viernes, 22 de octubre de 2010

El ataque de las naranjas paraguayas (A210)

Queremos papá, mamá y un descapotable.
Los cristianos conservadores de Paraguay, alarmados por el triunfo del proyecto de matrimonio igualitario en Argentina, se han organizado para impedir que en su país ocurra lo mismo. Hace un tiempo crearon la plataforma Queremos papá y mamá para afirmar el (inexistente) derecho de los niños a tener un papá hombre bien macho y una mamá mujer bien madraza, y para el 30 de octubre tienen planeada una “Caravana Naranja por la Vida y la Familia” (es decir, contra el aborto y los gays, entre muchas otras cosas que su alucinado catecismo considera anti-vida y anti-familia).

Además están en contra de la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes o Convenio de Badajoz (el texto puede descargarse en formato PDF), que el gobierno de Paraguay quiere firmar, porque los derechos en cuestión les impedirían a muchos buenos papás y mamás obligar a sus hijos a ser tan cerrados, prejuiciosos e infelices como ellos. En efecto, bajo esta convención los jóvenes de 15 años en adelante tendrían derecho a recibir educación sexual (la de verdad, no la católica), a explorar y seguir libremente cualquier orientación sexual, a formar una pareja y a tener una familia a su manera. Eso, claro está, no se puede permitir, porque desintegraría la sociedad, como hemos visto ocurrir trágicamente en las libertinas España y Holanda (por nombrar sólo dos ejemplos notorios), otrora países de pleno derecho, hoy reducidos a tierras de nadie asoladas por bandas nómades de prostitutas drogadictas comeniños y violadores homosexuales (no consagrados).

En ese sentido el diario ABC reproduce el dictamen imparcialísimo del Dr. Atilio Fariña, del Consorcio de Médicos Católicos, que denuncia que bajo este convenio los padres perderán la patria potestad y podrán desentenderse de sus hijos a los 15 años, y que estos tendrán libertad plena para tener novios mayores de su mismo sexo (“Simón Cazal [dirigente gay] parece que tiene un novio de 15 años”, afirma Fariña con plena confianza en sus rumores-fuentes) y hasta para emparejarse con animales (“como ocurre en Holanda”). Casi tan grave como esto, y como si fuese el último sello del apocalipsis juvenil, si se aprueba la Convención los jóvenes “van a poder exigir a los padres la llave del auto”. Está claro que hay que detener esta locura cueste lo que cueste. Aunque sea mintiendo en forma descarada, que es lo que Fariña y todos los naranjitos paraguayos están haciendo en este mismo instante sin parar.

La Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (CIDJ) no baja la mayoría de edad a los 15 años ni convierte a los jóvenes en adultos. La CIDJ simplemente reconoce la existencia de una franja de edades que se superpone con las de la niñez y la adultez, justamente un período difícil para cualquier miembro de la especie humana, y exige a los países signatarios reconocerles a esas personas (los jóvenes) ciertos derechos. Como tantos otros documentos, no agrega en realidad nada, sino que reafirma y detalla. Los derechos humanos no son exclusivamente para los adultos.

El único artículo de la CIDJ que me pareció complicado, en el sentido de poder provocar conflictos con la ley nacional paraguaya (o de cualquier otro país) es el nº 20:
Artículo 20. Derecho a la formación de una familia.
1. Los jóvenes tienen derecho a la libre elección de la pareja, a la vida en común y a la constitución del matrimonio dentro de un marco de igualdad de sus miembros, así como a la maternidad y paternidad responsables, y a la disolución de aquél de  acuerdo a la capacidad civil establecida en la legislación interna de cada país.
Entiendo que si última cláusula (“de acuerdo a la capacidad civil establecida en la legislación interna de cada país”) se extiende a todo el inciso 1, no debe haber problema, si bien la letra de la Convención sugiere que a los jóvenes se les debe permitir el matrimonio (sin consentimiento previo de los padres) incluso si son menores de edad.

Claramente, que se casen parejitas muy jóvenes no es lo que preocupa a los naranjitos, siempre y cuando uno de los dos miembros de la pareja tenga pene y el otro vagina (de nacimiento). Lo que no pueden tolerar es la pérdida de control de los padres y la relajación de los tabúes sociales sobre lo que los menores de edad tienen derecho a hacer con su cuerpo y su mente, inmaduros pero sexuados y activos.

Me gustaría, si hay algún lector paraguayo, conocer más detalles sobre la presencia mediática de estos proyectos de ley y de sus detractores. Aquí en Argentina la líder nacional de los naranjitos fue (es) la diputada evangélica pentecostal Cynthia Hotton, una persona tan ignorante y superficial que todos los programas “periodísticos” y “de interés general” la invitaron a exponer sus ideas. Y en mi ciudad, Rosario, la Dra. Verónica Baró Graf, que solía aparecer en TV dando consejos sobre sexualidad sin mencionar que antes que médica es una activista ultracatólica. No sé quién comenzó con el uso del color naranja: la plataforma local Red Familia Rosario la tomó de la nacional Argentinos por los Chicos, pero ignoro por qué el naranja, que es un color tan vivo y llamativo, fue elegido en lugar de algo más representativo, como el negro arratonado o algún tono pastel.