Además del Episcopado, el presidente del Centro Islámico, Samir Salech, y el rabino Abraham Skorka, consultados por Valores Religiosos, también se pronunciaron en contra.
No son las opiniones de estos señores lo que critico. Lo que me molesta es que haya una especie de consenso en que las opiniones de los líderes religiosos son importantes, quizá más importantes que las de juristas experimentados, médicos, psicólogos, especialistas de todas las ramas relevantes de la ciencia, y todos los que contribuyeron a que el derecho a las acciones privadas, consagrado en la Constitución Nacional, fuera por fin respetado.
Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.(Perdonaremos a los constituyentes la referencia mitológica; el artículo data de 1853.) Si bien los obispos, rabinos y líderes musulmanes tienen derecho a opinar, es un error considerar que sus pronunciamientos tienen valor per se. Los líderes religiosos no tienen por su condición una visión más profunda de los temas morales; con frecuencia parece ser que ocurre lo contrario, cuando sus dogmas y doctrinas falaces los ciegan a la reflexión libre de cuestiones difíciles.
Lo que resuena más claramente en la línea argumental de estos líderes religiosos abrahámicos es la discordancia entre lo legal y lo moral. “El fallo puede leerse como que todo está bien, y ése es un mensaje contradictorio y perjudicial”, “en el ideario social todo lo que es legal está bien”, dijeron.
Cuando la religión y la política se mezclan, la religión suele intentar transferir sus doctrinas a la ley. Pero la moral no puede ser reglamentada por leyes, porque la moral surge del individuo, y porque en las sociedades modernas los legisladores no pretenden implantar valores morales en la población. “No es facilitando el consumo, ni haciendo aparecer como que está bien lo que está mal, que vamos a superar este creciente flagelo de las drogas”, dijo la Comisión Nacional de Pastoral de Drogadependencia. ¿Está mal según quién? ¿Está mal por qué? ¿Y por qué lo que está mal para los señores obispos debe ser ilegal?
Vender armas es legal. Suicidarse solito en casa es legal. Vender cigarrillos de tabaco es legal (y también fumarlos en cantidades cancerígenas). Quemar combustible fósil sin preocuparse por el calentamiento global es legal. Matar ciertos animales por deporte es legal. Todas esas cosas legales son profundamente inmorales para ciertas personas, por razones atendibles. La Corte Suprema no ha dicho que sea correcto o moral fumar marihuana; ni siquiera ha dicho que es legal; sólo ha dicho que no se puede tratar a un consumidor de marihuana como delincuente. La Corte no es la guardiana de la moral de la población, y estaríamos en graves problemas si así pretendiera serlo.