domingo, 10 de mayo de 2009

Alerta 96: Expulsado de la escuela por un preservativo

A esta altura muchos lectores argentinos probablemente ya se han enterado de cómo a un alumno lo expulsaron de un colegio católico por tener un preservativo en el bolsillo. Salvando las distancias, se trata de un caso paralelo al de Paola Raffetta, echada de su trabajo en una universidad católica por haber hecho declaraciones a favor de la apostasía, existiendo un estatuto que prohíbe la expresión de ciertas ideas... aunque en esta ocasión ni siquiera se llegó a expresar una idea.

El caso se produjo cuando Emanuel, de 15 años, fue sorprendido por un maestro al querer guardarse en el bolsillo un preservativo (nuevo, en su caja) que, según su versión, le había dado un compañero de clase. El colegio en cuestión es un instituto escolar dependiente del Seminario Arquidiocesano de Paraná, en la capital de la provincia de Entre Ríos. No nos consta que Emanuel haya tenido un mal comportamiento anterior o que en esta oportunidad estuviese haciendo algo inapropiado con el preservativo, como usarlo o promover su uso en clase. La sola posesión del objeto le valió la expulsión. No hubo un apercibimiento verbal ni una amonestación previa: a su madre le comunicaron que tenía una semana para cambiarlo de escuela, ya que había infringido el "código de convivencia" del instituto.

A partir de aquí uno podría hablar por enésima vez sobre la fijación de la Iglesia Católica contra el sexo, su postura radical, irreal, sobre el uso del preservativo o condón, y sus mentiras sobre el tema, pero eso ya lo conocemos y en realidad no hace a la cuestión. Yo me pregunto en cambio:
  • ¿Un preservativo es inmoral? ¿Puede un objeto ser inmoral por sí mismo? ¿Qué hubiera sucedido si Emanuel hubiera sido descubierto con, digamos, una Estrella de David? ¿Y un Corán, o una Biblia protestante? ¿Y una remera del Che Guevara? Todas esas cosas, a fin de cuentas, son símbolos de ideas contrarias al catolicismo. Y si hubiera tenido una botella de alcohol o un paquete de cigarrillos, vicios sumamente dañinos, ¿lo hubieran expulsado también, o hubieran sido más tolerantes?
  • ¿Qué enseñanza moral deja a un joven el que lo expulsen por poseer (no usar, no exhibir, sino tener brevemente en su poder) un preservativo? ¿Sabe por qué está mal tener en la mano un preservativo, según sus maestros? ¿O simplemente aprendió que, en lo que se refiere a sexo, es preferible ocultar y mentir y no referirse jamás a las cosas por su nombre? ¿Creen quienes lo expulsaron que su curiosidad sobre el preservativo quedó satisfecha o se dan cuenta de que probablemente sólo creció, aunque fue contaminada de culpa?
  • ¿Qué educación sexual se le da a los alumnos en este instituto católico? ¿Se les enseña no sólo la doctrina eclesiástica de que el uso de preservativos es pecaminoso sino que además se les prohíbe tocarlos o mirarlos? ¿Se les anima a pensar en las razones de la doctrina sobre el uso de preservativos, o bien se les conmina a aceptarla sin pensar en la alternativa? ¿Cumplen con los requerimientos de la Ley de Educación, o pasan por alto lo que consideran "inmoral"?
Hay otras cuestiones también. Por las declaraciones de la madre de Emanuel, queda más o menos claro que no comparte la postura extrema de la Iglesia con respecto al uso del preservativo. Hay quienes dirán, entonces, ¿por qué lo mandó a un colegio católico? Quien lo diga ignora que muchos padres no católicos, o católicos moderados, envían a sus hijos a escuelas privadas (generalmente confesionales) porque las escuelas públicas argentinas (que son gratuitas) están en un estado deplorable, porque sus maestros hacen huelga semana por medio, o para evitar que sus hijos tengan compañeros de clase baja o de familias marginales. Otros padres prefieren las escuelas confesionales porque creen que allí sus hijos recibirán una educación estructurada sobre "valores", ignorando o eligiendo soslayar que esos valores quizá no sean los propios; en todo caso, imaginan, serán mejores que nada.

El caso de Emanuel es "complicado", según las autoridades del INADI (el organismo oficial anti-discriminación), pero lo es porque en Argentina hemos permitido que las escuelas privadas se sustraigan de los controles que el Estado establece sobre las escuelas públicas. A cambio de cubrir las falencias de la oferta de educación estatal, los colegios privados reciben considerables subsidios y la oportunidad de propagar doctrinas religiosas a caballo de los temas de la currícula oficial (lo mismo ocurre en las universidades privadas confesionales, aunque en ese caso al menos se trata de adultos responsables y no de menores de edad). Pero ése no es el quid de la cuestión aquí, y por eso el caso no debería ser complicado: incluso bajo este sistema perverso, un joven no puede ser castigado por la mera posesión de un preservativo.

Habrá que ver qué hace el INADI y si la justicia se ve involucrada, como debería. No parece posible que ocurra nada: el poder de la Iglesia es todavía grande, y las autoridades suelen callar, por temor a ofenderla o por vergonzosa connivencia.