La Constitución de Brasil prohíbe taxativamente cualquier cosa parecida a un Concordato o acuerdo... y luego le permite la entrada por la puerta trasera. Su artículo 19, inciso I, dice (traduzco con mi portugués de argentino confiado):
Está vedado a la Unión, a los Estados, al Distrito Federal y a los Municipios… establecer cultos religiosos o iglesias, subvencionarlos, alterar su funcionamiento o mantener con ellos o sus representantes relaciones de dependencia o alianza, exceptuando, en forma de ley, la colaboración de interés público.Supongo que para los católicos será "de interés público" que se indoctrine a los chicos brasileños en su religión, y aventuraría que esa excepción será invocada por quienes dentro del gobierno quieran darle el gusto al Papa.
Esto es preocupante, ya que Brasil es como un modelo de liderazgo para los países latinoamericanos, y hasta ahora su gobierno se había mantenido firme en ciertas políticas progresistas que van en contra de la doctrina católica. Me parece a mí que enseñar catolicismo en las escuelas es un grave error; si el estado quiere combatir el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo, va absolutamente en contra del objetivo ir criando una generación de niños a los que un maestro les ha metido en la cabeza que usar preservativos es malo. En general diría que no tiene sentido, para un gobierno laico de centroizquierda, dejar la puerta abierta a un gobierno teocrático de extrema derecha en lo que se refiere a la educación de los niños. Mucho menos en un país religiosamente diverso como Brasil, donde el catolicismo es una mayoría en declinación.
Veremos qué ocurre; hasta ahora todo es especulación, pero estemos atentos, no vaya a ser que los siguientes seamos nosotros.