Manual de Ateología se llama el libro en el que 16 personalidades de Colombia se admiten ateos (o agnósticos), en un país en el que la increencia está por lo general oculta, tanto o más que en el resto de nuestra infortunada Latinoamérica. El diario El Tiempo, que publica la noticia, aclara cuidadosamente que estas personas (periodistas, escritores, políticos, etc.) "no pretenden crear una nueva religión" (ah, pero entonces ¿la religión es mala?) ni "promover el ateísmo" (¿y eso está mal también?).
El objetivo es aun peor, si fuera posible, para los creyentes: "Lo único que se busca es estremecer la fe de muchos colombianos", según José Manuel Acevedo, el editor. (Ya sabemos que algunos creyentes piadosos, con la mejor intención, temen y deploran los intentos de demostrar a los "tibios" que su fe es dañina o ridícula o que hay alternativas a ella. Otros, los que están más arriba, los critican porque saben perfectamente que la fe requiere silencio y oscurantismo, y que de ello depende su fuente de ingresos y prestigio.)
El artículo periodístico comete un grueso error (desgraciadamente muy común) al definir ateísmo y agnosticismo basándose en la supuesta oposición entre negar a Dios y suspender el juicio sobre la existencia de Dios, como si ésa fuera la diferencia y como si la complejidad de las creencias humanas pudiera encasillarse tan fácilmente. Luego tenemos a una teóloga defendiendo la mayoría numérica de los creyentes y cuestionando las razones por las cuales los ateos del libro se cuestionan ("Algunos no creen desde la ciencia [las teorías de la evolución, por ejemplo]" — con lo cual quiere desconocer el verdadero problema que la ciencia le plantea a la religión). Y hay también un sacerdote jesuita (cuándo no...) volviendo sofísticamente sobre la afirmación remanida e increíblemente tonta de que los ateos "no existen, porque todos tenemos fe en algo".
Finalmente tenemos una invitación a visitar Escépticos Colombia, pequeño grupo que esperamos siga progresando, y que representa la única presencia de este tipo en el país. No es que estemos mucho mejor acá.
En la práctica el ateísmo y el agnosticismo en todas sus variantes son una amenaza a la visión del mundo basada en la fe, lo sobrenatural y el sentimentalismo relativista que hoy impera. Yo diría que necesitamos más escépticos, sean ateos o agnósticos, y que hace falta una masa crítica de militantes y lobbistas políticos para lograr representación y poder de voto en los temas que nos interesan en general, y que suelen resumirse en la palabra "laicismo". Lamentablemente, aquí en Latinoamérica ni siquiera se plantea el asunto; en casi todas partes la Iglesia y el Estado se van a la cama y despiertan al otro día juntos y felices sin pudor alguno, y hasta proclamando que tal connubio es bueno y provechoso para la sociedad.
Sé que tengo unos cuantos lectores latinoamericanos y no todos argentinos. ¿Qué cuentan ustedes de sus países, en lo que respecta al laicismo y a la visión de los no creyentes en la sociedad?