jueves, 19 de marzo de 2009

Alerta 81: El Papa miente sobre los preservativos

El monarca vaticano Benedicto XVI está de gira publicitaria por África, único lugar del planeta donde el catolicismo es una minoría significativa y creciente, y a la vista de las espantosas condiciones de vida que se ven allí y su nula capacidad para mejorarlas, uno podría esperar que sus discursos y homilías se limitaran a las buenas intenciones, a lo altisonante, lo insustancial y lo irreal, mal llamado "espiritual", que son el pan de cada día de los sacerdotes de toda religión. Pero no. El viejo Ratzinger tenía que hacer propaganda.
“No se puede superar este problema del SIDA sólo con slogans publicitarios. Si no existe el ánimo, si los africanos no se ayudan, no se puede resolver el flagelo con la distribución de preservativos: al contrario, el riesgo que se corre es el de aumentar el problema.”
Fuerte y claro, ¿verdad? La culpa del SIDA en África la tienen los africanos (incluyendo los 27 millones de ellos que están infectados). Y la distribución de preservativos (barrera de contención que reduce 80% la tasa de infección por HIV) de alguna manera empeora las cosas.

José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC), sale a la defensa del Papa diciendo que los medios se enfocaron en el asunto del preservativo y olvidaron decir que "la Iglesia defiende la fidelidad, la abstinencia y la monogamia como mejores armas" (¿será porque en la práctica el preservativo funciona y las otras tres no?). Para valorar las credenciales científicas y la honestidad de la FIAMC, consideremos que fue esta organización, con Castellví a la cabeza, la que nos obsequió hace dos meses con una declaración sobre el carácter "profético" de la encíclica anti-derechos reproductivos Humanae Vitae, "justificada" con datos científicos totalmente sesgados, cuando no falsos.

En el sitio católico ZENIT encontramos la siguiente aclaración:
El director de la Oficina de Información de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, precisa que el Santo Padre ha confirmado las posiciones de la Iglesia católica y las líneas esenciales sobre su compromiso por combatir el terrible flagelo del sida: primera, con la educación en la responsabilidad de las personas en el uso de la sexualidad y con la reafirmación del papel esencial del matrimonio y la familia; segunda, con la investigación y la aplicación de tratamientos eficaces para el sida y al ponerlos a disposición al mayor número de enfermos a través de muchas iniciativas e instituciones sanitarias; tercera, con la asistencia humana y espiritual de los enfermos de sida, así como de todos los que sufren, que desde siempre están en el corazón de la Iglesia.
Observemos el diseño tripartito de la posición católica. La lucha contra el SIDA consistiría en:
  1. "Educar" (indoctrinar) a los jóvenes de manera que consideren que sólo es sana y responsable una vida sexual y familiar como la desea la Iglesia: abstinencia total de sexo hasta el matrimonio, y luego sexo exclusivamente con el propósito de reproducir la especie. (Y criar pequeños católicos, obviamente. Dicho como lo dice el cura suena mucho mejor...)
  2. Buscar tratamientos contra el SIDA y hacerlos llegar a los enfermos. (Observan que ya estamos hablando de gente enferma, es decir, aquellos en los que lo anterior falló.) A esto nadie se le puede oponer, claro está, pero el asunto que nos toca es la prevención, no el tratamiento.
  3. Asistir "humana y espiritualmente" a los enfermos de SIDA. Aquí ya se dijo hace rato adiós a la prevención, y descontando el punto anterior, esta asistencia se resume en buscar émulos de la siniestra Madre Teresa para franquearles la entrada al cielo católico a millones de moribundos.
Se dirá que busco la peor posible interpretación... aunque es verdad, también hay un motivo. Porque, aunque hay muchos católicos dando su tiempo y esfuerzo desinteresadamente para cuidar enfermos, está claro que el propósito del Vaticano como ente político, su participación en organizaciones de asistencia a los enfermos, es la evangelización. Buscar conversos en un lugar terrible, todo un paraíso para una religión que promete evasión a cambio de sumisión. Compensar la sangría acelerada de católicos en América Latina y Europa. Quitarle África a los musulmanes, ya que estamos.

Sería mucho mejor emplear los recursos humanos y económicos de la Iglesia (los que se usan para misionar y esparcir su doctrina) para prevenir el SIDA, con medios comprobados científicamente. Como el preservativo o condón. Que, por más que se diga y se repita en medios católicos, no tiene poros que dejan pasar el virus, y es el medio más eficaz para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

Si el Papa realmente quisiera luchar contra el SIDA, no diría que la distribución de preservativos puede aumentar el problema. ¿Cómo va a aumentarlo? ¿Se cree las mentiras que los asesores científicos del Vaticano propalan sobre la ineficacia y tasa de fallas del preservativo? ¿Cree ese otro argumento ridículo de que los jóvenes tienen más sexo cuando se les habla más de él y se los provee de medios de protección? ¿Es tan tonto, está tan fuera de contacto con la realidad que cree que la gente espera a sentirse segura para tener sexo? La gente tiene sexo con quien le parece y cuando le parece, y un viejo teólogo europeo célibe que viene desde un palacio en Roma no va a cambiar ese hecho biológico fundamental.

La mentira solapada sobre la eficacia del preservativo no es poca cosa; es la palabra de un hombre conocido y respetado por muchos, que habla en nombre de la mayor religión organizada del mundo y, para los que creen, en nombre del mismísimo Dios. El sufrimiento y la muerte que causan esas palabras, y las de otros líderes católicos, podrían ser incluso medidos. Millones de personas que no tienen acceso a una educación sexual completa pueden decidir no usar un preservativo y contagiarse, porque lo han escuchado de Joseph Ratzinger y de sus secuaces desparramados por miles de ciudades, pueblos y aldeas africanas.