Es claro que, como dije, los musulmanes radicales no van a detener sus abusos y violaciones a los derechos humanos porque así lo digan las Naciones Unidas, y desde este punto de vista podría ser una solución de compromiso dejar a los países islámicos tener su propio marco jurídico, que al menos estará consensuado a nivel supranacional, en vez de ser dependiente del nivel de locura del mullah o ayatollah local. Pero un vistazo a la Declaración islámica basta para poner los pelos de punta:
Toda persona tiene derecho a expresar sus pensamientos y creencias siempre que se mantenga dentro de los límites prescriptos por la Ley. Nadie, sin embargo, tiene licencia para diseminar falsedades o hacer circular informaciones que puedan ultrajar la decencia pública, ni para difamar […] a otras personas.Eso fue una traducción libre del texto inglés provisto amablemente por los redactores de la DUIDH. El original árabe, según los que lo han leído, admite una traducción aún más alarmante. Traduzco nuevamente:
Toda persona puede pensar, creer y expresar sus ideas y creencias sin interferencia ni oposición de nadie siempre que obedezca los límites impuestos por la Sharia. No está permitido propagar falsedades, ni diseminar aquello que involucre alentar la abominación, ni abandonar la comunidad islámica.La "abominación" en cuestión se refiere a la indecencia sexual. Para la ley islámica es correcto que un hombre mayor tenga sexo con una niña de nueve años, y si vamos al caso, con hasta cuatro de ellas, siempre que no pertenezcan a otro hombre, pero casi cualquier otra combinación está prohibida y castigada con la muerte. No sólo se prohíben la homosexualidad o el adulterio, sino también "alentar" esta clase de cosas, o sea que abogar por la tolerancia también es delito.
Como el Islam es "lo correcto", hablar mal del Islam o desafiar sus postulados es "propagar falsedades". Al igual que el cristianismo, el Islam muestra esa contradictoria mezcla de arrogante seguridad absoluta sobre su propia verdad, y absoluta intolerancia hacia los que se animen a sugerir algo en contrario. Es decir que, para esta Declaración, criticar al Islam es delito.
Vuelvo a la idea de mi último post, idea que ha sido repetida muchas veces y que hay que seguir repitiendo, ya que el mundo parece haberse convencido de lo contrario: son las personas las que deben ser protegidas de la discriminación; las ideas no deben gozar de una protección equivalente. Las ideas deben ser discutidas, diseccionadas, expuestas a la luz.
No existe un "derecho a no ser ofendido". Nadie tiene derecho a obligar a los demás a callarse para seguir creyendo que su ideología es la mejor o la única verdadera. Si a los musulmanes les ofende que les digan que su religión oprime a las mujeres y alienta el terrorismo, bien, están en su derecho de manifestarse en desacuerdo; pero no tienen derecho, no deben tener derecho, a pedir que la ley castigue a los que los ofenden.
(Resulta molesto pero hay que aclararlo: esto vale para todos. Si a los judíos radicales les ofende que no creamos que un libro viejo los autoriza a bombardear e invadir Palestina, que protesten, pero que no pidan que la ley castigue a sus críticos al grito de "¡antisemitismo!". Si a los católicos integristas les ofende que mostremos cómo la política vaticana hacia los preservativos está ayudando a propagar el SIDA, que protesten, pero que no hablen de "persecución" y pidan censura. Etcétera.)
El efecto de permitir que un grupo de seres humanos se considere tan especial que para ellos valen derechos humanos distintos de los demás, y que además no se permita a los demás opinar sobre esta dudosa excepcionalidad so pena de ser acusados de intolerancia, es crear ghettos y dividir a la sociedad, pero sobre todo, dejar desprotegidos y sometidos a otros seres humanos. Es una ingenuidad creer que los musulmanes pueden darse a sí mismos una Declaración de Derechos Humanos por consenso; son los fanáticos que los gobiernan quienes tienen esa prerrogativa, quienes dicen hablar por Dios y por su pueblo. Si en los países islámicos las mujeres, los homosexuales, los creyentes de otras religiones, los no creyentes, y todos los demás como ellos no pueden contar con la protección de la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque la ONU decide poner la corrección política por delante del bienestar individual, entonces están (estamos) fallándoles a los más desamparados.