martes, 1 de septiembre de 2009

Los terribles milagros de la Madre Maravillas (A135)

Hace unos días escuché hablar por primera vez del “niño del milagro”, Manuel Villar, quien recibió una descarga eléctrica y se salvó de morir, aunque con quemaduras, luego de que su madre rezó por él a la Madre Maravillas de Jesús, una monja española declarada santa en 2003. La familia de Manuel vive en Nogoyá, pequeña ciudad del sur de la provincia de Entre Ríos, Argentina.

En sí esta historia no sería más que una anécdota si no fuera porque Manuel, cuando era apenas un bebé de un año y medio de edad, cayó al agua y fue vuelto a la vida, según su madre, por intercesión de la Madre Maravillas. Eso fue en 1998. En 2001 su caso fue declarado inexplicable para la ciencia por una comisión científica vaticana, y contribuyó a que nombraran santa a esta religiosa, fundadora de una de las órdenes más ultraconservadoras del catolicismo.

En aquella ocasión, la credulidad de la madre de Manuel le ganó notoriedad y, cinco años después, un viaje a Roma. No voy a especular sobre sus intenciones actuales, si las hay. Los diarios que reportan el suceso, como de costumbre, no emiten opinión alguna sobre el asunto. Sólo lo traigo a colación aquí porque me hizo darme cuenta de otro rasgo de ese concepto de Dios que es tan popular por estos lados: la crueldad de quien tiene el poder absoluto.

El mensaje de este Dios, que permite que un niño llegue dolorosamente al borde de la muerte dos veces antes de su treceavo cumpleaños, y que lo salva (supuestamente) porque a una monja muerta le cayó bien ser halagada por una oración, no es “Yo te amo”. El mensaje es “Recuerda que yo puedo hacerte sufrir o matarte cuando me parezca”. La escena de la madre del niño pidiendo de rodillas a la monja santificada que interceda ante Dios para salvar al niño del accidente que este dios todopoderoso permitió es exactamente paralela al de una madre suplicante pidiendo a un pariente que está en la mafia que interceda por su hijo ante el padrino.