domingo, 31 de julio de 2011

Ahora dicen que cruzaron humanos con animales

Los bloggers de InfoCatólica son variados. Algunos son teólogos profesionales capaces de marear al lector con párrafos y párrafos de sofistería sin sentido (teología, por definición); otros, como Juanjo Romero, se permiten posts terroristas, como aquel que voy a comentar, titulado La Isla del Dr. Moreau: 150 híbridos humanos en el Reino Unido, cuyo único valor informativo es la demostración de que incluso un analista de Estudios de Mercado (sea lo que sea eso) puede creerse capaz de valorar una noticia que toca el complejo mundo de la interacción entre medicina, ética y genética, aunque no sepa distinguir entre una fuente confiable y un artículo del diario amarillista más conocido de las Islas Británicas, que no deja de ser sesgado y desinformativo sólo porque parezca confirmar los fingidos temores de un funcionario vaticano.

En pocas palabras:

  • No es cierto que se hayan creado híbridos entre humanos y animales. Lo que se creó fueron embriones, presumiblemente de uno o más de los distintos tipos permitidos por la ley británica, que incluyen embriones humanos con pequeñas porciones de ADN provenientes de una especie animal.
  • Los embriones producidos deben ser destruidos a los 14 días como máximo y no pueden ser implantados en humanos.
La Iglesia Católica se opone a la investigación médica con embriones, ya que —como sabemos— para el cristianismo un cigoto (una sola célula) tiene el mismo valor que una persona (un ser humano completo y viable). En particular se opone a la investigación con células madre embrionarias, porque ésta implica la destrucción del embrión; para desacreditarla, la prensa pseudomédica católica enfatiza que ninguna de las líneas de investigación con células madre embrionarias ha logrado resultados hasta ahora y que se puede lograr lo mismo, eventualmente, usando células madre provenientes del cordón umbilical (que no requieren enviar al cielo con Dios a preciosos embriones). Ambas cosas son verdades a medias, en tanto que ningún científico responsable ha dicho que las células madre vayan a ser una panacea instantánea (quizá pasen veinte años para que rinda fruto lo que se investiga hoy) y las células madre no embrionarias presentan problemas particulares para trabajar con ellas.

Como otras veces, la mentalidad esencialista se interpone entre la realidad y lo que reflejan los medios. No existe el “ADN humano”. La mayor parte del ADN que se encuentra en las células humanas es idéntico, o casi idéntico, al de los animales más cercanos a nosotros. De más está decir que eso no nos habilita a intercambiar alegremente genes entre especies, meter esa mezcla en un cigoto, implantarlo en un útero y ver qué sale; un mínimo de confianza en las leyes humanas y en la ciencia nos garantiza que nunca caeremos por esa pendiente resbaladiza a la que alude el ignorantísimo blogger de InfoCatólica (a menos que sea, precisamente, a causa de un “Dr. Moreau”, un individuo desequilibrado y amoral).

Un obvio corolario de la teoría de la evolución es que todos nuestros genes provienen de los animales de los que descendemos, con alteraciones mínimas o radicales. No provenimos de un molde único, con el que Dios nos formó y que luego rompió, sino de una receta biológica a la que la naturaleza ha ido agregando variaciones desde hace miles de millones de años. Experimentar con esa “receta” para buscar una variante más saludable no es inmoral en sí, mientras no olvidemos que el resultado final no es algo que podemos tirar a la basura. Pero está claro que a la Iglesia Católica no le importa lo moral ni el beneficio para los seres humanos: su preocupación principal es devolver a la ciencia, la filosofía y la ética a la prisión en que las mantuvo durante casi dos milenios.

sábado, 30 de julio de 2011

Religión y conformismo

“No quiero tener nada que ver con una religión que se ocupa en mantener a las masas satisfechas de vivir en el hambre, la suciedad y la ignorancia. No quiero tener nada que ver con ningún orden religioso o de otra clase que no le enseñe a la gente que son capaces de ser más felices y más civilizados, en esta tierra, capaces de transformarse en un hombre verdadero, amo de su destino y capitán de su alma. Para lograr esto, pondría a los sacerdotes a trabajar, y también convertiría los templos en escuelas.”
—Jawāharlāl Nehru, primer ministro indio 1947–1964

lunes, 25 de julio de 2011

Apartar al hombre de Dios

Cardenal Antonio Cañizares 
Ustedes saben que trato de criticar las malas acciones y no las malas ideas, porque a fin de cuentas cualquiera puede tener una mala idea (como la idea de que hay que mutilar el pene de un niño para que Dios lo considere parte de su grupo exclusivo, o la idea de que las mujeres son inmorales si no se tapan todo el cuerpo excepto los ojos), y si no la practica, o incluso si la practica sólo en sí mismo y no en los demás, debe ser libre de hacerlo porque es su asunto.

Por lo mismo tampoco defiendo la censura legal de estas ideas, salvo cuando se expresen de manera tal que se entiendan como instrucciones para hacer daño a alguien más.

Entendiéndose que no propongo prohibirle decir lo que desee, me gustaría mucho al menos poder contestarle, en términos fuertes, al cardenal Antonio Cañizares, que es un funcionario del Vaticano del más alto orden y se supone que debería cuidarse mucho de que sus ideas no se interpreten como órdenes a los fieles católicos de hacer daño a alguien más. Cañizares acaba de comparar a los secularistas (es decir los laicistas, los que queremos que el estado y la sociedad no estén bajo el yugo de una religión) con los nazis.

No lo dijo así tan claramente; no tanto como Juan Pablo II, que en su tiempo dijo una vez que sólo una ideología sin dios puede planear un genocidio. (El genocidio en Ruanda, incitado por los líderes católicos locales, cuya culpabilidad está ampliadamente documentada, quizá no le era conocido, a pesar de haber ocurrido pocos años antes.) Para Cañizares, el secularismo es como el Tercer Reich porque desea “apartar al hombre de Dios”.

Si “apartar al hombre de Dios” significa “dejar de darle vía libre a los vendedores de religión para entrar en el gobierno, las escuelas, los hospitales y nuestras habitaciones, para que dicten leyes, aprueben o censuren programas educativos, nos digan cuántos hijos podemos tener o cuándo podemos morir, y con quién y de qué manera podemos tener sexo”, entonces sí, queremos apartar al hombre de Dios.

El secularismo no pasa de eso y yo, por mi parte, me conformo con esa módica separación. Aunque a veces, es verdad, me gustaría contestarle a gente como Cañizares que efectivamente, quisiera apartar de la mente de mis congéneres la funesta idea de Dios. No sólo porque sea una mala idea, sino porque es la que da de comer a personas pequeñas y despreciables como los cardenales y los papas.

viernes, 22 de julio de 2011

El jardín de infantes del horror asexuado

Una indignada agencia desinformativa católica reporta que un jardín infantil “asexuado” experimenta con niños y su identidad sexual. Se refiere a Egalia, una institución sueca cuyo proyecto educativo incluye el controvertido objetivo de lograr un ambiente en el que los niños no adquieran estereotipos de género. Entre otras cosas, se los enseña a referirse uno al otro con un pronombre neutro y no se dividen los juguetes en femeninos y masculinos. No hay “juegos de varones” y “juegos de nenas”, no hay cuentos infantiles del tipo princesa-conoce-a-príncipe-azul, y por supuesto no se pintan objetos ni lugares de rosa y de celeste para diferenciarlos. Quizá naturalmente, muchos de los niños que allí asisten son hijos de parejas homosexuales, aunque por supuesto esto no es exclusivo.

Es difícil saber si educar a un niño contra la corriente principal de la sociedad en la que vive (sexista, patriarcal y heteronormativa) es una utopía, si es realizable, o si es deseable cuando se la lleva al extremo de cambiar los pronombres. Quizá no sea el camino. Parece exagerado decir que se está experimentado con niños, como si de un laboratorio frankensteiniano se tratase. En un cierto sentido, todo aquél que cría un hijo está experimentando con él.

Pero la oposición católica a Egalia parte de que esta clase de enseñanzas va totalmente en contra de lo que predica la Iglesia: la posición heteronormativa esencialista que afirma que los hombres y las mujeres son lo único que existe, a la manera de formas platónicas, cada uno con una serie de atributos intrínsecos, siendo todo lo demás una perversión o una desviación. (Da la casualidad que el rol de la mujer, según esta iglesia cuyos líderes son sin excepción hombres, es inferior al del hombre.) No diría mucho más de esto, que es sabido por todos, si no fuera por lo incongruente de la justificación de las críticas. La psiquiatra consultada dice que 
“Un niño sano, varón o mujer, sabe y siente, desde antes de los cuatro años de edad a qué sexo pertenece.”
Si esto es así, ¿cuál es el problema? ¿Puede uno confundirse porque en vez de llamarlo con un pronombre sexuado se emplee uno neutro? (Si fuera así, ¿qué hacer con los miles de millones de niños cuya lengua nativa no diferencia entre “él” y “ella”?) ¿Puede un niño varón llegar a creer que es mujer, o viceversa, porque le den la oportunidad (no la obligación) de jugar con muñecas o en una sala pintada de rosa en vez de forzarlo a jugar con autos o revólveres de plástico en una sala de color azul?

Estudios científicos han mostrado que, con frecuencia superior a lo que se esperaría por el mero azar, los comportamientos infantiles contrarios al estereotipo de género correspondiente (por ejemplo, varones que juegan con muñecas o niñas que prefieren los entretenimientos físicos fuertes) pueden predecir una orientación homosexual en la vida adulta. Pero a todas luces esta desviación de las expectativas en los niños no es causa, sino efecto, de las raíces biológicas subyacentes de la homosexualidad. La sexualidad de los niños no se altera; ellos mismos “saben” cómo desean comportarse. Lo que ocurre es que para los católicos no existe la orientación sexual en este sentido. Existe lo correcto (hombre conoce a mujer, se casa, tiene sexo sin preservativo, procrea, da capo al fine) y todo lo demás es pecado o enfermedad. En ambos casos, el quiebre de los estereotipos se ve como un ataque al orden natural: una tentación a ir por el camino del mal (pecado) o una influencia psicológica y fisiológica indebida que daña al organismo (enfermedad).

El único “experimento” que se está llevando a cabo en Egalia es sobre la sociedad, no sobre los niños: es el experimento de observar cómo tratan los demás a niños perfectamente normales pero que no han sido condicionados con estereotipos de género. Lo más probable es que los niños se decanten solos por sus preferencias, y que de adultos sólo difieran de los demás en una mayor tolerancia hacia lo diferente.

miércoles, 20 de julio de 2011

Información vs. cristianismo

Josh McDowell
El apologista cristiano evangélico Josh McDowell ve confirmados sus peores temores:
“Internet le ha dado a los ateos, agnósticos, escépticos, a la gente que desea destruir todo en lo que ustedes y yo creemos, casi el mismo acceso a los hijos de ustedes que el que tienen su pastor o ustedes…”
Vale decir, ahora cualquier niño puede sentarse frente a una computadora y, con un poco de criterio y la ayuda de Google o Wikipedia, desengañarse de todas las mentiras con las que los padres y los pastores les han lavado el cerebro en nombre de Jesús. ¡Amén!
“Éste es el problema: desde el principio, cuando Al Gore inventó la Internet” (esto dicho en tono de broma) “yo estuve diciendo durante diez, once años que la abundancia de conocimiento, la abundancia de información, no llevaría a la certidumbre: llevaría a un escepticismo masivo. Y eso, amigos, es exactamente lo que ha ocurrido.”
No exactamente (¡qué buena noticia sería!), pero sí se ven algunas señales prometedoras. Ahora los jóvenes tienen la oportunidad de salir de la prisión del dogma mucho antes, apenas aprenden a usar Internet para relacionarse con personas fuera del patéticamente diminuto mundo del cristianismo fundamentalista.
Hace unos 15 años, añadió el apologista, cuando los ministerios juveniles cristianos recaudaban dinero para proyectos juveniles, la gran frase era: “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 18 años, probablemente no llegarás a él.” ¿Y cómo es ahora? “Si no llegas a tu hijo cuando cumpla 12 años, probablemente no llegarás a él.”
Esto me hace modestamente feliz. Si llegando a un solo niño puedo arruinarle la fiesta a vendedores de ignorancia y superstición como Josh McDowell, me considero satisfecho.

lunes, 18 de julio de 2011

Podcast, episodio 6

En esta edición del podcast de Alerta Religión: noticias de las Islas Británicas. En Inglaterra, el Rabino en Jefe (ortodoxo) denuncia que si el estado sigue imponiéndoles a las religiones dejar de discriminar y tratar a todos como iguales (mujeres, gays, etc.) van a terminar volviéndose a ir a Estados Unidos en un barco para poder tener “libertad religiosa”. Hace unos años había dicho que Europa se muere de vejez porque los ateos no tienen valores familiares, son egoístas y no quieren hijos. En Irlanda, el Ministro de Relaciones Exteriores llama al embajador de la Santa Sede para pedir explicaciones por el encubrimiento de abusos sexuales a niños, y los católicos rezongan porque se convertirá en delito no denunciar los abusos, incluso cuando hayan sido revelados en confesión: el secreto sacramental de la confesión “está por encima de todo” (la justicia, la decencia, la humanidad).

domingo, 17 de julio de 2011

Irlanda se planta frente al Vaticano


Ex-obispo John Magee
Noticias de Irlanda no suelen verse por este blog, pero hago una excepción porque me parece especialmente indignante lo que leo, y sólo se lo puede leer en inglés. No lo que ya sabemos casi todos: que en Irlanda hubo abusos y violaciones de niños por parte de sacerdotes católicos durante décadas, sin que la Iglesia hiciera nada por detenerlos. Tampoco el caso específico del encubrimiento de estos casos por parte del obispo John Magee, secretario privado de tres papas, que se vio obligado a abandonar su puesto en 2009. Y hasta la prensa católica se ha visto obligada a reconocer que el manejo de los casos de abuso en Irlanda fue pésimo.

Lo que no dice ningún medio de la Iglesia es que Magee actuaba dentro de la ley canónica y cumpliendo indicaciones emitidas directamente por el Vaticano. En efecto, la ley canónica dice que antes de reportar acusaciones de abuso por parte del clero a las autoridades civiles debe realizarse una investigación canónica interna. Repetidamente se ha visto que, cuando en esta investigación se encuentran delitos, se traslada al sacerdote a otra diócesis y se silencia a las víctimas con amenazas de excomunión u otros medios de presión, si es que ellas mismas no permanecen calladas por miedo o desconocimiento de sus derechos.

La gota que colma el vaso, en el caso irlandés, cayó cuando la investigación judicial determinó que la Congregación para el Clero había ordenado a los obispos irlandeses, en 1997, cumplir con la ley canónica y no intentar implementar un nuevo conjunto de reglas para lidiar con las acusaciones de abuso. Los obispos habían acordado un documento en el que se ordenaba a todos los clérigos reportar a la justicia civil las acusaciones. Desde el Vaticano se les avisó que esas reglas no serían convalidadas.

Lo que ocurrió hace unos pocos días en Irlanda es inédito y debería ocurrir en todos los países que tienen la desgracia de contar con cabezas de puente vaticanas en sus territorios: el Ministro de Relaciones Exteriores convocó al embajador de la Santa Sede para exigir explicaciones, entendiendo que la orden de no reportar los abusos equivale a una violación de la soberanía nacional. En efecto, se trató de un estado extranjero ordenando a ciudadanos irlandeses violar la ley de Irlanda.

(Una nota al margen. Cuando pasen por delante de una catedral u otra sede episcopal, observen las banderas que flamean frente a ella. La bandera blanca y amarilla del Vaticano siempre está allí, a la misma altura que la bandera del país. Es toda una señal de cómo las lealtades del clero católico, en cualquier punto del planeta, son como mínimo lealtades divididas.)

Esto quisiera escuchar yo alguna vez de boca de mis representantes, cara a cara con un embajador del pseudoestado vaticano:
“Hay una sola ley en este país y todos van a tener que aprender a cumplirla. El Vaticano va a tener que cumplir con la ley de este país. No vamos a dejar pasar esto. Queremos una respuesta del Vaticano a este reporte.”
Eso dijo Eamon Gilmore, Ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda, a Giuseppe Leanza, el nuncio papal. No sabemos si Leanza se asustó o se ofendió, pero espero que algún efecto desagradable le haya provocado el súbito abandono de la deferencia con que desde hace añares, y sin justificación alguna, se viene tratando a los representantes de la teocracia más antigua del planeta.

(Y lo mejor de todo: el papa está pensando dos veces si visita Irlanda, como tenía planeado hacer el año que viene. Bastantes protestas ya se ha encontrado en todos los otros países donde fue.)