miércoles, 25 de marzo de 2009

Día del Niño por Nacer... Menem lo hizo y nadie lo deshizo

Hace exactamente diez años se celebraba en Argentina el primer "Día del Niño por Nacer", festividad creada por el entonces presidente Carlos Saúl Menem para congraciarse con el Vaticano e imponer (a una sociedad que nunca había debatido seriamente el tema del aborto) la idea de que cualquier conjunto de células que resida en un útero es un niño indefenso.

Menem, cuyo gobierno pasará a la historia como uno de los más corruptos de un país notorio por sus gobiernos corruptos, visitó al Papa Juan Pablo II seis veces; la segunda vez, rezó con él en la capilla adyacente a la biblioteca privada del monarca vaticano (un gesto "excepcional", lo llamaron entonces). Juan Pablo II también dio su bendición al indulto que Menem había otorgado a los jefes de la junta militar que secuestró, torturó y mató a miles de argentinos.

Al Papa no pareció molestarle, ni entonces ni después, que las políticas económicas del presidente estuvieran destruyendo la industria nacional y llenando el país de pobres a un ritmo acelerado, ni siquiera cuando la propia Iglesia Católica argentina lo hizo notar. Menem alineó a la Argentina con la Santa Sede en sus políticas más reaccionarias, y recibió el Gran Collar de la Orden Piana, máximo galardón pontificio.

Al Papa no le molestó tampoco que este paladín del catolicismo estuviese divorciado ni, como se supo después, que en 1968 hubiese acompañado a abortar a su ahora ex mujer, Zulema Yoma.

Cerca del final de su mandato, Menem visitó el Vaticano nuevamente. Al Papa no le pareció (que sepamos) incoherente que este hombre, que por casi diez años había trabajado forjando un país donde la mayoría de los niños eran pobres o indigentes, le viniera a proponer instituir un día dedicado a los "niños por nacer", entendiéndose por esto embriones y fetos, en la fecha correspondiente a la festividad católica de la Anunciación de la Virgen. Antes ya lo había felicitado "por su empeño en fomentar el progreso espiritual y material de la población". Argentina estaba para entonces sumida en una recesión profunda, con niveles nunca antes vistos de desempleo y pobreza, que continuaría durante el gobierno del también conservador y católico Fernando de la Rúa, y que eventualmente haría sucumbir a este último.

El nivel de compromiso de Carlos Menem con la doctrina católica sobre el valor de la familia quedó de manifiesto cuando intentó durante años evitar la prueba de ADN que finalmente lo obligó a reconocer a su hijo ilegítimo, Carlos Nair Meza; su respeto por los dictados católicos sobre la reproducción se reveló cuando en 2003, casado en segundas nupcias con Cecilia Bolocco, utilizó un método de fertilización asistida para tener un hijo, tras lo cual se divorció por segunda vez.

El Día del Niño por Nacer no queda descalificado por la calidad humana (o falta de ella) de su pergeñador, pero es interesante observar cuán poco inmaculada, cuán calculada fue su invención, cuánto de realpolitik hubo detrás, y quiénes adhieren a él hoy en día. Se trata de un día dedicado casi exclusivamente a la militancia católica contra el aborto, y quienes lo organizan y "festejan" son invariablemente los que pueden dedicar tiempo libre a esta militancia, vale decir, en su mayoría, mujeres de clase media y alta que tienen abundante información disponible sobre el control de la natalidad (aunque su religión oficialmente les prohíba su uso), y la opción de protegerse contra embarazos no deseados o de abortar (en caso de ser conveniente) en forma segura y confidencial.

No hay movilización popular por este día, porque no es una fiesta del pueblo. Se la intenta maquillar como una celebración de la vida, pero es una "fiesta" avivada desde arriba, desde los púlpitos y desde las salas vaticanas, en la que los participantes (incluso sin saberlo) dan su apoyo implícito a una política que mata. Es una muestra de fuerza y una celebración del triunfo de la política sectaria por sobre la democracia. 

Casi la mitad de los argentinos aprueban el aborto en ciertos casos especiales, y otro 30% considera que debería ser legal en cualquier circunstancia. No obstante esto, ningún proyecto sobre la despenalización del aborto o su legalización (en cualquier grado) ha sido siquiera debatido en el Congreso Nacional, y los proyectos parciales y puntuales que sí se han debatido en algunas legislaturas locales han encontrado una resistencia feroz de la dirigencia católica, que confunde sus opiniones y doctrinas con la ley universal. Para ellos no sólo está prohibido el aborto, sino incluso hablar del tema.

El gobierno de Néstor Kirchner y de su esposa, que pasan por progresistas y que han tenido escaramuzas de poder con la Iglesia, no se han movido de la postura original menemista. Y el Día del Niño por Nacer, ese invento de un católico hipócrita, corrupto y creador de pobres y de un monarca teocrático con pretensiones de dictador universal, sigue en el calendario.