jueves, 11 de septiembre de 2008

Especial: Las Torres Gemelas, siete años después

Imagine No Religion - Twin TowersHace hoy siete años que la expresión "11 de septiembre" dejó de ser una designación convencional en el calendario para transformarse en un símbolo. Por estos lares no solemos recordarlo ya; ni siquiera recordamos (la mayoría de nosotros) las fechas de los dos últimos grandes atentados que sufrimos, apenas menos recientes.

En Estados Unidos, donde la tragedia tuvo su culminación, el día es casi un feriado de luto. Año tras año sobrevivientes, voluntarios del rescate, autoridades locales y nacionales se acercan al Ground Zero en New York para conmemorarla. Sin embargo, nada queda de estas piadosas ceremonias salvo una patética falta de comprensión de sus causas, una ignorancia que ya es voluntaria.

Al momento de escribir esto no he visto por TV los rostros de los políticos, sus poses de condolencia, sus discursos de pena estandarizados, pero ya sé lo que voy a oír, y ya sé que no va a hablar de las causas reales, de lo que debemos hacer para que esto no ocurra, de lo que no debemos tolerar. No se va a hablar de religión, no se va a ofender a ninguna autoridad, no se va a voltear ningún prejuicio. El presidente, el alcalde, los rastreros candidatos, todos van a pedir que Dios ampare a las víctimas, y que el pueblo ore por la paz y la justicia, o algo similar.

Cuando ocurrieron los atentados, el pastor evangélico Jerry Falwell dijo públicamente que los paganos y abortistas, las feministas, los gays y las lesbianas, y todos los que quieren "secularizar a los Estados Unidos" eran en parte culpables, implicando que Dios había castigado a la nación por tolerarlos. Otros de su calaña estuvieron de acuerdo, y sin duda también muchos que los millones que lo escucharon por TV. Curiosamente, una explicación similar la dan los musulmanes fanáticos para apoyar el terrorismo hacia Occidente: ellos dicen que nuestra sociedad (democrática, liberal, secular) está enferma y es sucia, contraria a los deseos de su dios, y debe ser destruida. Y ellos son sus instrumentos.

Es comprensible que piensen esto; es más justificable que creer en el desleído "dios de paz y amor" que los moderados de las tres religiones monoteístas predican, y con cuya imagen se protegen de las críticas cuando se les muestra el fruto de la fe ciega. Los que estrellaron dos aviones contra las Torres Gemelas, al igual que los que casi diariamente se vuelan a sí mismos con explosivos en algún punto u otro de Medio Oriente, profesaban ser creyentes en un dios justo, estricto pero misericordioso; antes de matarse y matar a centenares de personas, seguramente rezaron con fervor, y estaban convencidos de que irían al Paraíso por su buena acción. Tenían fe, y por eso mataron. Una persona sin esa clase de fe puede ponerse en el camino de las balas por un ser amado, por su familia, incluso por desconocidos, puede sacrificarse por humanidad; pero sólo un verdadero creyente, una persona de fe inquebrantable, puede asesinar con alegría y seguridad en el triunfo a centenares de seres humanos y a sí mismo.

¿A qué Dios le rezará el Presidente Bush, los ministros, los candidatos, los rescatistas, los ciudadanos? ¿Cómo saben ellos que Dios está de su lado, si los "mártires" terroristas, con aun mayor convencimiento, saben que está del lado de ellos? Si Dios existiese, ya sabemos cuáles serían sus hijos dilectos, sus preferidos: aquéllos a los que, con fe sincera y determinación, les permite una y otra vez matar en su nombre.