
Las fiestas patronales católicas con asistencia casi obligada de funcionarios de gobierno son una desafortunada rémora de nuestro pasado colonial, que sería muy difícil intentar erradicar a estas alturas. Pero que se les conceda espacio en fiestas cívicas populares a dinosaurios como el obispo Hugo Santiago no está nada bien en un estado laico y con pluralidad de cultos. ¿Por qué en cada fiesta cívica hay un obispo o dignatario similar, elevado al nivel de los funcionarios de gobierno, con micrófono abierto para predicar o lanzar anatemas?
Para que el obispo se entere: se sabe (es un hecho científico objetivo) que la orientación sexual (cualquiera resulte ser) viene determinada por un gran número de factores (genéticos, hormonales y ambientales), en distintas proporciones para distintas personas; que la mayoría de las personas define su orientación a corta edad, pero también que la misma puede cambiar a lo largo de la vida; y que la persona no tiene mucha libertad de elección consciente sobre ella. La psicología y la psiquiatría modernas no consideran a la homosexualidad como una enfermedad.
Aunque algunas organizaciones han popularizado ciertas "terapias reparativas" o "terapias de conversión" para "curar" la homosexualidad, los resultados obtenidos son anecdóticos y sus métodos no tienen base científica; estas "terapias" no suelen servir de nada y hasta pueden ser dañinas. (Según los buenos muchachos de Radio Cristiandad, el problema es que para empezar los homosexuales no se reconocen enfermos.) Hoy en día, la idea de que la homosexualidad es un desorden proviene casi siempre de la religión, y es difícil escapar a la sensación de que esto es una simple justificación para la homofobia.