sábado, 7 de mayo de 2011

El placer solitario de la Iglesia


“La semana pasada […] el antiguo papa Juan Pablo II fue beatificado, un paso importante en su camino a la santidad. Las ocupaciones y maquinaciones del Vaticano  a este respecto no son asunto mío, aunque me siento inclinado a aplaudir toda esa parafernalia sin sentido como un acto inofensivo de onanismo institucional, la clase de autosatisfacción  en grupo que brinda una salida inocua de energía y que, aun siendo improductivo, al menos no es dañina para el resto de nosotros. Si la masturbación es el epítome del sexo seguro, la beatificación —y presumiblemente la canonización también— representa su equivalente teológico: diversión limpia y sana.