvió a la vida de alguna forma. No sabemos de dónde exactamente sacó lo que escribió; según él, el Mesías en forma de luz brillante lo había tumbado de su caballo, lo había cegado y le había ordenado comenzar a predicar, pero ninguna fuente independiente confirmó jamás esa historia, que se parece más a un ataque de epilepsia.

El judío en cuestión quedó tan impresionado que cambió su nombre hebreo, Sha'ul (Saúl o Saulo), por el latino Paulus, y pasó de ser perseguidor a ser predicador de esta fe, hasta entonces una creencia popular sobre un profeta que hacía milagros y que había sido tratado (al parecer) como los hebreos solían tratar a los profetas en la antigüedad, es decir, bastante mal. Anduvo por muchos lugares, fue rechazado y perseguido, y tuvo incluso conflictos con los seguidores originales de este profeta (que lo habían conocido en persona).

Unos veinte años después de esto, Paulus, o Pablo, como lo conocemos hoy, se puso a escribir cartas a distintas iglesias, o comunidades de fe, urgiéndolas a hacer o dejar de hacer determinadas cosas en nombre de la doctrina que él había supuestamente recibido en su visión; en el proceso definió gran parte de esta misma doctrina para la posteridad. Además de algunos principios teológicos básicos, dictó unas cuantas reglas sobre el silencio y la sumisión que deben guardar las mujeres e instó a los hombres a permanecer solteros y abstenerse del sexo, como él, aunque ninguna de estas dos cosas tienen mucha conexión con el resto de su doctrina.

Aproximadamente en esa misma época, autores varios comenzaron a su vez a poner por escrito las historias tradicionales que circulaban sobre este profeta (que había muerto hacía dos o tres décadas). Aunque Pablo había dado unos pocos detalles, estos otros autores los aumentaron considerablemente.

El primero de los que conocemos se llamaba Marcos, y escribió una historia bastante corta con grandes lagunas (pasa por alto toda la adolescencia y juventud del profeta hasta los 30 años). Allí no se hablaba de la vuelta a la vida del profeta; más tarde alguien le agregó un par de líneas a la copia del manuscrito, y así quedó. Después vino un tal Mateo, cuyo target eran los judíos, por lo cual agregó unos cuantos detalles que no conocía pero que suponía que habían sucedido así y que le daban a la historia un cierto color local palestino; además, como a los judíos les apasionaban las profecías, intercaló copias de versículos del Antiguo Testamento aquí y allá, declarando que eran antiguas profecías que se habían cumplido en la vida de este santo hombre. Se equivocó un par de veces, citando una cosa por otra, y no se privó de hacer conexiones proféticas que no tenían sentido; declaró, por ejemplo, que el profeta había nacido de una virgen en cumplimiento de una profecía de Isaías, aunque el texto de Isaías no dice "virgen" sino "joven".

Hubo también un tal Lucas, que ya escribía mirando a los no judíos; de hecho, cuando habla del profeta le quita mucho del aire judío que le había puesto Mateo, con el cual difiere en cuanto al linaje del profeta y varias otras cosas, aunque copia partes del mismo sin problema. Lucas añadió más detalles hasta entonces no revelados del susodicho profeta, incluyendo algunas escenas muy conmovedoras de su nacimiento (que siguen vendiendo merchandising hasta hoy), y cosas importantísimas que extrañamente ninguno de los otros narradores había considerado mencionar; además le dio más protagonismo a las mujeres. A esta altura ya habían pasado más de cincuenta años desde la muerte del profeta. Parece que Lucas conoció y viajó con Pablo, aunque no siempre estuvieron de acuerdo (su versión de ciertos asuntos es de compromiso, mientras que la de Pablo es intransigente).

Finalmente, cerca de un siglo después del nacimiento del famoso profeta, un tal Juan, que vivía en una isla griega, prologó lo anterior con un trozo de disquisición metafísica típicamente helénica y después relató básicamente la misma historia, sin referencia a profecías del Antiguo Testamento. Como los judíos ya no existían como nación unificada (los romanos, cansados de su intolerancia monoteísta y de su tendencia a rebelarse, se habían encargado de dispersarlos), Juan no tuvo empacho en transformar al profeta judío en un enviado de Dios (de hecho, Dios mismo hecho hombre, consciente de su rol superior desde el principio) nacido entre judíos, pero rechazado por ellos, quienes terminan haciéndolo matar y piden colectivamente ser considerados, ellos y sus descendientes, responsables por su sangre.

De manera nada sorprendente, los escritos anteriores suelen más cortos y menos detallados que los posteriores, y estos últimos no sólo copian de los primeros y los "embellecen", sino que a veces los contradicen.

En todo este tiempo, y hasta que la nueva religión no prendió en amplias masas del mundo mediterráneo del comienzo del primer milenio, ni una sola fuente independiente habló de este profeta, ni dio detalles de su vida o su doctrina. Hubo, sí, comentarios preocupados de oficiales gubernamentales sobre la profileración de creyentes de esta nueva y extraña secta. Más tarde, cuando la nueva religión tomó el control del poder político y de la cultura, se volvió costumbre de los copistas piadosos insertar referencias a su profeta en escritos antiguos, como por ejemplo en los de Flavio Josefo, historiador judío romano, aunque estas vulgares falsificaciones no nos engañan hoy en día.

Además de los enumerados arriba, otras personas escribieron sus propias historias, refundiendo, distorsionando, "cortando y pegando" como hoy diríamos, y a veces simplemente inventando episodios o dichos del profeta y sus allegados y discípulos. Este proceso continuó durante mucho tiempo, hasta que esta religión, que para entonces había adquirido ya una estructura jerárquica, comenzó a apartar oficialmente a un lado lo que consideraba ortodoxo (o conveniente, o menos incoherente) y al otro lo que no podía ver la luz; esto último se quemaba, a veces en compañía de su autor, mientras que lo primero era proclamado verdad absoluta e incambiable, o "dogma", con horribles penas para quienes no pudieran o quisieran creerlo.

Entretanto muchos celebraban la supuesta resurrección del profeta en una fecha cercana a la de la festividad judía de Pésaj. Aunque los discípulos del profeta y sus seguidores inmediatamente posteriores no lo habían hecho nunca, se consideraba que esta celebración era tradicional, y se produjeron grandes controversias sobre la fecha correcta, que debía ser calculada en base al equinoccio de primavera y a la fase lunar. Como a los seguidores del profeta, llamados cristianos, cada vez les gustaba menos consultar a sus vecinos judíos, y estos mismos a veces no se ponían de acuerdo, finalmente (siglos después de la muerte del profeta, y tras muchas amargas discusiones) se eligió un método bastante complicado para hacer el cálculo.

Había ciertos problemas con el calendario, y encima la religión ahora llamada "cristianismo" mostraba fisuras; hace poco más de mil años se dividió en dos grandes ramas, y cuando el calendario se modificó, una de ellas no quiso adoptarlo, por lo cual la Pascua se celebra casi todos los años en dos fechas distintas.

Y por todo eso es que este domingo es Pascua de Resurrección, para los cristianos occidentales incluyendo la Iglesia Católica Romana, y el domingo que viene lo será para los de las iglesias orientales (las católicas ortodoxas y las antiguas ortodoxas no calcedónicas).

Los huevos y los conejitos de chocolate son una historia aparte.

martes, 10 de marzo de 2009

Fan mail 1: Locura

Un lector anónimo deja el siguiente comentario en el post Hospitalidad y sodomía:
LA PALABRA DE DIOS ES LOCURA Y COSA ABSURDA PARA LOS NECIOS Y ORGULLOSOS
(Y podría agregar que, aparentemente, no respeta puntuación ni convenciones tipográficas.)

Hay unos cuantos comentarios antes que éste, pero en sí mismo el post no es más que un versículo del Génesis en el que Lot, el hombre más justo de la ciudad de Sodoma, ofrece a sus dos hijas vírgenes a una multitud para que las violen. Lo que este creyente responde parece provenir de la 1ª Carta a los Corintios, atribuida a San Pablo:
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: "Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos." ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Si hacía falta un manifiesto anti-intelectualista válido para todos los tiempos, Pablo nos lo provee, y no cabe duda que su maestría retórica y su carisma eran impresionantes, ya que creyentes de todas las religiones y seguidores de todas las ideas sin fundamento racional que pululan en este mundo continúan usando variantes de esta defensa contra la realidad.

Se toma un texto de las Sagradas Escrituras, se lo reproduce sin alterarlo una coma, no se tergiversa el contexto; es un texto sencillo, sin términos que admitan ambigüedades o interpretaciones; un recuento fáctico, un episodio sin pormenores, un hecho sin atenuantes... y viene el creyente y, avergonzado pero furioso, protesta que el texto no quiere decir lo que claramente dice, o que hay que verlo en el contexto de toda la Biblia o de toda la Tradición o de toda la historia del mundo, y que los demás, los incrédulos (y los estudiosos, los académicos, los filósofos, los que no tienen su fe ciega) estamos equivocados; y más aún (condesciende), que es natural que estemos equivocados, porque lo que viene de Dios se ve intencionalmente absurdo y ridículo a los ojos de nosotros, pecadores mundanos que nos damos aires de sabiduría, con nuestros silogismos bien construidos, nuestro banal sentido común y nuestro impertinente y profano manoseo de la letra de la Escritura, ya que Dios nos confunde, porque Dios prefiere a "los pobres de espíritu" (lo que hoy se llama "fe popular" proviene del mismo pensamiento) y detesta a los cínicos que hacen demasiadas preguntas.

Parecerá que escribo mucho y con una vehemencia que una simple frase de un fanático sin seso no merece, pero ya ven ustedes que todo lo que estos tipos repiten como loros gritones tiene una historia. Pensar no les sale, de ahí que recurran a la Biblia, donde todo lo que les importa ya está escrito; así que no nos queda más remedio que ir a esa fuente. Espero que esta "expedición" les haya gustado.