Mostrando entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de agosto de 2013

Católicos inventan apoyo internacional a la ley anti-gay rusa

Leo en InfoCatólica y ACI Prensa que se está difundiendo “una declaración de apoyo a la ley rusa de protección del menor frente al adoctrinamiento de género”, firmada por “numerosas entidades y ONGs” a nivel “internacional”, y que en España adhiere y difunde la organización Profesionales por la Ética.

La susodicha ley, como quizá ya sepa el lector, es una ley que, con la familiar excusa simpsoniana de “¿¡Alguien por favor quiere pensar en los niños!?”, prohíbe y penaliza cualquier cosa que pueda ser tomada como apoyo a la idea de que la homosexualidad es normal o que los homosexuales no son seres repugnantes, enfermos, perversos e inmorales. Poniendo como excusa la protección de los niños ante los embates del “lobby gay” que quiere convencerlos —¡y quizá convertirlos!— a todos a su condenable estilo de vida, la ley en la práctica declara que cualquier conducta que se desvíe de la norma heterosexual es inmencionable.


Las encuestas realizadas a lo largo del tiempo muestran que Rusia no sólo no ha seguido la trayectoria habitual de la mayoría de los países del mundo en cuanto a la aceptación de las orientaciones sexuales minoritarias, sino que de hecho ha empeorado. En esto tiene que ver el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa Rusa luego del largo período de ateísmo de estado (durante el cual sobrevivió a la persecución, durante ciertos períodos, gracias a componendas de sus jerarcas con los líderes soviéticos), y la virtual alianza política del Patriarca de Moscú con el gobierno de Putin, aunque es evidente que el sustrato cultural es el factor más importante: los rusos no están muy felices con Putin y sus políticas, pero apoyan la ley anti-gay, y todos los legisladores (oficialismo y oposición) votaron por ella, con una sola abstención.

Como decía, entonces, InfoCatólica y ACI Prensa reproducen el texto de la declaración internacional de apoyo a la ley, mencionando la existencia de muchas organizaciones que adhieren a la misma y que, uno podría creer si fuese ingenuo, deben tratarse de organizaciones dedicadas a los derechos del niño o a la protección contra los abusos sexuales, por ejemplo. Sin embargo, sólo aparece como difusora Profesionales por la Ética.

Una mirada al sitio web de PpE basta para constatar que se trata de una más de la miríada de fachadas de la Iglesia Católica que se promocionan como ONGs de la sociedad civil y que la Iglesia utiliza como proxies o títeres de trapo en los debates mediáticos, presentaciones de “expertos” o peritos ante las cortes, etc. La declaración está ahí pero sigue sin haber rastro de esa multitud de entidades adherentes. La búsqueda de la declaración no arroja ningún resultado excepto copias textuales del parte de prensa de PpE, donde hay un link para descargar una traducción al inglés de la declaración, pero al final de la misma, donde deberían estar los signatarios, no hay nada.

Quizá me equivoque, quizá esas organizaciones existan y estén dispuestas a adherir. De hecho, estoy seguro de que hay muchas organizaciones religiosas dispuestas a adherir a cualquier ley que permita acosar y dañar a la gente que tiene sexo de una manera distinta a la que ellas aprueban. Pero si la idea es difundir una declaración internacional de apoyo a algo, lo mínimo que debe hacerse es conseguir que gentes de distintos países la firmen y luego poner esas firmas en la declaración y subirla a Internet. De lo contrario el resultado es una especie de masturbación ideológica mutua en la cual un montón de gente que odia a los gays se envía a sí misma un texto a favor de ese odio imaginando que muchas otras personas han puesto la firma en el texto y están de acuerdo con quienes lo escribieron. La verdad, aunque debe sentirse muy bien, no se ve muy auténtico que digamos.

viernes, 19 de julio de 2013

La Iglesia del mundo del revés

Estoy revisando centenares de noticias viejas de ACI Prensa para un pequeño proyecto del que pronto hablaré, y me encontré con algo que casi me hace atragantarme de risa y de indignación al mismo tiempo. El titular:

Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres

¿“Católicos en India rezan con el Papa para poner fin a violencia contra mujeres”? ¿Los mismos católicos que dejan morir a las mujeres con tal de no permitirles abortar? ¿Los mismos que consideran que la violación dentro del matrimonio no es una verdadera violación? ¿Rezan para poner fin a la violencia? ¿Esperan que rezar sirva para algo? (Claro que lo esperan, seguro, pero bien estaría recordar aquello de “A Dios rogando y con el mazo dando”, incluso si el Papa suma su apoyo al ruego.) Seguí leyendo un poco más y encontré el párrafo que me hizo carcajear. Estaba entre comillas pero no quedaba muy claro si eran las palabras reales del citado arzobispo de Bombay, el cardenal Oswald Gracias. La fuente era la agencia Fides, uno de los más antiguos órganos de autobombo de la Iglesia Católica. Lo busqué y allí estaba:

ASIA/INDIA - Más de 19 millones de fieles indios rezan unidos al Papa, por el respeto de la mujer en India

“La Iglesia católica está a la vanguardia en la promoción de la igualdad de género.” No, no leíste mal. A la vanguardia. De la igualdad de género.


Y hay más:
“Sin embargo, el camino por recorrer aún es largo: la mentalidad patriarcal tiene que cambiar, tenemos que acabar con la discriminación de género y dar igualdad de dignidad a las mujeres.”
No sé en qué plano de la realidad habita el cardenal Gracias o cómo se conectan sus neuronas para producir en él la idea de que “acabar con la discriminación de género” es compatible con la manera en que el catolicismo predica incesantemente contra la igualdad entre las mujeres y los hombres desde siempre, antes condenando a la mujer sin más trámite a la sumisión y el silencio, hoy mucho más políticamente dedicándole alabanzas cuando elige ser virgen o madre, de ser posible prolífica, y mejor aún si lo es siendo pobre, ignorante, enferma o las tres cosas; elevándola a los altares cuando se deja morir por no abortar, aunque deje atrás y desamparada a una familia numerosa; y haciendo todo lo posible para que el lugar de la mujer no salga de las famosas tres K que la propaganda imperial alemana recomendaba a fines del siglo XIX: Kinder, Küche, Kirche — los niños, la cocina y la iglesia.

Claro está que en la India la discriminación a las mujeres no es culpa del catolicismo. Allí una religión mucho más antigua que el cristianismo ya se encargó hace milenios del trabajo de deshumanizar a las mujeres, y una algo más nueva que el cristianismo, pero surgida de la misma raíz misógina, compite con aquélla para ver cuál las esclaviza más. Cada una canaliza y promueve el odio a la mujer de una forma diferente, aunque en el fondo los detalles se confunden. Sólo en un lugar como la India puede considerarse al catolicismo como beneficioso para las mujeres, aunque más no sea porque ni el sati ni los “crímenes de honor” son prácticas aceptadas o promovidas por la Iglesia Católica.

viernes, 22 de febrero de 2013

¿No más homofobia?

Veo en los medios católicos cierta alegría porque la agencia de noticias global Associated Press ha decidido prohibir a sus redactores el uso del término homofobia, quitándolo de su universalmente reconocido manual de estilo. (Un manual de estilo es una serie de guías, convenciones y reglas —desde la puntuación hasta la gramática— que se deben seguir para componer un documento, tal como un artículo periodístico, dentro de una organización.)
El Manual de Estilo de AP se autoproclama “la Biblia del periodista”, y es considerado por muchas personas de prensa en el mundo como una referencia importante de redacción correcta en diarios y revistas, particularmente en inglés.
Como, naturalmente, muchos de nosotros nos referimos al fomento cristiano del odio a los homosexuales como “homofobia”, se supone que los católicos deben estar contentos porque al menos la agencia que alimenta con sus noticias a muchos de los medios más importantes del planeta va a dejar de usar ese término, el cual no se corresponde con la realidad, vale decir, con el hecho de que los cristianos devotos aman tiernamente a los homosexuales y no los discriminan ni les desean la muerte ni un poquito.

Después de un par de disquisiciones más, el artículo de ACI Prensa que estoy consultando pasa a citar a Óscar Rivas, director del ignoto Instituto Mexicano de Orientación Sexual, que pese a su nombre inocuo —diseñado sin duda para atraer exenciones impositivas y financiación estatal— es claramente una fachada del movimiento antisexo católico. Rivas señala que “se ha abusado” de la palabra homofobia “para atropellar otros derechos como el de libertad de expresión o de culto”, y que actualmente “cualquiera tiene miedo de ser tachado de homofóbico”.

¿A qué llegamos con todo esto? Bien, como de costumbre la prensa católica quiere hacer ver que algo es blanco cuando en realidad es negro. Lo que hizo AP fue prohibir que se use el término homofobia por considerar que fobia remite a una enfermedad o discapacidad mental que causa un miedo irracional. La sugerencia para los redactores no es, sin embargo, ignorar la prédica de odio a los homosexuales que insume gran parte del amplio tiempo libre de todos y cada uno de los obispos católicos y pastores evangélicos fundamentalistas del mundo, por no hablar de los obvios motivos de las diarias palizas, torturas y asesinatos de homosexuales que ocurren en nuestro planeta, sino calificar esas cosas de manera más correcta y específica como (por ejemplo) anti-gay.


La idea de que homofobia es un término incorrecto no es nada nuevo: hace tiempo circula en las redes sociales (atribuida a Morgan Freeman y otros). Confieso que yo padezco de aracnofobia; es un miedo irracional, ya que la mayoría de las arañas no tienen interés en picarme ni son peligrosas para mí. Yo no odio a las arañas ni quiero verlas desaparecer de la faz del planeta (de hecho, me da lástima matarlas). Imagino que algunas personas pueden ser homofóbicas, en el sentido estricto de que sienten temor a asociarse con (personas que ellos creen que son) homosexuales, sin quererlo y sin poder evitarlo. En la inmensa mayoría de los casos, sin embargo, en que se habla de homofobia en los medios o en cualquier lugar que importe, se está hablando de una repulsión que lleva al odio y que se expresa en una discriminación que incluso suele ser reconocida y justificada.

Creo de todas formas que AP se equivoca al asignarle a una palabra un espectro de significado tan estrecho, y que no deberíamos seguir ese camino. Las palabras no son presas de su propia etimología, y a diferencia de otras palabras, homofobia no tiene otro significado: es un término nuevo, que nunca se usó para algo distinto. (No es tal el caso de otros términos que se usan mal coloquialmente: por ejemplo, la gente retraída o tímida etiquetada como autista, los de carácter extremo como bipolares, los que cambian de idea bruscamente como esquizofrénicos.)

El cronista católico menciona que AP también prohibió la expresión limpieza étnica. Lo relevante —y lo que no nota el infeliz— es que se la prohíbe porque se trata de un eufemismo. Igual que homofobia, no describe la situación en términos claros. Nadie está limpiando nada cuando hace una limpieza étnica; simplemente está matando gente. Nadie tiene miedo a la homosexualidad cuando hace lobby legislativo para que los gays tengan menos derechos que los heterosexuales; simplemente está militando contra los gays. Si es el miedo lo que hace que un gobierno ahorque a los gays en las plazas, no es de mayor importancia en la descripción del hecho: se trata de odio e intolerancia sin más.

Usemos la palabra homofobia, si es para abreviar y todos lo entienden así; no la usemos si creemos que puede llevar a confusión. Pero como sea, no dejemos que una palabra oculte los hechos reales o que los intolerantes lleven la discusión a la mera semántica.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Coincidencias entre cristianos y musulmanes

"The love of liberty brought us here" ("El amor a la libertad nos trajo aquí"), sello nacional de la República de Liberia.
El lema de Liberia:
“El amor a la libertad nos trajo aquí”.
Como cualquier grupo con poder político y social, las religiones suelen aliarse con otras según sus conveniencias a nivel local, mientras en otros lugares pelean furiosamente. En el mundo actual pocos ejemplos de esta clase de coincidencias son más claros que las múltiples alianzas de los cristianos devotos de toda clase con las distintas sectas musulmanas contra alguno de sus blancos preferidos, como las mujeres, los gays o la libre expresión. Nada sorprendente, entonces, es la noticia de que los seguidores de Cristo y los de Mahoma se han unido, en Liberia, para impulsar una legislación contra el matrimonio igualitario.

Lo único extraño, si acaso, es que Liberia no está preparándose para aprobar, ni siquiera debatir, la posibilidad de matrimonios entre personas del mismo sexo. En este pequeño país de África occidental la homosexualidad es un delito, al igual que cualquier forma de actividad sexual que no se realice entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio. Un paraíso para quienes odian el sexo, o más bien aman prohibírselo a los demás (que no es lo mismo). No deja de ser irónico, y un poco triste también, que este baluarte de la intolerancia haya sido fundado por esclavos liberados (de ahí su nombre), con un sistema político modelado según el liberalismo estadounidense, que con todas sus fallas llevaba en sí al menos un germen de tendencias igualitarias. Quizá tampoco sea casualidad que la presidenta de este país fundado por esclavos americanos —que es la primera presidenta mujer de África— haya recibido en 2011 el mismo honor que el primer presidente estadounidense de origen afroamericano recibiera dos años antes: el Premio Nobel de la Paz.


Ellen Johnson Sirleaf es una luchadora por los derechos de la mujer y no ha mandado bombardear ningún país, pero no le molestan para nada las leyes que condenan con un año de prisión a los homosexuales: “Tenemos ciertos valores tradicionales en nuestra sociedad que nos gustaría preservar”, dijo cuando le preguntaron qué haría con la ley antihomosexual vigente, negándose a contestar más sobre el tema. De todas formas, su defensa del statu quo es la actitud menos intolerante hoy en día. Hay grupos en Liberia que quieren extender la pena de la homosexualidad a diez años o hacer que se castigue con la muerte. Pero Liberia tiene lazos con Estados Unidos y Sirleaf, que recibió una reprimenda del Departamento de Estado de ese país, no quiere problemas. El representante del Consejo de Iglesias de Liberia, Rudolph Marsh, no fue tan político: dijo que no pensaban “copiar lo malo” de Estados Unidos (en referencia, probablemente, a los avances en materia de matrimonio igualitario allí) y pidió a los cristianos y musulmanes que
“… permanezcan unidos y le digan al mundo que Liberia es un lugar de gente civilizada y no permitirá el matrimonio entre personas del mismo sexo.”
Tanto escándalo parece injustificado porque es impensable que en un lugar donde es ilegal ser homosexual alguien intente legalizar el matrimonio homosexual. En toda Liberia hay un único activista LGBT (fuera del incógnito, al menos), Archie Ponpon, y los buenos cristianos y musulmanes han recompensado sus esfuerzos amenazándolo y quemando la casa de su madre.

viernes, 24 de agosto de 2012

El ateísmo no basta

«Y lo que me preocupa es (…) que lo que el ateísmo está ofreciendo a tantos hombres de clase media, blancos, cisgénero, heterosexuales y sin discapacidades sea la capacidad de verse a sí mismos como rebeldes, astutos, inteligentes, osados y controvertidos que se plantan contra un dogma opresor para liberar a las ovejas víctimas del engaño. Que están, tipo, como, totalmente en contra de tragar la píldora azul. Y que así logran ser los héroes de sus propias narrativas, en vez de pasajeros pasivos, a merced de fuerzas sociales más o menos fuera de su control… fuerzas sociales que casualmente los llevaron a ellos a una posición relativamente segura y cómoda.»
Natalie Reed, activista escéptica, feminista y transexual, expresando su hartazgo ante la falta de compromiso del movimiento ateo/escéptico con un pensamiento crítico que abarque asuntos sociales más amplios que el mero ataque a la religión o la denuncia de las pseudociencias.

miércoles, 22 de agosto de 2012

¿Qué clase de persona querría entrar a un seminario?

Como todos sabemos, uno de los mayores problemas que la Iglesia Católica ve en el mundo —mucho, mucho peor que la pobreza, las guerras y las catástrofes naturales— es que existen los homosexuales. El asunto es más peliagudo todavía cuando se constata que muchos de ellos son sacerdotes o están en el seminario. La postura tradicional de la Iglesia ha sido la misma que se empleó siempre con los sacerdotes que tienen mujeres e hijos, es decir, ocultarlo aunque todo el mundo lo sepa. Oficialmente, los homosexuales están “llamados a vivir en la castidad”, es decir, reprimirse; en el caso de los sacerdotes esta obligación queda subsumida en el voto de castidad que todos deben hacer.

De un tiempo a esta parte, sin embargo, a la Iglesia le viene preocupando marcar una posición más fuerte contra la homosexualidad, y han surgido voces sugiriendo que ningún homosexual, por muy reprimido que sea, debe entrar al seminario u ordenarse sacerdote. Pseudocientíficos y pseudoexpertos a sueldo de la Iglesia se han ocupado de vincular la homosexualidad con la pedofilia, para excusar a la jerarquía eclesiástica de los abusos sexuales a niños sistemáticamente ocultados. Dos pájaros de un tiro.

Leía hace un tiempo una entrevista hecha a un sacerdote gay que tocaba estos temas, y me llamó la atención la claridad con que explicaba ciertos mitos y a la vez la absoluta confusión de quien pertenece y sirve felizmente a una institución que lo considera perverso y abominable.
“Si les niegan a los hombres homosexuales la entrada al seminario, yo me cuestionaría qué clase de hombres heterosexuales estamos recibiendo. ¿Qué clase de persona querría entrar a una organización que tiene semejante prejuicio en contra de algunos de sus hermanos cristianos?
La Iglesia Católica ya no puede causar demasiado daño directo a los homosexuales. No puede obligar ya a la sociedad y a las leyes a tratar a los homosexuales como parias o perversos o criminales sexuales en potencia. Las leyes civiles —por las que hubo que batallar contra la religión y la tradición— los protegen, aun cuando esa protección sea burlada con frecuencia. El único lugar donde la Iglesia puede discriminar grosera y abiertamente es el seminario. Bien se lo pregunta este sacerdote, que da la entrevista bajo un pseudónimo: ¿quién podría desear entrar a una institución así? Es una lástima que la respuesta, que es obvia, todavía no se le haya ocurrido.

jueves, 19 de julio de 2012

Mercedes Rovira no es anómala

La Universidad de Montevideo (UM) es una institución de altos estudios a la que el estado uruguayo le ha concedido el derecho de emitir títulos profesionales habilitantes, es decir, de llamarse propiamente universidad. La UM es una institución católica que responde a los mandos del Opus Dei y cuyos profesores y directivos —en principio— deben vivir y enseñar lo que el Opus Dei y la Iglesia Católica mandan. Supongo que algunos lectores podrán entender por qué las dos situaciones antedichas son incompatibles entre sí.

Mercedes Rovira fue designada como rectora de la UM y ya antes de asumir cometió un error: habló como devota católica en vez de como una catedrática y dirigente de una institución abierta al público en un país laico.
En una entrevista concedida al semanario Búsqueda (…) el periodista le preguntó sobre cuál sería la decisión de la UM si un docente declara públicamente su homosexualidad como hizo Anderson Cooper, periodista de la CNN.

"Que haya anomalías, las hay. También hay tréboles de cuatro hojas", respondió. Y admitió que la condición de homosexual se tiene en cuenta a la hora de contratar a un profesor.
La agencia católica ACI Prensa se extiende más, como para demostrar su absoluto alineamiento editorial con la visión oficial acerca de las susodichas “anomalías”:
La catedrática señaló que en la universidad "somos bien claros en lo que buscamos. El respeto a la persona no va reñido a que consideramos que la verdad es lo que propone la naturaleza humana. La naturaleza humana somos hombres y mujeres, y la diferenciación de sexos es de la naturaleza, biológica y determinante. (…) Asimismo, ante la pregunta de si la homosexualidad "juega a la hora de designar docentes", Rovira afirmó que "obvio que juega. Porque si estamos diciendo que el docente no solamente tiene que enseñar en el aula, sino que es un referente. (…)".
Los medios católicos suelen aplaudir estas exhibiciones de discriminación y de ignorancia grosera en sus fieles, pero en esta ocasión no pudieron hacerlo demasiado. Rovira se retractó, aunque renunció de todas formas, probablemente al darse cuenta de que ni ella misma se creía sus disculpas. Dijo estar “muy triste con la lamentable interpretación de mis palabras”, entendió que “no fue adecuado hablar de anomalía”, aseguró que en 17 años de entrevistar profesores nunca había insinuado preguntas sobre orientación sexual, y por supuesto, recordó que tiene amigos homosexuales (que vienen a ser la versión católica del amigo judío que cada antisemita tiene a mano para demostrar que no lo es).

Rovira está ahora bajo investigación por sus dichos discriminatorios. El colectivo Ovejas Negras había presentado una denuncia pero la retiró al enterarse de que renunciaba; sin embargo, un fiscal solicitó que se abriera un expediente. Claramente la Dra. Rovira debe tener derecho a decir lo que quiera sobre los homosexuales; pero no puede ser autoridad de selección de personal de una universidad (ni de un almacén, si vamos al caso) si específicamente afirma que discrimina y va a seguir discriminando a los postulantes.

La Asociación Civil 20 de Setiembre solicitó al estado “controlar mejor la aplicación de la laicidad en los centros de estudios confesionales”, lo cual parece algo realmente complicado: más fácil conceptualmente, aunque mucho menos práctico y político, sería dejar de permitir que cualquier culto o secta religiosa con dinero e influencia pueda abrir una casa de estudios con aval estatal. Rovira sí que no es una anomalía: su actitud es la que debe tener cualquier católico que respete la doctrina a la que dice suscribir, y es lógico suponer a priori que todo el personal jerárquico de una universidad católica piensa igual, aunque tenga la precaución de no mencionarlo.

lunes, 30 de abril de 2012

Educación sexual católica (parte 6)

Continúo analizando Educación Integral de la Sexualidad. Orientaciones para padres, la revista que el Consejo Superior de Educación Católica distribuye entre los padres de alumnos de las escuelas confesionales.

Iguales pero diferentes

En la p. 20 hay una frase singular: “Aprendamos a educar a las mujeres como mujeres y a los varones como varones, promoviendo la igualdad real de oportunidades.” No parece que vean la contradicción flagrante. La palabra “real” sugiere que la igualdad de oportunidades propuesta por quienes no creemos en roles y aptitudes preestablecidos para cada sexo es irreal o imposible. Si las mujeres y los varones reciben diferente educación, sus oportunidades de desarrollo personal no pueden ser iguales. Un argumento similar a éste era el soporte de la segregación racial en Estados Unidos. Separate but equal: los negros no son inferiores, proclamaban hipócritamente los racistas, sólo son diferentes y requieren de una educación y un ambiente diferentes.


Más abajo se siguen utilizando estudios científicos (jamás citados correctamente) para generalizar sobre la diferencia entre hombres y mujeres. Lo que no se entiende es por qué, si los varones son naturalmente de una forma y las mujeres de otra, esencialmente, desde el mismísimo comienzo de la vida, hace falta tanto papá y mamá y una educación segregada para que los niños no se extravíen y lleguen a una identificación sexual “correcta” y a desear los roles “correctos” para su sexo. ¿No se daría eso naturalmente si estos estudios científicos fueran ciertos de la manera en que se los menciona? Por enésima vez: los estudios muestran tendencias en grandes grupos, no son recetas para predecir el carácter de individuos específicos, ni mucho menos para prescribir esas tendencias como mandatos morales.

En esta sección se habla de las diferencias en los ritmos de maduración de varones y mujeres y otros detalles psicológicos y biológicos bien conocidos. Pero pronto se cae en una falsedad: “Es obvio que también difieren en su forma de aprender y manifestar el amor.” Esto no es obvio. No es ni siquiera fácil de plantear en términos que todos podamos aceptar.

De dónde vienen los bebés

(Por si no lo sabían, era así.)
La siguiente sección es “Una nueva vida” (p. 22) y trata de la concepción, la gestación y el nacimiento. En las respuestas que deben darse a un niño sobre “¿De dónde vienen los bebés?” está la tierna, pero falsa, “Las personas existen por amor”. Esta respuesta sólo puede entenderse apelando al amor de Dios, que desearía incluso a los concebidos por una violación (y permitiría esa violación para un fin superior), pero el cuadernillo evita cuidadosamente mostrar su raíz religiosa.

En la p. 23 se plantea cómo responder a la pregunta del niño sobre si el parto duele. Hay que decirle que “En muchas ocasiones, podemos sufrir por amor”. Al margen, una reflexión que exalta el sufrimiento: “El dolor… tiene un valor positivo en la vida humana. El sufrimiento y la resistencia a la frustración nos hace más fuertes, comprensivos, amables y mejores personas.” Esta veneración por el dolor es típica del ideario cristiano, manifestándose por ejemplo en los santos que lo son casi exclusivamente por soportar enfermedades, privaciones o heridas.

En la explicación de la formación del embrión se lo equipara con una persona (“única e irrepetible”). Los gemelos idénticos parecen ser una anormalidad que puede ignorarse.

Sexo como Dios manda

Al hablar de las relaciones sexuales (p. 24) se dice que “El amor entre papá y mamá es un amor de entrega total y para siempre” y que esto es “el sentido más profundo de las relaciones sexuales”. En esta sola frase transforma el sexo en un cuento de hadas, equipara sexo con amor (una confusión que puede tener consecuencias gravísimas) y desautoriza todas las uniones sexuales que no sean heterosexuales, dentro de un matrimonio religioso y hasta la muerte.

En la p. 25 se habla de hijos adoptivos. “Algunas mujeres quedan embarazadas pero no pueden criar a sus hijos. Con generosidad los entregan en adopción…”. Las mujeres que no quieren tener a sus hijos deben ser egoístas. Más tarde Dios vuelve a aparecer en forma de sujeto tácito, para justificar, de paso, la obligación de concebir, gestar y parir : “Los padres no eligen al hijo, el hijo les es dado como un don.”

Continuará…

lunes, 23 de abril de 2012

Educación sexual católica (parte 5)

Continúo analizando Educación Integral de la Sexualidad. Orientaciones para padres, la revista que el Consejo Superior de Educación Católica distribuye entre los padres de alumnos de las escuelas confesionales.

Homosexualidad, discriminación y heteronormatividad

Como corresponde a una revista publicada por una institución que discrimina de forma clara y flagrante a varios grupos de seres humanos, la siguiente sección comienza hablando sobre la discriminación (p. 19): explica que no hay que discriminar porque todos somos personas. Menciona a los “no nacidos” pero sin hablar de los homosexuales, y en este caso creo que no es inapropiado recurrir a una frase hecha: el concepto de homofobia como discriminación brilla por su ausencia en el adoctrinamiento católico.


A un lado se citan supuestos descubrimientos científicos que avalan la idea de que los cerebros de hombres y mujeres son claramente distintos (“Todo cerebro es masculino o femenino”). Tales pruebas científicas en realidad sólo apuntan a diferencias estadísticas. Por ejemplo, el cerebro de hombre promedio pesa 100 g más que el cerebro de mujer promedio. Pero es imposible examinar un cerebro, sin datos sobre el sexo de la persona a la que perteneció, y determinar si se trataba de un hombre o una mujer. La referencia es probablemente a los hallazgos de Simon Baron-Cohen (que son muy interesantes pero en absoluto indiscutibles).

En un recuadro titulado “Heterosexualidad y homosexualidad” aparece una sarta de mentiras y verdades a medias. Comienza con la grande: “No se han encontrado evidencias científicas de que existan causas genéticas [de la homosexualidad].” Estudios de parejas de gemelos han demostrado que la probabilidad de que ambos (siendo genéticamente idénticos) sean homosexuales es mucho mayor que la esperable por el azar.

Otra: “Lo más aceptado [como causa de la homosexualidad] es que han acontecido trastornos en el desarrollo psicosexual en momentos claves de identificación materno-paterno.” Aceptado por los pseudocientíficos católicos y por los psicoanalistas, quizá, pero no por los psicólogos serios (que no consideran a la homosexualidad un trastorno) ni por los investigadores del desarrollo, que han vinculado la determinación de la orientación sexual a factores hormonales durante la gestación (no culturales). La psicología y la psiquiatría modernas aceptan que la orientación sexual es una variable continua y flexible, aunque difícilmente influenciable por factores culturales.

Finalmente: “El hecho de que una persona sea homosexual no implica que realice prácticas homosexuales” — una obviedad, aplicable a cualquier orientación sexual. La sugerencia implícita es que los homosexuales pueden ser tolerados si se reprimen, lo cual es de hecho la postura doctrinaria oficial de la Iglesia Católica.

La sección termina con una promoción de las “terapias de conversión”, de las cuales afirma su eficacia para “revertir” la homosexualidad. Estas terapias pseudocientíficas son consideradas por los psiquiatras calificados, como mínimo, como ineficaces, y potencialmente dañinas para la psique.

Continuará…

viernes, 13 de abril de 2012

Dejada fuera

Teresa MacBain era pastora de una iglesia metodista en Florida, Estados Unidos. El 26 de marzo pasado “salió del closet” declarándose atea en una conferencia organizada por American Atheists. Fue la conclusión de un largo proceso de ocultamiento, como el que padecen muchos otros pastores y sacerdotes, algunos de ellos congregados para brindarse ayuda mutua en el Clergy Project, una comunidad de clérigos no creyentes que no pueden o no han logrado todavía “salir del closet” y asumir su pérdida de fe ante sus congregaciones (lo cual les puede significar mucho daño personal, social y económico). Lo que sigue es traducción de lo que MacBain escribió después, sobre las repercusiones de su “salida”, y que fue publicado en el sitio de la Fundación Richard Dawkins.
He servido como ministra de la iglesia durante muchos años. En esos años he buscado proclamar el mensaje de la Biblia con integridad y servir a las necesidades de mi congregación con amor y compasión. Incluso cuando mi fe empezó a tambalearse, seguí ministrando y predicando las doctrinas de la congregación a la que servía. Sentía que debía proclamar la teología con integridad, lo que significaba ser fiel a las enseñanzas de la Biblia en mis sermones. Y sin embargo, cuando las noticias de mi apartamiento de la fe llegaron a mi congregación, inmediatamente me cerraron la puerta de la iglesia. Creo que de todos los comentarios negativos y los mensajes de odio que recibí, ésta fue la acción que más me lastimó. ¿Qué pensaron que ocurriría ahora que yo había declarado que no creo más? Presumo, dadas las puertas cerradas con llave, que sintieron que todos los ateos debemos ser ladrones. La idea de que podría escabullirme por la noche, llegar a las puertas de la iglesia y salir corriendo con todos los objetos de valor que hay dentro es absolutamente reprobable. Si quisiera robarles todo, tuve más oportunidades mientras servía en la iglesia como su pastora. Podría fácilmente haber tomado algo por aquí y algo por allá cada día mientras trabajaba entre la gente.

Recuerden: éstas son las mismas personas con las que pasé horas en un hospital, en casas de retiro, o aconsejándoles en mi oficina en momentos de gran angustia… y ahora me dejan encerrada fuera como una criminal común. Quizá sintieron que sus hijos no estarían más seguros con esta infiel sin dios. Ahora entiendo cómo es que muchos que ya no creen pueden estar tan enojados con la religión. Hasta que salí del closet, entendía el enojo hasta un cierto punto, pero ahora yo siento el mismo enojo ante las acciones de aquéllos que afirman vivir una vida de “amor y gracia”. Las palabras de 1 Corintios 13 resuenan en mis oídos: “Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor.” Parada frente a las puertas cerradas de la iglesia, me doy cuenta de que son simples palabras desprovistas de significado. No me malentiendan: no odio a la gente, odio las acciones basadas en el prejuicio y la intolerancia. (…)

Dejada fuera por aquéllos que me llamaban amiga. Dejada fuera por aquéllos a quienes gentilmente ofrecí el mensaje del amor de Cristo en forma de perdón y misericordia. Dejada fuera, demonizada, odiada y vilipendiada por las mismas personas que se llaman a sí mismas creyentes en “el camino, la verdad y la vida”. Con todo lo que me preparé para las consecuencias de salir del closet, nunca esperé ver las cadenas del odio colgando de las puertas de la compasión.
Éste es el video de MacBain admitiendo su ateísmo:

miércoles, 8 de febrero de 2012

Ni Iemanjá ni Jehová

El 2 de febrero pasado, como todos los años en esa fecha, grupos de religiones africanistas celebraron el día de Iemanjá, Reina de los Mares, la mayor de las orishás (dioses/santos originalmente provenientes de la religión yoruba). Leo en Página/12 sobre la celebración como evento especial porque por primera vez en Argentina, en Quilmes (provincia de Buenos Aires), los devotos de Iemanjá estuvieron acompañados por el intendente del municipio de Quilmes y por el interventor del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Éste último explicó: “El Estado debe estar presente para acompañar y visibilizar minorías que fueron históricamente estigmatizadas y vulneradas en sus derechos.”

Es muy correcto que el Estado acompañe y reivindique la libertad de expresión cultural de las minorías, incluyendo su libertad de efectuar rituales religiosos, siempre que no molesten ni dañen a terceros. Los afrodescendientes argentinos y los practicantes de religiones minoritarias siempre han sufrido discriminación. Tuve la ocasión de ver personalmente la celebración del día de Iemanjá en 2009, en la playa del Buceo en Montevideo, donde es costumbre que se reúnan muchos devotos y una gran cantidad de curiosos. Es una ceremonia hipnotizante, encantadora, sin detalles altisonantes, y aunque su objeto de adoración no es ni más ni menos ridículo que el de una misa católica o una plegaria musulmana, resulta más humano y menos amenazante (probablemente, en parte, porque nadie es obligado a participar).

Ofrenda


De todas formas, sigue siendo una ceremonia religiosa, y más aún, una ceremonia que no ha sido obstaculizada (en ocasiones recientes y en este país) por ninguna manifestación de intolerancia, que yo sepa, por lo cual el apoyo estatal parece innecesario. ¿Qué tiene que hacer el intendente de Quilmes allí? Nada, como tampoco tiene nada que hacer en misa, salvo que asista en calidad de ciudadano común. Como tampoco hace falta que el INADI esté allí. Los derechos religiosos de las minorías (de hecho debería hablarse de los derechos de los ciudadanos pertenecientes a minorías religiosas) deben estar protegidos; la reivindicación explícita no es necesaria. Por supuesto es mucho más rendidor, en términos políticos, mostrarse junto a una minoría que no hacerlo, si la oportunidad se presenta y no se requiere ningún otro compromiso.

Un verdadero compromiso sería, en cambio, trabajar por la laicidad del Estado, lo cual implicaría que ningún funcionario político deba participar en tal carácter de ceremonias religiosas; que el protocolo oficial no incluyera la presencia de jerarcas de una religión determinada (o de cualquiera); que el Estado no concediera status jurídico a una religión (o varias) por sobre la infinidad de otras creencias posibles, de tipo ideológico o metafísico. Estos principios requieren, en algún caso, la modificación de leyes arcaicas, modificación que puede resultar impopular, si no para el público en general, sí para minorías pequeñas pero muy acostumbradas a ciertos privilegios culturales, políticos y económicos.

La mejor reivindicación antidiscriminatoria posible es la laicidad total, sin concesiones, ni siquiera protocolares. Que Iemanjá reciba las ofrendas de sus devotos sin ningún funcionario estatal dando su aprobación, y que lo mismo valga para todas las otras deidades, tengan el pedigrí cultural que tengan.

viernes, 6 de enero de 2012

Podcast, ep. 18: antisemitismo cristiano y victimismo judío


En esta edición del podcast de Alerta Religión: un representante de Fox TV pregunta en su foro público “quién creen ustedes que mató a Jesús” esperando que le contesten “los judíos”; un grupo de judíos ortodoxos haredi, molestos por no poder discriminar a las mujeres, protesta disfrazando a sus hijos de víctimas del Holocausto.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Podcast, ep. 17: en San Luis, libres siempre que no moleste


En esta edición del podcast de Alerta Religión: el juez Jorge Sabaíni Zapata, de la provincia de San Luis (Argentina), prohíbe la venta de una línea de ropa por ofender los sentimientos religiosos y discriminar a los católicos, demostrando así que es inepto para juzgar y que no sabe lo que es la libertad de expresión ni la discriminación.


martes, 20 de septiembre de 2011

III Congreso de Ateísmo, día 2, parte 1

Comienzo con la reseña del segundo día del III Congreso Nacional de Ateísmo.

El sábado 10 fue el segundo día del Congreso de Ateísmo. La primera ponente no pudo asistir, por razones de fuerza mayor, de manera que se volvió a emitir la entrevista con la Dra. Argibay que se había proyectado la noche anterior (a una hora a la que muchos ya se habían retirado agotados).

Dra. Analía Mas
Luego vino una larga exposición por parte de la Dra. Analía Mas, que trabaja en el INADI y es abogada de la Federación Argentina LGBT. El tema fue “discriminación y laicismo”. Comenzó contándonos que —aunque no es muy sabido públicamente— en el INADI se reciben muchas denuncias de padres que no pueden reinscribir a sus hijos en escuelas confesionales (luego de haber cursado en ellas uno o más años) porque “no comparten el ideario de la escuela”, lo cual puede significar cualquier cosa, pero especialmente apunta a padres homosexuales. También hay denuncias frecuentes por cuestiones de laicidad, como la presencia de símbolos religiosos en las aulas y de material educativo confesional en escuelas públicas.

El tema que le interesaba tratar, sin embargo, era el caso puntual de la denuncia que Fernando Lozada (presidente de Ateos Mar del Plata) hizo contra la Universidad del Salvador (USal) por haber constatado que en su misión declarada está la “lucha contra el ateísmo”, entendiendo que se trate de una expresión discriminatoria. (Fernando comentó luego que en el INADI no querían considerar la denuncia, hasta que él les planteó la posibilidad hipotética de abrir una universidad cuyo objetivo fuera la “lucha contra el judaísmo”.) El ateísmo como creencia, explicó Mas, tiene protección legal constitucional y de tratados internacionales incorporados a la Constitución. Interpelada la USal, su descargo resultó ser, en vez de una defensa de sus argumentos, una farragosa crítica al ateísmo como enemigo nefasto.

A continuación pasamos al tema de la ley del matrimonio igualitario (la modificación del Código Civil que permitió que se casaran parejas del mismo sexo), por la cual la Dra. Mas fue activista. Recordó en primer lugar cómo el periodista y activista LGBT Bruno Bimbi les sugirió a todos, antes de comenzar la larga lucha por la ley, que se anticiparan a las objeciones que vendrían desde la religión. Cada cambio en la institución matrimonial fue resistido por la Iglesia Católica, explicó Mas, y casi con las mismas palabras. La ley de matrimonio civil de la provincia de Santa Fe, que salió a instancias del gobernador Nicasio Oroño, causó su dimisión al año siguiente, luego de que el obispo de Paraná incitara a la desobediencia civil y a la rebelión armada de los indígenas; veinte años después, en 1888, aprobada la ley de matrimonio civil nacional, voceros de la Iglesia dijeron que “esto va a destruir la familia” (palabras idénticas a las escuchadas en 2010 al debatirse el matrimonio igualitario). Recién en 1986 se planteó una ley de divorcio vincular, a partir de una sentencia de la Corte Suprema que decretó que era inconstitucional hacer indisoluble el matrimonio civil ya que la Iglesia Católica no es la religión del estado; nuevamente se habló de catástrofes y destrucción y se convocaron marchas multitudinarias. En 2007 comenzaron las presentaciones judiciales para solicitar que se permitiera casarse a parejas del mismo sexo, con la siguiente táctica acordada: una pareja homosexual iba al Registro Civil y solicitaba turno para casarse; al serle rechazado el pedido formalmente, se promovía en la Justicia una recurso de amparo, que es la suspensión parcial o total de la aplicación de una ley por supuesta inconstitucionalidad. El primer amparo fue concedido en diciembre de 2009, pero el matrimonio fue anulado a partir de una contrapresentación, proceduralmente irregular, de la Corporación de Abogados Católicos. De todas formas, incluso los fracasos ayudaron a instalar el tema en la sociedad y finalmente en el parlamento, aprobándose la ley en julio de 2010.

En la siguiente entrega continúo con la reseña del segundo día del Congreso.

jueves, 4 de agosto de 2011

Marcha “por la familia”

El domingo por la tarde empecé a ver en mi timeline de Twitter algunos tuits provenientes de Chile y referentes a una “Marcha por la Familia”. Supuse enseguida (y correctamente) que se trataban de una marcha anti-homosexual (porque, como todos sabemos, los homosexuales convierten a aquellas personas normales que tocan y las hacen abandonar a sus familias) y que era un evento organizado por cristianos (porque, como todos sabemos, el dios cristiano odia a los homosexuales y desea que sus fieles los odien también).


La semana anterior, las iglesias evangélicas habían convocado a una “oración masiva” contra los derechos de los homosexuales, con gran despliegue. La marcha “por la familia” fue convocada conjuntamente por evangélicos y católicos, unidos en una plataforma llamada Transforma Chile.

Tal como ocurrió en Argentina y como está ocurriendo en otros países de Latinoamérica (Colombia y Brasil me vienen a la memoria), las organizaciones que representan a las minorías sexuales, los cuerpos legislativos y la sociedad en general han observado que hay un apoyo importante, a veces mayoritario, antes no expresado o reprimido, a la idea de que los derechos civiles no pueden ser restringidos por barreras dogmáticas. Y la reacción a este despertar también es común a los distintos países: una alianza entre una minoría conservadora pequeña pero radical, generalmente cristiana (evangélica o católica), y una minoría considerable de ciudadanos con vagos y fluctuantes valores tradicionales, orgullosamente ignorantes, que juntos tratan de impedir que las personas que no son como ellos obtengan sus mismos derechos. Provienen de una misma matriz de intolerancia y sus argumentos parecen sacados todos de un mismo molde, con escasas variaciones. Ni los voy a repetir aquí, porque ya lo hice (y los refuté) cuando se debatió el matrimonio igualitario aquí en Argentina.

En Chile la batalla parece más complicada de ganar, y los cristianos antiderechos han logrado y exhibido adhesiones francamente preocupantes, como denuncia MOVILH (el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual): en la “Marcha por la Familia”, junto a los niños y a las parejas felices de discriminar al prójimo, iban integrantes del movimiento neonazi (y pro-familia) Frente de Orden Nacional, al grito de “Chilenos unidos contra el pervertido”.

Foto: Difamadores
Por otro lado, algo auspicioso es que las afiliaciones religiosas están claras desde el principio. En Argentina las iglesias se movilizaron sólo cuando se vieron cerca de la decisión final del Congreso; en la superficie del debate todos los activistas homofóbicos pretendían presentar argumentos legales o científicos, y en el prolongado debate parlamentario final la ponencia del único legislador que hizo su alegato basándose explícitamente en la mitología cristiana fue considerada ampliamente como la peor de una noche rica en estupideces.

Desde el punto de vista racional, la causa antiderechos está condenada a perder. Pero no se puede soslayar la presión de los credos intolerantes sobre los políticos, incluso si éstos son gente razonable y abierta. Ojalá que Chile logre dar el paso al frente pronto, dejando atrás y protestando a los patéticos y egoístas manifestantes que vimos desfilar por las calles de Santiago.

martes, 2 de agosto de 2011

Posters ateos brasileños

Me avergüenza decir que me llega una noticia de Brasil vía un blog estadounidense, pero así es. Se trata de los posters contra el prejuicio hacia el ateísmo que ha hecho públicos ATEA (Associação Brasileira de Ateus e Agnósticos) y que Hemant Mehta de Friendly Atheist reproduce con sana envidia, preguntándose cuál sería la reacción si aparecieran en Estados Unidos. Allí, pequeños avisos en buses urbanos que decían “Puedes ser bueno sin [creer en] Dios” fueron objeto de furibundos ataques verbales y recursos legales por parte de cristianos intolerantes. Qué pensarían de lo que sigue…

Charles Chaplin: no cree en Dios.
Adolf Hitler: cree en Dios.
LA RELIGIÓN NO DEFINE EL CARÁCTER.

Si Dios existe, todo está permitido.

(Hay otros dos anuncios, un poco menos chocantes.) ATEA no la ha tenido tan fácil. Varias empresas de ómnibus han rechazado los anuncios porque son “ofensivos” o porque “discriminan” por razón de religión. Es obvio que pueden resultar ofensivos; lo que no se entiende es por qué eso es impedimento. Los anuncios de Coca-Cola donde una cena familiar aburrida se vuelve una fiesta cuando mamá coloca la botella en el centro de la mesa, así como la mayoría de los anuncios políticos de campaña, los de automóviles y los de productos de limpieza, son un insulto a la inteligencia, pero nadie pide que se los prohíba. En cuanto a la discriminación: ¿dónde está? El hecho histórico de que Hitler creía en Dios y Chaplin no está suficientemente documentado. La reflexión sobre cómo la fe religiosa puede utilizarse para justificar atrocidades de todo tipo no es nueva ni proviene exclusivamente de activistas ateos rabiosos.

Brasil es una sociedad saturada de religión e infestada de iglesias fundamentalistas cristianas. Es diversa pero intolerante de quienes no creen en ninguna de las muchas opciones disponibles. Saludo la iniciativa de ATEA y espero que alguna vez podamos repetirla en Argentina.

viernes, 22 de julio de 2011

El jardín de infantes del horror asexuado

Una indignada agencia desinformativa católica reporta que un jardín infantil “asexuado” experimenta con niños y su identidad sexual. Se refiere a Egalia, una institución sueca cuyo proyecto educativo incluye el controvertido objetivo de lograr un ambiente en el que los niños no adquieran estereotipos de género. Entre otras cosas, se los enseña a referirse uno al otro con un pronombre neutro y no se dividen los juguetes en femeninos y masculinos. No hay “juegos de varones” y “juegos de nenas”, no hay cuentos infantiles del tipo princesa-conoce-a-príncipe-azul, y por supuesto no se pintan objetos ni lugares de rosa y de celeste para diferenciarlos. Quizá naturalmente, muchos de los niños que allí asisten son hijos de parejas homosexuales, aunque por supuesto esto no es exclusivo.

Es difícil saber si educar a un niño contra la corriente principal de la sociedad en la que vive (sexista, patriarcal y heteronormativa) es una utopía, si es realizable, o si es deseable cuando se la lleva al extremo de cambiar los pronombres. Quizá no sea el camino. Parece exagerado decir que se está experimentado con niños, como si de un laboratorio frankensteiniano se tratase. En un cierto sentido, todo aquél que cría un hijo está experimentando con él.

Pero la oposición católica a Egalia parte de que esta clase de enseñanzas va totalmente en contra de lo que predica la Iglesia: la posición heteronormativa esencialista que afirma que los hombres y las mujeres son lo único que existe, a la manera de formas platónicas, cada uno con una serie de atributos intrínsecos, siendo todo lo demás una perversión o una desviación. (Da la casualidad que el rol de la mujer, según esta iglesia cuyos líderes son sin excepción hombres, es inferior al del hombre.) No diría mucho más de esto, que es sabido por todos, si no fuera por lo incongruente de la justificación de las críticas. La psiquiatra consultada dice que 
“Un niño sano, varón o mujer, sabe y siente, desde antes de los cuatro años de edad a qué sexo pertenece.”
Si esto es así, ¿cuál es el problema? ¿Puede uno confundirse porque en vez de llamarlo con un pronombre sexuado se emplee uno neutro? (Si fuera así, ¿qué hacer con los miles de millones de niños cuya lengua nativa no diferencia entre “él” y “ella”?) ¿Puede un niño varón llegar a creer que es mujer, o viceversa, porque le den la oportunidad (no la obligación) de jugar con muñecas o en una sala pintada de rosa en vez de forzarlo a jugar con autos o revólveres de plástico en una sala de color azul?

Estudios científicos han mostrado que, con frecuencia superior a lo que se esperaría por el mero azar, los comportamientos infantiles contrarios al estereotipo de género correspondiente (por ejemplo, varones que juegan con muñecas o niñas que prefieren los entretenimientos físicos fuertes) pueden predecir una orientación homosexual en la vida adulta. Pero a todas luces esta desviación de las expectativas en los niños no es causa, sino efecto, de las raíces biológicas subyacentes de la homosexualidad. La sexualidad de los niños no se altera; ellos mismos “saben” cómo desean comportarse. Lo que ocurre es que para los católicos no existe la orientación sexual en este sentido. Existe lo correcto (hombre conoce a mujer, se casa, tiene sexo sin preservativo, procrea, da capo al fine) y todo lo demás es pecado o enfermedad. En ambos casos, el quiebre de los estereotipos se ve como un ataque al orden natural: una tentación a ir por el camino del mal (pecado) o una influencia psicológica y fisiológica indebida que daña al organismo (enfermedad).

El único “experimento” que se está llevando a cabo en Egalia es sobre la sociedad, no sobre los niños: es el experimento de observar cómo tratan los demás a niños perfectamente normales pero que no han sido condicionados con estereotipos de género. Lo más probable es que los niños se decanten solos por sus preferencias, y que de adultos sólo difieran de los demás en una mayor tolerancia hacia lo diferente.

martes, 17 de mayo de 2011

La marcha antigay (A234)

Hace un par de días nomás, leyendo en Twitter, noté que unos cuantos de mis contactos estaban hablando de una “marcha antigay”. Resultó que #marchaantigay era TT (Trending Topic) en Twitter —y era virtualmente imposible leer todos los mensajes que se iban acumulando sobre el tema— porque en México, más precisamente en Guadalajara, capital del estado de Jalisco, una asociación autotitulada “Mexicanos por la Vida de Todos” había organizado una de esas famosas “marchas por la vida y la familia” que tanto les gusta a los grupos de ultracatólicos que se oponen a todo tipo de vida y a toda familia que no sea e-xac-ta-men-te como les gusta a sus pequeñas y marchitas mentes. El objetivo: oponerse a la reforma de la constitución federal, que incluye el derecho al aborto y la institucionalización de las uniones civiles sin distinción de sexo.

(La foto es de salazargdl.)
Un punto curioso es que estos grupos antiderechos nunca se identifican claramente y desde el vamos como católicos (o evangélicos, o cristianos) y tratan de evitar los argumentos religiosos en sus apariciones públicas. Esa hipocresía no deja de ser un buen signo: quiere decir que han reconocido que el dogma y la tradición religiosa no sirven de argumento ante sociedades cada vez más seculares, con más información disponible y con mayor libertad para pensar y elegir a partir de una ética no teológica. Se habla de “asociaciones civiles”, de ciudadanos independientes y libremente comprometidos con “valores” que se califican de universales o comunes a todos, pero en realidad son fachadas de la Iglesia Católica o de otras religiones organizadas, con líderes bien adoctrinados. (Sus seguidores, por otra parte, suelen ser bastante básicos.)

Hoy es el Día Internacional Contra la Homofobia y la Transfobia, y no está de más recordar que, aunque estas formas de discriminación irracional están enraizadas en la cultura popular desde hace tiempo, son las instituciones religiosas las principales responsables de propagarlas orgánicamente y de sostenerlas a través de la indoctrinación y la educación que el estado les ha entregado.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Pobres, pobres católicos (A205)

Guillermo Cartasso
Ante declaraciones de ciertos creyentes uno no sabe si reírse, llorar, enojarse o rascarse la cabeza de puro desconcierto. Tal es mi caso ante el pretendido temor de que en Argentina los católicos se estén transformando en “una minoría discriminada”, expresado por Guillermo Cartasso, asesor legislativo de la Conferencia Episcopal Argentina y presidente del movimiento eclesial FUNDAR.

Los lectores que no sean argentinos ni vivan en este país quizá precisen alguna aclaración. La Iglesia Católica es la única religión que figura en la Constitución Nacional. El estado le paga el sueldo (un muy buen sueldo) a los obispos y subvenciona abundantemente a las escuelas privadas confesionales: es decir, nuestros impuestos pagan los gastos de funcionarios religiosos designados por una monarquía teocrática extranjera, y ayudan a la propagación de la doctrina religiosa oficial de ese gobierno extranjero (con frecuencia contraria a la política de nuestro estado). Más del 90% de los argentinos se bautizan por iglesia, y la mayoría de los que se casan lo hacen por iglesia además de por el trámite civil (y pagan a la iglesia por flores, alfombra y ceremonia). Cada vez que se intenta dar un paso progresista en el terreno de los derechos de la mujer, de los derechos sexuales y reproductivos, de los derechos de las minorías sexuales o de la laicidad del estado, la Iglesia no tiene siquiera que levantar la voz y ya tiene a su alrededor a toda una constelación de medios pidiéndole respetuosamente su opinión, a políticos de casi todos los partidos haciéndole reverencias y prometiéndole concesiones, y a opinólogos y académicos apoyándola desde diarios, televisión, universidades, organizaciones no gubernamentales e instituciones dependientes de la misma Iglesia. El mismo Cartasso hizo sus declaraciones durante unas jornadas celebradas en una universidad privada católica, en una provincia donde hubo recientemente tres días seguidos de feriado religioso, donde el ministro de Educación es un Opus Dei y los niños tienen clase de religión en las escuelas públicas.

Dicho esto, lo que realmente preocupa a Cartasso queda más claro. Los católicos no son minoría, salvo que contemos como católicos sólo a los que respetan a rajatabla los preceptos emanados del Vaticano (en cuyo caso el catolicismo estaría ya en minoría en todo el mundo, probablemente incluyendo al mismo Vaticano). La discriminación religiosa —verse descalificado de hablar o actuar, o privado de derechos, por causa de la propia creencia— es infrecuente en Argentina, y la discriminación a católicos por su fe es pura fantasía.

Salvo que uno defina discriminación como ciertos límites sensatos que la Iglesia ve como obstáculos. A esto se refiere Cartasso cuando alude a la necesidad de una ley de objeción de conciencia: lo que desea es que los católicos tengan la libertad de no cumplir las leyes que ellos consideren que “no contribuye[n] al bien común”. ¡Son discriminados porque no se les permite violar la ley! ¡Son víctimas de una injusta prohibición de discriminar!

La preocupación, aunque sobreactuada, es entendible. En el debate por la ley de matrimonio igualitario, algunos legisladores basaron su voto negativo en la doctrina cristiana, pero la mayoría de los creyentes ensayó una variante de “soy católico pero…”, y se observó un consenso importante en torno a la noción de que la doctrina o las convicciones religiosas no son material admisible en una argumentación seria. El avance hacia un estado laico es lento y con tropiezos, pero ya es visible y los lobbistas de la Iglesia lo saben. Pero que no se preocupen los católicos: cuando desde el otro lado hablamos de tolerancia y no discriminación, lo decimos en serio…, no como Guillermo Cartasso.

viernes, 16 de julio de 2010

¡Matrimonio para todos!

La modificación del Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo fue aprobada por el Senado argentino en la madrugada del día 15 de julio, con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones. Algunos senadores cambiaron su voto o se ausentaron de la sesión a último momento, por lo cual el resultado era incierto. El debate duró unas quince horas y se pudo ver íntegramente por televisión y en la web.

Afuera del Congreso, miles de manifestantes de agrupaciones políticas y LGBT esperaron durante toda la tarde y la noche, con ánimo de fiesta (amenizada por la música de Kevin Johansen y dibujos en vivo de Liniers), salvo por unos momentos de tensión cuando un grupúsculo de católicos se pusieron a rezar el rosario de espaldas a la multitud. Buscaban victimizarse y lamentablemente lo lograron, cuando algunos manifestantes perdieron la paciencia y empezaron a arrojarles naranjas; otros arrancaron una bandera que condenaba toda unión que no fuera la de hombre y mujer, y entonaban cánticos contra la Iglesia. La cosa no pasó a mayores.

Dentro del Congreso hubo un comienzo confuso y a los gritos por un conflicto reglamentario relativo al proyecto de unión civil, propuesto por un sector que se oponía al matrimonio de pleno derecho para los homosexuales pero no quería mostrarse como discriminador, y que había sido impugnado por el bloque kirchnerista. Después comenzó a hablar la presidenta de la comisión que emitió el dictamen en discusión, Liliana Negre de Alonso, una militante católica del Opus Dei. Negre presentó un ridículo video de diez minutos de duración, con música de fondo y clips de las audiencias públicas organizadas por ella en las provincias conservadoras del interior del país, y después de autocongratularse y agradecer a su equipo de producción procedió a hablar durante una hora más, a pesar de que sólo se le habían asignado 40 minutos. El video fue descalificado como “propaganda” por varios legisladores.

El debate continuó con altas y bajas hasta llegar al último de los 48 oradores. Yo vi apenas un par de horas al inicio y otros pedazos por la tarde y la noche, mientras seguía en Twitter el tema #matrimoniogay, que se volvió (para sorpresa de todo el mundo) trending topic cuando Ricky Martin lo recogió. Inútil sería tratar de resumirlo; otros han recogido las partes más interesantes de los discursos. Mi impresión (y admito completamente que es parcial y subjetiva) es que del lado de quienes querían aprobar la ley había, o bien una reflexión reciente y honesta sobre este tema específico que los había convencido de votar a favor, o bien un compromiso ideológico general previo, mientras que del otro lado no había mucho más que prejuicios e ignorancia, generalmente recubiertos por una estructura discursiva de tono legalista, apropiada pero en último término endeble, y a veces ni siquiera eso. Militantes fundamentalistas como Negre de Alonso fueron la excepción. Asistimos al penoso espectáculo de legisladores que basaban todo su discurso en preceptos bíblicos o en la engañosamente llamada “ley natural” defendida por la Iglesia, pero también al refrescante testimonio de que muchos de nuestros políticos, de todos los partidos, son capaces de pensar y de liberarse de los prejuicios con que indudablemente crecieron.

Cuando empecé a escribir sobre el matrimonio homosexual me disculpé, casi, por hacer de este tema político parte tan importante de un blog sobre religión. La verdad es que esa disculpa no tuvo sentido. A la hora de la acción, más allá de que existe homofobia y patriarcalismo entre ateos, agnósticos e indiferentes religiosos, fueron las grandes fuerzas religiosas de Argentina quienes convocaron a miles de personas y gastaron inmensas cantidades de dinero y tiempo para luchar contra los derechos de las parejas homosexuales. Sin el acicate de la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas fundamentalistas no hubiera habido esta convulsión nacional, ni hubiera surgido tanta basura ideológica y tanto odio de lo profundo de la sociedad argentina. Sin los “naranjitos” en la calle y en la web no nos hubiéramos enterado de las dimensiones que puede tomar la discriminación asumida como valor moral. Creo que eso les costó la batalla cultural y finalmente la ley; como dice Bruno Bimbi, la Iglesia fue la que declaró la guerra, y perdió.