Charles Chaplin: no cree en Dios.
Adolf Hitler: cree en Dios.
LA RELIGIÓN NO DEFINE EL CARÁCTER.
Si Dios existe, todo está permitido.
(Hay otros dos anuncios, un poco menos chocantes.) ATEA no la ha tenido tan fácil. Varias empresas de ómnibus han rechazado los anuncios porque son “ofensivos” o porque “discriminan” por razón de religión. Es obvio que pueden resultar ofensivos; lo que no se entiende es por qué eso es impedimento. Los anuncios de Coca-Cola donde una cena familiar aburrida se vuelve una fiesta cuando mamá coloca la botella en el centro de la mesa, así como la mayoría de los anuncios políticos de campaña, los de automóviles y los de productos de limpieza, son un insulto a la inteligencia, pero nadie pide que se los prohíba. En cuanto a la discriminación: ¿dónde está? El hecho histórico de que Hitler creía en Dios y Chaplin no está suficientemente documentado. La reflexión sobre cómo la fe religiosa puede utilizarse para justificar atrocidades de todo tipo no es nueva ni proviene exclusivamente de activistas ateos rabiosos.
Brasil es una sociedad saturada de religión e infestada de iglesias fundamentalistas cristianas. Es diversa pero intolerante de quienes no creen en ninguna de las muchas opciones disponibles. Saludo la iniciativa de ATEA y espero que alguna vez podamos repetirla en Argentina.