viernes, 27 de marzo de 2009

Alerta 81c: El Vaticano ofendido


Benedicto XVI en la revista española "El Jueves"
Escuchen ésta porque es inigualable: ante las fuertes críticas de medios de prensa, organizaciones y países europeos a las declaraciones del Papa Benedicto XVI sobre el preservativo como medio de prevención del contagio del HIV, el Vaticano ha llevado ante el Concejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas su preocupación por la "intolerancia" que sufren los cristianos en todo el mundo y en particular en Occidente.

El embajador vaticano ante la ONU, Silvano Tomasi, pidió que se respete "el principio universal de la libertad religiosa", y el cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, se indignó: "No toleraremos que el Papa sea ofendido y tomado a broma por los medios y los políticos".

¡El representante de la iglesia que desde su mismísima fundación negó y suprimió el derecho a la libertad de culto en todos los lugares donde tuvo poder político para hacerlo ahora va a las Naciones Unidas a pedir que se le garantice a la Iglesia Católica libertad de expresión! ¡Un cardenal se ofende porque se critica a un teólogo conservador que vive en una torre de marfil y que desde allí predica que es mejor morir sin tener sexo que vivir un año más usando preservativos!

Por supuesto que toda esa supuesta intolerancia es un invento de la Iglesia para autovictimizarse. Les funciona porque muchos, inclusive no católicos, guardan un respeto especial para con los pronunciamientos religiosos, por haber sido criados en esa idea de que la religión es fuente de moral. Al Papa y a sus súbditos se les toleran muchas, muchas cosas que en boca de ciudadanos comunes atraerían un repudio masivo. Lo que ocurre es que, de vez en cuando, el hecho de que los líderes católicos son ciudadanos comunes, pasibles de recibir críticas, se manifiesta en críticas.

El embajador vaticano debería estar agradecido de tener un empleo lucrativo como sin duda lo es el suyo, y ni hablar del Papa. En un mundo con la cabeza en su lugar, que un tipo que se dice elegido por Dios controlase un pequeño país con riquezas inimaginables y que ese país tuviera representación en las Naciones Unidas, al nivel de los demás estados, sería inconcebible. Espero vivir para ver cómo se quita ese sillón de la ONU, cómo se expulsa al embajador y se le devuelve al pueblo italiano y al mundo el pedacito de tierra que Benito Mussolini le concedió al Papa Pío XI para continuar su experimento teocrático.

Creo que Benedicto XVI es lo mejor que podría habernos pasado, porque no tiene medias tintas. No deja títere con cabeza... Y el mundo civilizado se está cansando de escucharlo. A los católicos moderados, a los tibios, a los que quieren creer en la bondad intrínseca del mensaje cristiano pasando por alto sus espantosos resultados en la vida real, ahí se les va una excusa más.