
Un día después se vio obligado a retractarse ante las críticas recibidas, lo cual es una buena noticia (algún amigo debería aconsejarle lo mismo al Papa). El virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) no pasa a través del preservativo o condón, o al menos se supone que no debería, ya que para eso se los testea y se los homologa.
En rigor, no tendríamos que esperar que un sacerdote o jerarca de cualquier religión sepa algo de medicina, de biología o de la tecnología utilizada para fabricar preservativos de látex, pero sí quisiéramos que los susodichos personajes no hablaran tan a la ligera de un tema gravísimo de salud pública. Ni siquiera Benedicto XVI cometió el error de decir algo tan claramente erróneo (aunque los medios católicos de difusión, para "consumo interno", sí continúan afirmando cosas similares).