lunes, 2 de mayo de 2011

Osama bin Laden y la religión (A232)

El Vaticano (que siempre tiene una opinión sobre todo) opina que el recientemente muerto líder terrorista islámico Osama bin Laden “instrumentalizó la religión para matar”. Lo importante no es condenar a Osama —como espero que el lector perspicaz haya notado— sino defender a la religión, que es lo que le da de comer al Vaticano. Incluso si la religión es el islam, la gran enemiga histórica del cristianismo y también enemiga actual en general, pese a las temporales alianzas que ambas celebran cuando se trata de joder al resto de nosotros.

Osama bin Laden junto a una amiga

¿Qué significa instrumentalizar, o transformar en instrumento, la religión? Lo que define un instrumento es que se le da un uso determinado, más o menos específico, y que lo quiere para ese uso y no por sí mismo ni para otro uso no relacionado. Habría que preguntarse, si la religión puede ser un instrumento para matar, por qué esto es así. Con un martillo (un instrumento) puedo romper, aplastar o clavar cosas; obviamente la mayoría de nosotros lo usamos “bien”, generalmente para clavar clavos y así asegurar una madera a otra para construir un mueble o una casa, o bien para colgar un cuadro en una pared. Pero la naturaleza del martillo permite su uso como arma. Si ponemos el martillo en manos de un psicópata es mucho más probable que el mismo lo use para herir a otros o a sí mismo que para algo constructivo.

Por otra parte, un arma de fuego sólo sirve, en principio, para la violencia: para matar, herir o al menos amenazar. También puede servir para protegerse de un asesino, pero eso sigue siendo violencia; o para volar de un tiro una cerradura que no nos permite escapar de una casa en llamas, pero eso es una excepción. ¿Es el islam una religión como un martillo, un objeto para unir, para construir, que cayó por accidente en manos de un psicópata, o es más como un arma de fuego, un objeto fundamentalmente hecho para destruir y ejercer violencia, aunque esa violencia parezca necesaria en situaciones límite?

No quiero reducirlo todo a una analogía, porque eso siempre termina forzando la comparación. Pero hasta aquí y sin contar con otros aspectos más complicados, yo siento que la religión es como un arma de las que muchos ciudadanos, temerosos, guardan descargada en una caja arriba del ropero, creyéndola inofensiva para ellos mismos, pero obligándose siempre a recordar que está allí y que deben usarla cuando se sientan amenazados. Una de esas armas que, cada tanto tiempo, por accidente, hacen que algún inocente muera. ¿Ustedes qué creen?