La semana anterior, las iglesias evangélicas habían convocado a una “oración masiva” contra los derechos de los homosexuales, con gran despliegue. La marcha “por la familia” fue convocada conjuntamente por evangélicos y católicos, unidos en una plataforma llamada Transforma Chile.
Tal como ocurrió en Argentina y como está ocurriendo en otros países de Latinoamérica (Colombia y Brasil me vienen a la memoria), las organizaciones que representan a las minorías sexuales, los cuerpos legislativos y la sociedad en general han observado que hay un apoyo importante, a veces mayoritario, antes no expresado o reprimido, a la idea de que los derechos civiles no pueden ser restringidos por barreras dogmáticas. Y la reacción a este despertar también es común a los distintos países: una alianza entre una minoría conservadora pequeña pero radical, generalmente cristiana (evangélica o católica), y una minoría considerable de ciudadanos con vagos y fluctuantes valores tradicionales, orgullosamente ignorantes, que juntos tratan de impedir que las personas que no son como ellos obtengan sus mismos derechos. Provienen de una misma matriz de intolerancia y sus argumentos parecen sacados todos de un mismo molde, con escasas variaciones. Ni los voy a repetir aquí, porque ya lo hice (y los refuté) cuando se debatió el matrimonio igualitario aquí en Argentina.
En Chile la batalla parece más complicada de ganar, y los cristianos antiderechos han logrado y exhibido adhesiones francamente preocupantes, como denuncia MOVILH (el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual): en la “Marcha por la Familia”, junto a los niños y a las parejas felices de discriminar al prójimo, iban integrantes del movimiento neonazi (y pro-familia) Frente de Orden Nacional, al grito de “Chilenos unidos contra el pervertido”.
![]() |
Foto: Difamadores |
Desde el punto de vista racional, la causa antiderechos está condenada a perder. Pero no se puede soslayar la presión de los credos intolerantes sobre los políticos, incluso si éstos son gente razonable y abierta. Ojalá que Chile logre dar el paso al frente pronto, dejando atrás y protestando a los patéticos y egoístas manifestantes que vimos desfilar por las calles de Santiago.