sábado, 3 de julio de 2010

¿Ya cocinaste a Cristo hoy?

¡Hoy es el Día de Cocinar un Cristo! ¿Ya guisaste, horneaste, asaste o herviste al Hijo de Dios en este día?

El Día de Cocinar un Cristo (o Día de Todos-Cocinemos-a-Cristo, Everybody Bake Jesus Day) surgió hace poco como una iniciativa contra las leyes que penalizan la blasfemia, la crítica mordaz a la religión o la burla a los sentimientos religiosos. Me plagio a mí mismo para explicar:
Resulta que el cantautor español Javier Krahe grabó, en 1978, un corto video satírico donde mostraba “cómo cocinar un Cristo para dos personas”. En 2005 algunos fotogramas del video fueron utilizado como fondo para una entrevista a Krahe emitida por el programa Lo+Plus, de Canal+. Eso bastó para que una organización integrista católica demandara a Krahe por “atentar contra los sentimientos religiosos”, un delito según la ley española, solicitando una multa de €192.000.
Mi compañera y yo decidimos lanzarnos a la tarea haciendo un “Cristo de jengibre”. Como yo no tengo mucha mano para la repostería, colaboré apenas en el trazado de la figura (y la aureola también fue idea mía). Mi compañera amasó, extendió la masa y la vigiló para que no se pasara. Hicimos al Hijo de Dios y su cruz; lo que sobró fue destinado a unas hostias profanas.


Jesús quedó un poco mantecoso para nuestro gusto, pero se dejaba comer (con mermelada de frutilla). El cabello, los ojos y la barba, al igual que los clavos, fueron de chocolate.


Ahora a lo serio. Blasfemar puede ser la forma en que uno expresa su enojo; burlarse groseramente de la religión del prójimo puede ser el pasatiempo de cualquier idiota o de personas genuina y justificadamente molestas. El propósito de este ejercicio de blasfemia no es reivindicarla ni tampoco divertirse (aunque algo de eso hubo en nuestro caso). Mi léxico habitual no incluye blasfemias, y no tengo por costumbre tomarme el trabajo de escandalizar a los creyentes profanando imágenes. Pero si así fuera, está claro que no merecería ser multado con miles de euros. Que hablen de mí, que me califiquen como un maleducado o un tonto: a eso está expuesto cualquiera que se exprese, y así debe ser.

Y hay que tener en cuenta que la blasfemia y la burla a la religión están en el ojo de quien las ve. A Javier Krahe le ha caído una multa por un videíto de menos de un minuto filmado en 1978, sólo porque a unos beatos con abogados se les ocurrió rebuscar y desenterrar el video burlón y la vetusta ley que lo castiga. Cualquier cosa puede ser considerada ofensiva para los sentimientos religiosos de alguien, si ese alguien se lo propone y si el juez encargado de decidir es suficientemente puritano o influenciable. Por eso las ofensas a los sentimientos, la burla a las ideas y los ataques a las creencias y doctrinas de cualquier tipo no pueden ser sujetos de ley. Las leyes contra la blasfemia y la ofensa son una herramienta peligrosísima y una amenaza a la libertad de expresión de todos.