viernes, 15 de enero de 2010

Haití y Dios (A167)

Recién vuelto de unas vacaciones en las cuales se coló la noticia del terremoto en Haití, por fuerza debo referirme a él aquí, porque como se espera de personas que tienen contacto directo con el Creador y Sustentador del Universo y que no pueden dejar de hacérnoslo notar, hubo algunas reacciones de los creyentes ante este terrible suceso.
  • José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián (España), dijo que “existen males mayores” que los que se están sufriendo en Haití, como “nuestra pobre situación espiritual” y “la concepción materialista de la vida”. Munilla dijo luego que había sido malinterpretado y que sólo se refería al “plano teológico” (plano cuya situación y características son un misterio para nosotros, pero que con seguridad no está en el mismo lugar que el mundo real), al tiempo que la COPE (cadena de medios controlada por el episcopado español) denunció una “operación de la izquierda” para hacer ver que el obispo es un desalmado al cual no le importa la situación de los pobres de Haití.
  • Pat Robertson, el multimillonario predicador demente fundamentalista estadounidense que conocemos en Latinoamérica por conducir El Club 700 y haber sugerido asesinar a Hugo Chávez, dijo que lo de Haití es castigo de Dios por haber hecho un pacto con el diablo para expulsar a los franceses. El vudú y todo eso, supongo. Lo terrible es que a este personaje siniestro (Robertson, no el diablo), que en cualquier nación civilizada de gentes normales sería escupido por la calle, se le dio lugar para hablar por TV… mientras, sobreimpreso en la imagen, había un número de teléfono para llamar y hacer donaciones a un fondo de ayuda.
  • No vayamos a creer que la idea de que las catástrofes naturales son castigos de Dios se encuentra sólo en predicadores locos aislados: ya hay editoriales completos sobre los terremotos a la luz de la Biblia y por qué el aborto, las drogas o la permisividad sexual pueden “causarlos”.
  • No tan desafortunadas como las de Munilla, pero igual de estúpidas, fueron las declaraciones de Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, diciendo que el único verdadero consuelo para tanto dolor es “el amor de Cristo que muere en la cruz”, y que los haitianos, a pesar de ir siempre de mal en peor, nunca pierden la esperanza, “una esperanza cristiana”. Al menos los episcopados latinoamericanos sí están haciendo algo por las víctimas.
  • En un blog del sitio ultracatólico HazteOír alguien se pregunta si el terremoto fue un castigo de Dios, y se responde, confusa y puerilmente, que por supuesto que no, y que estas cosas le sirven a uno para apreciar más la vida. Vale decir, gracias, Señor, por haber matado a esos otros en vez de a mí.
  • Fuera de la religiosidad tradicional, aunque bien dentro de la misma esfera de estupidez (¿estupidósfera?), ya hay disparatados anuncios sobre cómo esto es un anticipo de 2012 y un signo de que estamos por entrar en un nuevo “ciclo físico y moral” planetario. Las locuras se parecen: así como unos creen que las catástrofes son anuncio de un cambio para mejor, otros consideran que son útiles para “purificar” a los pueblos para el futuro.
Hay más, mucho más, pero se hace tarde y no quería dejar pasar este día. Es triste ver cómo ante el sufrimiento puro y duro (y sin sentido) de un pueblo como el haitiano, al cual nunca le ha ido bien ni de lejos, algunos quieren sacar una tajada para condimentar sus prédicas.